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El caso Pablo

"La gente de esas ciudades, están dormidos. Todo el día en el trabajo, en casa, sonámbulos. Nosotros les despertamos"

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Personas y Colectivos

La Isla de las dos caras (cuento)

Estos días, en los ratos libres que me deja el trabajo. estoy preparando una propuesta para un tema de motivación que me han pedido. Y estoy repasando dinámicas y textos que tengo por ahí guardados para inspirarme y a ver qué invento…

Y me he reencontrado con este, “La isla de las dos caras” de Pedro Pablo Sacristán, del que he descubierto (mientras buscaba al autor de la que escribía la entrada, osea hace 5 minutos)  que tiene una web llamada Cuentos para dormir. En ella podéis encontraros varios cuentos, ordenados por los valores que queramos trabajar.

No sé si el texto me ha inspirado para lo que tengo entre manos, pero me ha gustado mucho como la primera vez que lo leí (hace unos meses en un curso). “Como yo soy  de jugármela”, y siempre escogería “la caja antes que el apartamiento en Torrevieja” (ya lo entenderéis) os dejo el cuento.

Un cuento que pretende estimular la iniciativa, perder miedos, motivarnos…

La Isla de las dos caras

(Pedro Pablo Sacristán)

La isla de las 2 caras

La tribu de los mokokos vivía en el lado malo de la isla de las dos caras. Los dos lados, separados por un gran acantilado, eran como la noche y el día. El lado bueno estaba regado por ríos y lleno de árboles, flores, pájaros y comida fácil y abundante, mientras que en el lado malo, sin apenas agua ni plantas, se agolpaban las bestias feroces. Los mokokos tenían la desgracia de vivir allí desde siempre, sin que hubiera forma de cruzar. Su vida era dura y difícil: apenas tenían comida y bebida para todos y vivían siempre aterrorizados por las fieras, que periódicamente devoraban a alguno de los miembros de la tribu.

La leyenda contaba que algunos de sus antepasados habían podido cruzar con la única ayuda de una pequeña pértiga, pero hacía tantos años que no crecía un árbol lo suficientemente resistente como para fabricar una pértiga, que pocos mokokos creían que aquello fuera posible, y se habían acostumbrado a su difícil y resignada vida, pasando hambre y soñando con no acabar como cena de alguna bestia hambrienta.

Pero quiso la naturaleza que precisamente junto al borde del acantilado que separaba las dos caras de la isla, creciera un árbol delgaducho pero fuerte con el que pudieron construir dos pértigas. La expectación fue enorme y no hubo dudas al elegir a los afortunados que podrían utilizarlas: el gran jefe y el hechicero.

Pero cuando estos tuvieron la oportunidad de dar el salto, sintieron tanto miedo que no se atrevieron a hacerlo: pensaron que la pértiga podría quebrarse, o que no sería suficientemente larga, o que algo saldría mal durante el salto… y dieron tanta vida a aquellos pensamientos que su miedo les llevó a rendirse. Y cuando se vieron así, pensando que podrían ser objeto de burlas y comentarios, decidieron inventar viejas historias y leyendas de saltos fallidos e intentos fracasados de llegar al otro lado. Y tanto las contaron y las extendieron, que no había mokoko que no supiera de la imprudencia e insensatez que supondría tan siquiera intentar el salto. Y allí se quedaron las pértigas, disponibles para quien quisiera utilizarlas, pero abandonadas por todos, pues tomar una de aquellas pértigas se había convertido, a fuerza de repetirlo, en lo más impropio de un mokoko. Era una traición a los valores de sufrimiento y resistencia que tanto les distinguían.

Pero en aquella tribu surgieron Naru y Ariki, un par de corazones jóvenes que deseaban en su interior una vida diferente y, animados por la fuerza de su amor, decidieron un día utilizar las pértigas. Nadie se lo impidió, pero todos trataron de desanimarlos, convenciéndolos con mil explicaciones de los peligros del salto.

– ¿Y si fuera cierto lo que dicen? – se preguntaba el joven Naru.

– No hagas caso ¿Por qué hablan tanto de un salto que nunca han hecho? Yo también tengo un poco de miedo, pero no parece tan difícil -respondía Ariki, siempre decidida.

– Pero, si sale mal, sería un final terrible – seguía Naru, indeciso.

– Puede que el salto nos salga mal, y puede que no. Pero quedarnos para siempre en este lado de la isla nos saldrá mal seguro ¿Conoces a alguien que no haya muerto devorado por las fieras o por el hambre? Ese también es un final terrible, aunque parezca que aún nos queda lejos.

– Tienes razón, Ariki. Y, si esperásemos mucho, igual no tendríamos las fuerzas para dar este salto… Lo haremos mañana mismo.

Y al día siguiente, Naru y Ariki saltaron a la cara buena de la isla. Mientras recogían las pértigas, mientras tomaban carrerilla, mientras sentían el impulso, el miedo apenas les dejaba respirar. Cuando volaban por los aires, indefensos y sin apoyos, sentían que algo había salido mal y les esperaba una muerte segura. Pero cuando aterrizaron en el otro lado de la isla y se abrazaron felices y alborotados, pensaron que no había sido para tanto.

