1º de Participación

Debe ser que voy “teniendo una edad” biológica y participativa, que siempre escucho y veo lo mismo sobre La Participación.

Entre “los clásicos temazos” que se escuchan por ahí:

  • No se participa como antes…
  • Ahora la gente no se implica…
  • No hay relevo…
  • Si esto no lo coge alguien va a morir…
  • La gente no quiere participar…

La verdad, que yo no comparto esas reflexiones.

En primer lugar porque ya las escuchaba cuando empezaba a participar, seguí oyéndolas cuando “era el relevo”, los oía comentar cuando “iba a dar el relevo” y las sigo recibiendo cuando escucho hablar de Participación; ¿Y sabéis qué? que siempre aparecen personas, siempre hay alguien que se implica, que nadie es tan imprescindible y en la mayoría de los casos las cosas (entiéndase “cosas” como proyectos, procesos o entidades) siguen. 

La segunda razón es un optimismo congénito incorregible. No soy tan iluso de no ver dificultades, pero creo que siempre hay solución (ya lo comentaba cuando hablaba de mi aprendizaje asociativo).

Y en último lugar, algo que creo que se nos escapa muchas veces cuando hablamos de Participación. Una idea que parece que olvidamos: Quizás la gente no quiere participar como nosotros/as queremos que participe y quieran otra forma de participar. Y esto, no es malo, es genial. En mi mi humilde opinión, ese sería un éxito absoluto, que las personas o grupos dónde trabajamos procesos participativos se emancipen y comiencen a gestionar su propia participación. Que “se queden” dónde comenzaron o “se vayan” es lo de menos, claro, si nos creemos lo que supone educar en y para la participación.

 

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Podría seguir reflexionando sobre ello, pero la idea de esta entrada de “1º de Participación” es centrarme en lo básico cuando comenzamos a trabajarla. Antes de hablar del “querer” “saber” y “poder”, podemos hacer algunas cosas antes, que favorezcan el proceso en el grupo.

En los procesos de participación debemos contar con los siguientes principios:

 

Proactividad

Implica desarrollar una adecuada metodología que favorezca la participación. El sentido de la proactividad pasa por planificar los procesos de participación en base a valores, de acuerdo a objetivos y actuando en consecuencia. La proactividad no tiene nada que ver con el activismo o la hiperactividad, y sí con la autonomía colectiva.

Escuchar a las personas, alentarlas a tomar parte. Seamos coherentes, si hablamos de Participar, no limites.

 

Inclusividad, no exclusividad.

Se debe procurar la participación de todas aquellas personas o grupos que tengan un interés significativo en el asunto y que puedan ser afectados por el proceso que se genere.

La exclusión de algún grupo priva el proceso de legitimidad. 

En la planificación deben contemplarse aspectos de horario y espacio adecuados para que los diversos grupos puedan ser partícipes.

¿Queremos fomentar la Participación? o ¿Queremos solos que algunas personas participen? Repetir como mantra, antes de cada acción, para no perder (para mi) el objetivo.

 

Flexibilidad

Contar con una estructura capaz de incorporar nuevas ideas y conocimientos provenientes de los y las participantes. Es necesario tener objetivos generales que guíen, pero de manera abierta y flexible, sin fijar de antemano las estrategias y procedimientos para conseguirlo, lo que permite que los grupos se impliquen directamente en los proyectos.

Conjugar las múltiples ideas de cada persona lleva tiempo. Demos el tiempo que precisa el proceso y facilitémoslo todo lo posible.

 

Comunicación Abierta

No sólo se debe informar, sino que se debe permitir y promover la manifestación de inquietudes e intereses: comunicación en dos direcciones.

Evita malentendidos o sesgos de información. Que no sea eso un problema 

 

Como siempre digo, ni poseo la verdad absoluta ni pretendo dogmatizar. Simplemente me gusta compartir reflexiones que me vienen de estos años pululando por el mundo y la vida ;O)

Animando grupos

Cada vez reafirmo más, que lleve a cabo la función que sea como profesional, animar o ser animador es lo que me define. Esta entrada nace impartir varias sesiones seguidas de formación presencial después de este último año pandémico.

Después de un par de fines de semana trabajando con un grupo en formación como monitores/as de tiempo libre, de compartir espacio, de ser evaluado por el grupo, me ha dado por pensar, qué más allá de la formación o intervención que haga (el qué) siempre pongo más energía y pasión a la metodología (el cómo). El resultado: escribirlo.

Como animadores/as muchas veces nos tocará “animar” grupos. En un formación, en una intervención, en sesiones, talleres, colonias…

Pero… ¿Qué es “animar” un grupo?

Para mi es acompañar y vivir el grupo. Y creo que esto debe darse SIEMPRE, independientemente del objetivo que tengamos dentro de ese conjunto de personas y la naturaleza de la actividad. Desde la animación sociocultural, la educación en el tiempo libre, “lo social”, en mi opinión es el “cómo” trabajamos con los grupos lo que marca la diferencia.

Debemos conocer la dinámica de grupos, ser capaces de vivir en grupos, de entender sobre grupos, de hacer grupo y ayudar a otros a integrarse, crecer y trabajar en grupo. Tenemos que saber observar, diagnosticar e intervenir en toda clase de grupos, sobre todo en grupos de carácter educativo.

