De porque me encanta trabajar con grupos y la importancia del grupo de iguales

Ay los grupos… ¡como me gustan! No concibo mi trabajo sin ellos. Siempre comento que tengo la suerte de «pasar» por muchos grupos, en lo que va de 2026 (y estamos en marzo) llevo unos 46 grupos diferentes.

No «paso» por todos ni con la misma actividad, ni la misma inversión de tiempo, ni siquiera con los mismos objetivos; pero recorrer tantos te «acostumbra el ojo», aprendes a observar, ves como se repiten roles, conductas, interacciones… me fascina, la verdad. Creo que «estar en grupo» es esencial para la vida, la cantidad de cosas que aprendes (desde modales a norma social, pasando por el autoconocimiento…) si no plantéatelo pensando en alguna persona que «no sabe estar en grupo» ;O)

Para no seguir alargando esta entrada con «mi amor por los grupos», vamos a darle un poco de teoría sobre su importancia y papel en la socialización de las personas. Para ello comenzaremos hablando del grupo de iguales.

 

Imagen de Gerd Altmann en Pixabay

 

Definición de grupo de iguales

Después de la familia, tradicionalmente considerada el principal agente de socialización durante la infancia, el grupo de iguales ocupa un lugar clave en el desarrollo de las personas. También llamado grupo de pares, se trata de un conjunto de personas de edad y estatus similares que mantienen relaciones cercanas y frecuentes.

Sus principales características son:

  • Es un grupo reducido en el que predominan las interacciones cara a cara (quizá a día de hoy con las RRSS habría que darle una vuelta).
  • Funciona como grupo de referencia: sus integrantes se identifican entre sí y ejercen influencia mutua.
  • Comparte normas, valores y expectativas que orientan la conducta y fortalecen el sentido de pertenencia.

Desde la psicología del desarrollo, se ha señalado que la interacción entre iguales constituye un contexto privilegiado para el aprendizaje social y cognitivo. En esta línea, Vygotsky destacó la relevancia de la interacción social en la construcción del conocimiento, subrayando que muchas habilidades se desarrollan primero en el plano social y después en el individual (Vygotsky, 1978).

 

El papel educativo del grupo

El grupo de iguales cumple funciones psicológicas y educativas que no pueden ser sustituidas por las personas adultas. Aunque la familia y el profesorado orientan y acompañan, el grupo de iguales ofrece un espacio de relación horizontal donde se aprenden habilidades sociales en condiciones de mayor simetría.

En este entorno se desarrollan competencias como la cooperación, la negociación, la empatía y la resolución de conflictos. Además, se ponen en práctica normas compartidas y se experimentan distintos roles sociales.

 

La construcción de la identidad personal

Uno de los aportes más relevantes del grupo de iguales es su influencia en la construcción de la identidad personal. A través de la interacción cotidiana, cada persona puede compararse, diferenciarse y reconocerse en relación con otras. El grupo actúa como un “espejo social” que proporciona retroalimentación constante sobre comportamientos, capacidades y actitudes.

Desde la teoría del aprendizaje social, Bandura señala que la comparación con otras personas similares es una de las principales fuentes para desarrollar la autoeficacia, es decir, la creencia en la propia capacidad para afrontar situaciones y alcanzar metas (Bandura, 1997).

Por su parte, los estudios indican que, especialmente en la adolescencia, las personas tienden a establecer amistades con quienes perciben como semejantes en intereses, valores o experiencias. Esto refuerza la función identitaria del grupo. Tal como planteó Erikson, la adolescencia es una etapa decisiva en la formación de la identidad, y el reconocimiento dentro del grupo resulta fundamental para consolidarla.

En definitiva, el grupo de iguales no solo complementa la función socializadora de la familia, sino que constituye un espacio esencial para el desarrollo integral. En él se construyen vínculos significativos, se afianzan competencias sociales y se configura, de manera progresiva, la identidad personal.

