La risa como medicina: Haciendo frente a los inconvenientes

Los inconvenientes son algo inevitable, que aparece en algún momento u otro de nuestra vida, tanto en el hogar como en el trabajo, en las relaciones como en la privacidad. Es algo que no podemos nunca evitar totalmente, y a lo que es mejor aprender a hacer frente, ya que si no lo hacemos nuestra vida no va a ser nunca completamente feliz.

Los contratiempos aparecen en nuestra vida de mil forma distintas. Van desde una pelea con nuestros compañeros de trabajo por quien fue el último en ir a comprar el café hasta algún problema grave de salud. Lo importante es que nadie esta excento de padecerlos o, mejor dicho, que nadie puede vivir toda su vida sin sufrir cientos de contratiempos. Es por esto que dedicaremos este articulo a ver la mejor forma de enfrentar estos pequeños obstáculos que la vida pone en nuestro camino.

Atravesando los momentos difíciles

Ya que no podemos esperar que todo salga bien siempre, entonces tenemos que hacernos cargo de esta situación y encararla de la forma opuesta. Ya que no podremos evitar los problemas, ¿por qué no sacar beneficio de ellos? ¿Por qué no hacernos las cosas más fáciles con algunos consejos, algunas frases e ideas, que nos permitirán hacer los problemas mucho más livianos y llevaderos? ¿Por qué no llegar al limite de reírnos de ellos?

Simplemente tenemos que estar listos. Preparados para poder tomarnos con humor lo que pasa, es la forma en que podremos mejor enfrentarlo. La ironía y una cierta amargura estarán ahí, pero podremos al menos reírnos un poco y aceptar mejor de esa forma lo que esta ocurriendo. El humor puede ser nuestra armadura, nuestro mantra, algo que repitamos no solo por el efecto, pero para darnos fuerzas para seguir.

Lo mejor es conseguirnos nuestras propias ideas, pero hay alguna líneas muy clásicas que nos pueden servir, al menos hasta que nos hayamos desarrollado lo suficiente para tener nuestro propio material.

«Oh, esta es una gran oportunidad para el crecimiento y para aprender.»
«Podría ser peor. Podría estar embarazada.»
«Si no es una cosa, es otra.»
«Devuélvalo. No es lo que yo pedí.»
«Preferiría estar ________ (bailando, esquiando, trotando, etc.).
«No me pregunte a mí, yo sólo trabajo aquí.»
«Aquí vamos de nuevo.»
«No tengo tiempo por una crisis, mi horario está lleno.»
«Me niego a ser intimidado por la realidad.»

Como vemos, son más una formula que verdadero humor, pero cumplen con su objetivo. 

La risa como medicina: Hacer felices a los demás

La risa es contagiosa, es mucho más sencillo estallar en carcajadas cuando estamos con otra gente.

Y con la felicidad, de cierta forma, pasa lo mismo. Cuando somos capaces de darle a los demás, cuando ayudamos a que otras personas sean felices, es en ese momento que somos felices nosotros también.

No es que la felicidad pase exclusivamente por un deseo personal y egoísta de sentirse bien. Muchas veces, como parece demostrarlo las diversas investigaciones que se han hecho, en el campo de lo humano y también algunas en el campo de lo físico, el hecho de ser desprendidos también tiene una recompensa en si mismo. Por supuesto, podríamos entrar en una discusión estéril y que no nos aporta nada en este momento, contraponiendo las dos posiciones: la que dice que si estamos haciendo algo que nos hace sentir bien, entonces estamos siendo egoístas y la otra que dice que no.

Pero la verdad es que esto no importa demasiado. El resultado, al menos en este caso, es mucho más valioso que los motivos por los cuales se realizan las acciones (esto, sin embargo, no es una norma de vida; no una, al menos, que sea una buena idea seguir. Seguir la idea de que el fin justifica los medios es un camino hacia algunas aberraciones y suponer que el fin justifica las intenciones a veces también puede ser un problema).

