Del sentido del humor y la profesionalidad

🤔 El otro día borraron mi publicación de una red profesional en la que salía con un abrecartas (en forma de espada vale…) por incumplir la política de comunidad profesional… mi idea era transmitir la «pasión», en clave de humor, que le estaba poniendo escribiendo un trabajo de la universidad 🤦🏻‍♂️

Parece que se sigue pensando que la profesionalidad está reñida con el humor 😒

👉🏼 Yo no lo comparto, aún así hoy subo esta foto un poco más formalín…

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HH de comunicación útiles para la comunicación interpersonal

Tras tantos años trabajando con múltiples grupos y personas, me tengo por buen comunicador. Creo que «llego a la gente» con la interactúo, bien sea exponiendo un tema en una charla, impartiendo formación, dinamizando un proceso. Sobre todo a partir de la adolescencia, la infancia me cuesta un poco más (creo que mi estilo de comunicar empaca mejor a partir de cierta edad… jajaja)

Este año, en una de las asignaturas que me matriculé de la carrera, en la bibliografía básica, se hablaba de habilidades de comunicación útiles, y oye, le he puesto nombre a ciertas «cosas que yo hago» cuando me comunico con personas.

 

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Aquí, dinamizando unas jornadas sobre juventud y vivienda… parece que me escuchan ¿no? ;O)

 

En el manual, M. Costa y E. López plantean unas habilidades de comunicación útiles para la comunicación interpersonal en contextos de gestión.

Yo creo que valen para todo tipo de contexto, al fin y al cabo un «buen trato» a la hora de comunicar, ¿Quién no lo prefiere?

  • Escoger el momento adecuado y preparar la situación.
  • Enganchar: establecer una relación positiva desde el principio (apertura y flexibilidad).
  • Escuchar atenta y activamente: prestando atención a su comunicación verbal como no verbal.
  • Empatizar: ponerse en el lugar del otro.
  • Resumir: sintetizar mentalmente o de palabra lo que el otro ha dicho.
  • Preguntar adecuadamente: desde el genuino interés y la intención de ayudar al otro.
  • Reforzar positivamente.
  • Enviar mensajes “yo”.
  • Mostrar acuerdo parcial: indicar en que parte de lo que ha dicho el otro estamos de acuerdo.
  • Mantener silencio: aguantar bien el silencio facilita que personas que les cuesta hablar se lancen.
  • Desdramatizar: ubicar la situación en un contexto más amplio.
  • Hacer reír: es una de las habilidades más útiles.
  • Ayudar a analizar y valorar: retener en cierto grado las propias interpretaciones y acompañar al otro en su reflexión, aportándole información, preguntándole, guardando silencio, etc.
  • Narrar: estructurar el discurso captando y manteniendo la atención, aportando información útil.
  • Apoyar y contener: hacer uso de nuestras palabras, de nuestra comunicación no verbal y de nuestro cuerpo para ayudar al control emocional e incluso físico de otra persona.
  • Cambiar el guion: comprender la propuesta de relación implícita que nos hace otra persona sin hacer notar que la hemos advertido y, en lugar de entrar en su juego, hacer un cambio rápido de propuesta que, en cierto modo, la descoloque y nos permita entrar en otra dinámica distinta.
  • Diálogo interior: dialogar interiormente como forma de autocontrol y de controlar el diálogo interior que a veces se produce y nos lleva a reaccionar de determinada manera.

Y tú que me lees ¿utilizas alguna de estas habilidades?

 

Fuente: GARCÍA ARETIO, L.;  RUIZ CORBELLA, M. y GARCÍA BLANCO, M. (2009). Claves para la educación. Actores, agentes y escenarios en la sociedad actual. Editorial Narcea.

¿Cuándo se nos olvidó lo que era ser joven?

Una de las preocupaciones que tengo como profesional es llegar a convertirme en uno de esos que dicen «esta juventud de ahora…» y ponerme a cuestionarla.

Desde que empecé a participar en el movimiento asociativo, con 17 años; o en mis primeros trabajos como animador, era fácil combatir el adultocentrismo, la moralina o el paternalismo que «los y las mayores» nos querían imponer. De joven para jóvenes y reivindicando a las personas adultas, resultaba sencillo (visto con el paso de los años, claro)

Ahora bien, creo que a medida que pasan los años, y vamos creciendo (por suerte) se nos plantea un reto aún más importante: No olvidarnos de lo que supone ser joven.

