¿En qué momento dejamos de ser animadores/as socioculturales?

Hay una cosa que llevo tiempo observando y que, cuanto más trabajo en este sector, más me llama la atención: la cantidad de gente que ha sido animadora sociocultural pero que, en algún momento de su vida, deja de decir que lo es. Personas que estudiaron Animación Sociocultural, que hicieron cursos de monitor o de dirección de tiempo libre, que estuvieron en asociaciones, que organizaron campamentos, talleres, actividades juveniles, proyectos comunitarios, semanas culturales, encuentros, juegos, fiestas, acciones de calle y cientos de cosas más, pero que después estudiaron otra carrera, encontraron otro trabajo, aprobaron una oposición o entraron en una administración y pasaron a ser educadoras sociales, trabajadoras sociales, profesoras, técnicas de juventud, gestoras culturales, psicólogas, orientadoras o coordinadoras de proyectos. Y, casi sin darnos cuenta, dejaron de ser animadoras socioculturales. O, al menos, dejaron de decir que lo eran.

Esto me resulta especialmente curioso porque rara vez escuchamos a alguien decir «antes era trabajador social» o «cuando era joven fui educadora social», mientras que sí es tremendamente habitual escuchar aquello de «yo fui monitor», «yo también hice animación sociocultural (TASOC)» o «cuando era joven estaba metido en esas cosas». Hay algo en esta profesión que parece condenarla a ser considerada una etapa, algo que haces mientras estudias, mientras encuentras algo mejor, mientras consigues estabilidad o mientras llega ese trabajo que socialmente sí consideramos un trabajo de verdad. Y quizá deberíamos preguntarnos seriamente por qué hemos asumido con tanta naturalidad que la animación sociocultural es un lugar por el que se pasa y no un lugar en el que alguien puede decidir quedarse.

Imagen creada con IA a partir del texto de la entrada

La ASC como sala de espera

Durante muchos años hemos permitido que la animación sociocultural se construya laboralmente como una especie de sala de espera profesional. Trabajos de verano, contratos de unas pocas horas, programas de tres meses, campamentos, sustituciones, proyectos vinculados a subvenciones que hoy existen y mañana desaparecen, contratos públicos adjudicados demasiado a menudo a quien consigue ajustar más el precio, horas de preparación que nadie paga, desplazamientos que nadie contabiliza y materiales que, aparentemente, aparecen por generación espontánea. Todo ello mientras exigimos a quienes trabajan en este ámbito experiencia, formación, creatividad, capacidad de improvisación, habilidades sociales, gestión de conflictos, primeros auxilios, perspectiva de género, competencias digitales, capacidad para trabajar con infancia, juventud, personas mayores, personas con discapacidad y prácticamente cualquier colectivo que pueda existir. Después de pedir todo eso, ofrecemos doce horas semanales durante dos meses y nos sorprendemos porque esa persona, cuando encuentra una oportunidad laboral más estable, se marcha.

Por eso quizá este planteando mal la pregunta. Tal vez el problema no sea por qué tanta gente ha abandonado la animación sociocultural, sino por qué hemos construido un sector que, en demasiadas ocasiones, termina expulsando a sus propios profesionales. Si alguien puede realizar exactamente el mismo tipo de intervención desde una categoría profesional diferente, con mayor reconocimiento, mejores condiciones laborales, más estabilidad y mejores posibilidades de desarrollo, resulta bastante comprensible que termine haciéndolo. Lo preocupante no es únicamente que perdamos profesionales, sino que cada vez que ocurre perdemos también experiencia, conocimientos, metodologías y personas que podrían estar contribuyendo a consolidar profesionalmente nuestro ámbito.

