Para mi, uno de los mejores espacios de intervención es el barrio. Después de todo yo soy “de barrio”, en concreto de La Calzada (si de ese en el que bajamos a Gijón, no al centro)

La Calzada ha sido el barrio obrero por excelencia de la ciudad. En el vivían, viven, muchos de los que fueron trabajadores de los astilleros y del metal. Un barrio dinámico reivindicativo, con sentimiento de pertenencia y fuerte movimiento asociativo.

Pero más allá de mi barrio, al que por supuesto estoy orgulloso de pertenecer y vivir, os voy hablar de por qué creo que es un espacio idóneo de intervención. 

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Mi barrio, por supuesto. La Calzada

 

Para que no solo se quede como una apreciación mía, me he leído un par de documentos*, que me permitan redactar este artículo.

Primero, vamos a acercarnos a la imagen de un barrio (podría describir La Calzada casi en totalidad):

Están habitados por una población de un perfil socioeconómico concreto (asociado a las clases muy bajas, bajas o bajas-medias de la sociedad, es decir, a las de menor poder adquisitivo, menores niveles formativos y menos relacionadas con los grupos de decisión e influencia).

Presentan unos bajos niveles de inversión pública (en ocasiones con significativos déficit históricos) y muy reducidos niveles de nueva inversión privada (en especial, para actividades económicas de alta competitividad).

Su origen tiene mucho que ver con determinados procesos de crecimiento económico y desarrollo de actividades (desde los barrios surgidos en torno a una fábrica hasta los del “desarrollismo” del tercer cuarto del siglo XX).

Morfológicamente, son heterogéneos (grandes polígonos de vivienda plurifamiliar resultado de importantes operaciones de promoción pública o privada, collage de fincas plurifamiliares de promoción individual fruto de la sustitución y densificación de tejidos residenciales populares preexistentes, sectores de autoconstrucción, etc.).

Sus parques de viviendas sufren deterioro (motivado tanto por los propios materiales de construcción como por las dificultades económicas de los ocupantes).

En muchas ocasiones presentan significativos déficit urbanísticos (urbanización y redes de abastecimiento de mala calidad, falta o localización periférica y no estructurante de equipamientos y espacios verdes, etc.).

Están estigmatizados por la reveladora presencia de población emigrada extranjera recién llegada y de bajo poder adquisitivo, y de elevados índices de población en situación o riesgo de exclusión social.

En relación con su dinámica comunitaria, en muchas ocasiones, ha estado protagonizada por movimientos vecinales reivindicativos de servicios y equipamientos urbanos (en algunas ocasiones)

 

Con los visto hasta aquí, los barrios nos resultan útiles para intervenir porque:

  • Es asequible. El número de personas con las que trabajamos se reduce
  • Los problemas susceptibles de solución son compartidos por la mayoría de la población de la zona
  • La comunicación es mucho más fluida.
  • Sentimiento de barrio. Los diversos sectores de población que componen el barrio condicionan un tipo de proyecto u otro en función de su distribución y necesidades.
  • La intervención se puede adecuar mejor a la realidad cotidiana de la población a la que se dirige.
  • Es más fácil provocar y canalizar la Participación, despertar el sentido de pertenencia y favorecer el compromiso de la ciudadanía.

 

Es por estos motivos por lo que resulta más útil y fácil abordar determinados temas y establecer proyectos de intervención en el ámbito de barrio que en el conjunto de la población.

 

*Bibliografía:

  • Hagamos de nuestro barrio un lugar habitable Manual de intervención comunitaria en barrios. Josep Buades Fuster y Carlos Giménez Romero
  • Intervención integral en barrios: conceptos, instrumentos y elementos de mejora. David Mongil Juárez

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