El auge de las actividades de tiempo libre: ¿ocio o negocio?

Interesante artículo de Victor Ventosa, sobre como puede tergiversarse la educación en el ocio y tiempo libre, y transformar las actividades basadas en ella como negocios.


Con la llegada del verano, las actividades de tiempo libre ofertadas tanto desde entidades públicas como privadas, cobran un especial protagonismo en la vida familiar, y social de cada población. En la actualidad no existe comunidad autónoma, diputación o ayuntamiento por pequeño que sea, que no ofrezca por estas fechas algún programa o actividad de tiempo libre dirigida no sólo a niños y jóvenes, como era común hasta hace poco, sino también a personas mayores. Junto a esta oferta pública, asistimos también a un crecimiento exponencial de la oferta privada, no ya sólo la referida al ámbito tradicional del asociacionismo infantojuvenil y de tiempo libre, sino sobre todo la comercial, proveniente del mundo empresarial especializado en servicios de animación y tiempo libre.

Todo ello nos lleva a constatar el pleno auge de la cultura del ocio como uno de los rasgos predominantes de nuestra sociedad actual. Sin embargo, desde el punto de vista educativo, este acelerado crecimiento cuantitativo de las actividades de tiempo libre no conduce necesariamente a una correlativa mejora cualitativa del ocio. Es más, su excesiva mercantilización, puede contribuir a banalizarlo desvirtuando su dimensión socioeducativa a la que sólo se accede desde una educación para y en el tiempo libre. Por ello, debemos concebir el tiempo libre como condición necesaria pero no suficiente para desarrollar un ocio auténticamente educativo. En este sentido, para que el tiempo libre se transforme en ocio pleno, es necesario recorrer un proceso de educación en el tiempo libre. Por tanto, no todas las actividades que actualmente se ofrecen bajo la marca y el reclamo del ocio, tienen la suficiente dimensión socioeducativa como para poder incluirse dentro de la educación en el tiempo libre. Para ello, es necesario que en dichos programas o actividades se cumplan con una serie de requisitos mínimos, entre los que destaco los siguientes:

Intencionalidad educativa, manifestada a través de un proyecto educativo explícito, en donde la planificación de las actividades a realizar se justifique y fundamente en unos objetivos socioeducativos claramente determinados, más allá de la mera diversión o entretenimiento.

Actividades idóneas, que nos aseguren un ocio auténticamente educativo. Para ello, las actividades han de ser gratificantes, libremente elegidas, autónomamente realizadas y con una motivación intrínseca o autotélica que justifica su práctica en sí misma.

Metodología adecuada a los fines de la educación en el tiempo libre. No es posible conseguir un ocio autónomo y creativo sin una metodología activa y participativa que huya de planteamientos meramente activistas centrados en un frenético consumo pasivo de actividades totalmente manufacturadas, predeterminadas y teledirigidas. Para ello disponemos de la animación sociocultural como metodología orientada a convertir al individuo en descubridor, protagonista y artesano de su propio ocio, a través de la implicación personal y grupal.

Personal cualificado, con la titulación adecuada en animación y educación en el tiempo libre, que garantice no sólo el óptimo desarrollo y control de las actividades sino sobre también su dimensión socioeducativa. De lo contrario, podemos confundir la educación en el tiempo libre con las actividades meramente turísticas o vacacionales.



Cumplimiento de la normativa vigente, reguladora de las actividades de tiempo libre, especialmente cuando éstas van dirigidas a niños y jóvenes y en el ámbito del aire libre (campamentos, campos de trabajo, acampadas, marchas volantes o rutas). Dicha normativa está establecida por cada territorio por la Comunidad Autónoma correspondiente y en ella se especifican los requisitos que deben cumplir este tipo de actividades, así como los trámites necesarios para conseguir la correspondiente autorización administrativa para su realización.


Aquellas actividades de tiempo libre que cumplan al menos con estas condiciones, pueden ubicarse con garantías dentro de la educación en el tiempo libre y, por tanto, podemos esperar de ellas una serie de beneficios socioeducativos que contribuyen al desarrollo integral de la persona. Esta repercusión actúa en un doble nivel individual y grupal y se proyecta en tres dimensiones:

Cultural: la mayor parte de las actividades propias de la educación en el tiempo libre contribuyen a desarrollar la creatividad, la capacidad de expresión y las habilidades o destrezas asociadas a determinadas actividades artístico-culturales, tales como la expresión dramática, musical, plástica o dinámica.

Social: la metodología más adecuada para trabajar la educación en el tiempo libre la aporta la animación sociocultural, es decir un modelo de intervención grupal destinado a desarrollar la autonomía y la socialización a través de la participación y el trabajo en equipo.

