Rumbo al III Congreso de Animación Sociocultural de República Dominicana

Una oportunidad para compartir experiencias, aprender y seguir reivindicando la animación sociocultural como herramienta de transformación social. Hay noticias que hacen especial ilusión. Y esta es una de ellas.

Los próximos 28, 29 y 30 de octubre de 2026 se celebrará en República Dominicana el III Congreso de Animación Sociocultural Rafael Ernesto López Brito, organizado por el Ministerio de Cultura del Gobierno de la República Dominicana, a través del Viceministerio de Identidad Cultural y Ciudadanía y su Departamento de Animación Sociocultural.

Y tengo la enorme suerte de haber sido invitado a participar como ponente internacional, para compartir parte de mi experiencia en este ámbito que lleva tantos años formando parte de mi vida profesional y personal.

No os voy a engañar: hace mucha ilusión que desde el otro lado del Atlántico cuenten contigo para hablar de algo en lo que crees, por lo que trabajas y que, en muchas ocasiones, también te lleva a cuestionarte muchas cosas.

La práctica de la animación sociocultural: experiencias, aprendizajes y desafíos desde la acción comunitaria

Este será el título de mi conferencia, que tendrá lugar el jueves 29 de octubre, a las 10:00 horas, en la Sala Ramón Oviedo del Ministerio de Cultura.

Mi intención es compartir una mirada de la animación sociocultural construida desde la experiencia, desde los proyectos y, especialmente, desde las personas.

Porque, después de tantos años trabajando en este sector, si algo tengo claro es que la animación sociocultural no consiste simplemente en organizar actividades, entretener a grupos o llenar programaciones.

La animación sociocultural es participación, educación, cultura, comunidad y transformación social.

Es generar espacios donde las personas puedan encontrarse, expresarse, organizarse, tomar decisiones y convertirse en protagonistas de aquello que sucede en sus comunidades.

Y también es enfrentarse a contradicciones, dificultades, precariedades y retos que no siempre aparecen en los manuales o en los discursos institucionales.

Desde mi experiencia como animador y a través de El Taller Animación Sociocultural, intentaré compartir algunos aprendizajes acumulados trabajando con jóvenes, entidades sociales, administraciones públicas, profesionales y comunidades.

No pretendo llevar recetas mágicas ni grandes verdades. Más bien, experiencias, preguntas, errores, reflexiones y unas cuantas ganas de seguir aprendiendo.

La animación sociocultural no entiende de fronteras

Una de las cuestiones que más me ilusiona de esta invitación es poder conocer cómo se entiende y se desarrolla la animación sociocultural en República Dominicana.

Aunque los contextos sociales, culturales y políticos sean diferentes, compartimos muchas preocupaciones: la participación ciudadana, el acceso a la cultura, el fortalecimiento de las comunidades, la inclusión social y la necesidad de construir sociedades más justas.

Creo firmemente en la importancia de generar redes entre profesionales, compartir experiencias y conocer otras maneras de hacer.

Porque no existe una única forma de entender la animación sociocultural, y precisamente ahí reside una parte importante de su riqueza.

Un congreso para reconocer nuestra profesión

Esta tercera edición del congreso lleva el nombre de Rafael Ernesto López Brito y está dedicada a Yvelisse Prats Ramírez, reconociendo así figuras vinculadas a la educación, la cultura y el desarrollo social dominicano.

Me parece especialmente importante que existan encuentros de estas características, donde la animación sociocultural tenga un espacio propio para el intercambio de conocimientos, la reflexión y el reconocimiento profesional.

En un contexto en el que tantas veces tenemos que explicar qué hacemos, para qué sirve nuestro trabajo o por qué es necesario invertir en procesos comunitarios, encontrar espacios dedicados específicamente a nuestra profesión tiene un valor enorme.

Porque la animación sociocultural necesita hacerse visible, reivindicar su papel y seguir construyendo conocimiento desde la práctica.

Gracias por contar conmigo

Solo puedo agradecer al Ministerio de Cultura de República Dominicana y a las personas responsables de la organización del congreso la invitación y la confianza depositada en mí.

Es un honor poder participar en este encuentro y compartir un pequeño pedazo de la experiencia que hemos ido construyendo desde Asturias.

También es una oportunidad para seguir aprendiendo, conocer profesionales y proyectos, intercambiar miradas y volver con nuevas ideas que incorporar a nuestro trabajo cotidiano.

Y, por supuesto, para seguir defendiendo algo en lo que creo profundamente:

La animación sociocultural no consiste en hacer cosas para la gente, sino en generar las condiciones para que las personas puedan hacer, decidir y transformar juntas.

