Mediadores sociales que apoyan a los transeúntes

Artículo que habla sobre “Eslabón”, una proyecto de mediación de calle desarrollado por la asociación dónde trabajo.




El área de Servicios Sociales del Ayuntamiento, que tiene al frente a la concejala Esperanza Fernández Puerta, ha reservado en sus presupuestos para el año que viene una partida de 54.000 para seguir trabajando, a través de educadores y mediadores sociales, con los grupos de transeúntes, sin techo y personas con problemas de drogadicción que han establecido su lugar de encuentro en parques de la ciudad. El proyecto asistencial afecta de manera directa al grupo que suele ocupar una zona de tránsito de la plaza de Europa.

Este presupuesto municipal se destina a apoyar dos programas concretos de actuación social en las calles de la ciudad. El programa «Eslabón», que se desarrolla desde la organización Mar de Niebla, y el programa «Pasos», que se incluye dentro de las acciones de la organización Siloé. Ambos programas cuentan desde hace tiempo con el apoyo económico del Ayuntamiento de Gijón, que opta por esta fórmula para trabajar con los colectivos afectados.

Los vecinos de la zona centro habían reivindicado la opción de poner en marcha un dispositivo concreto de emergencia en el entorno de la plaza de Europa.

Enlace a la noticia.

Cosas que indignan…

Opinión en base a un artículo publicado el pasado abril en un periódico local sobre una plataforma en contra al nuevo albergue municipal de la ciudad de Gijón

Noticia del Sábado 24 de Abril de 2010 en un periódico local: “Cientos de personas protestan contra el nuevo albergue de Gijón.” Esta gente protestando por la ubicación del nuevo Albergue de Gijón, forman parte de una plataforma que como rezan en su espacio web, nace para proteger los derechos de los menores y crear un foro de debate sobre el futuro emplazamiento del mencionado recurso municipal.

Su página web de hecho es muy completa. Comenta las noticias, tiene enlace para quejarse por vía telemática al Ayuntamiento de Gijón, al Defensor del Pueblo, Procuradora General Asturias, y al Defensor del Pueblo Europeo.

Hasta aquí bien, todos tenemos derecho a protestar y manifestarnos, pero lo que da miedo son los argumentos que tienen para decir NO al Albergue:

«Tenemos a nuestros hijos estudiando aquí y no creo que sea la zona más idónea para un macrocentro social. No me apetece llevarlos al colegio y que alguien los moleste pidiendo dinero» «No nos va a quedar otra opción que cambiar a los niños de colegio».

Es bien sabido por todos que los sin techo y toxicómanos producen una espora que se expande por el aire, y es nociva (no sabemos a que nivel) pero en los menores es mucho peor.

«No hay derecho a concentrar a toda esta gente en el mismo sitio» «El Ayuntamiento debería ubicarlo fuera de la ciudad y poner autobuses para los usuarios»

Claro, todo el mundo debe estar bien atendido, todo el mundo debe tener un recurso al que acceder, pero no lo quiero cerca de mi casa, mejor los mandamos fuera de la ciudad, total….. o quizás los podríamos mandar a Molocai, ya mandamos a gente allí en el pasado.

Me indigna que la gente se base en argumentos tan pobres y desalmados, amén de escudarse en los derechos de los menores, para rechazar el emplazamiento de este recurso, que exisitiendo ya, solo se trata de mejorarlo y ofrecer un mejor servicio a sus usuarios y usuarias, o vecinos y vecinas de nuestra ciudad, ya que aunque no paguen comunidad de vecinos, viven en esta Villa marinera. Ole nuestra soliaridad, que no caridad.

Aquí os dejo el enlace a la noticia.

La sombra del viento

Mi padre asintió con gesto sombrío y sorbió su sopa en silencio. Era un hombre reservado y, aunque vivía en el pasado, casi nunca lo mencionaba. Yo había crecido en el convencimiento de que aquella lenta procesión de la posguerra, un mundo de quietud, miseria y rencores velados, era tan natural como el agua del grifo, y que aquella tristeza muda que sangraba por las paredes de la ciudad herida era el verdadero rostro de su alma. Una de las trampas de la infancia es que no hace falta comprender algo para sentirlo. Para cuando la razón es capaz de entender lo sucedido, las heridas en el corazón ya son demasiado profundas.
Aquella noche primeriza de verano, caminando por ese anochecer oscuro y traicionero de Barcelona, no conseguía borrar de mi pensamiento el relato de Clara en torno a la desaparición de su padre. En mi mundo, la muerte era una mano anónima e incomprensible, un vendedor a domicilio que se llevaba madres, mendigos o vecinos nonagenarios como si se tratase de una lotería del infierno. La idea de que la muerte pudiera caminar a mi lado, con rostro humano y corazón envenenado de odio, luciendo uniforme o gabardina, que hiciese cola en el cine, riese en los bares o llevase a los niños de paseo al parque de la Ciudadela por la mañana y por la tarde hiciese desaparecer a alguien en las mazmorras del castillo de Montjuïc, o en una fosa común sin nombre ni ceremonial, no me cabía en la cabeza. Dándole vueltas, se me ocurrió que tal vez aquel universo de cartón piedra que yo daba por bueno no fuese más que un decorado. En aquellos años robados, el fin de la infancia, como la Renfe, llegaba cuando llegaba.

Extracto La sombra del viento, de Carlos Ruíz Zafón.