No quiero que pienses como yo. Quiero que seas capaz de pensar

Esta entrada nace de un par de momentos vividos este año: El primero, una discusión con un alumno de un taller de habilidades sociales que a sus 48 años afirmaba que la formación era una chorrada y que él «no se había equivocado nunca» (ole sus kinder...) Mi primera reacción fue pensar que la pregunta estaba mal planteada. El segundo una discusión muy cordial con un chaval de 17 años sobre sus ideas de extrema derecha, rozando la ilegalidad.

Obviamente, ante semejantes joyas, lo primero que se te (me) viene a la cabeza es un «estás equivocado» y comienzas a armar un discurso para replicar. Pero ¿con qué objetivo? ¿Convencer? ¿Demostrar el error? ¿Educar?

Para mi, el objetivo no debería ser desmontar unas ideas para sustituirlas por las mías. Eso, en el fondo, es hacer exactamente lo mismo que hacen quienes intentan convencerte de que solo existe una forma correcta de entender el mundo. Lo verdaderamente importante es otra cosa. Enseñar a la peña a pensar.

Cada vez estoy más convencido de que la educación no consiste en llenar cabezas de respuestas, sino en vaciarlas de verades (las absolutas, principalmente) Vivimos rodeados de personas que tienen una opinión firme sobre absolutamente todo. Da igual si hablan de política, de educación, de vacunas, de inmigración, del cambio climático o de la receta de la tortilla de patata. Todo el mundo parece tener una respuesta inmediata. Y, por supuesto, la correcta.ç

Las redes sociales no ayudan (vale que últimamente estoy yo maniático con esto. ej. 1 y ej. 2) No premian a quien duda. Premian a quien afirma. No premian la complejidad. Premian el titular. No premian los matices. Premian el enfrentamiento. Y así acabamos creyendo que el mundo se divide entre buenos y malos, entre los que tienen razón y los que están completamente equivocados.

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

Qué descanso sería que la realidad fuera tan sencilla. El problema es que no lo es. Las ideologías extremistas funcionan porque ofrecen algo que todos buscamos alguna vez: certezas. Te dicen quién tiene la culpa, quién es el enemigo y cuál es la solución. No hace falta pensar demasiado. Solo elegir un bando. Es cómodo, aunque peligrosamente básico. No porque quien cae en esos discursos sea tonto. Al contrario. Nadie es inmune a los mensajes que apelan al miedo, a la identidad o a la necesidad de pertenecer a un grupo. Todos somos vulnerables cuando alguien nos ofrece explicaciones fáciles para problemas difíciles.

Por eso creo que la mejor herramienta contra cualquier fanatismo no es un discurso mejor. Es una buena pregunta:

  • ¿Quién dice eso?
  • ¿Cómo lo sabe?
  • ¿Qué pruebas aporta?
  • ¿Qué fuentes utiliza?
  • ¿Qué intereses puede tener?
  • ¿Qué tendría que pasar para que cambiara de opinión?


Son preguntas mucho menos espectaculares que un discurso épico. No se hacen virales. No consiguen miles de «me gusta». Pero tienen una virtud maravillosa: obligan a pensar. Y pensar cansa. Mucho más que repetir.

Como persona que cree en la educación, me preocupa menos que un adolescente tenga una idea equivocada que el hecho de que no sepa cómo comprobar si lo está: Porque hoy será una ideología extremista; mañana será una estafa; pasado mañana un gurú financiero…. Y dentro de unos años alguien que le prometa soluciones mágicas para problemas que llevan siglos siendo complejos.

El pensamiento crítico no consiste en desconfiar de todo. Consiste en no regalar la confianza. En aprender a distinguir una evidencia de una opinión. Un dato de un eslogan. Una investigación de un vídeo de treinta segundos.

También implica aceptar algo incómodo: que nosotros mismos podemos equivocarnos. Y eso cuesta. Nos encanta hablar de libertad de pensamiento, pero pocas veces hablamos de la libertad de cambiar de opinión. Parece que rectificar está mal visto. Como si reconocer un error nos hiciera más pequeños.

