Los jóvenes de hoy en día…

«Los jóvenes de hoy en día…», esas frase, la que da título a esta publicación, es el pie para comenzar una enumeración de aspectos negativos relacionados con la juventud: no tienen ideologías,solo piensan en las drogas, en el sexo, no tienen valores, no hacen nada, etc.

Pero esto, no es nada nuevo, y para muestra, un botón, o tres:

“Nuestra juventud es decadente e indisciplinada. Los hijos no escuchan ya los consejos de los mayores. El fin de los tiempos está próximo” 

Anónimo Caldeo. 2000 a.c.

 “Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros.”

Sócrates. Siglo V a.c.
“Los jóvenes hoy en día son unos tiranos. Contradicen a sus padres, devoran su comida, y le faltan al respeto a sus maestros.”
William L. Patty y Louise S. Johnson. 1953

¿Habéis visto las fechas? Parece que desde que el mundo es mundo «los mayores» han criticado a la juventud. Y no ha sigo algo pasajero, ni finito.

Esta semana pasada, ha resurgido en Gijón, el debate sobre el «botellón», y de una de las múltiples noticias publicadas en la prensa, he escogido la siguiente frase, generalista como las anteriores:

« Cada día son más jóvenes los que beben sin control. Nos encontramos a las nueve de la noche, chavales con comas etílicos, sin contar que orinan en los portales, se pelean y destrozan el mobiliario«

Emmanuel Benítez-Sosa (Plataforma Ciudadanos por la convivencia). 2011


Hay que saber diferenciar. También hay jóvenes, hombres y mujeres, que además de «salir de fiesta» estudiamos, trabajamos, o las dos, nos preocupamos por nuestro futuro y tenemos valores e ideas.

Entre los y las jóvenes hay de todo, pero como en otros ámbitos, no se puede generalizar y hablar de “los jóvenes de hoy en día” como un todo.



Bachillerato de excelencia

«El éxito profesional ya no se vincula únicamente al éxito académico» Robert T. Kiyosaki
Un artículo que reflexiona sobre la educación diferenciada, elitista, una «nueva idea» propuesta por el gobierno de la Comunidad de Madrid. Frente a esta idea, y por camporar, os recomiendo leer también, la entrevista realizada a Ángel Mato, catedrático de Geografía e Historia del IES Calderón de la Barca (Gijón, Asturias) dónde habla de como las escuelas de la República querían formar ciudadanos.