Nos vemos en República Dominicana. Y prometo contaros por aquí qué tal ha ido la experiencia ;O)

No, un curso de 50 horas no te convierte en monitor/a de tiempo libre

De vez en cuando aparece publicidad de algún curso online de Monitor/a de Tiempo Libre de 20, 50, 100 horas, con un diploma muy bonito, muchos sellos, palabras como acreditado, certificado, especialista o incluso homologado escritas bien grandes.

Y aquí conviene aclarar algo que, aunque debería ser bastante sencillo, parece que no siempre lo es: hacer un curso que se llama “Monitor de Tiempo Libre” no significa tener la titulación oficial de Monitor/a de Tiempo Libre. Y lo mismo ocurre con Dirección de Tiempo Libre.

Entonces ¿Qué titulaciones son oficiales?

Si hablamos de Asturias, existen dos vías que debemos tener claras.

1. Los diplomas oficiales del Principado de Asturias

Son los tradicionales cursos de: Monitor/a de Actividades de Tiempo Libre y Director/a de Actividades de Tiempo Libre.

No vale con que una academia decida montar un curso y ponerle ese nombre. Para obtener el diploma oficial del Principado, la formación tiene que realizarse a través de una Escuela de Animación y Tiempo Libre reconocida oficialmente y siguiendo el programa, duración, evaluación y prácticas establecidos por la Administración.

El propio Instituto Asturiano de la Juventud lo dice claramente: solo realizando la formación en una escuela acreditada se puede obtener una titulación oficial reconocida por el Principado de Asturias.

Además, en 2026 tenemos una novedad importante. La Resolución de 3 de julio de 2026, publicada en el BOPA el 15 de julio, actualizó la regulación de estos cursos en Asturias y derogó expresamente la antigua Resolución de 30 de marzo de 1988. La nueva normativa establece que la duración, contenidos y criterios de evaluación de los cursos oficiales se ajusten a los establecidos para las cualificaciones profesionales correspondientes.

Es decir, Asturias ha acercado todavía más las dos vías de formación.

2. Los certificados profesionales

Existe otra vía oficial vinculada al Sistema de Formación Profesional:

SSCB0209 – Dinamización de actividades de tiempo libre educativo infantil y juvenil. Es una formación de nivel 2 y tiene asociadas 310 horas, incluyendo 160 horas de prácticas profesionales. Su competencia profesional es organizar, dinamizar y evaluar actividades de tiempo libre educativo dirigidas a infancia y juventud.

Y para las funciones de dirección y coordinación tenemos:

SSCB0211 – Dirección y coordinación de actividades de tiempo libre educativo infantil y juvenil. Es de nivel 3 y tiene una formación asociada de 410 horas, incluyendo 120 horas de prácticas profesionales. Entre sus competencias están planificar, organizar, gestionar y evaluar proyectos de tiempo libre y coordinar equipos de monitores y monitoras.

Y esto no es simplemente una equivalencia que nos hayamos inventado quienes trabajamos en el sector.

La propia normativa asturiana sobre actividades juveniles establece que la persona responsable de determinadas actividades debe disponer del diploma de Director/a de Actividades de Tiempo Libre expedido por los órganos competentes en juventud o de aquellas titulaciones o certificados profesionales que incluyan la cualificación profesional de Dirección y Coordinación de Actividades de Tiempo Libre Educativo Infantil y Juvenil.

¿Y el curso de Monitor de Tiempo Libre de 50 horas que he encontrado por 29,99 €?

Pues puede ser un curso. Puede tener contenidos interesantes. Puede servirte para aprender. Puede quedar estupendamente en el apartado de formación complementaria de tu currículum. Pero no por llamarse “Monitor/a de Tiempo Libre” se convierte en el título oficial de Monitor/a de Tiempo Libre.

Este es probablemente el punto que genera más confusión.

Una empresa privada puede expedirte un diploma que diga que has realizado 50, 80 o 100 horas de formación sobre ocio educativo, campamentos, dinamización o actividades infantiles. Eso acredita que has realizado ese curso concreto. Lo que no puede hacer ese diploma por sí solo es sustituir una titulación cuya obtención está regulada oficialmente. Y palabras como “certificado”, “acreditado” u “homologado” tampoco deberían bastarnos. La pregunta importante siempre es:

¿Homologado por quién y para qué? Porque una cosa es que una entidad certifique que has realizado su formación y otra muy diferente que hayas obtenido una titulación oficial que habilite o sea admitida para las funciones reguladas de monitor/a o director/a de tiempo libre.

Las horas importan, pero no son lo único

Tampoco debemos caer en la trampa contraria.