¿Tiene importancia si lo hicimos por nosotros mismos o si lo hicimos por el otro, cuando vemos la expresión de felicidad de nuestro amigo al que le dimos una mano? Yo diría que no… y que si, a la vez. En el gran contexto y, en especial, en el contexto de la vida de nuestro amigo, la verdad es que no tiene tanta importancia. Pero para nosotros si puede tener importancia. Pasa exclusivamente por una cuestión personal.

Igualmente, hay motivos claros por los cuales el ser una persona que se encarga de los demás y que es desprendida suele redundar en ser más felices. Las emociones de los demás nos influencian y estar rodeados de personas que se encuentran bien y saber que tuvimos algo que ver con eso es indudablemente una fuente de alegría constante, permanente. Como decíamos al principio, uno de nuestros objetivos en la vida debería ser el ayudar a los demás a ser felices, tanto por nosotros mismos como por ellos. Y esto no es una tarea tan imposible como podría parecer a simple vista. Esto veremos en este artículo.

Por más y mejor vida

Las investigaciones han demostrado que aquellas persona que se ofrecen a ayudar a los demás, que sinceramente sienten interés en lo que le pasa a las otras personas y en encontrar formas de ayudarlas, tienden a vivir más y a tener una mayor calidad de vida.

Aparentemente, el enfocar nuestra atención en otra persona, no estar siempre pensando en nosotros y en los que nos pasa, ayuda a que saquemos de nuestra cabeza nuestros problemas. Y esto, por supuesto, ayuda en gran parte a que estemos más saludables y el resultado lógico de una mejor salud es una expectativa de vida mucho mayor.

Por supuesto, esto es algo bastante fácil de suponer y es probable que no se necesite de una gran investigación para comprender que es cierto. Ayudar a otra persona nos aleja de nuestros problemas y, además, también nos hace ver que nuestros problemas probablemente también tengan solución.

Pero no es simplemente el ser capaces de hablar saber los problemas de los demás y prestarles atención como para ser capaces de ayudar a encontrar una solución. Como lo que nos interesa principalmente en esta serie de artículos es la forma en que la risa se relaciona con los seres humanos y su salud, pensemos un poco en eso.
Enfocarse en los problemas de los demás y ser capaces de encontrar en ellas humor (algo que es mucho más difícil de hacer cuando somos los principales interesados en la cuestión, pero que no es tan difícil cuando se trata de otra persona. Como dijimos en otro articulo, casi toda situación, por mala que sea, tiene algún costado ridículo, del que uno se puede aferrar para encontrar motivos para, al menos, sonreír) es un camino seguro a ayudar a la otra persona y, en el proceso, ayudarnos nosotros mismos. Si podemos producir la risa, todos conseguiremos estar, al menos, un poco mejor.

Como técnica, el poder verse en los demás y ayudarlos nos permite no solo sentirnos mejor con respecto a nuestros propios problemas, sino encontrar esa veta humorística de la que hemos estado hablando, también en ellos. Es una forma de alejarse lo suficiente como para poder ver lo que nos esta pasando con una nueva luz que muestre facetas distintas de aquellas que probablemente ya hemos analizado millones de veces en nuestra cabeza.

Técnica

Lo que hemos dicho en los párrafos anteriores es pensado, incluso, por algunos especialistas, como un método. No se limitan a intentar ayudar a sus amigos, familiares y conocidos, sino que de forma consciente se dedican a buscar a personas que estén en un mal momento (o no tan malo, sino que simplemente están estresadas por las pequeñas cosas negativas que tienen todos los días), para intentar llegar a ellas con algunas preguntas y, a partir de ello, intentar encontrar la risa en la situación de los dos.

