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El caso Pablo

"La gente de esas ciudades, están dormidos. Todo el día en el trabajo, en casa, sonámbulos. Nosotros les despertamos"

Autor

Pablo García

Animador Sociocultural | Formador | Monitor de Risoterapia

Juego y aprendizaje

El juego es una manera de aprendizaje de vida. Los niños/as juegan a simular los roles de los adultos, mientras que los adultos juegan para ensayar sus actitudes y emociones sin riesgo real. Así los juegos nos permiten cambiar de rol por unos instantes y poner a prueba los conocimientos y destrezas que tenemos.

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Jugar es una forma de experimentar. El ser humano se introduce en el juego, porque necesita explorar el entorno que le rodea y para descubrirse a sí mismo y a los demás. El juego exploratorio y espontáneo va dejando paso, con el tiempo, al juego reglado y a otros juegos más complejos. Poco a poco vamos cerrando barreras hasta que el adulto, solo participa en un juego, cuando este, tiene bien delimitados los parámetros de actividad, sus reglas, el fin y los logros. Sin darse cuenta va bloqueando muchas de las puertas de la sensibilidad, de la risa, del disfrute natural y de su poder evasivo.

Volver a abrir las puertas y ventanas de la conducta, es la función que deberemos desempeñar los que nos dedicamos a utilizar el Juego y la Creatividad como herramienta de crecimiento personal. Ayudar a la gente a re-descubrir la risa, el placer, la alegría… pero este hecho en sí mismo, es un gran reto que tenemos por delante y que debemos abordar con mucha sensibilidad e ilusión.

El juego libre, el verdadero Juego, el juego que deja espacio a la fantasía, a la imaginación, a lo sorprendente, es la principal herramienta para alcanzar la distracción y la desinhibición. Cuando alguien está jugando, se olvida de las preocupaciones, de las normas y actúa alegremente dejándose llevar por lo impredecible del propio juego.

El juego es la mejor herramienta que tenemos los humanos para conocernos, comunicarnos y desarrollarnos. En el juego solemos comportarnos tal como somos y nos permitimos actuaciones que probablemente reprimiríamos en la vida real. Esto hace que el juego sea un gran aliado del espíritu creativo, de la comunicación, del establecimiento de vínculos, del desahogo emocional y del establecimiento de unas buenas relaciones.

Oscar Wilde decía: “la vida es demasiado seria para ser llevada en serio”. Libertad, risa, humor, fantasía, creatividad, deseo, imaginación, participación, bienestar, son palabras que expresan las personas después de haber experimentado una situación lúdica.

Pero a pesar de que todos hemos experimentado las sensaciones positivas que nos aportan los juegos, pocos somos los que nos atrevemos a tomar la vida como un juego, actitud que nos permitiría afrontar la vida desde el optimismo, la creatividad, el disfrute y como antídoto para no sufrir tanto.

El juego nos ofrece la posibilidad de recrear nuestra vida y experimentarla desde una óptica más positiva, reactivar nuestra actitud optimista, poder afrontar con mayor creatividad y valentía los contratiempos y sobre todo aprender nuevas formas de hacer y de actuar.

Para que una experiencia lúdica nos permita desarrollar nuestras capacidades, es necesario que nos haga concientes de la nueva forma de interpretar la realidad y sobre todo de la actitud que nos despierta.

Cuando jugamos, aparecen en nosotros capacidades que en la vida diaria, parecen estar aletargadas o escondidas. El deseo de divertirnos, hace que se minimice el sentimiento de riesgo y ponemos en marcha todas nuestras capacidades, físicas y psíquicas y que las actuemos de una forma inconsciente. Podemos aceptar cualquier situación que se nos presente y actuar de forma automática, sin barreras ni miedos que coarten nuestra capacidad.

Para conseguir el máximo provecho de los juegos, tenemos que hacerlo de una forma natural, sin complejos ni vergüenzas, de una forma desinhibida, como lo hacen los niños, procurando mostrarnos tal cual somos en la vida normal. Si logramos experimentarlos de este modo, el traspaso de lo aprendido a la vida real, será sorprendentemente fácil y natural.

Pero no a todas las personas les resulta igual de sencillo dejarse ir cuando juegan, muchas, siguen actuando “como si” estuvieran en el trabajo, en una negociación o les fuera la vida en ello. Con lo cual siguen utilizando sus máscaras, y poniendo en marcha mecanismos de defensa y barreras de separación, que limitan el aprendizaje y mantienen vigente su sistema de creencias. Esta posición cómoda y negativa ante el juego, limita nuestra posibilidad de experimentar y no nos involucra más allá de lo que ya conocemos y solo nos arriesgamos con lo que sabemos que podemos controlar, impidiendo que podamos ampliar nuestras capacidades y nuestras experiencias.

