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El caso Pablo

"La gente de esas ciudades, están dormidos. Todo el día en el trabajo, en casa, sonámbulos. Nosotros les despertamos"

El mejor liderazgo

El otro día hablaba con una colega sobre el trabajo, la gente que se queja y demás, y en un momento de la conversación ella me decía que en muchas ocasiones la gente se queja “porque si” ya que en cuanto les ofreces soluciones, no les valen. Y que esto era un buen remedio para eliminar las quejas, soluciones ante ellas.

Bueno pues he pensado que como vivimos en el país de “quita que no sabes” “Eso lo hago yo mejor” y “Lo que hace ese lo hago”, os dejo un dinámica para reflexionar sobre el liderazgo.

Sería genial que pudierais hacer en grupo, pero quizá también sea un interesante ejercicio de reflexión personal.

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Objetivo: 

Recapacitar sobre las habilidades y cualidades para liderar un grupo.

Tiempo:

2 horas

Tamaño del grupo:

Indiferente.

Lugar:

Aula amplia y cómoda.

Materiales necesarios:

Cinta adhesiva, papelógrafo y rotuladores.

 

Desarrollo:

Se divide al grupo en tres subgrupos que tengan, como mínimo, cuatro personas. Si los grupos quedasen desequilibrados, se determina que todos tengan el mismo número de componentes y el resto, quede(n) como observador(es).

Cada grupo recibe un nombre y los materiales.

La facilitadora explica que cada grupo representa una cultura diferente y que debe luchar por preservarla.

Se dan quince minutos para que los grupos se reúnan y elaboren el perfil sociocultural de su planeta siguiendo una serie de preguntas: apariencia física, religión (espiritualidad), clima y paisaje, estructura socioeconómica, roles, etc.

Cada grupo elige un representante que exponga las características al resto de compañeros.

La facilitadora del grupo debe evidenciar las diferencias y semejanzas que existen entre los grupos.

Se vuelven a reunir por grupos y, en 10 minutos, deben elaborar una lista con las cinco cualidades y habilidades que debe tener el mejor liderazgo.

Las portavoces lo presentan al resto del grupo.

En este punto, el facilitador promueve que exista consenso entre grupos. Añade que va a redistribuir a los grupos con motivo de una guerra intergaláctica.

Los y las  integrantes de los nuevos grupos, deberán limar asperezas y dejar atrás sus diferencias culturales y definir el perfil de líder que es aceptado por las tres culturas. Contarán con 30 minutos.

Se elige una portavoz por grupo y la portavoz promoverá un nuevo debate en el que debe quedar resuelto:

  • Un perfil de liderazgo aceptado por todos.
  • Listado de elementos relacionados con el liderazgo que cambió de una situación a otra.

 

Evaluación: en esta dinámica es muy importante el papel que juega la facilitadora para que se respeten los tiempos y conducir, de manera adecuada, la dinámica.

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¿Cómo se forma un animador/a?

Releyendo sobre animación sociocultural, acabé en un artículo sobre la formación de los y las animador@s, así que os lo comparto.

Ya sabéis hay que ir sumando aprendizajes a nuestra “mochila”

 

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Aproximación a la formación del animador/a sociocultural

En la década de los 90 se realizó por parte de la Escuela Pública de Animación Sociocultural de Andalucía un trabajo de investigación sobre la concepción, características y rasgos que, en coherencia con el perfil, y los objetivos de la Animación, debería tener la formación en A.S.C.

Dicha investigación (José Ignacio Artillo y otros) se realizó en el marco de un programa formativo de Formación de Formadores/as, en el que participaron más de ciento cincuenta animadores/as socioculturales de la Comunidad Autónoma Andaluza.

Lo que se recoge a continuación es una síntesis de las opiniones coincidentes, de estos animadores/as, independientemente de que se expresarán de formas diferentes.

Estas opiniones reflejan, a mi entender, las características más importantes que ha tenido la Formación de Animadores Socioculturales en la inmensa mayoría de Centros y Escuelas Públicas de Animación:

 

Una formación inductiva

Que favorezca el aprendizaje por descubrimiento. Que permita aprender a buscar. Que estimule la observación y la investigación.

