Reivindicar lo mundano (en el curro)

Debe ser esto la crisis de los 40 (al menos la mía)… me quejo y abandono las redes sociales, dejo de fumar… y ahora me ha dado por pensar lo que me revienta. En publicaciones de empleo, especialmente en redes como LinkedIn, es muy habitual utilizar un lenguaje emocional para transmitir entusiasmo, orgullo o sensación de oportunidad.

Algunos ejemplos frecuentes son:

Sobre experiencias

  • Ha sido una experiencia única.
  • Un momento inolvidable.
  • Una oportunidad irrepetible.
  • Una experiencia brutal.
  • Un reto apasionante.
  • Un privilegio formar parte de este proyecto.
  • Una etapa que recordaré siempre.
  • Un antes y un después en mi trayectoria.
  • Un viaje lleno de aprendizajes.
  • Una aventura profesional increíble.

Sobre proyectos

  • Un proyecto ilusionante.
  • Un proyecto transformador.
  • Un proyecto con propósito.
  • Un proyecto que marca la diferencia.
  • Uno de los proyectos más especiales de mi carrera.
  • Un reto profesional apasionante.
  • Un proyecto que me ha hecho crecer.
  • Un proyecto que deja huella.
  • Un desafío que mereció la pena.
  • Un proyecto del que me siento profundamente orgulloso/a.

Sobre equipos

  • He tenido la suerte de compartir camino con un equipo increíble.
  • Rodeado/a de personas excepcionales.
  • Un equipo extraordinario.
  • Un equipo que inspira.
  • Un equipo humano inmejorable.
  • Trabajar con este equipo ha sido un auténtico regalo.
  • La verdadera diferencia la hacen las personas.
  • Compartir este camino con vosotros ha sido un lujo.

Sobre logros

  • Hoy celebramos un gran hito.
  • Un sueño hecho realidad.
  • Objetivo cumplido.
  • Un paso más hacia donde queremos llegar.
  • Seguimos creciendo.
  • Otro reto superado.
  • Orgulloso/a del camino recorrido.
  • Este es solo el principio.
  • Todo esfuerzo tiene su recompensa.
  • Los resultados hablan por sí solos.

Sobre emociones

  • Inmensamente agradecido/a.
  • Con el corazón lleno.
  • Feliz de anunciar…
  • No puedo estar más orgulloso/a.
  • Emocionado/a por compartir esta noticia.
  • Con mucha ilusión comienzo esta nueva etapa.
  • Ha sido una auténtica montaña rusa de emociones.
  • Todavía lo estoy procesando.
  • Qué suerte poder dedicarme a esto.

Adjetivos muy utilizados

  • Único.
  • Inolvidable.
  • Increíble.
  • Espectacular.
  • Mágico.
  • Especial.
  • Enriquecedor.
  • Inspirador.
  • Apasionante.
  • Transformador.
  • Extraordinario.
  • Ilusionante.
  • Impresionante.
  • Histórico.
  • Épico.
  • Diferente.
  • Memorable.
  • Inigualable.
  • Excepcional.

Expresiones muy repetidas en LinkedIn

  • Hoy cierro una etapa y comienzo otra llena de ilusión.
  • Nunca imaginé que este momento llegaría.
  • Gracias a todas las personas que lo habéis hecho posible.
  • Lo mejor está por venir.
  • Cada paso cuenta.
  • Crecer también significa salir de la zona de confort.
  • El talento siempre encuentra el camino.
  • Nada de esto habría sido posible sin el equipo.
  • Seguimos construyendo.
  • Vamos a por nuevos retos.
  • Cuando disfrutas de lo que haces, el trabajo deja de ser trabajo.
  • La mejor inversión siempre es seguir aprendiendo.
Imagen de Edar en Pixabay

En los últimos años, este tipo de expresiones se ha convertido casi en un género propio dentro de LinkedIn, siendo publicaciones con un tono muy motivacional. No me parece mal hablar con ilusión y pasión, al contrario, pero parece que todo debe ser único y joder, hablamos de trabajo, hay cosas muy corrientes, de ahí mi intención de reivindicar lo mundano.

