La risa como actitud

Niños y niñas aprenden a través del ejemplo, por lo tanto, es la familia quien les entrega las primeras enseñanzas de vida. Por eso es importante fortalecer la expresión de la sonrisa como manifestación de optimismo y señal de que se disfruta de las cosas cotidianas, de los propios logros, y también como una manera de enfrentar con esperanza las derrotas.

Esa actitud pasa por entregarles mensajes coherentes y una forma de vida que les permita valerse de cosas simples para enfrentar grandes dificultades. Si un infate goza con pequeñas cosas como la luz y los colores de un atardecer, el canto de un pájaro, las gotas de rocío o un arco iris, probablemente durante su adolescencia o madurez encontrará en esos mismos estímulos la protección contra posibles depresiones, o los verá como útiles recursos para superar sus frustraciones.

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También es importante transmitir que la risa ha de practicarse con una actitud de respeto y generosidad, no como una forma de burla de las debilidades ajenas. Resulta muy fácil caer en la tentación de reírnos de los tropiezos ajenos, ya que hemos recibido un buen aprendizaje en la mayoría de películas cómicas donde alguien muy torpe, despistado o desgraciado se convierte en el hazmerreír de todo el mundo.

Pero la risa sana y beneficiosa es la que sale del corazón alegre, de la mente positiva, desde la emoción de la alegría, desde la confianza, desde el amor, desde la ternura por uno mismo y por los demás.

Todo aquello que nos hace reír muestra una buena parte de nuestra personalidad y de cómo reaccionamos frente al entorno a través de nuestras creencias.

La actitud no es más que una forma de pensar y de reaccionar. Los pensamientos, al igual que nuestras creencias, son creados por nosotros mismos, lo que significa que podemos decidir en un momento dado si éstos son positivos o negativos. Dominar los pensamientos nos permitirá escoger nuestra actitud frente a la vida. Pero para conseguirlo hay que estar atento y receptivo hacia lo que uno piensa, tener en cuenta que el primer pensamiento no es siempre el que corresponde con nuestros sentimientos, sino una respuesta automática a creencias pasadas que nos han inculcado, con las que probablemente ya no estamos de acuerdo.

Para tener una actitud positiva que nos permita reír es necesario romper con los pensamientos que nos limitan y abrir nuestra mente para dejar entrar cada día aire nuevo.

 

Extracto del libro “ El taller de la risa. Guía practica para realizar un taller de Risoterapia” de Enric Castellvi

La Isla de las dos caras (cuento)

Estos días, en los ratos libres que me deja el trabajo. estoy preparando una propuesta para un tema de motivación que me han pedido. Y estoy repasando dinámicas y textos que tengo por ahí guardados para inspirarme y a ver qué invento…

Y me he reencontrado con este, «La isla de las dos caras» de Pedro Pablo Sacristán, del que he descubierto (mientras buscaba al autor de la que escribía la entrada, osea hace 5 minutos)  que tiene una web llamada Cuentos para dormir. En ella podéis encontraros varios cuentos, ordenados por los valores que queramos trabajar.

No sé si el texto me ha inspirado para lo que tengo entre manos, pero me ha gustado mucho como la primera vez que lo leí (hace unos meses en un curso). «Como yo soy  de jugármela», y siempre escogería «la caja antes que el apartamiento en Torrevieja» (ya lo entenderéis) os dejo el cuento.

Un cuento que pretende estimular la iniciativa, perder miedos, motivarnos…

La Isla de las dos caras

(Pedro Pablo Sacristán)

La isla de las 2 caras

La tribu de los mokokos vivía en el lado malo de la isla de las dos caras. Los dos lados, separados por un gran acantilado, eran como la noche y el día. El lado bueno estaba regado por ríos y lleno de árboles, flores, pájaros y comida fácil y abundante, mientras que en el lado malo, sin apenas agua ni plantas, se agolpaban las bestias feroces. Los mokokos tenían la desgracia de vivir allí desde siempre, sin que hubiera forma de cruzar. Su vida era dura y difícil: apenas tenían comida y bebida para todos y vivían siempre aterrorizados por las fieras, que periódicamente devoraban a alguno de los miembros de la tribu.

La leyenda contaba que algunos de sus antepasados habían podido cruzar con la única ayuda de una pequeña pértiga, pero hacía tantos años que no crecía un árbol lo suficientemente resistente como para fabricar una pértiga, que pocos mokokos creían que aquello fuera posible, y se habían acostumbrado a su difícil y resignada vida, pasando hambre y soñando con no acabar como cena de alguna bestia hambrienta.