El proceso metodológico de la formación ha de ser, fundamentalmente, inductivo, es decir que parta de la experiencia propia y que apueste por la construcción colectiva del conocimiento.

La propia experiencia es el punto de partida, la referencia permanente, objeto de la reflexión colectiva.

Una formación participativa

Que implique la plena conciencia del grupo formativo en todas las fases del proceso de aprendizaje y su intervención progresiva, según el desarrollo de sus capacidades, en dicho proceso. Esto implica la utilización de métodos y técnicas de aprendizaje basadas en la participación activa de los sujetos, no como recursos para “animar” o hacer más divertido el aprendizaje, sino como condición necesaria para el propio proceso.

Una formación en grupo y para el grupo

Una formación que privilegie al grupo como elemento educativo. Que favorezca la construcción del mismo. Que sirva para el desarrollo de la conciencia grupal, respetando el ritmo de aprendizaje de cada grupo.

El aprendizaje grupal permite el desarrollo y la ejercitación de valores, hábitos y actitudes de comunicación, cooperación, trabajo en equipo, etc., que van a ser necesarios para la tarea del animador/a.

Además el grupo va a ser el ámbito natural de su trabajo de intervención.

Una formación procesual

De la misma manera que el animador/a se plantea su intervención como un proceso a medio y largo plazo, las acciones formativas no son momentos aislados, sino elementos de un proceso que se interrelaciona de forma coherente entre sus distintos elementos (objetivos, métodos, técnicas, etc.).

Al igual que la propia A.S.C. la formación de animadores/as es un proceso continuado en relación y alternancia permanente con la práctica de trabajo.

Una formación práctica

Siguiendo con la idea anterior, lo aprendido debe contrastarse con la realidad, debe ejercitarse en la experimentación, en la aplicación de lo aprendido y en el análisis de la experiencia práctica.

Las prácticas no son un elemento complementario del aprendizaje, sino un componente fundamental del mismo.

La formación tiene que ser útil, y por tanto, aplicable a la práctica concreta.

Una formación vinculada a la realidad

El aprendizaje debe partir del conocimiento y análisis de la propia identidad de los participantes, de la recuperación de su propia experiencia (recordemos el modelo inductivo antes referido).

La vinculación permanente del aprendizaje, con la realidad de los sujetos, con sus circunstancias, con sus necesidades e intereses reales, con su lenguaje y códigos culturales, es un poderoso elemento de motivación y una garantía de la adecuación y el éxito del aprendizaje.

Una formación basada en la comunicación

En el conocimiento mutuo, la interacción, el intercambio de experiencias entre los miembros del grupo y entre estos y el formador/a, privilegiando la expresión y la comunicación interpersonal en todas sus formas y lenguajes.

La formación de los animadores/as debe suscitar y plantear preguntas, orientando la reflexión y no aportando, a priori, las respuestas.

Una formación en equipo, para el trabajo en equipo

El trabajo de intervención en una realidad múltiple u diversa, implica una mirada también múltiple y diversa, y por lo tanto, en animador/a no debe, ni puede, trabajar en solitario. Precisa del apoyo permanente de un equipo. Esto refuerza la dimensión grupal de la formación que debe permitir aprender a trabajar en equipo.

Una formación para la negociación

El animador/a relaciona, vehiculiza demandas, media entre distintos interlocutores, y entre los distintos miembros del grupo. Es mediador/a. Por tanto debe aprender a negociar, a considerar y manejar la negociación como una herramienta para su trabajo.

Una formación motivadora

Que utilice y refuerce la motivación con dinámicas y técnicas variadas, amenas, lúdicas que sostengan el proceso formativo.

Que sea flexible para poder adecuarse a las diversas situaciones del grupo.

Una formación cercana, afectiva en el que sea posible el disfrute del aprendizaje y el clima relacional sea favorable.

Una formación reflexiva, cuestionadora

Que genere reflexión y permita aprender a pensar por uno/a mismo. Que se base en el debate, en el cuestionamiento. Que favorezca el desarrollo del pensamiento creativo.

