¿Dónde te gustaría que estuviera  el colectivo profesional de los educadores y las educadoras sociales dentro de 25 años?

El 2 de octubre se celebra el Día Internacional de la Educación Social. Con motivo de esta fecha señalada, ya desde hace año participo en el Carnaval de blogs organizado por el Colegio de Educadoras y Educadores Sociales de Cataluña. 

Este es un año especial. Se celebran los 30 años de la creación de los estudios universitarios en educación social. Fue en agosto de 1991. El mes de septiembre siguiente, en 1992, se inició el primer curso de la Diplomatura de Educación Social.

Por ello la premisa de este año especial, busca reflexionar y mirar al futuro…

 


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Tengo que reconocer que la pregunta de este año me hace ilusión. Nos permite hablar de futuro, de utopía, deseos, sueños… o al menos eso es lo que me evoca a mí. Me parece que responder a esta pregunta es como una especie de carta a los Reyes Magos. Y como hacía de pequeño (a recomendación de mi madre) voy a pedir lo que más ilusión me haría y lo otro que venga sea “sorpresa”.

En 25 años, espero que el colectivo profesional de educadores y educadoras sociales…. 

 

… fuera conocido …

Que se sepa que hace la figura de un/a educador/a social. El ámbito de actuación, las funciones. Me gustaría que la gente no dijes “ah eso es como trabajo social” o “¿eso es una carrera?”. Vaya por delante que no creo en la “parcelitis”, ni en vetar a ninguna figura profesional, de hecho creo en equipos multidisciplinares pero si quiero que se conozca lo que es la educación social.

Así que enseñemos lo que es, lo que supone, divulguemos sobre la educación social ;O)

 

… y además, reconocido.

Lo primero debe ser que conozcan la profesión y el colectivo, pero esto debe ir de la mano de reconocer la importancia de una figura educativa. En mi opinión, el poco valor que se le da a la educación en general, y a la social en particular, me parece un grave error. Todo lo que se eduque “hoy” ayuda a prevenir el “mañana”, todo se educa. Si no (nos) ponemos en valor…

Reivindiquemos el valor de la educación (social), no solo en nuestro trabajo. De discurso, de coherencia, en lo cotidiano.

 

… tenga presencia.

Que se implemente en un montón de ámbitos. Parece natural que con el apellido de “social” en el nombre, el tercer sector, el de “lo social” sea el espacio natural de esta figura profesional. Y puede que sea así, pero para mi “lo social” es un poquito más amplio, lo abarca todo. No solo ese espacio asociativo o los servicios sociales de la administración.

Siempre que haya personas, comunidades, espacios de encuentro, aulas o despachos… en cualquier lugar se puede incluir la figura de la educación social: Departamentos de recursos humanos o comunidades empresariales bien podrían incorporarla.

Innovemos, creemos proyectos y espacios dónde se vea la educación social.

 

… que sea práctico.

Es verdad que yo peco de preferir la intervención, más que lo académico. Y por supuesto debe haber personas que estudien, teoricen y dibujen sobre educación social. Pero para que se me cumplan mis otros 3 deseos (conocimiento, reconocimiento e implantación) hay “que hacer” que el colectivo sea práctico, útil, pertinente, eficiente y eficaz (vamos ser “los objetivos” de un proyecto jajajaja)

El movimiento se demuestra andando y la educación social… educando.

 

Y poco más pediría en mi “carta”

 

Voy a anotarme en la agenda, revisar esta entrada el 30 de septiembre de 2046, a ver si cumplen mis peticiones ;O)

 


 

Desde el 27 de septiembre al 2 de octubre que dura este Carnaval de Blogs, podrás encontrar varios artículos para que puedas leer las reflexiones de otros compañeros y compañeras:

  • Búscalos a través de la etiqueta #DiaES o de las redes sociales del CEESC.

Lo mínimo para que “funcione”

¿Por qué hay proyectos que lo petan y otros no? ¿Qué determina que una iniciativa salga adelante?

Pues esto me estaba preguntando yo esta mañana de sábado mientras me tomaba un segundo café y repasaba mentalmente las últimas semanas. En concreto, pensaba en lo bien que nos ha salido el I Sunset Candás que desde El Taller ASC organizamos para el Ayuntamiento de Carreño.

Pero no solo por este último proyecto surge esta entrada. En estos años pasando por diversos proyectos, actividades e iniciativas, he observado varios aspectos que si se dan, la “historia” funciona.

Cabe mencionar, que esto es una opinión propia, basada en mis experiencias como animador, no una verdad absoluta. Quizá puede hacerse funcionar ideas sin que se den todos estos aspectos o con otros diferentes.