Para que el juego sea provechoso, debe sacarnos de nuestra zona de confort, ha de hacernos sentir que nos arriesgamos, ha de permitir que sintamos la pérdida del control y que debamos afrontar nuestros miedos y debilidades, para poner en marcha nuestra creatividad, nuestra sensibilidad, hacer aflorar nuestras emociones y abrir nuevas posibilidades de actuación. Cuando notamos que un juego nos atrapa, nos hace vibrar, nos desconcierta, y nos exige modos distintos de reaccionar, es cuando realmente nos ha sido útil.

El aprendizaje de nuevos conceptos y nuevas actitudes, resulta vacío si no se puede aplicar a la realidad inmediata de nuestra vida cotidiana. Cuántas veces pensamos: “¡Qué interesante! ¿Para qué me sirve?” 

El aprendizaje a través de juegos permite:

  • En el PRESENTE: El estado de ánimo durante el aprendizaje es el óptimo: alegría, confianza y deseos de compartir experiencias

 

  • En el PASADO: En la reflexión de cada juego que se realiza, se analizan anécdotas similares que han ocurrido. ¿En qué se parece esto a la realidad? ¿Qué podría haber hecho en ese caso? ¿Cómo solía reaccionas ante eta situación?

 

  • En el FUTURO: Los conceptos y las actitudes a aprender se extraen de lo vivenciado y se aplicarán en situaciones similares. ¿Cómo puedo reaccionar la próxima vez que esto suceda? ¿Cómo puedo afrontar eta situación u otras parecidas?
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El cuento del Sultán

Hoy os traigo esta historia, de autoría anónima, tiene diferentes versiones en la red, incluso con nombres diferentes: unos los llaman “El sueño del Sultán” y otros “Los dientes del Sultán”. No obstante, aunque cambien algo, el trasfondo es el mismo.

Pero primero la historia…

 

El cuento del Sultán

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El Sultán soñó que había perdido todos los dientes. Luego de despertar, mandó llamar a un sabio para que interpretase su sueño.

– ¡Qué desgracia, mi señor! Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad – dijo el sabio.

¡Qué insolencia! ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa? ¡Fuera de aquí! ¡Que le den cien latigazos! – gritó el Sultán enfurecido.

Más tarde ordenó que le trajesen a otro sabio y contó lo que había soñado. Éste, después de escuchar al Sultán con atención, dijo:

¡Excelso señor! Gran felicidad os ha sido reservada. El sueño significa que sobrevivirás a todos vuestros parientes.

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando salía del Palacio, uno de los cortesanos le dijo admirado:

¡No es posible! La interpretación que habéis hecho de los sueños es la misma que la del primer sabio. No entiendo por qué al primero le pagó con cien latigazos y a ti con cien monedas de oro.

El segundo sabio respondió:

– Amigo mío, todo depende de la forma en que digamos las cosas. Uno de los grandes desafíos de la humanidad es aprender a comunicarse. De la comunicación depende, muchas veces, la felicidad o la desgracia, la paz o la guerra. La verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzamos contra el rostro de alguien puede herir, pero si la envolvemos en suave seda, acaricia y no lastima.

Este cuento nos habla de la importancia de tener una comunicación eficaz, cuestión que puede marcar incluso la diferencia a la hora de conseguir el mayor de los éxitos o el peor de los fracasos.

Un buen recurso para trabajar comunicación, habilidades sociales ;O)

Organizar una reunión

Una entrada, ágil y breve, como deben ser las buenas reuniones.

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Seguro que has estado en una reunión que se te ha hecho muy larga; más que un viaje de 1000 Km en un autobús,a 35 ºC, sin aire acondicionado….

Para que no vuelva a pasarte, os dejo 10 preguntas que debemos hacernos antes de organizar una reunión:

  1. ¿Qué pretendo con esta reunión?
  2. ¿Tengo objetivos concretos?
  3. ¿Cuáles van a ser sus resultados?
  4. ¿Qué personas son idóneas para participar en la reunión?
  5. ¿Qué documentos, información o tareas previas necesito para alcanzar los objetivos planteados?
  6. ¿Cuál es el Orden del Día?
  7. ¿Hay consenso para el mismo?
  8. ¿Hay marcada hora de inicio y de finalización?
  9. ¿Se ha convocado a todos con suficiente tiempo de antelación?
  10. ¿Pueden tener algún motivo razonable por el que no puedan asistir?

 

Hagamos las reuniones fáciles ;O)

 

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