No tiene que ser una formación “adoctrinadora”. Debe ser crítica y autocrítica. Respetar todas las opiniones, sin que ello signifique un eclecticismo aséptico o ambiguo.

Una formación evaluativa

Que facilite la conciencia y evaluación permanente del proceso formativo. Desarrollando una especie de “feed-back” continuo, con un contraste sistemático de sus efectos e impactos en el alumnado.

Una formación integral, globalizadora

Que implique una visión global de la animación como integradora de diversas disciplinas.

Que permita conocer y contrastar otras experiencias y otras realidades.

Que permita construir una visión global, integral e integradora de la realidad.

Una formación en renovación

Que se actualice y renueve. Que esté al día en sus contenidos, métodos y técnicas.

Una formación rigurosa

Con rigor en sus contenidos y planteamientos.

Y que estos sean fundamentados.

 

En definitiva una formación coherente con los principios de la Animación Sociocultural que se han reseñado y descrito a lo largo de todo este texto, de manera que el proceso formativo sea, en sí mismo, un proceso de animación sociocultural, y que la animación sociocultural sea a su vez considerada como un proceso formativo que facilite un cambio de actitudes.

 

Fuente: Manual Atalaya Apoyo a la Gestión Cultural. Capitulo 7.8 La animación sociocultural por Francisco Rafael Gómez Acosta

El desarrollo de la ASC en Europa

A partir de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) se desarrolla en Europa la ASC. Precisamente, una vez acabada esta guerra, el movimiento de educación popular se reorganiza y vuelve a tomar fuerza. Las instituciones eclesiásticas, también el movimiento laico, los partidos políticos y los movimientos infantiles y juveniles, entre ellos el escultismo, son los protagonistas.

Se estructuran grandes asociaciones y federaciones a escala nacional e internacional y de estas estructuras y prácticas nacen muchos de los modelos de acción social y cultural que actualmente todavía existen en Europa. Es en estas estructuras y asociaciones donde, a partir de la segunda mitad del siglo XX, se potencian metodologías y técnicas educativas y de acción sociocultural que posteriormente se han considerado características de la ASC.

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Hay diferentes criterios con respecto a cuándo y dónde nace el nombre de ASC. Parece, sin embargo, que mayoritariamente se opta por considerar que la primera vez que se habla de ASC es en una reunión organizada por la UNESCO en Modesse (Alemania) en el año 1950 al hacer referencia a la actividad en grupo. Francia, sin embargo, será el país que más se apropiará de este concepto y lo asimilará a una figura específica: el animateur. En 1955 ya se habla de este animador en un decreto de la Dirección de Educación Popular del Ministerio francés de Educación Nacional al referirse a diversos agentes sociales que desarrollaban acciones socioeducativas y culturales con personas, grupos y comunidades.

A partir de mediados de los años cincuenta, los organismos especializados de la ONU promueven programas de desarrollo comunitario que integran proyectos diferentes según cuál sea el organismo promotor. Por ejemplo, la Unesco promueve programas de educación de adultos (sobre todo en la zona de México); la OIT, programas de promoción de cooperativas y de pequeñas industrias rurales (especialmente en los países andinos); la FAO, proyectos de extensión agrícola, de economía doméstica y de demostración del hogar (centrados en América Latina), y también podemos hablar de la OMS, con los programas demostrativos del saneamiento ambiental.

De alguna manera, se está gestando buena parte de lo que más adelante se entenderá como ASC, aunque no es hasta los años sesenta cuando se utiliza claramente este concepto.

Muy pronto aparecen animadores profesionales de jóvenes desde diferentes organizaciones. En España, y concretamente en Cataluña, en el año 1961 se abre la Escuela Diocesana para Dirigentes y Monitores, precedente de la Escola de l’Esplai de Barcelona, y en 1962 se crea en Suiza la primera Escuela de Animadores de Juventud. También en Francia, en estas fechas, la Unión Francesa de Centros de Vacaciones (UFCV) abre su primera escuela de animadores de tiempo libre, concretamente en el año 1964.