Cada proyecto es «increíble». Cada reunión, «inspiradora». Cada café, «transformador». Cada cambio de trabajo, «el sueño de una vida». Si hacemos caso a las redes sociales, vivimos una sucesión interminable de momentos históricos. Y, sin embargo, la vida casi nunca es así.

La mayor parte de las cosas importantes son profundamente normales. Son madrugar un lunes para preparar una actividad. Contestar correos. Revisar un proyecto por quinta vez. Dar una formación que sale bien, otra que sale regular y otra que no sale como esperabas.

No hay nada épico en eso. Hay rutina, cotidianeidad, cosas mundanas. Y esos es genial. Quizá hemos confundido el valor con la excepcionalidad. Como si solo mereciera la pena hablar de aquello que rompe todos los esquemas. Pero la realidad es que las personas, los proyectos y las profesiones se construyen mucho más desde la repetición que desde los grandes momentos.

No todo tiene que ser brutal. No todo tiene que ser mágico. No todo tiene que cambiarte la vida. A veces un día simplemente sale bien. Y eso ya es suficiente.

Reivindico los trabajos que no necesitan parecer una aventura para tener sentido. Las reuniones que solo sirven para organizarse. Las formaciones donde simplemente se va y no transcienden. Los proyectos que funcionan porque alguien hizo bien su trabajo, sin necesidad de convertirlo en una publicación llena de superlativos.

Lo cotidiano (o mundano) tiene mala prensa, pero sostiene el mundo.

Las amistades se construyen en conversaciones corrientes. La educación ocurre en cientos de pequeños gestos casi invisibles. Los equipos funcionan gracias a personas que cumplen, que están, que hacen lo que dijeron que harían. Nadie escribe una entrada o post viral sobre eso, pero ahí es donde suceden las cosas que realmente importan.

Quizá deberíamos dejar de perseguir momentos extraordinarios y empezar a prestar atención a la enorme dignidad de lo mundano. Porque, al final, una buena vida no suele estar hecha de fuegos artificiales. Está hecha de muchos días normales.

Quizás reivindicando lo mundano, en el curro, nos guardemos lo excepcional para donde verdaderamente importa, familia, amistades, pareja, tu vida; no en «aquello» que te permite mantenerla (trabajo) ;O)

Nos vemos en los bares

Pues eso, nos vemos en los bares…  Hace un mes divagaba en el blog sobre «las redes»

Pasado este tiempo he tomado varias decisiones:

Paso de consumir / publicar en redes. Se pierde tiempo y te pone en piloto automático. Así que mis perfiles personales desparecen el 30 de junio

Si me quieres tener localizado pídeme correo o móvil antes de ese día, o…

Podrás encontrarme a través de El Taller Animación Sociocultural (perfil de mi curro, mi empresa, que es lo que me apetece contar) o en este blog www.elcasopablo.com (donde comparto contenido, me explayo bien…)

Ale… SALUD y risas ;O)

«Innovar» en educación: cuando el cambio encuentra resistencia

Hablar de innovación educativa suele despertar… ¿entusiasmo? ¿Asociamos la innovación con creatividad, mejora, transformación y progreso? En ocasiones creo que la innovación en educación es meter más tecnología porque sí. Pantallas digitales en cada aula, perfiles de clases en RRSS, cursos sobre IA y bla bla bla. Desde mi punto de vista se confunde la herramienta con el fin…

Sin embargo, quienes han intentado poner en marcha cambios reales en cualquier contexto educativo saben que innovar no es simplemente tener una buena idea y meterle TIC. Innovar implica planificar, perseverar, implicar a las personas y, sobre todo, enfrentarse a resistencias.

La innovación no surge por casualidad. Requiere definir objetivos claros, establecer estrategias, movilizar recursos y mantener el esfuerzo a lo largo del tiempo. Además, cualquier propuesta innovadora entra inevitablemente en conflicto con prácticas, hábitos y formas de entender la educación que ya están asentadas. Por ello, toda innovación lleva asociada una cierta dosis de resistencia.