Como (por suerte para quienes desean realizar esta técnica, pero no para la salud física y mental del mundo en general) si hay algo que abunda en nuestra sociedad moderna, a causa de todas las obligaciones y problemas que nos presenta, son personas con altos niveles de estrés, la búsqueda no suele ser muy complicada. Es más, es probable que simplemente yendo al supermercado o a cualquier negocio de nuestra cuadra encontremos a alguna persona que presente todas las características que buscamos.

Cuando han encontrado a la persona que están buscando (por ejemplo, la empleada del supermercado), se preguntan como pueden hacer para ayudar a liberarla de su tensión, que pasos pueden tomar. Se empiezan a enfocar en la otra persona y sus problemas.

Haciendo un inciso, sabemos que el humor suele provenir de la tensión, que una de las reacciones más comunes frente al nerviosismo extremo o a la tensión excesiva es la risa. Es una vía de escape, si se quiere, una forma de liberar el vapor contenido y desviar la mente hacia pensamientos más agradables y menos generadores de estrés.

Volviendo al tema principal, estabamos haciendo un experimento y acabábamos de encontrar a la persona estresada. Es posible que esta persona no sepa que esta estresada, ya que, la verdad es que absolutamente todos estamos estresados, en un mayor o menos nivel. Ahora es el momento de ver que efectos somos capaces de conseguir con un par de preguntas dirigidas con un ojo clínico (o no tan clínico sino, simplemente, humano).

Hacemos un acercamiento a la persona en cuestión (los empleados son mejores, ya que no pueden salir corriendo cuando un desconocido se les acerca para hablarles. Es mas, se les paga para que, al menos, nos escuchen durante unos pocos segundos) e iniciamos una conversación. Esta puede ser tan trivial como sea necesario y no necesita durar demasiado. Es la típica conversación cuando estamos realizando las compras, que suelen incluir como tópico principal el estado del clima y la frase “El tiempo esta loco”. Cuando ya hemos entrado en esta pequeña conversación, le preguntamos algo referido a lo que le pueda haber pasado en el día, por ejemplo “¿Qué es lo peor que te paso hoy?”.

Si bien podemos suponer que esto no va a ser bien recibido, lo cierto es que la mayor parte de las personas no tienen ningún problema en que se interesen por ellos, sino todo lo contrario. Si preguntamos con genuino interés y sin presionar a la persona, lo más probable es que consigamos una respuesta.

Y en la respuesta es que aparece todo lo que nos interesa. Porque lo más probable es que pasen dos cosas. Por un lado, la persona probablemente se abrirá, se sentirá feliz de poder descargarse, al menos por unos minutos. Nos comentara las cosas que le han ido mal, como tuvo problemas con el auto, como la cuenta del gas es mucho más alta de lo que pensaba que iba a ser, de cómo le fue mucho peor de lo que esperaba en los últimos exámenes que tuvo que dar, de cómo las cosas con su pareja no están pasando por el mejor momento. Todos tenemos la necesidad de contar este tipo de cosas, de sacarnos pesos de encima. Y la mejor forma de hacerlo es cuando alguien se muestra interesado, sin importar demasiado si es un amigo o un desconocido.

Y lo otro que probablemente vaya a suceder es que la persona encontrara realmente muy divertido la forma en que se esta quejando sin pausa. Empezara a reírse cada vez más y más, consciente de que hay un cierto halo ridículo en lo que esta contando, de que tal vez se podría hacer una excelente comedia basándose libremente en lo que esta contando.

Como vemos, con una breve conversación con un desconocido ya lo hemos ayudado mucho a sentirse mejor, proveyéndoles de una forma de liberarse de parte (al menos) de lo que tenia contenido y que lo estaba royendo por dentro, y a la vez mostrándole que no todo es tan grave y que se puede encontrar puntos humorísticos en lo que le ha estado pasando.

La interrelación con otros seres humanos es vital para cambiar la forma en que vemos las cosas, para encontrar nuevos ángulos de visión para lo que nos afecta y para ser capaces de liberarnos de estas cargas, al menos en parte.