Y, mientras corrían a descubrir su nueva vida, pudieron escuchar a sus espaldas, como en un coro de voces apagadas:

– Ha sido suerte.

– Yo pensaba hacerlo mañana.

– ¡Qué salto tan malo! Si no llega a ser por la pértiga…

Y comprendieron por qué tan pocos saltaban, porque en la cara mala de la isla sólo se oían las voces resignadas de aquellas personas sin sueños, llenas de miedo y desesperanza, que no saltarían nunca…

Falta de Inteligencia Emocional en el ámbito laboral

Aunque por suerte no es lo que me pasa en mis actuales trabajos (y pasados, ya desde hace tiempo) Me parece importante seguir compartiendo este tipo de artículos, sobre todo con carácter preventivo, no solo debemos (pre)ocuparnos de ello cuando ya lo padecemos.

 

La idea de que la falta de Inteligencia Emocional en una empresa, tiene un coste y que incluso con el tiempo puede llevar a la quiebra, es una idea que todavía muchas personas en el ámbito laboral son reticentes a aceptar.

Daniel Goleman nos habla en su libro “La práctica de la Inteligencia Emocional” de los errores más comunes que suelen cometer en el ámbito laboral.

desmotivaciónlaboral

Exceso de Trabajo. Mucho trabajo que hacer en muy poco tiempo.

Los recortes exigen que las personas responsables tengan que hacerse cargo de más personas a su cargo, el personal sanitario de más pacientes, en la ensañanza de más estudiantes, etc. Y en la medida en que aumenta el ritmo, la exigencia y la complejidad del trabajo, las personas se sienten más abrumadas, iniciando una escala que acorta también el tiempo que la gente dispone para recuperarse. En estas condiciones, a la corta o a la larga, el agotamiento va acumulándose y el trabajo acaba resintiéndose.

Falta de autonomía. Ser responsable del trabajo y, sin embargo, disponer de muy poco margen de maniobra acerca del modo de llevarlo a cabo.

La dirección excesivamente escrupulosa termina generando frustración porque las personas trabajadoras, que pueden descubrir formas más sencillas de realizar su trabajo, se hallan sometidos a reglas demasiado estrictas, algo que termina disminuyendo su sensación de responsabilidad, flexibilidad e innovación. En tal caso, el mensaje implícito que reciben las personas es que la empresa no tiene en cuenta sus opiniones ni respeta sus habilidades.

Remuneración insuficiente. Pagar poco por el exceso de trabajo.

Con los reajustes de plantilla, las congelaciones salariales, la actual tendencia a los contratos temporales y los recortes en algunos de los derechos de los trabajadores, éstos empiezan a perder la esperanza de que su salario aumente en la medida en que progrese su carrera profesional. En este sentido, también cabe hablar de una pérdida en la recompensa emocional del trabajo, ya que la sobrecarga de trabajo combinada con su escasa autonomía y la inseguridad laboral termina despojando al trabajo de toda satisfacción.

Pérdida de conexión. Aumento de la sensación de aislamiento en el entorno laboral.

Las relaciones personales constituyen el aglutinante humano que hace posible el éxito de los equipos de trabajo. En este sentido, la asignación indiscriminada de cometidos disminuye el grado de compromiso con el trabajo en equipo. Y, en la medida en que las relaciones van desintegrándose, se pierde también el placer que se deriva de la colaboración con nuestros compañeros de trabajo. Y esta sensación creciente de alienación alienta el conflicto y acaba erosionando los objetivos comunes y las relaciones emocionales que podrían ayudarnos a salvar tales escollos.

Injusticia.

Las desigualdades manifiestas – ya se deban a una percepción injusta del reparto de honorarios y obligaciones, al poco caso que se hace de las reclamaciones o a una política empresarial arbitraria- no hacen más que alentar el resentimiento. En este sentido, el aumento salarial de altos mandos y la congelación de los sueldos de las personas de trabajos de niveles inferiores termina socavando la confianza de éstos en la dirección de la empresa. Y, en ausencia de una comunicación abierta y sincera, el resentimiento campa por sus fueros y termina abocando a la a desconfianza, la alienación y la falta de identificación con los objetivos de la empresa.

Valoración inadecuada de los conflictos.

Discrepancia entre los valores personales y las exigencias laborales. Porque el coste que deberá pagar la persona por mentir para hacer una venta, saltarse un control para concluir un trabajo a tiempo o recurrir a técnicas maquiavélicas para sobrevivir en un entorno laboral excesivamente competitivo, le pondrá en contradicción con su propia ética. Los trabajos que se hallan reñidos con los valores personales desalientan al empleado y le llevan a poner en cuestión el sentido de lo que hace. Eso es precisamente lo que ocurre cuando la realidad cotidiana desmiente las declaraciones grandilocuentes sobre los supuestos objetivos.