A la mierda la autoestima, dadme lucha de clases (libro)

A la mierda la autoestima, dadme lucha de clases (Jean-Philippe Kindler) es un ensayo político y cultural que critica frontalmente el discurso individualista de la “autoayuda”, el coaching motivacional y la obsesión contemporánea con la autoestima como solución a todos los problemas. El libro sostiene que muchas angustias personales no son fallos psicológicos individuales, sino consecuencias materiales de un sistema económico desigual: precariedad laboral, falta de vivienda, explotación, racismo, machismo y clasismo.

El tema central es claro: no necesitamos más frases motivacionales ni terapias despolitizadas, sino conciencia de clase, organización colectiva y conflicto social para transformar las condiciones que generan malestar. El autor mezcla análisis político, crítica cultural, experiencias personales y referencias a movimientos sociales (principalmente en Alemania, de donde es originario) para desmontar la idea de que “si no te va bien es porque no te esfuerzas lo suficiente”.

En tono combativo, irónico y provocador, el libro busca hacer reflexionar a quien lo lee, especialmente a la gente joven precarizada, y devolverle una lectura política a emociones como la ansiedad, la frustración o la baja autoestima. En vez de “trabaja en ti mismo”, propone: entiende el sistema, organízate con otros y pelea por cambiarlo.

 

A través de los diferentes capítulos donde habla de repolitizar, nos habla de una gran cantidad de temas.

 

Algunos temas de los que habla

  • Contra la dictadura de la autoestima. Plantea el problema: cómo el capitalismo ha convertido la autoestima en una mercancía y en un mecanismo de control social.

  • La industria de la autoayuda. Crítica al coaching, la psicología neoliberal y los gurús motivacionales que responsabilizan al individuo de su miseria.

  • Precariedad y sufrimiento social. Relación entre condiciones materiales (trabajos precarios, alquileres imposibles, deudas) y malestar emocional.

  • Meritocracia y culpa. Cómo el mito del “si quieres, puedes” produce vergüenza, autoexplotación y frustración política.

  • Clase, identidad y desigualdad. Análisis de cómo clase social, género y origen  entre otras (interseccionalidad) condicionan las oportunidades reales de vida.

  • Capitalismo emocional: Cómo el sistema se apropia de nuestras emociones y las convierte en productos y discursos de consumo.

  • Organización y conciencia de clase. Defensa de la acción colectiva frente al individualismo.

  • La lucha como propuesta política: sindicalismo, movimientos sociales y politización del malestar.

  • De la autoestima a la dignidad colectiva. Cierre del argumento: no se trata de querernos más dentro del sistema, sino de cambiar el sistema para vivir con dignidad.

 

En resumen, es un libro breve, directo y muy accesible (además de aportar un montón de referencias), pensado para hacer reflexión. Destaca por su tono directo, la conexión entre vida cotidiana / estructura económica y su crítica al discurso neoliberal del bienestar.

Pirámide de necesidades del cerebro

El mes pasado realicé un curso de de extensión universitaria de la UNED, «Cómo hacer neuroanimación»

Me interesa el tema desde que leí hace años el libro de Víctor VentosaNeuroanimación: cómo dinamizar el cerebro a través de la actividad lúdica. También quiero profundizar en él porque lo lúdico, a través de las dinámicas forma parte de mis principales herramientas de intervención, sobre todo en el ámbito de la formación.

Del material que nos facilitaron, hay un punto que habla sobre las necesidades del cerebro, que me ha hecho pensar. Os comparto el apartado, y luego va mi reflexión.

Pirámide de necesidades del cerebro

Richard Gregory, uno de los grandes especialistas en neuropsicología afirma que el cerebro no está programado para buscar la verdad, sino para sobrevivir (Punset, 2011).

Vamos a subrayar los propósitos fundamentales que mueven al cerebro a actuar, con vistas a tenerlos en cuenta y llevarlos al terreno socioeducativo.