A mí me encanta ver a personas que son capaces de decir: «No lo sabía», «Me he equivocado» o «Déjame pensarlo mejor».

Quizá la educación del futuro no necesite tanto enseñar respuestas como enseñar a formular mejores preguntas. Porque quien aprende a pensar por sí mismo es mucho más difícil de manipular:

  • Por un político.
  • Por un influencer.
  • Por un algoritmo.
  • O incluso por alguien que escribe un artículo como este.


Y, si después de leerlo, has sentido la tentación de darme la razón sin cuestionar nada de lo que he escrito, quizá deberías releer la entrada

¿Por qué debería creer a este de «elcasopablo»? ;O)

Reivindicar lo mundano (en el curro)

Debe ser esto la crisis de los 40 (al menos la mía)… me quejo y abandono las redes sociales, dejo de fumar… y ahora me ha dado por pensar lo que me revienta. En publicaciones de empleo, especialmente en redes como LinkedIn, es muy habitual utilizar un lenguaje emocional para transmitir entusiasmo, orgullo o sensación de oportunidad.

Algunos ejemplos frecuentes son:

Sobre experiencias

  • Ha sido una experiencia única.
  • Un momento inolvidable.
  • Una oportunidad irrepetible.
  • Una experiencia brutal.
  • Un reto apasionante.
  • Un privilegio formar parte de este proyecto.
  • Una etapa que recordaré siempre.
  • Un antes y un después en mi trayectoria.
  • Un viaje lleno de aprendizajes.
  • Una aventura profesional increíble.

Sobre proyectos

  • Un proyecto ilusionante.
  • Un proyecto transformador.
  • Un proyecto con propósito.
  • Un proyecto que marca la diferencia.
  • Uno de los proyectos más especiales de mi carrera.
  • Un reto profesional apasionante.
  • Un proyecto que me ha hecho crecer.
  • Un proyecto que deja huella.
  • Un desafío que mereció la pena.
  • Un proyecto del que me siento profundamente orgulloso/a.

Sobre equipos

  • He tenido la suerte de compartir camino con un equipo increíble.
  • Rodeado/a de personas excepcionales.
  • Un equipo extraordinario.
  • Un equipo que inspira.
  • Un equipo humano inmejorable.
  • Trabajar con este equipo ha sido un auténtico regalo.
  • La verdadera diferencia la hacen las personas.
  • Compartir este camino con vosotros ha sido un lujo.

Sobre logros

  • Hoy celebramos un gran hito.
  • Un sueño hecho realidad.
  • Objetivo cumplido.
  • Un paso más hacia donde queremos llegar.
  • Seguimos creciendo.
  • Otro reto superado.
  • Orgulloso/a del camino recorrido.
  • Este es solo el principio.
  • Todo esfuerzo tiene su recompensa.
  • Los resultados hablan por sí solos.

Sobre emociones

  • Inmensamente agradecido/a.
  • Con el corazón lleno.
  • Feliz de anunciar…
  • No puedo estar más orgulloso/a.
  • Emocionado/a por compartir esta noticia.
  • Con mucha ilusión comienzo esta nueva etapa.
  • Ha sido una auténtica montaña rusa de emociones.
  • Todavía lo estoy procesando.
  • Qué suerte poder dedicarme a esto.

Adjetivos muy utilizados

  • Único.
  • Inolvidable.
  • Increíble.
  • Espectacular.
  • Mágico.
  • Especial.
  • Enriquecedor.
  • Inspirador.
  • Apasionante.
  • Transformador.
  • Extraordinario.
  • Ilusionante.
  • Impresionante.
  • Histórico.
  • Épico.
  • Diferente.
  • Memorable.
  • Inigualable.
  • Excepcional.