Venga, te lo cuento ya, esto no es una entrada sobre innovación, si no sobre resistencias ;O)

Aquí, usando una pizarra digital… que innovador…

Las diferentes caras de la resistencia al cambio

No todas las resistencias se manifiestan de la misma manera. Algunas aparecen de forma sutil y otras de manera completamente abierta.

Los obstáculos suelen adoptar formas pasivas: falta de coordinación, dificultades organizativas, ausencia de planificación o acciones que, sin buscarlo expresamente, terminan dificultando el proceso innovador.

El rechazo implica una oposición más evidente. Puede estar fundamentado en argumentos razonados sobre la conveniencia o no de una propuesta, o surgir de emociones, miedos e inseguridades que genera cualquier cambio.

La resistencia puede ser activa o pasiva. Hay quienes muestran abiertamente su desacuerdo y quienes simplemente dejan que las cosas no avancen. También puede ser permanente o aparecer únicamente ante determinadas innovaciones.

Por último, encontramos los bloqueos, que suelen provenir de instancias superiores y responden a cuestiones ideológicas, políticas o estructurales que impiden el desarrollo de determinadas iniciativas.

¿De dónde surgen las resistencias?

Las dificultades para innovar no dependen únicamente de las personas. Existen factores que operan en diferentes niveles y que condicionan el éxito o el fracaso de cualquier proceso de cambio.

El peso del contexto social

La sociedad influye profundamente en la capacidad de innovar. Los valores culturales dominantes, las estructuras sociales, la disponibilidad de recursos o la existencia de normativas rígidas pueden favorecer o limitar las transformaciones educativas.

Cuando la innovación no encuentra apoyo social o institucional, las posibilidades de éxito disminuyen considerablemente.

Las contradicciones del propio sistema educativo

El sistema educativo vive permanentemente entre dos funciones: conservar y transformar.

Por una parte, tiene la misión de transmitir conocimientos, valores y cultura. Por otra, debe adaptarse a las necesidades cambiantes de la sociedad. Cuando predomina la función conservadora y reproductora, la innovación encuentra mayores dificultades para desarrollarse.

Problemas en el diseño de las innovaciones

No todas las dificultades provienen del entorno. En ocasiones, las propias propuestas innovadoras presentan debilidades.

La falta de objetivos claros, la escasa planificación, la ausencia de conexión con las necesidades reales del alumnado o la falta de utilidad práctica pueden generar rechazo incluso entre quienes inicialmente estaban dispuestos a participar.

La influencia de los grupos y las organizaciones

El clima de trabajo resulta determinante.

La falta de comunicación, los ambientes negativos, los liderazgos excesivamente jerárquicos, la burocracia, la escasez de apoyos o el individualismo dentro de los equipos educativos dificultan enormemente cualquier intento de cambio.

Por el contrario, los entornos colaborativos y participativos suelen convertirse en auténticos motores de innovación.

El papel de cada profesional

Finalmente, la innovación también depende de las personas.

La falta de formación específica, las inseguridades profesionales, los hábitos muy arraigados o las expectativas personales pueden generar resistencias individuales que condicionen el proceso.

La confianza en la propuesta, la percepción de utilidad y la credibilidad de quienes lideran el cambio son factores decisivos para lograr la implicación de los profesionales.

Innovar también significa gestionar resistencias

Una de las principales conclusiones que podemos extraer es que las resistencias forman parte natural de cualquier proceso de innovación. No son una anomalía ni una señal de fracaso, sino una realidad que debe ser comprendida y gestionada.

Por ello, innovar no consiste únicamente en diseñar nuevas propuestas. También implica anticipar dificultades, identificar posibles barreras y generar condiciones favorables para que el cambio pueda consolidarse.

La administración educativa, los centros, los equipos docentes y el conjunto de agentes educativos tienen una responsabilidad compartida en la creación de entornos que favorezcan la innovación. Sin apoyo institucional, recursos adecuados, liderazgo participativo y formación continua, las buenas ideas corren el riesgo de quedarse en simples intenciones.

Porque, al fin y al cabo, innovar no es únicamente introducir novedades. Innovar es construir las condiciones necesarias para que las mejoras (o transformaciones) puedan hacerse realidad.