Educativa: la educación en el tiempo libre conlleva el aprendizaje de una serie de habilidades y el desarrollo de un conjunto de valores vinculados al esfuerzo, la solidaridad, el cuidado y valoración del medio ambiente, la convivencia o la participación. Además, el contexto de voluntariedad ,no competitivo y estimulante propio de educación no formal, hace mucho más fácil aplicar los principios de la integración social dentro de sus programas, a diferencia de otros contextos de educación más formales y restrictivos.


Víctor Juan Ventosa Pérez, 
Profesor universitario, experto y consultor internacional en educación social, animación y tiempo libre de la Universidad Pontificia de Salamanca. 
Centro Municipal de Animación Juvenil de Salamanca.


Visto en: educaweb

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Aquí os traigo un corto (versión original en inglés, subtitulado en español) bastante emotivo, que demuestra la importancia de sonreír, un pequeño gesto, simple, sincero, y que reconforta mucho. Deberíais practicarlo.

El cortometraje está protagonizado por TJ Thyne y Vicki Davis. Fue escrito, dirigido y musicalizado por Kurt Kuenne.

Modelo educativo finlandés: las claves de su éxito

Finlandia es el país de la OCDE que ha obtenido mejores resultados en el estudio PISA y el primer lugar, en competencia lectora de sus estudiantes, en todas las pruebas comparativas internacionales realizadas en los últimos catorce años. 

Que allí sea una cuestión nacional no es una declaración retórica. Se trata de planificación, presupuestos y profesionalidad. Y el efecto combinado de instituciones, escuela y familia. Ya no hay excusa: sabemos dónde mirar. Finlandia es hoy el modelo. Y hay que verlo sin prejuicios. Por ejemplo, los niños finlandeses aprenden a leer a los 7 años, que es cuando entran en el sistema escolar, pero todos los filmes que ven son en versión original con subtítulos, incluso los dibujos animados.

Muchas son las investigaciones, estudios y valoraciones que a raíz de los nuevos datos que van arrojando los estudios comparativos internacionales en torno a la educación (PISA, Eurydice) han intentado interpretar el porqué de las diferencias entre los países participantes. Por ejemplo, aquí preocupa las diferencias entre los resultados obtenidos en el Estado español, globalmente considerado, y los obtenidos en Finlandia, situados claramente por encima.

Lo cierto es que más allá de un amplio abanico de razones y análisis, destacaría por encima de todas ellas las tres siguientes:

Primera. La sociedad finlandesa destaca por su alto nivel de cohesión social y sus altos índices de igualdad social y equidad.
Esta dimensión no registra los mismos índices en nuestra realidad más cercana, lo cual exige de nuestra escuela y a sus profesionales un esfuerzo comparablemente mucho más significativo y complejo en cuanto al trabajo en el aula. En este punto será clave para nuestro futuro entender la educación (y no sólo la enseñanza) como un reto socialmente compartido en el que se movilicen e impliquen todos los ámbitos de nuestra sociedad. En este sentido, el filósofo J. A. Marina nos recuerda un proverbio africano: «Para educar a un niño hace falta la tribu entera».

Segunda. En Finlandia hay una decidida vocación sociopolítica inversora en educación.

 Inversión de recursos económicos directos (en el 2001 un 5,8% de su PIB en educación, por el 4,9% de España) e indirectos a partir de programas no específicamente dirigidos al sistema educativo, pero cuyo aporte resulta fundamental: políticas de atención a la infancia, de apoyo a la familia, implicación de los medios de comunicación en educación… Nos queda aquí todavía un largo recorrido que hacer en el contexto de las políticas de inversión en educación, teniendo también muy en cuenta que no se trata sólo de gastar más en educación (que también) sino de gastar mejor.

Tercera. La piedra angular del éxito finlandés: los profesores.
Aseguran diversos expertos en el tema, como el doctor Melgarejo, que la buena formación de los profesores finlandeses es lo que cierra el círculo a la tribu educadora de Marina. Para dar clases se exige titulación universitaria de carácter superior. Por ejemplo, ser un maestro de primaria requiere seis años de carrera en la universidad. Las universidades que ofrecen titulaciones de magisterio en Finlandia sólo pueden aceptar al 15% de los alumnos que solicitan matricularse cada año, generando una gran selección. Dato muy significativo correlacionado con el prestigio y reconocimiento social de la profesión, así como de las instituciones superiores que responden a esta demanda de formación. Seguro que los resultados finlandeses en los estudios internacionales citados al principio tienen que ver, y mucho, con todo ello.

Los objetivos de la educación en Finlandia persiguen principalmente lograr una educación de excelencia, con una alta cohesión social. Los finlandeses juzgan esencial la equidad de los ciudadanos en el acceso a la sociedad del bienestar y el derecho a su libertad individual en un clima de responsabilidad. El sistema educativo debe ser eficiente, y no sólo eficaz, reflejando estos valores. El dominio de la lengua es uno de los elementos esenciales de la cohesión social y, al mismo tiempo, garantiza su supervivencia como cultura. Desde esta perspectiva, el esfuerzo en educación es una prioridad nacional.