No basta con decir: «Mi curso tiene 310 horas, así que equivale al certificado profesional». No.

La oficialidad no se consigue simplemente acumulando horas. Importan las horas, por supuesto, pero también quién imparte la formación, quién está autorizado para hacerlo, qué programa se sigue, qué competencias se evalúan, cómo se desarrollan las prácticas y qué Administración u organismo competente expide o reconoce finalmente la acreditación.

Un curso privado de 310 horas no se transforma mágicamente en el SSCB0209 por tener la misma duración.

Igual que un curso de 410 horas denominado “Director/a de Campamentos” no se convierte automáticamente en el SSCB0211.

¿Por qué importa todo esto?

Porque estamos hablando de algo más serio que conseguir un papel para añadir al currículum.

Trabajar en tiempo libre educativo supone asumir responsabilidades sobre niños, niñas y adolescentes. Supone diseñar actividades, gestionar grupos, prevenir riesgos, trabajar educativamente, responder ante situaciones imprevistas y, en el caso de las direcciones, asumir además responsabilidades sobre proyectos y equipos profesionales.

Por eso existe una formación regulada. Y por eso me preocupa especialmente encontrar ofertas que transmiten la idea de que con unas cuantas horas online alguien ya puede considerarse oficialmente Monitor/a de Tiempo Libre.

Formarse siempre suma. Pero formación complementaria y titulación oficial no son lo mismo.

Antes de apuntarte, comprueba

Si estás buscando formación para trabajar como monitor/a o director/a de tiempo libre en Asturias, antes de pagar nada comprueba quién organiza el curso y qué titulación obtendrás al terminar.

Si buscas el diploma oficial asturiano, comprueba que se realiza a través de una Escuela de Animación y Tiempo Libre reconocida por el Principado de Asturias.

Si buscas la vía profesional, comprueba que realmente estás cursando la formación oficial correspondiente al SSCB0209 – Dinamización de actividades de tiempo libre educativo infantil y juvenil o al SSCB0211 – Dirección y coordinación de actividades de tiempo libre educativo infantil y juvenil, y no simplemente un curso privado que utiliza un nombre parecido.

El Principado mantiene información pública tanto sobre las titulaciones como sobre las Escuelas de Tiempo Libre reconocidas.

Que ponga «Monitor/A de Tiempo Libre» en grande no significa que lo sea

Quizá esta sea la mejor forma de resumirlo. En el tiempo libre educativo existen formaciones oficiales, competencias profesionales definidas y una Administración responsable de reconocerlas.

Así que un diploma privado de unas cuantas horas no sustituye la titulación oficial exigible cuando el puesto o la actividad requiere estar cualificado como Monitor/a o Director/a de Tiempo Libre. Puede servir para aprender. Puede complementar tu formación. Puede incluso ser un curso estupendo. Pero no es lo mismo.

Y teniendo en cuenta que trabajamos con infancia y juventud, quizá deberíamos empezar a tomarnos un poco más en serio la diferencia entre “he hecho un curso de monitor” y “soy Monitor/a de Tiempo Libre con la titulación oficial correspondiente”.

Porque no, no todo diploma con un logo y la palabra homologado vale para lo mismo.

«Novedades» en la docencia de certificados profesionales…

Me gusta estar informado de los ámbitos en los que me muevo, y uno de ellos es ser formador o docente de Certificados Profesionales (antes: certificados de profesionalidad)

Pues últimamente en LinkedIn, están dando la vara con el cambio del certificado SSCE0110, Docencia de la Formación Profesional para el Empleo; por el SSC_C_017_5B, Habilitación para la docencia en grados A, B y C del Sistema de Formación Profesional. Este último es el nuevo Certificado Profesional regulado por el Real Decreto 86/2026.

¿Qué pasa si ya tengo el antiguo SSCE0110? NADA. Calma gente, se reconoce la equivalencia automática de competencias para quienes ya poseían la titulación previa, sin exigir complementos formativos.

Puedo entender la preocupación, pero me fascina tantas lecturas sobre este cambio, y las «novedades» en en este ámbito. Así que me apetece compartir las que para mi son las novedades (al menos en mi realidad y contexto) de la docencia en el ámbito de los certificados profesionales…

Para poneros en situación, han pasado 13 años desde que impartí mi primer certificado. Por lo que aporto una visión desde años de experiencia.

Novedades en la docencia de certificados profesionales…

Cuesta la vida completar grupos. Ya no recuerdo el arranque de una acción formativa en la que se comience con todas las plazas cubiertas.

Alumnado fantasma. Se apunta, aparece unos días y luego no localizas en qué lugar de la tierra se han escondido.