Pero quiso la naturaleza que precisamente junto al borde del acantilado que separaba las dos caras de la isla, creciera un árbol delgaducho pero fuerte con el que pudieron construir dos pértigas. La expectación fue enorme y no hubo dudas al elegir a los afortunados que podrían utilizarlas: el gran jefe y el hechicero.

Pero cuando estos tuvieron la oportunidad de dar el salto, sintieron tanto miedo que no se atrevieron a hacerlo: pensaron que la pértiga podría quebrarse, o que no sería suficientemente larga, o que algo saldría mal durante el salto… y dieron tanta vida a aquellos pensamientos que su miedo les llevó a rendirse. Y cuando se vieron así, pensando que podrían ser objeto de burlas y comentarios, decidieron inventar viejas historias y leyendas de saltos fallidos e intentos fracasados de llegar al otro lado. Y tanto las contaron y las extendieron, que no había mokoko que no supiera de la imprudencia e insensatez que supondría tan siquiera intentar el salto. Y allí se quedaron las pértigas, disponibles para quien quisiera utilizarlas, pero abandonadas por todos, pues tomar una de aquellas pértigas se había convertido, a fuerza de repetirlo, en lo más impropio de un mokoko. Era una traición a los valores de sufrimiento y resistencia que tanto les distinguían.

Pero en aquella tribu surgieron Naru y Ariki, un par de corazones jóvenes que deseaban en su interior una vida diferente y, animados por la fuerza de su amor, decidieron un día utilizar las pértigas. Nadie se lo impidió, pero todos trataron de desanimarlos, convenciéndolos con mil explicaciones de los peligros del salto.

– ¿Y si fuera cierto lo que dicen? – se preguntaba el joven Naru.

– No hagas caso ¿Por qué hablan tanto de un salto que nunca han hecho? Yo también tengo un poco de miedo, pero no parece tan difícil -respondía Ariki, siempre decidida.

– Pero, si sale mal, sería un final terrible – seguía Naru, indeciso.

– Puede que el salto nos salga mal, y puede que no. Pero quedarnos para siempre en este lado de la isla nos saldrá mal seguro ¿Conoces a alguien que no haya muerto devorado por las fieras o por el hambre? Ese también es un final terrible, aunque parezca que aún nos queda lejos.

– Tienes razón, Ariki. Y, si esperásemos mucho, igual no tendríamos las fuerzas para dar este salto… Lo haremos mañana mismo.

Y al día siguiente, Naru y Ariki saltaron a la cara buena de la isla. Mientras recogían las pértigas, mientras tomaban carrerilla, mientras sentían el impulso, el miedo apenas les dejaba respirar. Cuando volaban por los aires, indefensos y sin apoyos, sentían que algo había salido mal y les esperaba una muerte segura. Pero cuando aterrizaron en el otro lado de la isla y se abrazaron felices y alborotados, pensaron que no había sido para tanto.

Y, mientras corrían a descubrir su nueva vida, pudieron escuchar a sus espaldas, como en un coro de voces apagadas:

– Ha sido suerte.

– Yo pensaba hacerlo mañana.

– ¡Qué salto tan malo! Si no llega a ser por la pértiga…

Y comprendieron por qué tan pocos saltaban, porque en la cara mala de la isla sólo se oían las voces resignadas de aquellas personas sin sueños, llenas de miedo y desesperanza, que no saltarían nunca…

Los Técnicos en Animación Sociocultural, una profesión de frontera

Os copio y pego tal cual este artículo de Pilar Figueras publicado en la revista RES de EDUSO, hace la friolera de 9 años. 

Habla de una realidad que ya no existe: diplomaturas (ahora grados), comparaciones de la animación sociocultural vs turística (ahora es el mismo título); y de otra que sigue muy presente: desconocimiento de  la profesión, contrataciones con categoría y funciones menores, ámbitos de la ASC, etc.

Para atrás solo se debe mirar para aprender, os invito a leerlo y a seguir hacia delante, no sé si como personas más sabias, pero si mejor informadas ;O)

AnimaciónSociocultural

La imagen si es cosecha propia, para ilustrar un poco

 

Los Técnicos en Animación Sociocultural, una profesión de frontera

15 de diciembre de 2008

Pilar Figueras. Profesora de Animación Sociocultural en el IES-SEP Vidal i Barraquer de Tarragona. Hortènsia Grau. Exprofesora de ASC en el IES-SEP Vidal i Barraquer de Tarragona. Actualmente, Responsable del Departamento de Educación y Políticas Activas de Ocupación del Ayuntamiento de Cambrils.