Según algunos autores los propósitos son:

  1. La supervivencia
  2. La resolución de necesidades afectivas
  3. El aprendizaje cognitivo

 

 

Por tanto cualquier persona que dinamice ha de evitar o minimizar las situaciones amenazantes que puedan generar miedo o angustia a la hora de implementar procesos didácticos.

Por otro lado, se ha demostrado que ciertos niveles de estrés son beneficiosos para el aprendizaje, al mantener la atención y la motivación, pero siempre que esta sea controlable por el sujeto y no le desborde en cuyo caso pasaríamos a cuadros de ansiedad patológicos que pueden llegar a bloquear el aprendizaje.

Se sabe de la importancia de la creación de contextos emocionalmente positivos e intensos para alcanzar la meta de enseñar a participar, implicando al grupo en el desarrollo de un determinado proyecto de su interés. Cobra especial relevancia la dimensión socio afectiva y el enfoque cultural por encima de otros enfoques más centrados en la dimensión racional o tecnológica. Por tanto, entre las habilidades propias del animador/a ha de destacarse la inteligencia emocional y la inteligencia social. Y es que el cerebro en realidad busca la supervivencia más que servir a principios racionales.

La morfología del cerebro humano en realidad está compuesta por tres cerebros superpuestos, que han venido desarrollándose de manera sucesiva a lo largo de millones de años de evolución en su lucha por sobrevivir.

1º. Es el más primitivo y el que controla nuestros instintos y funciones vitales. Está en torno al bulbo raquídeo. Su objetivo es la supervivencia, es el cerebro instintivo.

2º. Lo forma fundamentalmente el sistema límbico y la amígdala, es el cerebro emocional. Tiene un papel fundamental en la gestión de las emociones, concretamente en las respuestas emocionales automáticas ante situaciones ambientales determinadas. Esta área cerebral se encarga también del almacenamiento de la información asociada a experiencias pasadas. Esta conexión entre memoria y emoción ilustra el papel decisivo que tiene la emoción en el aprendizaje.

3º. La estructura cerebral más reciente en formarse es el neocórtex o corteza cerebral, hace unos 55 millones de años con los primates y que tiene su culminación en los homínidos hasta llegar al homo sapiens. Se trata del cerebro racional, y su papel es fundamental en la gestión y control de las funciones cognitivas superiores asociadas al pensamiento y a la consciencia.

 

Fuente: Material didáctico del curso de EXTENSIÓN UNIVERSITARIA UNED MÉRIDA – Cómo hacer neuroanimación  – María I. Gómez

La reflexión que me nace es: Si el cerebro lo primero que se asegura es de «sobrevivir» y luego de «cubrir las necesidades afectivas» antes de llegar al «aprendizaje» ¿por qué muchas actividades o intervenciones centradas e el aprendizaje lo obvian?

Entiendo que el epígrafe que os comparto lo aborda desde una visión más genérica o global, pero ese sencillo esquema creo que se puede aplicar a nuestro día a día. He trabajado y visto muchos proyectos en dónde el aprendizaje «que se espera» del colectivo con el que se interviene tarda o no llega por lastrar esas dos necesidades previas sin cubrir.

Cómo vamos a mejorar la empleabilidad si no tienes lo básico cubierto como techo y comida (título por cierto de una buena película sobre este tema), tratar de formarte si no puedes pagar los servicios mínimos, o cambiar «x» situación, si tu cerebro y tú estáis tratando de sobrevivir.

Además, aderézalo con cómo de cubiertas están esas necesidades afectivas, cómo has aprendido a gestionarlas, cómo las expresas o que patrones has desarrollado… complicado.

Sé que no estoy descubriendo la pólvora, y que esta reflexión la tenemos muchas personas en cuanto hemos algo de intervención directa, pero ahora que «comienza el año» y todo el mundo habla de propósitos y objetivos, no está de más que demos y nos demos un «repaso» entendiendo que si no empezamos por los cimientos de la pirámide, difícilmente llegaremos a ese aprendizaje pretendido.