A partir de estos años, el término se va generalizando y popularizando. Se perfila la figura del animador y se le encomiendan tareas en los centros de vacaciones, casas de juventud y de cultura, centros cívicos, etc. Cabe decir también que durante estos años la asociación voluntaria Peuple et Culture, de Francia, desarrolla su tarea de educación popular evolucionando y acercándose cada vez más a planteamientos propios de la ASC. Ya no pretende sólo popularizar la cultura de élite, sino que quiere promocionar la cultura tradicional a partir de un modelo de ciudad educativa rompiendo los modelos más típicamente escolares y tradicionales.

La situación en Gran Bretaña e Irlanda del Norte es diferente. El concepto del que parten es el de community development, que ahora sería próximo a la ASC aunque en su origen se utilizara para designar un programa de acción social que los ingleses hacían en sus colonias. La Oficina de Colonias Británica programaba actividades de alfabetización y de capacitación laboral, entre otras, con el fin de capacitar a la gente de sus colonias. Aunque se decía que se quería promocionar las colonias para prepararlas para su emancipación, lo que se hacía era inculcar en los colonizados los valores del sistema imperial.

A partir de los años sesenta y setenta, y con la idea de la Sociedad del Bienestar, los Estados europeos crean y potencian servicios socioculturales. En algunos casos, estos servicios se entienden como prestación social. Otras veces, los servicios y actividades se encargan a asociaciones a partir del principio de subsidiariedad y el Estado subvenciona la prestación de servicios mediante determinadas asociaciones.

Se comprueba cómo la ASC es en estos años un tema de interés europeo (Ventosa, 1993). El Consejo de Europa, nacido en 1949, crea en 1962 el Consejo de Cooperación Cultural (CCC), un organismo encargado de llevar a cabo estudios e investigaciones con la finalidad de renovar la educación y la cultura de los países europeos. En este sentido, se lleva a cabo el Proyecto Animación Sociocultural durante los años 1970-1976, bajo la dirección de J.A. Simpson. El objetivo de este proyecto es orientar las políticas culturales hacia la idea de democracia cultural a través de técnicas y programas de animación. A partir de este proyecto europeo y de sus cuatro simposios (Rotterdam 1970, San Remo 1972, Bruselas 1974 y Reading 1976) se configura de una manera más clara el concepto de ASC.

En el primer simposio, que tiene lugar del 5 al 9 de octubre de 1970 en Rotterdam, nace el Proyecto Animación Sociocultural, en el que se define la democracia cultural como la cultura de la participación y una condición de bienestar. Se habla también de la ASC desde dos perspectivas: desde una concepción revolucionaria y con carácter finalista y desde una concepción instrumental, entendiéndola como un conjunto de técnicas participativas y expresivas.

El segundo simposio, celebrado en San Remo en el año 1972, configura la definición de ASC del CCC del Consejo de Europa e intenta unificar las dos orientaciones o perspectivas de ASC anteriores (finalista e instrumental). También se habla de la ASC como de liberación cultural.

El tercer simposio, que tiene lugar en 1974 en Bruselas, trata sobre la deontologia, el estatuto y la formación de los animadores. Se distingue entre la animación como tarea específica y como estilo de hacer cualquier tarea. Por eso se dice que lo que define la animación no son tanto los contenidos o las actividades como la forma de llevarlos a cabo.

En 1976 se dan a conocer los resultados del Proyecto 14 Ciudades, en el que se hace un inventario y reflexión sobre las nuevas políticas a llevar a cabo desde ámbitos municipales. Se habla de descentralización y de desarrollo de las artes comunitarias. También en este año tiene lugar en Oslo la Primera Conferencia de Ministros Europeos responsables de Cultura. En esta conferencia, los ministros asumen los resultados del Proyecto ASC de Simpson –aunque el CCC no lo aprueba oficialmente– y eso significa en Europa el paso del concepto de democratización cultural al de democracia cultural. En septiembre de ese mismo año, 1976, se realiza en Reading el cuarto Simposio del Proyecto ASC, donde se concluye, entre otros aspectos, que hay que ampliar el alcance de la ASC a toda la población, que la animación y la difusión se tienen que considerar estrategias culturales complementarias y que se puede hacer animación desde muchos otros marcos aparte de las políticas culturales.