«Yo empecé de monitor/a»

Hay una frase que siempre me ha parecido especialmente significativa: «yo empecé de monitor». Normalmente viene seguida de algo que socialmente interpretamos como una evolución profesional: «yo empecé de monitor y después estudié [Insertar carrera aquí]», «yo también hice campamentos, pero ahora soy… «, «yo estuve muchos años haciendo esas cosas, pero ahora trabajo en…». Evidentemente no hay absolutamente nada malo en evolucionar profesionalmente, estudiar carreras, descubrir nuevos intereses o cambiar de trabajo. El problema aparece cuando construimos una jerarquía invisible en la que monitorizar, dinamizar o dedicarse profesionalmente a la animación sociocultural ocupa necesariamente el escalón inferior, convirtiéndose siempre en aquello desde lo que se empieza y prácticamente nunca en aquello a lo que se llega.

Yo reivindico precisamente lo contrario. Hay personas que quieren dedicarse profesionalmente a la animación sociocultural. No porque no hayan conseguido otra cosa, no porque estén esperando aprobar una oposición, no porque todavía estén estudiando ni porque necesiten ganar algo de dinero durante el verano. Simplemente porque esta es su profesión. Porque saben diseñar procesos de participación, trabajar con grupos, intervenir comunitariamente, generar espacios educativos, organizar proyectos, facilitar relaciones y utilizar el ocio, la cultura, la participación y la vida comunitaria como herramientas de transformación social. Y todo eso requiere conocimientos, experiencia y profesionalidad.

No hacemos «cosas»

También creo que quienes trabajamos en animación sociocultural tenemos parte de responsabilidad porque muchas veces explicamos fatal lo que hacemos. Cuando alguien nos pregunta a qué nos dedicamos es habitual responder algo parecido a «hacemos talleres, campamentos y actividades». Y en ese momento hemos perdido una parte importante de la batalla, porque la animación sociocultural no consiste simplemente en hacer actividades. Las actividades son nuestras herramientas, de la misma manera que otras profesiones utilizan entrevistas, informes, medicamentos, planos, reuniones o procedimientos determinados. Nosotros utilizamos actividades para generar procesos, crear espacios de participación, construir comunidad, facilitar relaciones, trabajar la convivencia, generar experiencias educativas fuera de los contextos tradicionales, acompañar grupos y conseguir que personas que normalmente no participan encuentren lugares y motivos para hacerlo.

Convertimos una plaza, una biblioteca, un centro juvenil, un colegio, un centro social, una asociación o un prao en un espacio donde durante unas horas pueden ocurrir cosas. Y algunas de esas cosas aparentemente son muy pequeñas: un juego, una conversación, un taller, una excursión, una gymkhana, un café o una dinámica absurda con veinte personas moviéndose por una sala. Pero detrás debería existir una intención, porque la animación sociocultural no consiste simplemente en entretener a la gente para que pase el tiempo; consiste en utilizar ese tiempo para generar encuentros, aprendizajes, vínculos, participación y experiencias compartidas. Puede parecer una diferencia pequeña cuando se explica, pero profesionalmente es una diferencia enorme.

Lo que aprendimos haciendo el canelo

También se comete un error bastante curioso: avergonzarnos de nuestra propia metodología. Parece que cuanto más profesional te vuelves, más «serio» tienes que parecer. Dejamos las dinámicas, dejamos los juegos, dejamos de mover las mesas y empezamos a utilizar presentaciones, conceptos sofisticados y palabras en inglés. Y un día descubres que alguien está cobrando una cantidad considerable de dinero por impartir una formación empresarial utilizando prácticamente la misma dinámica que tú aprendiste en un curso de monitor/a de tiempo libre cuando tenías dieciocho años. Solo que ahora se llama team building. Lo que nosotros llamábamos dinámica de presentación ahora es un icebreaker, lo que llamábamos evaluación grupal puede convertirse en una retrospective y aquello de poner a un grupo a construir una torre con cuatro materiales resulta que ahora sirve para desarrollar liderazgo, comunicación, creatividad, pensamiento estratégico y cohesión de equipos.

Pues claro que sirve para eso. Precisamente por que la ASC lleva décadas haciendo este tipo de cosas. No estábamos haciendo el canelo, aunque a veces desde fuera pudiera parecerlo. O quizá sí estábamos haciendo un poco el chorras, pero lo hacíamos con objetivos, metodología y una intención educativa detrás. Una de las cosas que necesita urgentemente la animación sociocultural es dejar de pedir perdón por jugar, porque el juego no es lo contrario de lo profesional y una dinámica divertida no deja de tener valor educativo porque las personas se estén riendo. Saber utilizar el juego, adaptar una actividad a un grupo, leer lo que está ocurriendo dentro de él y modificar sobre la marcha una propuesta requiere mucha más profesionalidad de la que normalmente reconocemos.