Esta técnica también puede ayudar en situaciones mucho más complejas, como por ejemplo las referidas a enfermedades graves que ya hemos estado viendo en capítulos anteriores.

Efectividad

La afectividad de esta técnica esta más que probada y podemos comprobarlo fácilmente por nosotros mismos, en cualquier situación de tensión e incomodidad que se nos presente, como puede ser una cola de un banco o la tardanza excesiva de algún medio de transporte. Puede no ser fácil, pero un par de palabras correctas y un poco de humor puede hacer la diferencia.

Frente a una turba de personas molestas por algo que esta pasando, suele ser una buena idea el obligarlos a relajarse desarmándolos con algo imprevisto y que los fuerce a, al menos, sonreír. Esto reduce en un porcentaje muy importante el riesgo de ser golpeado y tirado por una ventana.

Así que, cuando nos encontremos en una situación donde vemos a alguien excesivamente tenso, tratemos de ayudarlo (y ayudarnos) preguntándonos que podemos hacer para aliviar esa tensión. Y tomemos el camino que nos parezca más efectivo, más allá de que pueda parecer un poco ridículo. Veremos como hacer felices a los demás es hacernos felices a nosotros mismos. 

La risa como medicina: Humor, cáncer y diabetes

Si bien hemos hablado hasta el momento de cómo utilizar el sentido del humor y la risa para enfrentar algunos problemas de nuestra vida, es el momento ahora de introducirnos con un poco más de detalle en algunas enfermedades en particular, que nos pueden servir de un excelente ejemplo, por sus características particulares, que las diferencian un poco de otras muchas. Además, son enfermedades en que sabemos que el humor puede tener un efecto positivo, algo que no sabemos con otros problemas de salud. En el próximo capítulo nos concentraremos en el estrés y su relación con el humor. Pero ahora hablaremos de cáncer y de diabetes.

Probablemente, si no hubieran leído ya el titulo y no supiesen de que se iba a tratar este capítulo, se hubieran shockeado un poco ante esta revelación. Esto se debe a que la mayor parte de la gente tiene problemas asociando este tipo de enfermedades (de dos características distintas, pero importantes. Mientras que el cáncer puede ser fatal e incurable, la diabetes es tratable, pero no es curable. Es una enfermedad crónica. O sea que, por más que no produzca la muerte, tampoco se produce una curación que permita a la persona que la sufre olvidarse de ella. Los cuidados son para toda la vida) con el humor. Están revestidas de una seriedad, asociado en gran parte con el miedo, que hace que no se nos ocurra como podemos encontrarle cosas de las cuales reírnos. Esto es cierto en algún punto (no nos reiríamos nunca de una persona que padece cáncer por padecer cáncer, ya que esto no tiene nada de gracioso, sino que es un problema de salud grave) pero, por otro lado, esta equivocado en otro punto: si podemos encontrar asociaciones con las cosas que le pasa a los pacientes que pueden ayudar a encontrar humor. Y el humor es, también en estos casos, una ayuda inestimable para el paciente.

Hay que saber entender una cosa con respecto a estos problemas de salud (y, en realidad, a cualquier otro): no hay nada peor que aumentarlos de tamaño. Nada. Es cierto, es difícil mesurar el tamaño de un cáncer terminal o, mejor dicho, es difícil pensar que pueda ser más chico; pero, cuando alimentamos a los monstruos temiéndolos y dotándolos de una seriedad exagerada, es cuando más fuertes los volvemos.

¿Cuál es la mejor forma de aumentar el miedo? Generando una cortina de humo alrededor de lo que pasa, no hablando del tema o haciéndolo solo con reverencia. Solo perdiéndole el respeto a las cosas somos capaces de enfocarlas desde otro ángulo, de ignorar el temor que nos puedan generar. Nadie puede estar asustado de aquellas cosas con las que hacemos chistes todo el tiempo.