Buscamos todas las oportunidades y recursos para hacer un grupo humano maduro, que cohesiona, promociona y educa en todos los ámbitos, tareas y niveles. Hemos de ser una persona observadora y crítica, de equipo, creativa, solidaria con el grupo y la sociedad, capaz de relaciones de calidad, con experiencia en grupos y preparación técnica.


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Para que podamos repensarnos cómo animamos grupos, os dejo las dos claves que debemos tener en cuenta: Nuestras actitudes y funciones para con los grupos.

Actitudes

Ya que la actitud es algo que siempre remarcamos en las intervenciones, viene bien recordar cuáles deben ser las nuestras:

  • Observar mucho pero no aparentarlo, para no crear desconfianza.
  • Vivir una actitud sistemática de escucha, a todo y a todas las personas.
  • Situarse en el lugar de la otra persona para entender mejor, ayudar mejor
  • No perder nunca la calma, oiga lo que oiga, pase lo que pase.
  • Por sistema, hacer tema de diálogo todo lo que en el grupo pasa, todo lo que el grupo vive.
  • Respetar, valorar a cada quien por lo que es y como es. Y que se note.
  • Estar pendiente de las necesidades, inquietudes y problemas de cada persona del grupo.
  • Ser objetivo y realista, pero no distante.
  • Poner toda la sinceridad que el grupo soporte en las intervenciones.
  • Estar en actitud de aprender también en el grupo y del grupo.
  • Estimular siempre, nunca hundir.
  • Procurar no hacer o descubrir algo que puede hacer el grupo.
  • Resistirse a dar respuestas. Hacer más bien preguntas inteligentes.
  • Considerar siempre a la persona como el centro, más importante que normas, temas, métodos…
  • Mostrarse como persona normal, cercana, sometido a unas circunstancias, no aparecer sólo en el papel Animador/a.

Funciones

Como mencionaba arriba “animar” es el complemento a todo aquello que trabajemos con los grupos. Por ello creo que nuestras funciones además de las propias de la actividad, deben girar en estos cuatro ejes:

  • Comunicación:
    • Crear un ambiente de confianza que posibilite la comunicación abierta y distendida.
    • Fomentar el diálogo como vehículo de conocimiento y colaboración.
    • Estar pendiente a la vida de cada persona dentro del grupo.
  • Corresponsabilidad:
    • Actuar como una más del grupo: comunicar, seguir normas…
    • No considerar al grupo como propiedad privada.
    • Procurar que toda persona intervenga lo más y mejor posible.
    • Enseñar en la práctica que cuanto menos te necesite el grupo, mejor.
  • Motivación:
    • Cuidar mucho el clima general del grupo.
    • Lograr unos objetivos, contenidos y métodos coherentes entre sí, constituidos desde la realidad y posibilidades del grupo.
    • Proponer metas concretas que estimulen a conseguir otras nuevas.
    • Ofrecer claves de interpretación, caminos de búsqueda… para que el grupo vaya descubriendo por sí mismo.
    • Considerar las iniciativas de cada persona del grupo.
  • Acercamiento a la realidad:
    • Ofrecer claves de análisis e interpretación de lo que sucede.
    • Enfrentar al grupo a su propia realidad.
    • Ayudar a relacionar la vida del grupo con la vida de la sociedad.
    • Favorecer la apertura, la actitud crítica, solidaria y transformadora desde dentro del grupo y, a través de él, en la sociedad.

No des la chapa

En mi particular cruzada con el mundo, en la que pienso que invertir educación es la base para cambiarlo a largo plazo y mejorar la comunicación ayudaría a prevenir muchos problemas a corto plazo… Os traigo una sugerencia.

Si has trabajado con personas, en algún momento puede que te hayan dicho “no me des la chapa” (o similar palabra utilizada en tu zona “murga” “charleta” “vara”…) puede también que hayas dado una charla o hecho una presentación, y en vez de decírtelo, lo hayan pensado. 

Soy un firme defensor de una charla puede hacerse amena y dinámica. Es mi primer pensamiento cuando tengo que preparar alguna. Cómo contar “esto” sin que sea pesado…

 

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En este tiempo que llevamos de comunicados, informes, videoconferencias, declaraciones y demás que muchas veces he pensado tanto “No des la chapa” que me apetecía proponer alguna alternativa.

Os voy a contar lo que me funciona a mi:

Haz partícipe a la otra parte. Las personas comprendemos mejor aquello en lo que participamos y le prestamos más atención.

Piensa en las palabras claves o ideas fuerza. Qué quieres contar, y cuánto necesitas decir para eso. El resto es paja.

Ten en cuenta dónde estás. El grupo, la historia, el lugar, el contexto importan.

Utiliza nombres propios. Da cercanía y además siempre lo digo. Es más educado que un “eh tú”

Da ejemplos. Fotos o vídeos (no presentaciones laaaaaaaaargas para leer), cuenta anécdotas que tengas sobre lo que estás contando, usa símiles, metáforas…

Humor. Con respeto y si te sale natural una broma ayuda mucho.

Usa tus palabras. Habrá momentos que se debe utilizar tecnicismos, pero las personas no hablamos en modo “ensayo” o “artículo científico”

 

Por supuesto esto solo tiene el rigor de que a mi me ha funcionado. Tú prueba lo que se adapte a ti, pero…

NO DES LA CHAPA ;O)