No es apretar el tornillo, es la experiencia

Antes de que empiece a divagar, mira esta vídeo:

Es un fragmento de la película de 1958 Las chicas de la Cruz Roja (alguna broma me han hecho con esto cuando trabajaba en esa entidad… ay)

Ahora si, al tema. Con total seguridad, te sientas identificado con el mecánico del vídeo, en que sabes cuánto vale tu trabajo, el coste que tiene y te toca las narices que cuestionen el valor del mismo. Al menos a mi, como animador, me pasa algunas veces.

Tengo que decir que tengo suerte de que quien suele ponerse en contacto conmigo para pedirme alguna propuesta, entiende, valora y apoya el trabajo que se realiza desde la ASC, pero también hay algunas personas que lo cuestionan.

Ese cuestionamiento a veces suele venir por la metodología (choca hacerlo dinámico, participativo o lúdico), algunas otras por los plazos (¿esto no se puede hacer en 30 minutos?); pero la mayor parte de las veces viene por el coste o precio que tiene.

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Imagen de mibro en Pixabay 

Como creo que que eso parte desde el desconocimiento de lo que conlleva un proyecto o formación, ya que se ve el resultado final y no el proceso.

Ese proceso, conlleva entre otras cosas:

  • Una clara definición de los objetivos que vamos a trabajar (para qué hacemos esto)
  • El conocimiento del «público» al que nos dirigimos (dinámica de grupos, técnicas a utilizar)
  • Fundamentación o marco teórico del trabajo (lectura, investigación…)
  • Diseño de la acción (cómo lo vamos a trabajar)
  • Selección de las actividades y recursos apropiados
  • Ponerlo en marcha (tiempos, desplazamientos)
  • Por supuestísimo, desarrollarlo.
  • Gestionar imprevistos (lo que surja…)
  • Evaluar: errores, aciertos, resultados… (la única manera de mejorar)

Cuando solicitamos «x» actividad o proyecto, no solo estás pidiendo la realización, si no todo ese proceso que os cuento, y además el «saber, saber hacer y saber ser» de las personas profesionales que lo van a llevar a cabo.

Así que coincido con el hombre de la película: No es apretar el tornillo, es la experiencia ;O)

En la Animación Sociocultural también se aprende

La ASC nos parece una práctica que propicia la interacción y la comunicación de sus miembros en orden a satisfacer diversos y relevantes intereses para ello. Desde esta perspectiva, la ASC es una estrategia educativa que será tanto más potente, cultural y socialmente, cuanto más lo sean los protagonistas que la construyan, la guíen, la sitúen en los contextos y en sus diversas variables, siendo recreada con el fin de satisfacer sus expectativas y necesidades.

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Imagen de Gábor Adonyi en Pixabay 

Coaprendices en el grupo

La primera nota que caracteriza, a nuestro juicio, la Educación Social y, más particularmente la ASC, es la de considerar que el aprendizaje es más consistente y más liberador cuanto más es llevado a cabo en grupos que intercambian significados, sentimientos, ideas... para afrontar proyectos comunes (Kemmis y Taggart, 1992; Sáez, 1990, 1992). En Centros de Acogida, Casas de Cultura, en Centros Abiertos o Cerrados, también Semiabiertos, en Centros Penitenciarios para Jóvenes o en Centros de Protección y Tutela de menores…, la ASC no es una cuestión de relación unívoca entre el animador que coordina y que todo lo sabe y los otros protagonistas receptores de tal conocimiento.

Los problemas de las personas que demandan la ASC, y los tipificamos como socioculturales, no son los de las materias o disciplinas; tienen que ver con su situación personal, social y cultural, y reclaman que los animadores tengan presente los contextos en los que se mueven los necesitados de ayuda educativa, las situaciones afectivas y mentales que manifiestan, los intereses que suelen expresar, las imágenes que de sí mismos poseen, el tipo de relación que mantienen con sus próximos o lejanos, los objetivos que persiguen y la conexión que éstos manifiestan con las experiencias vividas… (I.C.A.S.S., 1985).

Estas personas no deben ser tratadas como los depositarios del conocimiento transmitido por el animador. Son constructores activos de experiencias con las que descubren conocimiento a través de estrategias educativas colaborativas, y reconstruyen los procesos por las que pueden dar razón de ellas e, incluso, aumentar su comprensibilidad para extraer más posibilidades futuras: las personas, en la ASC, deberían ser consideradas coaprendices en procesos de interacción social con otras en donde abordan, conjuntamente, tareas socialmente significativas para promover el trabajo colaborativo y la crítica común (Escarbajal y Sáez, 1995).

FuenteProgramas de Animación Sociocultural. Sarrate Capdevila, M.ª Luisa; Editorial: UNED.

Animación Sociocultural, sigue haciendo falta

Hace casi dos años, un mes después de que se declarara el Estado de Alarma por la pandemia del COVID, escribí la entrada «Animación Sociocultural, nos va hacer falta«

Ay… que días aquellos de confinamiento, en esa situación extraña que nos encontrábamos (y todavía estamos…), no se paraba de leer y decir que «las cosas van a cambiar», «la sociedad no volverá a ser la misma», qué vendrá una vez pase el Estado de Alarma… Yo nunca he creído que esto nos fuera a cambiar, siempre he pensado que la pandemia potenciaría lo que ya había: si hacías las cosas bien, las seguirías haciendo, si eras un asco de persona, pues… Pero eso es otra historia.

Sigo pensando lo que escribía aquel abril de 2020 «estamos en un momento histórico de cambio, con muchos factores, vamos a necesitar unirnos y facilitar la transformación social».

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Imagen de Masashi Wakui en Pixabay 

Cambiar con profundidad el modelo social para lograr la promoción de las personas y grupos (empoderamiento) es otro de los principales objetivos de la Animación Sociocultural.

No es mero activismo, sino que se orienta a la desaparición de las condiciones sociales que generan dichos problemas. Dicho cambio, de índole intencional, pretende que las personas y comunidades no se conformen con su realidad, sino que tomen conciencia de la misma y desarrollen su sentido crítico y creativo.

Conlleva el fomento de iniciativas, el compromiso activo del individuo como persona y colectivamente con los sectores más desfavorecidos de la comunidad y la promoción de la sociedad civil.

Un rasgo esencial de nuestra época reside en el cambio continuo y acelerado. Pero este cambio no puede quedarse en una mera adaptación (conformidad), sino que, con la ayuda de la ASC, debe orientarse hacia una transformación activa de la sociedad.

Para lograrlo es imprescindible:

  • Realizar un análisis crítico de la realidad para que se produzca un compromiso con acciones transformadoras del propio entorno orientadas a la promoción y participación social.
  • Otorgar el protagonismo a los grupos, colectivos y comunidades.
  • Centrar los programas y proyectos en torno a los ejes de Participación.
  • Promover la participación real de las personas en las acciones, en los procesos y en la dirección de estos, con lo que se conseguirán proyectos realmente transformadores.

En resumen, la Animación Sociocultural se concibe como una actuación crítica, libre y transformadora de la sociedad.

Vamos, Animación Sociocultural, sigue haciendo falta ;O)