Quien haya estado conmigo en una sesión de Risoterapia, seguro que ha hecho esta técnica. Y quien no, seguro que le suena, porque da una imagen bastante icónica de las sesiones, todas las personas tumbadas y riendo.

Se le suele llamar “La Espiga” y dentro de una sesión de risoterapia, esta técnica corresponde a la fase de risa forzada y suele durar unos 15 minutos.

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Para formar una espiga, dispondremos al grupo de siguiente manera. Dependiendo del número de participantes, colocaremos dos o tres personas sentadas en el suelo, apoyando la espalda contra la pared y con las piernas abiertas.

Les proveeremos de uno o más cojines para que se sientan cómodas y confortables. (esto no siempre es posible)

Seguidamente colocaremos una persona tumbada entre sus piernas, procurando que su cabeza descanse en el vientre de la que está sentada, para que cuando esta se ría note la vibración y agite su cabeza.

A continuación iremos disponiendo al resto de personas de igual manera para que todas apoyen su cabeza en el ombligo de la persona que tienen detrás y a su vez, tengan apoyada la de a siguiente en el suyo.

Una vez ya todas posicionadas, les diremos que haremos una carrera de vocales (valiéndonos de las vocales de la risa), y que no todos los grupos logran ganar la carrera y llegar a la carcajada (el espíritu de competición les predispondrá a la risa).

Luego iremos probando con las distintas vocales (ja je ji jo ju), diciéndolas todos juntos y cada vez más veces, y más rápido y más fuerte (ja jaja JAJAJA JAJAJAJA JAJAJAJAJAJA…) Así con cada una de ellas.

Las “neuronas espejo” responsables del efecto contagioso de la risa, y aquí al estar forzando la risa provocarán varias carcajadas.

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Para recuperarnos de las carcajadas que nos hemos pegado, haremos 3 respiraciones profundas, volviendo a la calma, y preparándonos para la última fase de la sesión.

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