Piensen también en la persona que sufre del problema de salud. ¿Cómo debe sentirse de tener gente alrededor suyo todo el tiempo mostrándose increíblemente respetuoso y tratándola con cuidados extremos por causa de su problema? ¿No se sentiría mejor, probablemente, si se la tratase como una más, en vez de cómo una pieza de porcelana china que esta a punto de romperse? ¿Quieren, realmente, escuchar todo el tiempo cosas como “Ah, como siento lo que te esta pasando” o “Tené fe, que todo va a mejorar”? ¿No les causara eso aún más daño?

Bien, a todas estas preguntas no hay una sola respuesta ya que, por supuesto, depende en gran parte de la persona que sufra la enfermedad. Pero, en líneas generales, creo que podemos afirmar que no, que en general el tener una actitud ligera (en los momento adecuados, no haciendo burla de la persona, sino haciéndola reír y tomarse las cosas con humor) es mucho más beneficioso que la opresiva seriedad y la depresión constante.

Bien, hechos estos comentarios, vayamos con uno de los dos ejemplos que hemos elegido.


Cáncer

Las estadísticas demuestran que el cáncer es una de las enfermedades más temidas por el ser humano. Esto se debe, principalmente, a lo poco que sabemos, en realidad de ella, y a la falta de formas totalmente efectivas de prevención y/o curación. Si bien determinados tipos de cáncer son tratables, y, en general, cuando son descubiertos a tiempo, curables, hay una importante porción que son fatales, sin posibilidades de evitarlo. En general, el método más común, en los casos en que es posible, es la extracción quirúrgica, seguida de tratamientos de láser o quimioterapia para eliminar todos los rastros.

¿Qué es, exactamente, el cáncer?

Es un tumor maligno, cuya evolución espontanea produce la muerte. Son tumores malignos, a diferencia de los benignos, aquellos en los que el exceso de proliferación celular local, autónoma, parasitaria y con tendencia a crecer constantemente, que caracteriza a un tumor, es infiltrante y destruye los tejidos vecinos. No reproduce la estructura del tejido sobre el que se asienta, y sus células son más o menos indiferenciadas y atípicas; además, produce metástasis, es decir, localizaciones a distancia del tumor primitivo, que se producen a expensas de células tumorales arrastradas del lugar de origen por vía linfática, canalucular, por contacto (ejemplo: labio superior con labio inferior), inoculación (durante una intervención quirúrgica podrían fijarse células tumorales arrastradas por el material quirúrgico en otros puntos del campo operatorio); sobre estas células se produciría el desarrollo y crecimiento de nuevos tumores lo que explica, en gran parte, la reproducción de un tumor maligno aun después de que este ha sido extirpado.

La sintomatología de un cáncer es variadísima. Paralelamente a la gran diversidad de tumores malignos (características morfológicas y biológicas, tejido y órgano en que se asientan, etc.) y los síntomas propios de cada tipo de cáncer, se añade, en general, una progresiva desnutrición, cuya rapidez es variable en cada caso.

En la actualidad se reconocen varios factores causales de determinados tumores malignos, deducidos de estudios realizados acerca de la aparición de estos en el hombre y su producción experimental en animales. Así, parece ser que determinados tipos de cáncer se producen consecutivamente a una acción irritativa continuada de tipo mecánico, químico o radiante, o a la acción de ciertos virus y hormonas sobre la base de una predisposición familiar, individual, sexual, etc., no totalmente esclarecida. Sin embargo, la causa de la transformación primaria de una celula normal en una célula tumoral se desconoce.

Como causa de muerte, figura entre las primeras cinco para el ser humano.

Debido justamente a este desconocimiento de los motivos por los cuales se produce por primera vez la transformación celular, uno de los grandes motivos por los cuales el cáncer es tan temido es por la forma en que su aparición es totalmente imprevista y muchas veces pasa desapercibida. Por otro lado, lo que lo hace aun peor es la sensación de que nuestro propio cuerpo nos esta traicionando, de que, por algún motivo desconocido, se ha puesto en nuestra contra.