Una profesión que está en todas partes y no aparece en ninguna

Lo paradójico es que vivimos en un momento en el que probablemente necesitamos más animación sociocultural que nunca.

Hablamos constantemente de soledad no deseada, aislamiento social, jóvenes que no encuentran espacios de participación, barrios donde las personas apenas se conocen, envejecimiento, salud comunitaria, convivencia intercultural, participación ciudadana, ocio saludable, prevención, redes comunitarias, asociacionismo, recuperación del espacio público y necesidad de construir comunidad. Y resulta que existe una disciplina profesional que lleva décadas trabajando precisamente sobre muchas de estas cuestiones, pero que muchas veces desaparece de los discursos, de los equipos profesionales e incluso de los propios proyectos.

Creamos programas de dinamización comunitaria, laboratorios ciudadanos, experiencias participativas, procesos de innovación social, estrategias de participación y espacios de cocreación. Muchos de ellos son interesantes, innovadores y necesarios, pero otras veces no puedo evitar pensar que estamos haciendo animación sociocultural con nombres que quedan bastante mejor en una memoria técnica. Hemos conseguido una situación extraña en la que buena parte de las metodologías, principios y objetivos de la ASC están absolutamente presentes en políticas públicas y proyectos sociales, culturales y educativos, mientras la propia expresión «animación sociocultural» parece haber perdido espacio. Quizá antes de inventarnos constantemente nuevas etiquetas deberíamos recuperar también algunas de las que ya teníamos.

Reivindicar la palabra animador/a

Incluso la propia palabra nos genera problemas. Dices «animador» y mucha gente piensa inmediatamente en alguien con un micrófono haciendo bailar a turistas en un hotel cantando «head, shoulders, knees and toes…» , y seguramente esa persona también sea animadora y realice un curro digno, pero nuestra profesión es muchísimo más amplia. La propia idea de animar tiene que ver con dar vida, poner en movimiento, activar algo que estaba quieto. Animar un grupo, animar una comunidad, animar a participar, crear las condiciones para que personas que permanecían al margen decidan implicarse. Pocas palabras describen mejor lo que hacemos y, sin embargo, parece que hemos decidido huir de ella en lugar de reivindicarla.

Además, hay algo especialmente bonito en la animación sociocultural y es que nosotros no somos los y las protagonistas. Muchas veces nuestro mejor trabajo ocurre precisamente cuando empezamos a dejar de ser necesarios, cuando un grupo empieza a funcionar solo, cuando unas personas que no se conocían comienzan a organizarse, cuando una actividad deja de pertenecernos o cuando alguien que llegó diciendo «yo solo vengo a mirar» termina proponiendo qué podemos hacer la semana siguiente. Ahí hay animación sociocultural. No siempre es espectacular, no siempre produce fotografías maravillosas para las redes sociales y muchas veces ni siquiera puede medirse fácilmente en un formulario de evaluación, pero probablemente sea una de las partes más importantes de nuestro trabajo.

También necesitamos mirarnos nosotros

Reivindicar la animación sociocultural tampoco significa idealizarla ni fingir que todo lo que hacemos está bien. Tenemos muchos problemas que debemos afrontar: precariedad, categorías profesionales confusas, convenios que no siempre reflejan adecuadamente nuestras funciones, concursos públicos donde importa demasiado el precio y demasiado poco el proyecto, empresas que compiten rebajando costes laborales, administraciones que quieren proyectos maravillosos con presupuestos imposibles, profesionales quemados y una tradición peligrosísima de utilizar la vocación como argumento para justificar condiciones laborales que no aceptaríamos en otros sectores.

