«Novedades» en la docencia de certificados profesionales…

Me gusta estar informado de los ámbitos en los que me muevo, y uno de ellos es ser formador o docente de Certificados Profesionales (antes: certificados de profesionalidad)

Pues últimamente en LinkedIn, están dando la vara con el cambio del certificado SSCE0110, Docencia de la Formación Profesional para el Empleo; por el SSC_C_017_5B, Habilitación para la docencia en grados A, B y C del Sistema de Formación Profesional. Este último es el nuevo Certificado Profesional regulado por el Real Decreto 86/2026.

¿Qué pasa si ya tengo el antiguo SSCE0110? NADA. Calma gente, se reconoce la equivalencia automática de competencias para quienes ya poseían la titulación previa, sin exigir complementos formativos.

Puedo entender la preocupación, pero me fascina tantas lecturas sobre este cambio, y las «novedades» en en este ámbito. Así que me apetece compartir las que para mi son las novedades (al menos en mi realidad y contexto) de la docencia en el ámbito de los certificados profesionales…

Para poneros en situación, han pasado 13 años desde que impartí mi primer certificado. Por lo que aporto una visión desde años de experiencia.

Novedades en la docencia de certificados profesionales…

Cuesta la vida completar grupos. Ya no recuerdo el arranque de una acción formativa en la que se comience con todas las plazas cubiertas.

Alumnado fantasma. Se apunta, aparece unos días y luego no localizas en qué lugar de la tierra se han escondido.

Agendas misteriosas. Ok que tu realidad puede cambiar al segundo, y que tener trabajo es prioritario, pero me flipa la cantidad de personas que se apuntan y deben hacer malabares para no perder el certificado por faltas de asistencia por sus agendas…

«Hola soy la IA, y he venido a quedarme». A ver, que yo también la uso, pero para sistematizar no para inventar. En mi ámbito ya me han intentado colar varios proyectos hechos con Chati (ChatGPT, pero en cariñoso) y es que si no tienes criterio o idea de si lo que te propone la máquina es una aberración ¿qué?

Lectura / escucha comprensiva (dónde andarán). Vaya por delante que no hablo solo de personas jóvenes, puedo esgrimir que hay gente que «no se entera» en cualquier edad. Fruto de las pantallas y el estímulo constante, nos deja el cerebro frito.

Puntualidad. Ufff esta es de las que más rabia me da y es que tengo un problema con ello (llegar 10 minutos antes es llegar a la hora, llegar justo a la hora es llegar justo y llegar tarde es odioso) y soy bastante inflexible en este punto. Creo que la novedad ahora es no tener pudor a llegar tarde. Hace tiempo era menos común y concentrado en una persona, ahora es más habitual y en varias personas…. agh, no puedo.

En qué afectan estas novedades…

Afectan mucho más de lo que parece, porque no son solo “cosas molestas del alumnado”: terminan modificando la propia forma de impartir un certificado profesional.

Grupos que nunca terminan de arrancar. Cuando se empieza con plazas vacantes o con incorporaciones posteriores, cuesta crear identidad de grupo, establecer normas comunes y avanzar con un ritmo homogéneo. El docente acaba haciendo pequeños “reinicios” constantes para incorporar a quien llega.

Abandonos y alumnado fantasma. Rompen dinámicas, grupos de trabajo y actividades que estaban pensadas para un número determinado de personas. Además, en formación vinculada a requisitos de asistencia, evaluación y seguimiento, generan bastante más carga administrativa de la que se ve desde fuera.

Asistencia irregular. Obliga a impartir pensando simultáneamente en quien está siguiendo el curso y en quien faltó ayer, anteayer o la semana pasada. Aparece una especie de bucle permanente de “¿esto lo vimos?”, “¿me lo puedes explicar otra vez?” o “yo ese día no estaba”. Y eso ralentiza al grupo que sí mantiene una asistencia continuada.

Uso sin criterio de la IA. El problema no es utilizar ChatGPT, sino sustituir el pensamiento por ChatGPT. En un certificado donde se supone que estamos desarrollando competencias profesionales, entregar un proyecto impecablemente redactado que la persona no sabe explicar sirve de poco. Esto obliga también a cambiar la evaluación: menos “entrégame un documento” y más defenderlo, adaptarlo, justificar decisiones, resolver casos o trabajar en directo.