Agendas misteriosas. Ok que tu realidad puede cambiar al segundo, y que tener trabajo es prioritario, pero me flipa la cantidad de personas que se apuntan y deben hacer malabares para no perder el certificado por faltas de asistencia por sus agendas…

«Hola soy la IA, y he venido a quedarme». A ver, que yo también la uso, pero para sistematizar no para inventar. En mi ámbito ya me han intentado colar varios proyectos hechos con Chati (ChatGPT, pero en cariñoso) y es que si no tienes criterio o idea de si lo que te propone la máquina es una aberración ¿qué?

Lectura / escucha comprensiva (dónde andarán). Vaya por delante que no hablo solo de personas jóvenes, puedo esgrimir que hay gente que «no se entera» en cualquier edad. Fruto de las pantallas y el estímulo constante, nos deja el cerebro frito.

Puntualidad. Ufff esta es de las que más rabia me da y es que tengo un problema con ello (llegar 10 minutos antes es llegar a la hora, llegar justo a la hora es llegar justo y llegar tarde es odioso) y soy bastante inflexible en este punto. Creo que la novedad ahora es no tener pudor a llegar tarde. Hace tiempo era menos común y concentrado en una persona, ahora es más habitual y en varias personas…. agh, no puedo.

En qué afectan estas novedades…

Afectan mucho más de lo que parece, porque no son solo “cosas molestas del alumnado”: terminan modificando la propia forma de impartir un certificado profesional.

Grupos que nunca terminan de arrancar. Cuando se empieza con plazas vacantes o con incorporaciones posteriores, cuesta crear identidad de grupo, establecer normas comunes y avanzar con un ritmo homogéneo. El docente acaba haciendo pequeños “reinicios” constantes para incorporar a quien llega.

Abandonos y alumnado fantasma. Rompen dinámicas, grupos de trabajo y actividades que estaban pensadas para un número determinado de personas. Además, en formación vinculada a requisitos de asistencia, evaluación y seguimiento, generan bastante más carga administrativa de la que se ve desde fuera.

Asistencia irregular. Obliga a impartir pensando simultáneamente en quien está siguiendo el curso y en quien faltó ayer, anteayer o la semana pasada. Aparece una especie de bucle permanente de “¿esto lo vimos?”, “¿me lo puedes explicar otra vez?” o “yo ese día no estaba”. Y eso ralentiza al grupo que sí mantiene una asistencia continuada.

Uso sin criterio de la IA. El problema no es utilizar ChatGPT, sino sustituir el pensamiento por ChatGPT. En un certificado donde se supone que estamos desarrollando competencias profesionales, entregar un proyecto impecablemente redactado que la persona no sabe explicar sirve de poco. Esto obliga también a cambiar la evaluación: menos “entrégame un documento” y más defenderlo, adaptarlo, justificar decisiones, resolver casos o trabajar en directo.

Menor comprensión sostenida. Si cuesta leer una consigna completa, escuchar una explicación de varios minutos o mantener la atención sobre una tarea, la metodología tiene que fragmentarse muchísimo más: instrucciones más breves, apoyos visuales, comprobaciones constantes, actividades cortas y cambios frecuentes de dinámica. Puede funcionar pedagógicamente, pero también existe el riesgo de acostumbrarnos a que cualquier aprendizaje tenga que competir permanentemente por nuestra atención.

Impuntualidad. No son simplemente diez minutos. Cuando entran varias personas tarde se interrumpe una explicación, hay que volver a contextualizar, se distrae quien estaba trabajando y se normaliza que el horario sea orientativo. Y en una formación profesionalizante hay algo más: puntualidad, responsabilidad, asistencia y compromiso también son competencias profesionales, aunque no aparezcan como una unidad didáctica.

En conjunto, creo que el efecto más importante es que cada vez dedicamos más energía docente a conseguir las condiciones necesarias para poder enseñar: reunir el grupo, mantenerlo, recuperar ausencias, reconducir atención, comprobar autoría y comprensión, recordar horarios… antes incluso de entrar en el contenido.

Y eso también cambia el papel del formador. Ya no basta con conocer el contenido y saber transmitirlo. Cada vez hay más de gestión de grupo, acompañamiento, motivación, adaptación metodológica, alfabetización digital y establecimiento de límites.

Lo paradójico es que muchos certificados buscan preparar a personas para incorporarse al mercado laboral. Y quizá algunas de estas “novedades” nos están señalando precisamente competencias que deberíamos trabajar de manera mucho más explícita: compromiso, autonomía, organización, comprensión, pensamiento crítico, responsabilidad y convivencia profesional ;O)