Porque parece que, como un trabajo sea divertido no significa que no sea trabajo, que exista vocación no elimina las facturas y querer contribuir a transformar la realidad no debería implicar hacerlo en precario. Si queremos reivindicar de verdad la animación sociocultural también tenemos que reivindicar condiciones laborales dignas, presupuestos adecuados, reconocimiento profesional y estabilidad para quienes hacen posible esos proyectos.

Yo sigo siendo animador sociocultural

Quizá por todo esto cada vez me gusta más decirlo claramente: soy animador sociocultural. Sin traducirlo, sin adornarlo y sin convertirlo en «consultor de procesos socioeducativos comunitarios estratégicos transversales 4.0» para que parezca que hago algo más importante.

Animador sociocultural. Porque detrás de esas dos palabras caben muchas de las cosas que llevo años haciendo: formar, jugar, coordinar, diseñar proyectos, montar «cosas» , facilitar grupos, trabajar con todo tipo de colectivos, entrar en aulas, salir a una plaza, preparar materiales, inventar dinámicas, evaluar, escuchar, negociar, gestionar conflictos e improvisar cuando todo lo que estaba perfectamente planificado se va a la mierda. Y, por supuesto, recoger después. Siempre recoger después ;O)

La animación sociocultural es una profesión. Y una «manera de entender» cómo trabajamos. Una profesión que necesita profesionales formados, reconocidos y pagados como tales. Una profesión que lleva décadas haciendo muchas de las cosas que ahora hemos decidido llamar innovación social, participación comunitaria o creación de redes.

En fin, vaya desahogo de domingo. Por supuesto, esta entrada es una opinión, la cual no tenéis que compartir. A mi me apetecía compartirla, debe ser la proximidad de septiembre y del «nuevo curso» que me hace pensar.

Crowdfunding enREDAS – «Ahora más que nunca, necesitamos AMOR»

Os vengo a hablar de En-REDAS una entidad a la que pertenezco, y en la que necesitamos algo de AYUDA.
 
Somos una asociación MUY GRANDE con MUCHA ILUSIÓN pero con POCOS RECURSOS.
 


 
Si a esto le añades que el pasado marzo el resultado de 9 años de trayectoria, de esfuerzos, desfiles y trabajo quedó esparcido por la A8 (resumido: nuestro remolque y carroza quedó reventada en la autopista)
 
¿Esto qué implica? Pues que aunque nos autofinanciamos enfocar el Antroxu 2025 nos va a costar un poco.
 
Por eso hemos lanzado esta campaña de crowdfounding para solicitar colaboración al más puro estilo Lola Flores (“Si una pezeta diera cada español…”
 

 

 
En el siguiente enlace, tienes más información.
 
A ver, cada persona del país no, pero si nos echas una mano, estaría genial.
 

GRACIAS ❤️

El Antroxu (Carnaval) en Asturias es una festividad arraigada en la cultura local, que representa la identidad, tradiciones y valores de la región.

Esta festividad no solo es una oportunidad para la diversión y el entretenimiento, sino que también actúa como un generador de cultura al preservar y transmitir prácticas ancestrales, como las mascaradas, danzas folclóricas y rituales tradicionales.

Además, el Antroxu fomenta el sentido de comunidad, la creatividad y la expresión artística a través de desfiles, concursos de disfraces y eventos culturales, fortaleciendo así los lazos sociales y promoviendo la inclusión y la diversidad.

Colección «Cuadernos de Animación» (Asociación Cultural Asturactiva)

«Cuadernos de Animación» fue una publicación especializada en animación sociocultural creada por la Asociación Cultural Asturactiva (Animadores/as Socioculturales del Principado de Asturias), entidad nacida en 1999 en Gijón (Asturias) mantuvo su actividad hasta 2007.

El proyecto de «Cuadernos de animación» nació en el año 2000 y se mantuvo hasta el cierre de la entidad en 2007. Entre sus objetivos, tenía:

  • Recoger las reflexiones y materiales de las Escuelas de Animación Sociocultural de Gijón organizadas por la propia entidad.
  • Aumentar la bibliografía disponible sobre Animación Sociocultural, dando más posibilidades de formación a estudiantes y profesionales.
  • Fomentar el debate e intercambio de ideas en torno a la animación sociocultural y otras cuestiones sociales.