Menor comprensión sostenida. Si cuesta leer una consigna completa, escuchar una explicación de varios minutos o mantener la atención sobre una tarea, la metodología tiene que fragmentarse muchísimo más: instrucciones más breves, apoyos visuales, comprobaciones constantes, actividades cortas y cambios frecuentes de dinámica. Puede funcionar pedagógicamente, pero también existe el riesgo de acostumbrarnos a que cualquier aprendizaje tenga que competir permanentemente por nuestra atención.

Impuntualidad. No son simplemente diez minutos. Cuando entran varias personas tarde se interrumpe una explicación, hay que volver a contextualizar, se distrae quien estaba trabajando y se normaliza que el horario sea orientativo. Y en una formación profesionalizante hay algo más: puntualidad, responsabilidad, asistencia y compromiso también son competencias profesionales, aunque no aparezcan como una unidad didáctica.

En conjunto, creo que el efecto más importante es que cada vez dedicamos más energía docente a conseguir las condiciones necesarias para poder enseñar: reunir el grupo, mantenerlo, recuperar ausencias, reconducir atención, comprobar autoría y comprensión, recordar horarios… antes incluso de entrar en el contenido.

Y eso también cambia el papel del formador. Ya no basta con conocer el contenido y saber transmitirlo. Cada vez hay más de gestión de grupo, acompañamiento, motivación, adaptación metodológica, alfabetización digital y establecimiento de límites.

Lo paradójico es que muchos certificados buscan preparar a personas para incorporarse al mercado laboral. Y quizá algunas de estas “novedades” nos están señalando precisamente competencias que deberíamos trabajar de manera mucho más explícita: compromiso, autonomía, organización, comprensión, pensamiento crítico, responsabilidad y convivencia profesional ;O)

La Coordinación en Acción: Diseña tu Equipo

Hoy os comparto una actividad que hice para el MF1870_3: Coordinación y dinamización del equipo de monitores de tiempo libre, del Certificado de Profesionalidad de «Dirección y coordinación de actividades de tiempo libre educativo infantil y juvenil»

Me gusta que el alumnado tenga la idea lo más clara posible de lo que es dirigir y coordinar, por lo que en este módulo les meto muchos supuestos prácticos. Aquí os dejo esta a ver qué os parece

La Coordinación en Acción: Diseña tu Equipo

Situación de partida

Cada participante asume el papel de director/a de un campamento de verano con:

  • 80 participantes.
  • 8 monitores/as.
  • Duración de 10 días.
  • Actividades de mañana, tarde y noche.

Durante el campamento han surgido varios problemas:

  • Dos monitores tienen conflictos personales.
  • Una monitora llega tarde habitualmente a las reuniones.
  • Hay falta de coordinación en los cambios de actividad.
  • Parte del equipo considera que no se les escucha.
  • Se acerca una excursión importante que requiere una buena organización.

Tarea individual

Cada alumno/a deberá elaborar un documento digital que incluya:

1. Diagnóstico de la situación

Identificar:

  • Problemas detectados.
  • Posibles causas.
  • Consecuencias para el funcionamiento del equipo.

2. Plan de coordinación

Diseñar:

  • Objetivos para mejorar el funcionamiento del equipo.
  • Medidas concretas que pondría en marcha.
  • Estrategias de resolución de conflictos.

3. Herramientas de coordinación

Crear al menos tres herramientas, por ejemplo:

  • Orden del día para una reunión de equipo.
  • Cuadrante de tareas.
  • Grupo de comunicación interna.
  • Hoja de seguimiento de incidencias.
  • Turnos de responsabilidad.
  • Documento compartido de programación.

4. Dinámica de cohesión

Buscar o diseñar una dinámica de 15 minutos para mejorar la cohesión del equipo de monitores/as.

Deberán indicar:

  • Nombre.
  • Objetivos.
  • Desarrollo.
  • Materiales.
  • Duración.

5. Uso de herramientas digitales

Investigar una herramienta digital útil para coordinar equipos (Trello, Google Drive, Slack, Google Calendar, Notion, Microsoft Teams, etc.) y elaborar una breve ficha indicando:

  • Para qué sirve.
  • Ventajas.
  • Cómo podría utilizarse en un campamento o actividad de tiempo libre.

Puesta en común (30 minutos)

Cada participante dispondrá de unos minutos para presentar:

  • El principal problema detectado.
  • La herramienta de coordinación que ha diseñado.
  • La aplicación digital seleccionada.

El resto del grupo podrá realizar preguntas o aportar mejoras.

