Animador/a Sociocultural: Vida laboral compleja

El 7 de octubre es el Día del Trabajo Decente y coincide con el primer viernes de octubre Día de la Sonrisa… En mi caso ambos temas, siempre han ido de la mano. Ganarme decentemente la vida con una sonrisa (en ocasiones provocándolas)

Ya que la coincidencia de celebraciones en un mismo día me ha hecho gracia, voy a poner un el foco, en las cuestiones del empleo decente.

Por si alguien no me conoce… soy Animador Sociocultural.

De los típicos y tópicos sobre trabajar de animador o animadora sociocultural, contamos con grandes exitazos:

«¿Y de mayo qué quieres hacer?», «Todo el día jugando…» o «Animaqué…»

Bien, pues llega un nuevo tema: «Vida laboral compleja». Nos ha jodido, eso lo tenía yo bastante claro, pero ahora ya lo tengo constatado.

Desde el primer contrato que tuve (firmado por mi padre ya que era menor) he tenido muchos curros (todos temporales) hasta que hace un par de años arranqué con«El Taller»siendo esta experiencia de autoempleo mi cotización más larga… espero que mi vida laboral se quede en las 6 páginas que tiene.

Esta precariedad del ámbito ya la tenía clara, pero bueno, ya que estamos hablando de «trabajo decente», os pongo en antecedentes. Hace unos días tuve que solicitar la vida laboral para acreditar mi experiencia. Al acceder al servicio online, vi un enlace de «simulador de jubilación«, así que, como buen currante, pinché para deleitarme con la cantidad de días que me quedaban por tachar en el calendario para retirarme profesionalmente (que me gusta mi trabajo si, pero esa ilusión de tener cierta estabilidad económica después de madrugar y currar toda la vida… no es comparable) y el resultado es…

Vida laboral

¿Por qué ocurre esto? Pues en esas 6 hojas de vida laboral que tengo, hay contratos de hasta media hora, 35 contratos en una misma empresa, pluriempleo… así que aunque he tenido la suerte de no saber que es «sellar el paro» y he trabajado decentemente, no creo que muchos de mis empleos lo fueran.

No creo que sea un día de celebrar, si no de reivindicar conseguir esa decencia en el empleo.

Y lo del día de la sonrisa, pues pese a ese panorama laboral, sigo riendo, que menos ;O)

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No es apretar el tornillo, es la experiencia

Antes de que empiece a divagar, mira esta vídeo:

Es un fragmento de la película de 1958 Las chicas de la Cruz Roja (alguna broma me han hecho con esto cuando trabajaba en esa entidad… ay)

Ahora si, al tema. Con total seguridad, te sientas identificado con el mecánico del vídeo, en que sabes cuánto vale tu trabajo, el coste que tiene y te toca las narices que cuestionen el valor del mismo. Al menos a mi, como animador, me pasa algunas veces.

Tengo que decir que tengo suerte de que quien suele ponerse en contacto conmigo para pedirme alguna propuesta, entiende, valora y apoya el trabajo que se realiza desde la ASC, pero también hay algunas personas que lo cuestionan.

Ese cuestionamiento a veces suele venir por la metodología (choca hacerlo dinámico, participativo o lúdico), algunas otras por los plazos (¿esto no se puede hacer en 30 minutos?); pero la mayor parte de las veces viene por el coste o precio que tiene.

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Imagen de mibro en Pixabay 

Como creo que que eso parte desde el desconocimiento de lo que conlleva un proyecto o formación, ya que se ve el resultado final y no el proceso.

Ese proceso, conlleva entre otras cosas:

  • Una clara definición de los objetivos que vamos a trabajar (para qué hacemos esto)
  • El conocimiento del «público» al que nos dirigimos (dinámica de grupos, técnicas a utilizar)
  • Fundamentación o marco teórico del trabajo (lectura, investigación…)
  • Diseño de la acción (cómo lo vamos a trabajar)
  • Selección de las actividades y recursos apropiados
  • Ponerlo en marcha (tiempos, desplazamientos)
  • Por supuestísimo, desarrollarlo.
  • Gestionar imprevistos (lo que surja…)
  • Evaluar: errores, aciertos, resultados… (la única manera de mejorar)

Cuando solicitamos «x» actividad o proyecto, no solo estás pidiendo la realización, si no todo ese proceso que os cuento, y además el «saber, saber hacer y saber ser» de las personas profesionales que lo van a llevar a cabo.

Así que coincido con el hombre de la película: No es apretar el tornillo, es la experiencia ;O)

En la Animación Sociocultural también se aprende

La ASC nos parece una práctica que propicia la interacción y la comunicación de sus miembros en orden a satisfacer diversos y relevantes intereses para ello. Desde esta perspectiva, la ASC es una estrategia educativa que será tanto más potente, cultural y socialmente, cuanto más lo sean los protagonistas que la construyan, la guíen, la sitúen en los contextos y en sus diversas variables, siendo recreada con el fin de satisfacer sus expectativas y necesidades.

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Imagen de Gábor Adonyi en Pixabay 

Coaprendices en el grupo

La primera nota que caracteriza, a nuestro juicio, la Educación Social y, más particularmente la ASC, es la de considerar que el aprendizaje es más consistente y más liberador cuanto más es llevado a cabo en grupos que intercambian significados, sentimientos, ideas... para afrontar proyectos comunes (Kemmis y Taggart, 1992; Sáez, 1990, 1992). En Centros de Acogida, Casas de Cultura, en Centros Abiertos o Cerrados, también Semiabiertos, en Centros Penitenciarios para Jóvenes o en Centros de Protección y Tutela de menores…, la ASC no es una cuestión de relación unívoca entre el animador que coordina y que todo lo sabe y los otros protagonistas receptores de tal conocimiento.

Los problemas de las personas que demandan la ASC, y los tipificamos como socioculturales, no son los de las materias o disciplinas; tienen que ver con su situación personal, social y cultural, y reclaman que los animadores tengan presente los contextos en los que se mueven los necesitados de ayuda educativa, las situaciones afectivas y mentales que manifiestan, los intereses que suelen expresar, las imágenes que de sí mismos poseen, el tipo de relación que mantienen con sus próximos o lejanos, los objetivos que persiguen y la conexión que éstos manifiestan con las experiencias vividas… (I.C.A.S.S., 1985).

Estas personas no deben ser tratadas como los depositarios del conocimiento transmitido por el animador. Son constructores activos de experiencias con las que descubren conocimiento a través de estrategias educativas colaborativas, y reconstruyen los procesos por las que pueden dar razón de ellas e, incluso, aumentar su comprensibilidad para extraer más posibilidades futuras: las personas, en la ASC, deberían ser consideradas coaprendices en procesos de interacción social con otras en donde abordan, conjuntamente, tareas socialmente significativas para promover el trabajo colaborativo y la crítica común (Escarbajal y Sáez, 1995).

FuenteProgramas de Animación Sociocultural. Sarrate Capdevila, M.ª Luisa; Editorial: UNED.