Las investigaciones medicas contra el cáncer son enormes y gran complejidad. Gran parte del presupuesto mundial para la investigación medica se dedica a este área y los avances que se realizan continuamente permiten un mayor conocimiento de la enfermedad y que las posibilidad de una cura más abarcativa o de un método de prevención este cada vez más latente.

Humor y cáncer

Como decíamos en los primeros párrafos de este capítulo, muchos de nosotros nos sentimos incómodos cuando nos encontramos en frente de un paciente en estado terminal. Nos hace sentir demasiado cercanos a nuestra propia muerte, nos la recuerda demasiado; y, por otro lado, sabemos que casi cualquier cosa que digamos es inútil. ¿Qué se le puede decir a alguien que va a morir? No hay nada que podamos hacer para evitarlo, pero tampoco para que se sienta mejor… ¿o si lo hay?

Y esto es todavía más incomodo cuando lo que tratamos de hacer es hacerlo sentirse bien utilizando el humor. Es simplemente demasiado extraño, demasiado fuera de lo que consideramos “normal”, el tratar de hacerle chistes a alguien que, de acuerdo a nuestros parámetros, no tiene nada de que reírse. Suponemos que nos vamos a encontrar con una pared de amargura que va a lograr que nos sintamos más y más idiotas con cada comentario o chiste que hagamos.

Es más, aún más erróneo, muchas personas consideran que es insensible o poco apropiado mostrarnos alegres o intentar ser graciosos con alguien en una situación terminal.

Pero la ciencia (que no suele tener en cuenta este tipo de detalles) opina exactamente lo contrario. Y también lo suelen hacer aquellas personas que han pasado por alguna de estas situaciones, tal vez no terminales, pero que aun asi estaban revestidas de una gran seriedad, como por ejemplo un tumor operable en una zona de difícil acceso.

Ciencia

La ciencia lo ha probado de forma terminante y esta de acuerdo con lo que estamos planteando: no hay nada mejor que podamos hacer por un amigo en condición terminal (más allá de encontrar una cura milagrosa) que hacerlo sentirse en un ambiente amigable, relajado, que aleje de su cabeza la situación medica por la que esta pasando. Recordárselo constantemente por medio de una seriedad no característica o de unos cuidados exagerados (tanto en lo que decimos como en nuestras actitudes hacia ellos) es precisamente lo que menos tenemos que hacer. Es el camino a hacerlo sentirse, realmente, como un enfermo. Algo que no es de ninguna forma beneficioso para él. Pensemos en como desearíamos que nos tratasen en la misma situación. Y seguramente no nos gustaría que todo el mundo estuviese alrededor nuestro llorando. Seguramente preferiríamos poder reírnos y pasarla relativamente bien.

Sentarnos a sentirnos mal por su condición no es algo que los vaya a ayudar (y tampoco a nosotros nos ayudara a superar el hecho de que una persona querida este atravesando ese trance).

Hay algo más que es muy interesante, que dicen los médicos especialistas en cáncer, los cuales han convivido por años con este tipo de pacientes. Con la experiencia, se han dado cuenta de que los pacientes de cáncer suelen ser capaces de olvidarse de su problema por periodos de tiempo. O, mejor dicho, más que de olvidarse, de ponerlos en un segundo plano. Esto hace que sean capaces de sacarlos de su cabeza y vivir mejor.

Experiencia de los pacientes

Por supuesto, como sabemos, no todos las personas que sufren de cáncer son terminales, sino que muchos tipos de este pueden ser tratados y curados, ya sea con terapias de rayo o con operaciones.

Teniendo en cuenta esto, es interesante lo que pueden decirnos los pacientes recuperados respecto a como se sentían durante el tratamiento y como los afectaba la forma en que los trataban el resto de las personas (familiares y amigos) durante ese periodo; y cuales eran sus reacciones cuando estos, frente al nerviosismo de la situación, se inclinaban hacia la seriedad o la risa.