La figura profesional que nos ocupa es la de Técnico Superior en Animación Sociocultural, titulación que se obtiene cursando el Ciclo Formativo de grado superior en Animación Sociocultural y que pertenece a la familia profesional de Servicios Socioculturales y a la Comunidad.

Los antecedentes de este ciclo formativo los encontramos en el módulo profesional MP3 de Animación Sociocultural que se inició en el curso 1987-1988 dentro de lo que entonces se llamó la familia de Trabajo Social.

Un poco de historia

Hasta la experimentación del módulo, la formación de los animadores socioculturales en Catalunya consistía en cursos de monitores y de directores de actividades de tiempo libre infantil y juvenil, regulados por la Orden de Presidencia de la Generalitat de Catalunya de 25 de noviembre de 1981 y del posterior Decreto 213/1987, de 9 de junio, sobre el reconocimiento de escuelas de educadores en el tiempo libre infantil y juvenil, decreto que introducía el tercer nivel de Pedagogía del Tiempo Libre y Animación Sociocultural. La Resolución de la Dirección General de la Juventud de 17 de julio de 1987, por la que se establecían las etapas y las condiciones básicas de realización del Curso de pedagogía del tiempo libre y animación sociocultural, fue el antecedente directo e inmediato del MP3, y éste lo ha sido del Ciclo Formativo superior de Animación Sociocultural.

El currículum de este ciclo fue elaborado en el territorio del MEC por un equipo de trabajo de expertos del sistema educativo y del mundo laboral, y en Catalunya fue adaptado por los técnicos del área de Formación Profesional del Servicio de Ordenación Curricular (Dirección General de Ordenación e Innovación Educativa del Departamento de Educación) a partir de la experimentación del módulo y de las aportaciones de diferentes profesionales y entidades del sector.

La primera promoción de técnicos superiores en ASC se forma durante los cursos 1997-1999 en los IES Vidal i Barraquer de Tarragona y Ferran Tallada de Barcelona; así pues, hablamos de una profesión relativamente joven, en cuanto al perfil profesional regulado, pero no en cuanto a práctica laboral, dado que personas con formación inicial de los distintos ámbitos de las ciencias sociales y de la educación ya hacía años que integraban la metodología de la animación sociocultural en su quehacer diario, lo que fue configurando un oficio.

Nuestra radiografía

A pesar de los diez años de existencia de estos profesionales, se hace evidente en nuestra sociedad el poco conocimiento de este perfil profesional y el poco reconocimiento laboral. A esta situación ha contribuido el estereotipo que a veces se ha dado desde algunos medios de comunicación, desde las industrias de la cultura de masas o los negocios turísticos y del ocio, que han trivializado las tareas del animador y las han acercado a objetivos consumistas.

A menudo se confunde al animador sociocultural con el animador turístico, con los músicos y actores de los grupos de animación infantil, incluso con las animadoras que entretienen durante los tiempos muertos de los acontecimientos deportivos. Creemos que, a causa del uso social que se le ha dado a la palabra animador en los últimos tiempos, se entendería mejor la función de éste profesional si la palabra que se utilizase fuera la de dinamizador, que comporta una percepción de «motor para ir avanzando» en lugar de «elemento para ir entreteniendo».

Desde el mercado laboral, tanto del sector público como del privado, se pone de manifiesto un profundo desconocimiento de los perfiles profesionales socioeducativos en general y de la animación sociocultural en particular. Probablemente ha faltado un trabajo pedagógico y también, por qué no, de márketing, que informara, dignificara y diera el prestigio social que se merecen estas profesiones.

Ante esta perspectiva, el mundo empresarial juega con la situación contratando a profesionales de un nivel inferior para funciones que corresponderían a otro nivel. Así, se contrata a monitores para hacer trabajo de animadores socioculturales o de integradores sociales y a estos últimos para hacer funciones de trabajadores o educadores sociales. De la misma manera, y a causa de este desconocimiento, el hecho se produce a la inversa: empresas e instituciones demandan a profesionales licenciados para hacer trabajos que perfectamente se corresponden con los de una diplomatura; o bien a profesionales con una diplomatura que son contratados como técnicos superiores e, incluso, demandan a técnicos superiores contratados como monitores.

La Administración pública tampoco es ajena a estas prácticas, tras las cuales siempre suele haber cuestiones económicas, más que decisiones técnicas sobre funciones y tareas de los puestos de trabajo a cubrir.