Esta última semana he colaborado en varios proyectos relacionados con la juventud, dónde esta era la protagonista:

  • Seminario sobre trabajar con adolescentes y jóvenes los Objetivos de Desarrollo Sostenible y las problemáticas del sur, organizado por Acción Sin Fronteras.

Una jornada dónde se quería trabajar CON la juventud para que fuera esta quien OPINARA cómo trabajar los ODS con su propio colectivo. Y vaya si opinaron, cuestionaron y propusieron.

Por cierto, dentro del seminario contamos con una brece charla de Juan F. Berenguer de Trabajar con jóvenes que fue oro puro. Tengo claro que a él no se le ha olvidado lo que es ser joven, y menos aún como trabajar con la juventud.

El culmen de la varios meses de formación en centros educativos de la ciudad, dónde cuatro equipos de jóvenes se prepararon para debatir, a favor o en contra según tocara, si la salud mental seguía siendo un tema tabú para la juventud. No os imagináis que nivel, educación, originalidad y respeto para exponer el tema.

Tercera jornada (las otras centradas en empleo y vivienda) para recoger preguntas elaboradas por personas jóvenes para después realizarlas a personas con responsabilidad e gobierno. Cuando das espacio, las personas preguntan…

¿Semana intensa eh?, si, pero muy gratificante. Porque un montón de gente joven ha expresado su opinión, como ha querido, con su vocabulario y dando valor a aspectos, que «los y las mayores» puede que no demos importancia.

Siempre que me toca trabajar con juventud procuro hacer «examen de conciencia» de no prejuzgar, de no intentar verlo desde la perspectiva «que sabrás guaje…» haciendo sus opiniones de menos por su corta edad, buscando siempre respetar que es SU momento.

Supongo que por eso, cada dos por tres, escribo de la importancia de reconocer el potencial de la juventud, cómo puede verse en el blog:


No soy joven, y por mucho que empatice hay una barrera biológica, temporal y social que me separa de la chavalada, pero siempre intento recordar lo que era serlo; sobre todo para poder trabajar con la juventud de la mejor manera posible.

Para ello suelo recordar lo que pasaba por la cabeza al Pablo «guajete» adolescente, aquí os lo presento:

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Año 2002… 16 años, muy flipado y con problemas para combinar colores jajaja

A ese chaval que veis ahí:

  • Le jodía que le dieran la chapa (vete al grano, no me cuentes de más)
  • Valoraba la amistad pila (a tope, eran los que me entendían)
  • Quería salir de fiesta para divertirse y pillar (ligar)
  • Odiaba madrugar, y se iba a estudiar cagándose en todo por las escaleras.
  • La noche molaba. Leer comics o libros, ver películas, chatear…
  • Piraba (hacer pellas, saltarse la clase) todo y más porque con llegar y vomitar en el examen valía para aprobar (en 1 º de bachiller le falló el sistema… y repitió)
  • Había que cambiar el mundo y había causas que motivaban (¡No a la guerra de Iraq!)
  • No entendía que las personas «mayores» tuvieran toda la razón solo por ser «mayores»
  • Odiaba los ultimátum, el paternalismo y el «esto siempre se ha hecho así» (y sigue, sigo haciéndolo)
  • Se flipaba cuando, las pocas veces que iba a clase, esta era diferente. Alguna charla de tú a tú, cine, visita interesante… cosas más allá de la clase magistral y el proyector de transparencias (de aquella los cañones eran brujería…)
  • No tenía ni puta idea de qué quería ser de mayor (años después, escogió formación profesional y ASC, porque sonaba bien. La decisión por azar más afortunada de su vida)

Y muchas más…

Por supuesto no puedo tratar a toda la juventud como el joven que yo he sido, teniendo en cuenta además que mi juventud, no es la misma que se vivió después, o la que se vive ahora. Pero si que uso esto como brújula para recordar cómo tratarla.

En ocasiones me equivoco, claro, pero creo que es muy sano «repasarse» de vez en cuando.

Así que gente de la política, entidades, centros educativos… todas esas personas que trabajamos con jóvenes ¿Cuándo se nos olvidó lo que era ser joven? ;O)