En general, estos testimonios confirman lo que hemos venido diciendo: la risa nos da la posibilidad de ser valientes frente a aquellos que no somos capaces de derrotar por nosotros mismos. Un chiste en el momento apropiado puede evitar un sinfín de lagrimas.

Cuando algo gracioso pasa alrededor de una persona con algún tipo de tumor grave, no debemos sentir miedo de expresarlo de forma humorística. Seguramente le estaremos haciendo un favor.

En general, los pacientes nos dirán que solo hay dos caminos para enfrentar la angustia de la situación: reír o llorar. Todas las emociones que pueden sentir por lo que esta pasando pueden traducirse en esas dos reacciones. Reír o llorar. ¿Y que es lo mejor que se puede hacer, entre esas opciones? ¿Cuál es la única que no empeora todo?

En palabras de un paciente terminal de cáncer que escribió un libro al respecto: “La enfermedad es, principalmente, un drama; y debería ser posible tanto disfrutarlo como sufrirlo. La enfermedad no es solo tragedia. Una gran parte de esta es graciosa” Son palabras muy fuertes y que pueden sonar muy mal, pero viniendo de un paciente terminal demuestran exactamente como es que estos se sienten y como podemos ayudarlos.

Y ahora pasemos al otro ejemplo sobre el que queremos trabajar un poco.

Diabetes

En este caso estamos hablando de una enfermedad de características muy distintas a las del cáncer. Si bien hay muchos tipos distintos de diabetes, la que más nos interesa es la denominada mellitus o sacarina, la cual es una enfermedad crónica, tratable, pero que no puede ser curada. La diabetes esta presente en una alta parte de la población humana. Se calcula que aproximadamente un tres por ciento de la población total la padece.

En general, cuando se habla de diabetes sin más aclaraciones, se esta haciendo una referencia a, justamente, este tipo del que vamos a hablar, ya que es el tipo más difundido desde el conocimiento de las personas que no están de ninguna forma relacionadas con los estudios médicos.

¿Qué es, exactamente, la diabetes sacarina?

Se caracteriza por un aumento de la glicemia y la excreción de azúcar (glucosa) por la orina, además de otros síntomas dependientes, todos ellos, de la perturbación del metabolismo de los hidratos de carbono. Tras un periodo más o menos asintomático, aparecen los síntomas primordiales: aumento de la cantidad de orina emitida (puede llegar a once litros por día), sed continua, perdida de fuerzas, aumento del apetito y, frecuentemente, adelgazamiento, que puede acompañarse con otros síntomas y afecciones secundarias.

Según su intensidad, se la ha clasificado en tres niveles:
  • Leve: reacciona a un régimen alimenticio
  • Moderada: precisa, además, de administración de insulina
  • Intensa: necesita grandes dosis de insulina y tiende fácilmente a descomponerse.
La diabetes sacarina resulta de una insuficiente producción de insulina por los Islotes de Langerhans, en el páncreas. El déficit de esta hormona ocasiona una metabolización anormal de la glucosa en los tejidos. Al no realizarse perfectamente el metabolismo hidrocarbonado, el organismo satisface sus necesidades energéticas a expensas de lípidos y proteínas; a causa de estos mecanismos aparecen en la sangre los cuerpos cetónicos (acetona, etc.) cuyo exceso provoca acidosis (en este caso se denomina cetosis) que el organismo intenta compensar de muy diferentes maneras (excreción de ácidos por la orina, producción y metabolización de bases, etc.; cuando estos mecanismos compensatorios son vencidos ante la intensidad de la acidosis, aparece un cuadro tóxico caracterizado por el coma diabético. Este cede con la administración de insulina.

Otra complicación de la diabetes, especialmente en enfermedades seniles, es la gangrena consecutiva de la esclerosis vascular.