 

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Esos aspectos que considero lo mínimo para que “funcione” cualquier iniciativa son:

Primero: Las personas, siempre. Un grupo promotor, gente con ganas que se une para “hacer cosas”, agentes clave de la comunidad, personas que ya están haciendo algo. Tiene que haber personas (y con ganas) para que surjan las iniciativas.

Segundo: Se ha tenido en cuenta la historia de la zona (proyectos similares, tradiciones culturales de la comunidad, su idioma o jerga, sus formas de expresión, etc.)

Tercero: Se ha contado con un espacio o punto de encuentro para desarrollar la idea.

Cuarto: Se ha contado un mínimo de recursos para empezar (cedidos, alquilados, subvencionados…

Quinto: La iniciativa ha surgido a raíz de las necesidades de la gente.

Sexto: Se ha comenzado por hacer un diagnóstico de la situación de la situación o análisis de la realidad (si no sabemos de qué punto partimos, cómo sabremos dónde queremos llegar)

Séptimo: Objetivos realistas. Después de ese análisis inicial, fijar prioridades.

Octavo: Apoyo comunitario. Para eso, por supuesto, hay que dárselo a conocer  a vecinos y vecinas.

Noveno: Apoyo institucional. Coordinación y comunicación con quien gobierne la zona. Tener

Décimo: Se fomenta la autonomía, la participación de cada persona. Se recuerda que el proyecto o iniciativa es un MEDIO, no un fin.

Decimoprimero: Se evalúa todo. La pertinencia, la eficiencia, la eficacia, las personas, los procesos. Todo (¿de qué otra manera podrá mejorarse si no?)

Cuando la conciliación entra por la puerta…

… la educación en el tiempo libre sale por la ventana.

Vaya por delante. Esto es un artículo de opinión (la mía personal) y aclarar que no estoy en contra de la conciliación, para nada. Aunque creo que es un término algo complejo.

 

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Imagen de PixelAnarchy en Pixabay 

 

Comenzaré con una definición del término:

“La conciliación personal, familiar y laboral se puede definir como “la participación equilibrada entre mujeres y hombres en la vida familiar y en el mercado de trabajo, conseguida a través de la reestructuración y reorganización de los sistemas, laboral, educativo y de recursos sociales, con el fin de introducir la igualdad de oportunidades en el empleo, variar los roles y estereotipos tradicionales, y cubrir las necesidades de atención y cuidado a personas dependientes”. 

Palabras para la igualdad. Plan Óptima. 

En resumen, la conciliación se trata del equilibrio entre la vida familiar, personal y laboral que permite el desarrollo de cualquier persona en esos ámbitos.

 

Mis sentimientos encontrados vienen ahora:

Primero. ¿En qué momento hemos asumido que la conciliación únicamente son espacios, maneras o proyectos dónde poder dejar a la infancia para que su familia pueda trabajar más?

Quizás podríamos desarrollar otro tipo de medidas, cómo flexibilidad horaria, reducciones de jornada, teletrabajo… Ya sé que existen, pero la idea principal de conciliar parece que es “dónde dejo al niño/a para ir a currar…”

También podríamos hablar de cómo los cuidados a la infancia, siguen recayendo muchísimo más en las mujeres que en los hombres.

 

Segundo. ¿Por qué la conciliación parece que solo se asume si hay descendencia?

¿Y si tienes familiares a cargo por otra circunstancia? O simplemente realmente quieres tener un equilibrio sano entre la vida laboral y la familiar. 

 

Tercero. Y del que nace el título de la entrada. La relación entre conciliación y la educación en el tiempo libre.

En períodos no lectivos escolares, cuando la infancia y la adolescencia no tienen clase, surgen como setas campamentos, colonias y otros proyectos que “se venden” para conciliar.

Y de ahí surge mi preocupación: ¿Dónde ponemos el acento? ¿En conciliar (para que puedas trabajar más o mejor) o en desarrollar un buen proyecto de educación en el tiempo libre?

Si lo que nos preocupa es la conciliación, y viendo cómo se percibe tal y como digo en mi sentimiento encontrado nº 1, con tener un espacio dónde “aparcar” al niño o niña ya estaría ¿no? Que más daría si hay un proyecto educativo detrás, o cómo se desarrolle.

Por otro lado, si nos centramos en la educación en el tiempo libre, siendo esta la base, el medio y el objetivo, indiscutiblemente la conciliación llegaría igualmente.

Ya os había hablado de esto, en otras entradas dónde hablaba de los campamentos, e incluso os planteaba criterios para seleccionar uno. Con la entrada de hoy, quiero invitaros a reflexionar sobre lo que nos preocupa o interesa cuándo nos planteamos un proyecto, cuál es el objetivo ¿conciliar o educar?

Yo creo que se pueden dar ambas, pero siempre poniendo la educación (en el tiempo libre) por delante.