La potenciación de la red de voluntariado y el mal uso que se ha hecho de ella en los sectores socioeducativos y asistenciales de atención a la infancia y a la tercera edad, han contribuido a reducir la creación de empleo en el sector al sustituir a profesionales por voluntarios en tareas que requieren una formación específica y un compromiso permanente. Con esto se ha perjudicado tanto a los animadores socioculturales y a otros profesionales del sector, como a los voluntarios y a la filosofía intrínseca. Los servicios del voluntariado no pueden servir, en ningún caso, para sustituir a los servicios y recursos que las administraciones públicas deben poner a disposición de la ciudadanía, ni para encubrir puestos de trabajo estables y permanentes. Justamente el voluntariado es una de las herramientas, una estrategia maravillosa con la que pueden contar los animadores socioculturales para desarrollar proyectos y experiencias que hagan crecer a las comunidades y a sus habitantes, por este motivo es importante reivindicar las funciones del voluntariado y tener claro cuál ha de ser su papel. Este fenómeno, que no se da en otros ámbitos profesionales, es indicativo de las dificultades de profesionalización y delimitación de los distintos perfiles profesionales en el ámbito que nos ocupa, sobre el cual, además, todo el mundo tiene cosas a decir y a hacer.

El currículum del ciclo de Animación Sociocultural es muy amplio, poco especializado y poco delimitado, lo que le otorga un alto grado de polivalencia, muy apreciado en el mercado laboral. Al mismo tiempo comporta un cierto grado de indefinición en sus funciones y tareas, que se acabarán definiendo a partir del lugar de trabajo ocupado. Algunos de los ámbitos de intervención de la ASC están compartidos con los del educador social, el integrador social e incluso con el trabajador social, sobre todo en cuanto a trabajo comunitario se refiere. En realidad, los currículums formativos de estos profesionales no son muy diferentes aunque unos sean más amplios y profundicen más, otros pongan más énfasis en los procedimientos y en el saber hacer que en los conocimientos conceptuales y los saberes. Creemos que lo que cambia es la «mirada», el punto de vista que se adopta y, sobre todo, la posición desde donde se mira. Ahí tienen mucho que ver las prácticas profesionales de los distintos colectivos, los nichos del mercado de trabajo que cada sector ocupa mayoritariamente, el estatus y la posición en el equipo de trabajo, no únicamente determinados por el sueldo -aunque éste sea bastante definitorio-, sino por el nivel de responsabilidad, decisión, autonomía, etc.

Una vez hechas estas reflexiones, en torno a las cuales aún podríamos dar muchas vueltas, intentaremos describir a grandes rasgos y a partir de nuestra experiencia de más de diez años como tutoras de formación en centros de trabajo, cuáles son las ofertas que el mercado de trabajo hace a los técnicos en ASC o, para decirlo de otra manera, qué puestos de trabajo ocupan estos profesionales.

Situaremos los espacios profesionales no sin que pueda haber algunos puntos de solapamiento entre unos y otros, al hacer una inevitable mezcla entre espacios, programas y funciones. También encontraremos puntos de contacto entre ámbitos que en la práctica es absurdo clasificar, ya que en muchos casos dependerán del matiz que quieran dar los usuarios o el propio profesional.

Partiremos de los tres ámbitos de intervención de la animación sociocultural:

