Evaluación «ex ante»

Antes de comenzar un proyecto, debemos analizar la realidad en la que vamos a intervenir, vale. Pero, ¿qué hacemos con la información obtenida?

Pues ni más ni menos que otra evaluación para evaluar la viabilidad del proyecto que queremos iniciar.

La evaluación «ex ante», también denominada “de pre-decisión”, “de factibilidad” o de “pertinencia” facilita tomar la decisión de si debe implementar o no el proyecto e implica evaluar la idea de proyecto (destinatarias, definición del problema o necesidad, actividades, tareas, recursos…), considerando tanto el contexto externo como el interno.

Es en este momento, donde deberemos tomar la decisión definitiva de elaborar el proyecto y ponerlo en marcha, asegurándonos de que contamos con las condiciones, internas y externas, necesarias para impulsarlo.

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Imagen de Pexels en Pixabay 

Para evaluar la idea de proyecto, también conviene chequear al menos cuatro aspectos:

  • La pertinencia de la idea de proyecto, es decir, la adecuación de las soluciones que se proponen a la realidad que se pretende modificar.
  • Su viabilidad, es decir la existencia de condiciones (políticas, sociales, técnicas, económicas…) favorables para el desarrollo de la idea de proyecto.
  • Su coherencia con la identidad de la entidad, garantizando que existe un alineamiento de la idea de proyecto con la misión y valores de la organización, así como con su visión y orientaciones estratégicas.
  • Su factibilidad, es decir la capacidad técnica y económica de la entidad para llevar a cabo el proyecto, considerando, en términos de calidad y cantidad, los recursos humanos, materiales y económicos de los que dispone o podría disponer.

La evaluación «ex ante», además de proveernos de elementos de juicio para decidir la puesta en marcha del proyecto, representa un “insumo” para las fases posteriores de diseño y ejecución del proyecto.

En cualquier caso, la valoración de estos aspectos (pertinencia, viabilidad, factibilidad, coherencia…) se retomará con mayor profundidad una vez diseñado el proyecto (evaluación del diseño y análisis de viabilidad y sostenibilidad). De lo que se trata es de contar con bases suficientes para tomar la decisión de realizar el esfuerzo que requiere su diseño.

Fuente: Guía para la gestión de proyectos sociales. Equipo del Observatorio del Tercer Sector de Bizkaia.

En la web del Observatorio – http://www.3sbizkaia.net – es posible acceder tanto a este documento como al resto de publicaciones del Observatorio, y descargarlas gratuitamente.

16 años de animador…

Hace unos 16 años el guajete de la foto (si, soy yo) decidió que pasaba de hacer la PAU, pegarse un verano de 5 meses y tirar por la Formación Profesional, por una que sonaba bien… Además como llevaba dos años en una asociación, pues oye hasta podría venirle bien a la entidad.

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La foto, del segundo curso de TASOC

Y así, sin mayor misticismo, arranqué mi camino por la Animación Sociocultural. Vaya viaje desde entonces… casi todo contado por aquí.

Sin duda una de las mejores decisiones que he tomado en la vida

Lo mínimo para que «funcione»

¿Por qué hay proyectos que lo petan y otros no? ¿Qué determina que una iniciativa salga adelante?

Pues esto me estaba preguntando yo esta mañana de sábado mientras me tomaba un segundo café y repasaba mentalmente las últimas semanas. En concreto, pensaba en lo bien que nos ha salido el «I Sunset Candás« que desde El Taller ASC organizamos para el Ayuntamiento de Carreño.

Pero no solo por este último proyecto surge esta entrada. En estos años pasando por diversos proyectos, actividades e iniciativas, he observado varios aspectos que si se dan, la «historia» funciona.

Cabe mencionar, que esto es una opinión propia, basada en mis experiencias como animador, no una verdad absoluta. Quizá puede hacerse funcionar ideas sin que se den todos estos aspectos o con otros diferentes.

 

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Esos aspectos que considero lo mínimo para que «funcione» cualquier iniciativa son:

Primero: Las personas, siempre. Un grupo promotor, gente con ganas que se une para «hacer cosas», agentes clave de la comunidad, personas que ya están haciendo algo. Tiene que haber personas (y con ganas) para que surjan las iniciativas.

Segundo: Se ha tenido en cuenta la historia de la zona (proyectos similares, tradiciones culturales de la comunidad, su idioma o jerga, sus formas de expresión, etc.)

Tercero: Se ha contado con un espacio o punto de encuentro para desarrollar la idea.

Cuarto: Se ha contado un mínimo de recursos para empezar (cedidos, alquilados, subvencionados…

Quinto: La iniciativa ha surgido a raíz de las necesidades de la gente.

Sexto: Se ha comenzado por hacer un diagnóstico de la situación de la situación o análisis de la realidad (si no sabemos de qué punto partimos, cómo sabremos dónde queremos llegar)

Séptimo: Objetivos realistas. Después de ese análisis inicial, fijar prioridades.

Octavo: Apoyo comunitario. Para eso, por supuesto, hay que dárselo a conocer  a vecinos y vecinas.

Noveno: Apoyo institucional. Coordinación y comunicación con quien gobierne la zona. Tener

Décimo: Se fomenta la autonomía, la participación de cada persona. Se recuerda que el proyecto o iniciativa es un MEDIO, no un fin.

Decimoprimero: Se evalúa todo. La pertinencia, la eficiencia, la eficacia, las personas, los procesos. Todo (¿de qué otra manera podrá mejorarse si no?)