CLARA SÁNCHEZ 10/04/2011
De vez en cuando en el panorama educativo aparece alguna brillante idea, alguna iniciativa, que nos pone los pelos de punta. Generalmente está dirigida a salvar a los más listos de la tontería de los demás. Existen centros con eso que llaman «educación diferenciada», que quiere decir que han vuelto a la vieja práctica de los chicos con los chicos y las chicas con las chicas bajo el pretexto de que nosotras maduramos antes física e intelectualmente que ellos y excusas por el estilo. El caso es volver a separar en las aulas lo que en la sociedad no tiene más remedio que convivir, porque se trata de que las oportunidades y las dificultades de la vida, que son muchas, no se distribuyan según el sexo.
Por no encajar no hay que dar por perdido a nadie, porque podemos excluir a un genio
Y ahora el Gobierno de la Comunidad de Madrid ha tenido otra brillante idea: crear un instituto de Educación Secundaria con Bachillerato de excelencia. Los mejores alumnos y los mejores profesores al servicio de una avanzadilla de élite. Un grupo de escogidos que nos saquen de las brumas de la mediocridad. Pero una pregunta: ¿quiénes son los mejores? Y los mejores ¿en qué y para qué? La adolescencia es una línea muy frágil de crecimiento, de acopio de sensaciones, de aprendizaje de la vida combinada con el aprendizaje de la escuela. Quien ayer era disciplinado y sacaba buenas notas hoy deja de hacerlo, el que ayer era un bala sufre una transformación, no se sabe por qué, y empieza a interesarse por las matemáticas o la literatura.
¿Es el mejor el que se adapta sin fisuras al sistema educativo? Y lo más importante, ¿podemos confiar en que nuestro sistema educativo seleccione a los mejores? Es un sistema rígido al que hay que adaptarse en lugar de adaptarse él a las cualidades particulares del alumno. Y por no encajar en el sistema no hay que dar por perdido a nadie, porque podemos estar excluyendo a un genio o simplemente restándole calidad de vida en el futuro a alguien. Tampoco se entiende por qué los mejores profesores tienen que estar reservados para unos pocos. ¿Los demás no tienen derecho a tener buenos profesores? ¿Se les condena a la medianía? Y a los profesores, ¿con qué criterio se les seleccionará? ¿Cuál será la guía para descubrir la magia que convierte a un profesor en alguien fundamental en la vida de un adolescente?
La opinión que la calidad de la enseñanza le merece a la presidenta de nuestra Comunidad se refleja en sus palabras cuando critica a quienes no están de acuerdo con dar un trato exclusivo a alumnos sobresalientes que no tienen medios para estudiar Bachiller «fuera o en colegios de élite». O sea, que quien estudie en un instituto normal sin salir de nuestra Comunidad lo lleva claro.
A todos nos marca la larga, larguísima época en que uno sale por la mañana de casa con la mochila llena de libros y regresa por la tarde después de haber vivido toda una vida. Los compañeros, los profesores, las matemáticas, la lengua, el recreo, los exámenes, el complicado acoplamiento social con los otros y el acoplamiento mental con quienes tratan de enseñarte cosas necesarias, que tendrían que interesarte, pero que, por alguna extraña razón, se quedan muchas veces revoloteando en el mundo de la tarima sin lograr ni siquiera rozarte.
¿Pueden más los pájaros en la cabeza o las explicaciones del profesor, la atención o el dulce no pensar en nada y dejar vagar la mirada por el planeta? La clase es un planeta en pequeño donde prácticamente se concentran todos los ejemplares humanos y las emociones que nos vamos a encontrar más adelante cuando nos sueltan por el mundo. A algunos ese ansiado momento de la libertad se les hace demasiado lejano y abandonan la escuela, la educación, como el chico del relato autobiográfico de Thomas Bernhard, El sótano, que deja los estudios para trabajar de aprendiz en una tienda: «A los otros hombres los encontré en la dirección opuesta, al no ir ya al odiado instituto, sino al aprendizaje que me salvaría». Sentirse excluido es más fácil de lo que parece, y excluirse a veces es una poderosa tentación y en este momento es cuando la mano del docente, del maestro, es decisiva, y aquí es donde demuestra si es excelente. Porque por muy echado a perder que esté ese infeliz adolescente escurridizo, huraño u hostil, que nos trae de cabeza, dentro de él se esconde su propia oportunidad, y solo hay que ayudarle a encontrarla.

Y no deja de ser curioso que del desaguisado escolar hayan salido tan buenos escritores. Pío Baroja, por ejemplo, confiesa en Juventud, egolatría: «Como estudiante, yo he sido siempre medianillo, más bien tirando a malo que a otra cosa. No tenía gran afición a estudiar, verdad que no comprendía bien lo que estudiaba».

Visto en: El País

El alma de Caperucita

Os dejo un interesante artículo que habla sobre la conocida historia de «Caperucita Roja», con motivo del estreno de Red Riding Hood, una nueva versión cinematográfica, de la directora Catherine Hardwicke

Más que un cuento de hadas, «Caperucita» es un mito que ha conocido mil versiones y al que se le han dado infinitas vueltas de tuerca. La última llega de la mano del cine


«Si no sales al bosque, jamás ocurrirá nada y tu vida jamás empezará.» Este es el leitmotiv de un poema en prosa publicado por Clarissa Pinkola Estés en 1970, y que aparece, en versión abreviada, al final de su célebre Mujeres que corren con los lobos. «Sólo hay una pregunta que merece la pena hacer, hermosa doncella», leemos en el mismo poema. «¿Dónde está el alma?»
Caperucita Roja es quizá el más célebre de todos los cuentos de hadas, y posiblemente el más extraño de todos. Aparece en la famosa colección de Charles Perrault que inicia el género, pero tiene orígenes folclóricos mucho más antiguos. En la versión más arcaica, abundan los detalles crudos que el educado Perrault dejó de lado: por ejemplo, el lobo engaña a la heroína para que coma un poco de la carne de su abuela y beba de su sangre, y la niña se las arregla para escapar diciendo que tiene que salir de la cabaña a orinar. El lobo le dice que orine en la cama, una curiosa proposición, y ante la negativa de la niña le ata una larga cuerda y le permite salir al exterior. Una vez allí, la niña se desata y desaparece.
Perrault suavizó estos detalles e hizo queCaperucita acabara dentro de la panza del lobo junto con su abuela. Sin embargo, su innovación principal fue la que corresponde a la literatura, que, como la divinidad, reside en los pequeños detalles. Perrault dotó a la niña de la caperuza roja que la ha hecho famosa y que le da realidad visual, materialidad y textura. Un personaje definido por una prenda de ropa. A partir de entonces, la caperuza roja será un elemento tan importante del cuento como el lobo o el bosque.
¿Qué es una caperuza? El psicoanálisis (era inevitable) ha identificado el color rojo con la menstruación. En el otro extremo, Friedel Lenz (La sabiduría de los cuentos de hadas) la interpreta, en la estela de Rudolf Steiner, como el «pensar cerebral» que nos aísla del «supramundo espiritual», lo cual corresponde a un personaje ingenuo y que sólo tiene ideas subjetivas del mundo como es la niña protagonista. Una caperuza es también la vestidura propia de los monjes y las sacerdotisas. Su función no es tanto proteger de la lluvia como cubrir el cabello, la expresión de la individualidad y de la sexualidad. En la economía del relato, se corresponde con el bonete de la abuela, que utiliza el lobo para disfrazarse. La caperuza y el bonete son, en cierto modo, los verdaderos protagonistas del cuento. Los dos ocultan, los dos disfrazan.