No quiero que pienses como yo. Quiero que seas capaz de pensar

Esta entrada nace de un par de momentos vividos este año: El primero, una discusión con un alumno de un taller de habilidades sociales que a sus 48 años afirmaba que la formación era una chorrada y que él «no se había equivocado nunca» (ole sus kinder...) Mi primera reacción fue pensar que la pregunta estaba mal planteada. El segundo una discusión muy cordial con un chaval de 17 años sobre sus ideas de extrema derecha, rozando la ilegalidad.

Obviamente, ante semejantes joyas, lo primero que se te (me) viene a la cabeza es un «estás equivocado» y comienzas a armar un discurso para replicar. Pero ¿con qué objetivo? ¿Convencer? ¿Demostrar el error? ¿Educar?

Para mi, el objetivo no debería ser desmontar unas ideas para sustituirlas por las mías. Eso, en el fondo, es hacer exactamente lo mismo que hacen quienes intentan convencerte de que solo existe una forma correcta de entender el mundo. Lo verdaderamente importante es otra cosa. Enseñar a la peña a pensar.

Cada vez estoy más convencido de que la educación no consiste en llenar cabezas de respuestas, sino en vaciarlas de verades (las absolutas, principalmente) Vivimos rodeados de personas que tienen una opinión firme sobre absolutamente todo. Da igual si hablan de política, de educación, de vacunas, de inmigración, del cambio climático o de la receta de la tortilla de patata. Todo el mundo parece tener una respuesta inmediata. Y, por supuesto, la correcta.ç

Las redes sociales no ayudan (vale que últimamente estoy yo maniático con esto. ej. 1 y ej. 2) No premian a quien duda. Premian a quien afirma. No premian la complejidad. Premian el titular. No premian los matices. Premian el enfrentamiento. Y así acabamos creyendo que el mundo se divide entre buenos y malos, entre los que tienen razón y los que están completamente equivocados.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Qué descanso sería que la realidad fuera tan sencilla. El problema es que no lo es. Las ideologías extremistas funcionan porque ofrecen algo que todos buscamos alguna vez: certezas. Te dicen quién tiene la culpa, quién es el enemigo y cuál es la solución. No hace falta pensar demasiado. Solo elegir un bando. Es cómodo, aunque peligrosamente básico. No porque quien cae en esos discursos sea tonto. Al contrario. Nadie es inmune a los mensajes que apelan al miedo, a la identidad o a la necesidad de pertenecer a un grupo. Todos somos vulnerables cuando alguien nos ofrece explicaciones fáciles para problemas difíciles.

Por eso creo que la mejor herramienta contra cualquier fanatismo no es un discurso mejor. Es una buena pregunta:

  • ¿Quién dice eso?
  • ¿Cómo lo sabe?
  • ¿Qué pruebas aporta?
  • ¿Qué fuentes utiliza?
  • ¿Qué intereses puede tener?
  • ¿Qué tendría que pasar para que cambiara de opinión?


Son preguntas mucho menos espectaculares que un discurso épico. No se hacen virales. No consiguen miles de «me gusta». Pero tienen una virtud maravillosa: obligan a pensar. Y pensar cansa. Mucho más que repetir.

Como persona que cree en la educación, me preocupa menos que un adolescente tenga una idea equivocada que el hecho de que no sepa cómo comprobar si lo está: Porque hoy será una ideología extremista; mañana será una estafa; pasado mañana un gurú financiero…. Y dentro de unos años alguien que le prometa soluciones mágicas para problemas que llevan siglos siendo complejos.

El pensamiento crítico no consiste en desconfiar de todo. Consiste en no regalar la confianza. En aprender a distinguir una evidencia de una opinión. Un dato de un eslogan. Una investigación de un vídeo de treinta segundos.

También implica aceptar algo incómodo: que nosotros mismos podemos equivocarnos. Y eso cuesta. Nos encanta hablar de libertad de pensamiento, pero pocas veces hablamos de la libertad de cambiar de opinión. Parece que rectificar está mal visto. Como si reconocer un error nos hiciera más pequeños.

A mí me encanta ver a personas que son capaces de decir: «No lo sabía», «Me he equivocado» o «Déjame pensarlo mejor».

Quizá la educación del futuro no necesite tanto enseñar respuestas como enseñar a formular mejores preguntas. Porque quien aprende a pensar por sí mismo es mucho más difícil de manipular:

  • Por un político.
  • Por un influencer.
  • Por un algoritmo.
  • O incluso por alguien que escribe un artículo como este.


Y, si después de leerlo, has sentido la tentación de darme la razón sin cuestionar nada de lo que he escrito, quizá deberías releer la entrada

¿Por qué debería creer a este de «elcasopablo»? ;O)