La recesión económica y el desempleo condicionan también los presupuestos del Consejo de Europa y en general todas las políticas. Se pasa de los planteamientos optimistas de la sociedad del ocio a los planteamientos restrictivos de la sociedad del desempleo. Eso obliga al CCC a reagrupar proyectos, y el proyecto de animación, considerado por algunos sectores demasiado radical, se fusiona con el Proyecto 14 Ciudades. El Consejo de Europa deja de interesarse específicamente por la ASC y confía su desarrollo a un proyecto general de promoción de la cultura urbana en todos los aspectos, donde predomina la preocupación por los grandes centros culturales y las artes tradicionales. Nace así el Proyecto 21 Ciudades, que se realiza entre 1979 y 1982 bajo la dirección de Brian Goodey, que dará lugar a la Declaración de Bremen de 1983, donde se pueden encontrar interesantes propósitos y reflexiones directamente vinculadas a la ASC.

Durante estos años, sin embargo, se realizan otras conferencias de ministros de Cultura. La segunda tiene lugar en Atenas en 1978 y se centra en la dimensión cultural del desarrollo. La cultura se entiende como un factor de desarrollo. Dos años más tarde, en 1981, se realiza en Luxemburgo la tercera Conferencia de Ministros de Cultura. Se centra en las finalidades culturales del desarrollo. Y en 1983 tiene lugar la cuarta Conferencia de Ministros Europeos responsables de Cultura en Berlín, centrada en la Declaración Europea sobre los Objetivos Culturales.

El Proyecto 21 Ciudades acaba en 1982 y nos aporta una nueva concepción de la cultura como una inversión, que, como tal, requiere una evaluación y un control riguroso. A partir de este proyecto y de las diferentes conferencias de ministros, se ve cómo en Europa la ASC ha ido pasando de una consideración estatal a un ámbito más próximo al nivel municipal. De un enfoque dentro del marco del tiempo libre y de la cultura como lujo, a un enfoque propio de una política de desarrollo sociocultural. La tarea del CCC ha fomentado la investigación del tema de políticas culturales, ha ayudado al intercambio de iniciativas y a trabajar la cultura en las diferentes regiones europeas y, finalmente, también ha ayudado a crear una red de documentación cultural. El impulso, pues, del CCC en este periodo es considerable y ayuda a canalizar esfuerzos y a difundir experiencias entre los diferentes Estados y municipios.

En el año 1982 tiene lugar también la Conferencia Mundial sobre las Políticas Culturales y en ella se formula la Declaración de México, que pasará a ser un significativo referente político y estratégico.

La crisis económica y la profesionalización del sector cultural caracterizan los años ochenta, de manera que la política cultural tiene que dar respuesta al desarrollo económico. En estos años se habla de la economía de la cultura, de la gestión y el marketing cultural o de la ingeniería cultural como enfoques prácticos de la política cultural a las necesidades del momento.

Los años noventa se caracterizan por una apertura y crecimiento de la Comunidad Europea, que pasa a convertirse en Unión Europea. El Tratado de Maastricht de 1992 establece las bases de esta nueva unión, más política y con implicaciones también culturales, ya que, de hecho, proporciona una base jurídica a estas políticas. En estos años se hace evidente la complejidad de las diferentes identidades culturales y las minorías nacionales. Uno de los objetivos prioritarios de las políticas culturales será justamente la cohesión social. La configuración de una ciudadanía propia de la UE implica ir más allá de la convergencia económica y asumir retos también culturales.

El discurso que al principio existía sobre la ASC a través del Consejo de Cooperación Cultural da paso al concepto de desarrollo cultural entendido, en esta dimensión amplia de la cultura, como estrategia también para la cohesión social. El Tratado de Lisboa de 2007 refuerza esta posición del ámbito cultural y lo entiende como un complemento de las políticas nacionales, respetando siempre el principio de subsidiariedad. No hay, pues, una política cultural común.

 

Recomiendo leer: Fuentes de la animación sociocultural en Europa de Victor J. Ventosa.

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