Bailarinas y lobos babeantes


¿De qué trata realmente Caperucita Roja? El contenido sexual del cuento es tan evidente que encontraremos un disfraz de Caperucita Roja en todas las sex shops del mundo. La sensualidad alcanza hasta la versión animada de Tex Avery, Red Hot Riding Hood, de 1945, cuya heroína es una exuberante bailarina de cabaret que seduce a un lobo babeante. En la versión de Nabokov, Caperucita se convierte en una adolescente americana que se deja seducir por el lobo Humbert Humbert. Pero la intención de Perrault era precisamente la contraria:advertir a las jóvenes ingenuas de lo dañinos que son los lobos, especialmente «esos que hablan con voz suave y tienen la piel sedosa, y que son los más peligrosos de todos». El sofisticado Perrault pretende rescatar el rudo relato popular, despojarlo de su pelusa arcaica, y convertirlo en una metáfora apta para los salones. Y lo moraliza.
Pero las metáforas del relato resultan interminables, y su asimetría imposible de simplificar. La abuelita devorada es, precisamente, la encargada tradicional de contar los cuentosLos hermanos Grimm se alimentaron sobre todo (la metáfora parece adecuada) de abuelitas tocadas con bonetes idénticos a los de la abuela de Caperucita, para recoger los cuentos que luego transcribían. ¿De qué trata en realidad este cuento en que un lobo devora a la que cuenta los cuentos? ¿Por qué la abuela no puede ejercer su sabiduría de anciana? Y sobre todo, ¿por qué diablos se disfraza el lobo con la ropa de la abuela? La imagen del lobo travestido es, sin duda, la más extraña que nos han legado los cuentos de hadas, más extraña que el gato con botas o la princesa cubierta con una piel de asno, y evoca una ambigüedad sexual inquietante que sólo podemos interpretar retrocediendo a antiguos misterios o acudiendo a transformaciones posmodernas.

En el fondo del bosque

Hay dos de estas transformaciones posmodernas especialmente hermosas y significativas. En las dos el antiguo relato parece alcanzar a decir lo que quería decir realmente en un principio. Una es En compañía de lobos, la transformación de Angela Carter, en la que Caperucita termina en brazos de su amante lobo, dormida y feliz. La otra es Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite, ese libro donde se incita a los niños a arriesgarse y entrar en el bosque (como en el poema de Clarissa Pinkola Estés con el que comenzábamos) y donde el lobo, Mr. Wolf, termina bailando con la abuela bohemia, desordenada y fumadora. Sin duda el mejor final que conozco.
Entre los indios dakota de Norteamérica existe la historia de la Mujer Loba, o bien La Mujer que Corre con los Lobos. Una esposa maltratada huye a la floresta y convive con los lobos, haciéndose amante de su jefe. Luego regresa con los hombres, pero a partir de entonces su marido la trata con respeto. Ambas historias, la del civilizado Perrault y la de los salvajes dakota, son curiosamente complementarias. Sería interesante decidir cuál de las dos es más actual.
«La única pregunta que merece la pena es: ¿dónde está el alma?» Como siempre, en lo hondo del bosque. ¿Dónde? ¿Quién? ¿El lobo?¿Será el lobo en realidad el alma de Caperucita, su naturaleza salvaje y libre? Quizá por eso se sienta tan cómodo con ropa de mujer.
Fuente: ABC Cultura