Expresiones muy repetidas en LinkedIn

  • Hoy cierro una etapa y comienzo otra llena de ilusión.
  • Nunca imaginé que este momento llegaría.
  • Gracias a todas las personas que lo habéis hecho posible.
  • Lo mejor está por venir.
  • Cada paso cuenta.
  • Crecer también significa salir de la zona de confort.
  • El talento siempre encuentra el camino.
  • Nada de esto habría sido posible sin el equipo.
  • Seguimos construyendo.
  • Vamos a por nuevos retos.
  • Cuando disfrutas de lo que haces, el trabajo deja de ser trabajo.
  • La mejor inversión siempre es seguir aprendiendo.
Imagen de Edar en Pixabay

En los últimos años, este tipo de expresiones se ha convertido casi en un género propio dentro de LinkedIn, siendo publicaciones con un tono muy motivacional. No me parece mal hablar con ilusión y pasión, al contrario, pero parece que todo debe ser único y joder, hablamos de trabajo, hay cosas muy corrientes, de ahí mi intención de reivindicar lo mundano.

Cada proyecto es «increíble». Cada reunión, «inspiradora». Cada café, «transformador». Cada cambio de trabajo, «el sueño de una vida». Si hacemos caso a las redes sociales, vivimos una sucesión interminable de momentos históricos. Y, sin embargo, la vida casi nunca es así.

La mayor parte de las cosas importantes son profundamente normales. Son madrugar un lunes para preparar una actividad. Contestar correos. Revisar un proyecto por quinta vez. Dar una formación que sale bien, otra que sale regular y otra que no sale como esperabas.

No hay nada épico en eso. Hay rutina, cotidianeidad, cosas mundanas. Y esos es genial. Quizá hemos confundido el valor con la excepcionalidad. Como si solo mereciera la pena hablar de aquello que rompe todos los esquemas. Pero la realidad es que las personas, los proyectos y las profesiones se construyen mucho más desde la repetición que desde los grandes momentos.

No todo tiene que ser brutal. No todo tiene que ser mágico. No todo tiene que cambiarte la vida. A veces un día simplemente sale bien. Y eso ya es suficiente.

Reivindico los trabajos que no necesitan parecer una aventura para tener sentido. Las reuniones que solo sirven para organizarse. Las formaciones donde simplemente se va y no transcienden. Los proyectos que funcionan porque alguien hizo bien su trabajo, sin necesidad de convertirlo en una publicación llena de superlativos.

Lo cotidiano (o mundano) tiene mala prensa, pero sostiene el mundo.

Las amistades se construyen en conversaciones corrientes. La educación ocurre en cientos de pequeños gestos casi invisibles. Los equipos funcionan gracias a personas que cumplen, que están, que hacen lo que dijeron que harían. Nadie escribe una entrada o post viral sobre eso, pero ahí es donde suceden las cosas que realmente importan.

Quizá deberíamos dejar de perseguir momentos extraordinarios y empezar a prestar atención a la enorme dignidad de lo mundano. Porque, al final, una buena vida no suele estar hecha de fuegos artificiales. Está hecha de muchos días normales.

Quizás reivindicando lo mundano, en el curro, nos guardemos lo excepcional para donde verdaderamente importa, familia, amistades, pareja, tu vida; no en «aquello» que te permite mantenerla (trabajo) ;O)

Nos vemos en los bares

Pues eso, nos vemos en los bares…  Hace un mes divagaba en el blog sobre «las redes»

Pasado este tiempo he tomado varias decisiones:

Paso de consumir / publicar en redes. Se pierde tiempo y te pone en piloto automático. Así que mis perfiles personales desparecen el 30 de junio

Si me quieres tener localizado pídeme correo o móvil antes de ese día, o…

Podrás encontrarme a través de El Taller Animación Sociocultural (perfil de mi curro, mi empresa, que es lo que me apetece contar) o en este blog www.elcasopablo.com (donde comparto contenido, me explayo bien…)

Ale… SALUD y risas ;O)