Colección «Cuadernos de Animación» Asociación Cultural Asturactiva

Breve historia del proyecto

En el año 2000, Asturactiva con la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón, veía la luz el cuaderno 1, que reunía artículos de profesionales de la Animación en nuestro país.

Al año siguiente se editó el número 2, recopilación de las ponencias y debates que tuvieron lugar en la I Escuela Formativa de Animación Sociocultural de Gijón, también organizada por Asturactiva.

El 2002 supuso un salto cuantitativo: los número 3 y número 4 recogerían, respectivamente, experiencias y reflexiones en el ámbito social, y las ponencias de la II Escuela Formativa de ASC.  La evolución experimentada queda patente a la vista de los resultados, tanto ateniéndose a criterios de número como de calidad.

Durante el 2003 continuaron con esa tarea y publicaron dos libros más.  El número 5 recogía la conferencia inaugural de la II Escuela Formativa (2002), a cargo de Marco Marchioni y el acta de la ponencia de Ezequiel Ander-Egg en el mismo marco, no incluidas en el número precedente por problemas de espacio.

El número 6, dedicado a reunir nuevas aportaciones de profesionales e instituciones. Pep Bruno y Raúl Luis (miembro de Asturactiva)  les acercaron al mundo de los cuentos, uno como profesional de la narración y el otro, como asistente al maratón de cuentos de Guadalajara. El colectivo para la promoción social “El Candil” contó su historia y sus planes de futuro, y Sheila González nos hablo de la participación infantil. Este número lo cerraba Ezequiel Ander-Egg, con un interesante texto sobre la cultura.

El número 7 incluía 8 artículos. En dos se recogían actas de la IV Escuela Formativa, otros dos nos narraban la experiencia con el Servicio de Voluntariado Europeo en Latinoamérica, dos artículos más recogían diferentes reflexiones de la situación del movimiento asociativo y la participación, y los dos últimos estaban dedicados uno a los títeres y otro a presentarnos “Les otres cares del planeta”.

El número 8, en el año 2005, recogió la ponencia inaugural de la V Escuela y artículos de los docentes de los cursos.

Durante el año 2006, aunque estaba previsto editar el número 9, no fue posible por falta de presupuesto. Eso se postergó a 2007, último año y último cuaderno, que de nuevo recogía diferentes experiencias de animación patrias en materia de salud y una experiencia extranjera como el proyecto «The Brewery» desarrollado en Malmö (Suecia)

Un servidor tuvo la suerte de participar de varias actividades de la entidad, de poder leer y contar con todos los cuadernos y además de que esta entidad fuera mi primera experiencia laboral como animador sociocultural.

Ya que desde hace años celebro el día de la Animación Sociocultural (#DíaASC) el 24 de enero*, me parece bonito recordar esta iniciativa y recogiendo el espíritu de Asturactiva quienes difundían los cuadernos y por ende la ASC (cito textualmente del proyecto de la asociación: «Que los cuadernos sea gratuitos para que pueda estar al alcance de todos, profesionales, estudiantes y público en general, sin que el precio pueda ser un obstáculo, facilitando así un acceso más democrático a la información y la cultura») pretendo recuperarlos.

Hablé con Cristina y Marcos, fundadores de la entidad (y mis primeros jefes) a ver si había la opción de recuperar los archivos pdf para compartirlos, pero no se han localizado. Yo tengo en mi poder algunos, pero los originales en físico los tengo todos, así que iremos poco a poco.

En los próximos meses, escanearé y publicaré aquí cada mes uno de los cuadernos, para que no se pierdan en el olvido y sigan siendo una bonita recopilación de experiencias de animación sociocultural.

¡Feliz día de la Animación Sociocultural! ;O)

*¿Por qué el 24 de enero es el día de la ASC? Buena pregunta. Jota, a quien entrevisté en el 12 meses, 12 Animador@s, lo celebraba, le pregunté y me dijo ¿y por qué no? habría que tener un día y este era bueno. Así que desde entonces lo celebro jajaja