Coordinación de tres grandes estructuras
La adquisición de una alta competencia lectora tiene que contemplar el trabajo coordinado y sostenido en el tiempo de tres grandes estructuras que se complementan en el proceso.

Estas estructuras son: la familia, la escuela y las estructuras socioculturales de apoyo educativo. En el caso finlandés, las tres estructuras se coordinan y se potencian realizando en cadena una parte del trabajo educativo.

La familia es el primero de estos ámbitos. Domina en Finlandia el valor luterano de la responsabilidad y disciplina sobre la propia vida. La familia finlandesa se considera la primera responsable de la educación de sus hijos. En los hogares finlandeses, los niños observan como padres y madres son ávidos lectores de periódicos y libros, y acuden con ellos a las bibliotecas con frecuencia. Por otra parte existen mecanismos del Estado que garantizan la compatibilidad laboral y la vida familiar, especialmente para las mujeres. Las ayudas a la infancia y a la familia permiten que sólo el 4% de los niños finlandeses vivan en situación de pobreza (12% en España).

El segundo ámbito es el de las instituciones sociales o culturales no escolares. En Finlandia destaca la gran red de bibliotecas y sus dotaciones. Son muy accesibles a todos los ciudadanos, se encuentran conectadas entre sí y con profesionales preparadísimos. Además, por su tradición luterana, Finlandia refuerza el valor de la propia responsabilidad sobre los creyentes y promueve la necesidad de la lectura personal de la Biblia. Por otra parte, la televisión y el cine ofrecen siempre toda su programación en la lengua original. Los niños deben aprender a leer rápidamente los subtítulos para entender los programas (películas incluso dibujos animados).

Finalmente, el tercer ámbito educativo es la escuela. Los niños finlandeses entran en sistema escolar a los siete años y no aprenden a leer hasta entonces. La escuela finlandesa de educación primaria y secundaria es generalmente una escuela pública muy descentralizada. Se imparten proporcionalmente menos horas de lengua que en España. La disciplina es alta. La atención a la diversidad se efectúa atendiendo a los diversos intereses con el trabajo de dos profesores por aula. En todos los centros hay una comida gratuita al día para todos los alumnos. Todos estos ámbitos son muy parecidos en todos los países nórdicos, pero muy diferentes a los de España.

PERO LO QUE REALMENTE diferencia a Finlandia del resto de los países de la OCDE, especialmente de los nórdicos, es su extraordinario proceso de selección y formación de los docentes. Para acceder a la licenciatura de profesor de primaria, los aspirantes deben sufrir dos procesos previos de selección. El primer proceso se lleva a cabo en una unidad de evaluación centralizada (Universidad de Jyväskylä), uno de cuyos criterios es que el expediente del candidato debe superar el 9 de media en sus estudios de bachillerato. Una segunda selección se hace en las facultades de Educación. Entre otros aspectos se evalúa la competencia lectora y escrita de los aspirantes, la capacidad de empatía y comunicación de los mismos, habilidades artísticas, musicales y de alta competencia matemática. Menos de un 9% de los aspirantes puede acceder a la formación como profesor de Educación Primaria en las facultades de Educación. Tras 6.400 horas de formación-estudio (en España son 2.000 actualmente y 1.500 hasta hace pocos años), los estudiantes deben redactar una tesina obligatoria como proyecto final de investigación. El profesor de secundaria se forma en las facultades de su especialización (matemáticas, literatura, etcétera). Una vez finalizada esta especialización debe también superar diversas pruebas de acceso para entrar en la facultad de Educación (capacidad de empatizar, de explicar, etcétera). Una vez superada esta prueba, el futuro profesor de secundaria debe seguir estudios pedagógicos de más de 1.400 horas-estudio (en España son entre 100 y 130 horas). Una vez ya formados, los docentes son seleccionados en las escuelas por los directores de éstas. Dichos directores son a su vez seleccionados por el Consejo Municipal. Los directores de las escuelas de primaria sitúan en los primeros cursos aquellos profesores más competentes de todo el claustro. Si un municipio cierra su escuela, los profesores deben volver a buscar trabajo por sí mismos en otra localidad.

Finlandia es el único país de la OCDE con este sistema tan exigente para la función docente. Las razones por las que se tomaron dichas medidas en la década de 1970 son históricas y políticas.

Finlandia es un país que aspira al liderazgo mundial en innovación. Diversos gobiernos han considerado que su supervivencia social, cultural y económica en un mundo globalizado depende de planificar una sociedad del conocimiento. En este diseño, la escuela es esencial como cuna y plataforma para cumplir este objetivo.
 

  • JORDI RIERA I ROMANÍ, profesor de Pedagogía (URL), pres. del Col·legi de Pedagogs de Catalunya
  • J. MELGAREJO DRAPER, director del colegio Claret de Barcelona y doctor en Pedagogía (Universitat Ramon Llull). Tesis doctoral sobre el modelo educativo finlandés
Visto en: www.stecyl.es