 

Cooper Procter, uno de los dos fundadores de Procter and Gamble, declaraba en 1887:

“El principal problema de las grandes empresas de hoy en día reside en elaborar políticas que hagan sentir a cada empleado que él es un elemento esencial de la empresa. Es necesario que cada empleado se sienta personalmente responsable del éxito de la empresa y que se le ofrezca la posibilidad de recibir una parte del resultado de ese éxito”.

Es triste comprobar que hoy en día, más de 100 años después de esta reflexión, muchos empresas y entidades que siguen sin darse cuenta de lo necesario que es hacer partícipe a las personas del éxito de la empresa.

Criterios para seleccionar un campamento

La inspiración de escribir esta entrada viene de 3 tweets publicados por El Currante Social (@currantesocial), así que le dedico la entrada ;O)

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Y además de darles al retweet, me dio por escribir…

 

Ante la llegada en pocos días del verano, llega el momento de pensar para las familias sobre el mejor uso de los dos meses de vacaciones escolares de sus peques. ¿Qué van a hacer? ¿Cómo invertir ese tiempo?

Una de las formas más extendidas son las colonias y/o campamentos (urbanos o de pernocta, vamos “los de toda la vida” ) Siguen las dudas… ¿Cuál es mejor? ¿El más caro? ¿El más barato?

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Educación en el tiempo libre (como declaración de intenciones)

Aunque el objetivo principal de la entrada es daros mi criterio de selección, vaya por delante que para mi las colonias o campamentos son actividades educativas en el tiempo libre.

Un campamento de verano debe proveer actividades de aprendizaje (y eso no quiere decir hacer tareas escolares) y diversión.

La educación es un proceso a través del cual se desarrollan todas las capacidades de la persona, haciendo posible el crecimiento, la madurez y el desarrollo de la personalidad del niño o niña. La propuesta educativa en el tiempo libre se caracteriza fundamentalmente por considerarse éste, como un momento idóneo para la educación y el crecimiento personal, complementando así la educación recibida de familia y escuela.

La acción educativa en el tiempo libre se vive en un ambiente lúdico, marcado por la aventura, la creatividad, la amistad, el contacto con la naturaleza y la alegría. A través de ella, valiéndonos del juego y las actividades se educan comportamientos, actitudes y valores que ayudan a la formación del niñx.

 

Los criterios que se deben considerar para seleccionar la colonia o campamento que os propongo son los siguientes:

Esta información es totalmente subjetiva basada en mi opinión y experiencia como monitor / director de tiempo libre en varias colonias y campamentos, no un canon a seguir

  • Intereses de la persona participante: Esto quiere decir que debemos hablar con el niño o la niña, ya que quizás quiera ir a una colonia o campamento con una actividad concreta (deportivas, artísticas, bilingüe…) y no solo al que esté al lado del domicilio. O puede que si estudia en colegio en otra parte de la ciudad quiera conocer gente de su entorno. O… mil opciones, preguntadles ;O)

  • Gestión: ¿Tiene la entidad experiencia y formación para esa actividad?, si la actividad la organiza una administración pública ¿a qué empresa o asociación subcontrata la misma? La gestión de la colonia o campamento tiene que estar en manos eficientes y con experiencia.

  • Valor añadido: La actividad tiene un proyecto detrás que respalde el trabajo que se hace con infancia o es una actividad puntual sin más. ¿Tiene proyecto educativo? ¿Hay líneas de trabajo?

  • Horario: Mañana y tarde, solo mañana, solo tarde, de pernocta durante 7 o 15 días. Debemos escoger

  • Diversidad y necesidades de los y las participantes: ¿Hay suficientes niños y niñas de la misma edad? Si tiene una necesidad especial, ¿la actividad está adaptada a la misma? ¿Qué ratio de monitorado tienen?

  • Programación de actividades: Además del gusto de los y las participantes ¿La oferta es variada?, ¿Es para todo tipo de edades?, ¿Hay excursiones o salidas?

  • Localización y transporte: ¿Es cerca o lejos la colonia o el campamento de su casa? ¿Hay ruta de transporte para los y las participantes? Si es de pernocta ¿el transporte hasta el lugar donde se desarrolle corre a cargo de la familia o va incluido?

  • Materiales: ¿Todo lo necesario para el desarrollo de las actividades se facilita desde la organización o las familias deben aportar alguno? (ejemplo: saco de dormir o estuche con material escolar)

  • Seguridad: Parece obvio pero ¿tiene seguro específico para el desarrollo de esa actividad?, ¿Existe un protocolo de actuación ante emergencias? ¿Cuenta el monitorado con formación de primeros auxilios? Si el campamento se desarrolla fuera ¿se ha contactado con los servicios médicos para conocer su ubicación?; ¿Qué normas de comportamiento se exigen y qué ocurre de no cumplirse?

  • Alimentación: ¿Se provee de comida?, ¿Es cocina propia o un servicio de catering?, ¿Cubre necesidades alimenticias de todo tipo?, ¿Los y las participantes deben llevar algo?

 

Por si los que me leéis vivís cerca de mi, el Departamento de Juventud del Ayuntamiento de Gijón, edita (entre otros dossiers) uno llamado Guía Campamentos de Verano 2017. Está en continua revisión y actualizado, merece la pena echarle un vistazo.

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