El tratamiento de la diabetes, así como de sus complicaciones y formas, exige una vigilancia constante del enfermo y un cumplimiento minucioso de las normas dietéticas, dosificación de insulina y demás normas higiénicas generales o especificas.

Como podemos ver en esto, la diabetes es una enfermedad que, por los cuidados constantes que necesita, hace que sea muy difícil olvidar que se la padece. Esto hace que el enfermo de diabetes este muy consciente de su condición y que esta pueda guiar su vida mucho más de lo que personas que padecen otras enfermedades también serias tienen que soportar.

Humor y diabetes

Por supuesto, el mayor problema con el que nos enfrentamos en esta situación es que muchos pacientes que padecen de diabetes no se encuentran especialmente inclinados a reírse de ella. En gran parte, esto se debe a que es difícil que olviden que la padecen. Por otro lado, más allá de los cuidados específicos, la ventaja de la diabetes es que no impide la realización de una vida normal, por lo que las posibilidades de actividades son más amplias que en otros casos.

Como en otros casos que vimos antes, es una gran ayuda el ser capaces de enfocarnos en el lado más gracioso de la enfermedad (por llamarlo de alguna forma) y encontrar humor y risas en cualquier punto que nos lo permita, aún en el estado de diabetes y en los tratamientos específicos que se deben seguir. Por supuesto, siempre con respeto a los sentimientos de la persona que padece de este problema de salud. Reírse de un problema no significa, de ninguna forma, no tomarlo en serio. Es más, todo lo contrario.

Básicamente, la idea de porque risa ante esta enfermedad sigue los mismos lineamientos que ya dimos en el caso del cáncer.

Lo cierto es que para un enfermo de diabetes hay muchos potenciales desastres en los que una persona negativa puede concentrarse. Pero estos desastres son evitables, por lo que no tiene demasiado sentido enfocarse constantemente en ellos, cuando una actitud positiva puede no solo hacer que estemos de mejor animo, sino ayudar de forma activa a prevenir estos desastres. La risa reduce el estrés y esto siempre es una ayuda.

Gente negativa y gente positiva

Evitar a la gente negativa, como si fuesen parte de la enfermedad, es algo que debemos hacer si o si. Pensémoslo como parte de la dieta. Debemos evitar ciertos alimentos y a la gente negativa. El lado bueno es que evitar a la gente negativa es más placentero que evitar ciertas comidas. Así como queremos evitar pensar en nuestros problemas todo el tiempo, también queremos evitar estar alrededor de gente que piensa en ellos por nosotros todo el tiempo.

La negatividad elimina nuestra energía, nos chupa la fuerza. La alegría, por el contrario, nos da fuerza para seguir.

Una manera de mantener una perspectiva feliz de la vida, aun contra todo lo negativo que esta pueda tener, es conseguirse algún tiempo para los placeres pequeños que nos pueden traer sonrisas y risa sincera. Algunas personas se toman un día libre cuando están muy enfermos o sintiéndose particularmente miserables. Este no es un buen procedimiento. Lo mejor es tomarse ese ocasional día libre cuando uno mejor se siente y utilizarlo para hacer algo que realmente nos gusta hacer y para lo que nunca tenemos tiempo. Esto hasta podría ser no hacer nada, si eso es lo que deseamos hacer.

No hay que dejar de lado lo que deseamos y lo que queremos hacer por nuestra enfermedad. No hay que dejar que esta tome control de nuestras vidas. La diabetes nos permite hacer una vida normal. No necesitamos estar todo el tiempo internados en un hospital, sintiéndonos miserables, deprimidos y tomando todo lo malo que hay en el lugar como parte de nuestra vida. Aprovechemos esta pequeña ventaja para ser felices.

Bien, este es un breve comentario sobre un par de enfermedades que sirven como particularmente buenos ejemplos de cómo reaccionar frente a una persona con un problema grave de salud y como el humor es posible aún en estos casos.