  • El ámbito de la educación en el tiempo libre que ha sido uno de los campos de actuación históricamente privilegiados de los animadores; es donde encontramos un abanico más amplio de empleos:
    • Organización y gestión de casas de colonias, campamentos, campos de trabajo…
    • Programación y realización de talleres en espacios lúdicos.
    • Organización y gestión de ludotecas, clubes, centros recreativos…
    • Organización de actividades paradeportivas: rutas, excursiones, juegos deportivos…
    • Organización de fiestas y acontecimientos de carácter educativo.
    • Organización y gestión de actividades extraescolares en los mismos centros educativos u otros equipamientos.
    • Tareas de informador juvenil y/o técnico de juventud en los Puntos de Información Juvenil o en otros recursos y servicios específicos dirigidos a la juventud.
    • Dinamización y animación infantil, juvenil y familiar en centros de vacaciones, cámpings, albergues…
    • Dinamización de actividades en casas de naturaleza y/o proyectos de educación medioambiental.
    • Animación del ocio para mayores en residencias, centros de ocio, clubes, viajes, centros termales…
  • La animación cultural es un ámbito de intervención que puede ser liderado por los técnicos en animación sociocultural. Esta hegemonía se debe a la carencia de una formación específica para la animación y gestión cultural, si exceptuamos alguna oferta de máster o postgrado. Consecuentemente los profesionales del sector proceden de formaciones muy diversas y heterogéneas y es el animador con una formación inicial «ad hoc» el profesional que se puede insertar de forma más ventajosa en el sector. Las acciones que se llevan a cabo en este ámbito ponen énfasis en las actividades culturales que permitirán la participación de la población en el desarrollo de la propia cultura, la identidad cultural, el desarrollo de la creatividad y la participación cultural y artística. Las funciones más destacadas son:
    • Gestión y dinamización de equipamientos socioculturales tales como casas de cultura, clubes, ateneos…
    • Gestión y dinamización de equipamientos culturales: teatros, espacios de ensayo, salas de exposiciones..
    • Soporte a la producción técnica de fiestas, espectáculos, recitales, procesiones, desfiles, fiestas populares, fiestas mayores y eventos culturales.
    • Programación y dinamización de actividades en equipamientos culturales: museos, ecomuseos, bibliotecas, yacimientos arqueológicos, archivos, centros de interpretación…
    • Dinamización de la cultura popular
    • Intervención en proyectos de desarrollo cultural.
  • En cuanto al ámbito social, se trata de aquellos procesos de Animación Sociocultural que se centran en el trabajo comunitario y en el desarrollo de la comunidad. La intervención en este ámbito promociona la movilización ciudadana a partir del fomento de grupos, asociaciones y equipamientos orientados a la participación social y al empoderamiento de la comunidad y sus miembros. Dentro de este ámbito podemos distinguir dos vertientes, la de desarrollo comunitario y la socioeducativa y asistencial.

a) El desarrollo comunitario fomentará la participación ciudadana, el asociacionismo, el desarrollo local, en definitiva, la mejora de las relaciones humanas dentro de la comunidad. Se traduce fundamentalmente en:

Dinamización y gestión de centros cívicos u otros equipamientos de barrio similares.

Programar intervenciones a partir de la participación ciudadana.

Dinamización y asesoramiento del tercer sector y promoción del asociacionismo.

Gestión y dinamización en entidades y organizaciones del tercer sector.

Dinamización, implantación y seguimiento de programas en proyectos y planes comunitarios, de barrio, interadministrativos, etc.

b) La vertiente socioeducativa y asistencial, que se ocupará de la inserción e integración de grupos e individuos con actuaciones de tipo compensatorio o de carácter paliativo y de la animación de colectivos con cierta problemática social y necesidades especiales:

Dinamización y trabajo con colectivos específicos: personas discapacitadas, inmigrantes, mujeres con ciertas problemáticas, niños y jóvenes en riesgo social…

Programación y dinamización de talleres y actividades en residencias asistidas y centros de día.

Programación y dinamización de talleres y actividades en instituciones penitenciarias, centros de reinserción social, centros especializados en tratamiento de drogodependencias.

Planificación de actividades en centros de acogida, en pisos tutelados, en talleres y centros ocupacionales, en hospitales…

Así, por mucho que intentemos trazar fronteras imaginarias y delimitar espacios diferenciados para cada colectivo profesional, la realidad, que es obstinada, y el mercado de trabajo, que se regula por la ley de la oferta y la demanda, han ido situando a los técnicos en ASC en una variada gama de funciones, tareas y ocupaciones. Ello no es extraño si se tiene en cuenta su formación, un currículum amplio y completo que en Catalunya llega a las 1.700 horas con un valor añadido: la formación en centros de trabajo que representa alrededor de cuatro meses de inmersión en el mundo laboral mediante un convenio previamente pactado y donde el alumno-aprendiz adquirirá una parte substancial de su bagaje.

Sea como sea, el técnico en ASC tendrá que trabajar a menudo con educadores sociales, integradores y trabajadores sociales, compartiendo proyectos, usuarios, espacios… y pensamos que en cada caso concreto serán los profesionales quienes, mediante el proyecto que quieran llevar a cabo, la relación dialógica que establezcan y las ilusiones y objetivos compartidos, trazarán estas finas líneas invisibles que, como todas las fronteras, son para cruzarlas.

 


Bibliografía

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VICHÉ GONZÁLEZ, M. (2008). La animación Sociocultural. Apuntes para la formación de animadoras y animadores. Certeza. Zaragoza (ISBN: 84-92524-006).