Distinción entre tiempo libre y ocio

De las primeras sesión y una de las más esenciales cuando formamos a monitorado de tiempo libre, para mi, es que entiendan, distingan e interioricen en el ámbito de trabajo (educativo) y para ello deben saber en qué marco de tiempo educamos (en el tiempo libre) y cómo (con el ocio)

Para mi esta es la base de comenzar el proceso de formación de un monitor o monitora. Romper con la idea de «entretener» (algo que suelen pensar es el máximo objetivo del monitorado), para hacer el «mono» no hace falta formarse, con desparpajo y jeta, tiras.

Para arrancar, lo primero que debemos hacer es aclarar los conceptos de “Tiempo libre” y “Ocio”, yo suelo pedir que hagan una «lluvia de ideas», en el que cada persona del grupo dirá unas palabras o frases que le vengan a la cabeza cuando piensa en esos dos conceptos.

Suelen atascarse, así que propongo que primero hagamos propuestas para «Tiempo Libre» y luego para «Ocio». En la mayoría de ocasiones se dicen las mismas palabras para ambos conceptos. Aquí empiezan a ver que algo no cuadra o que falta profundizar en el tema… (ay, que bueno ye pensar..

Invito a que le den vueltas y por subgrupos trabajen en una definición en base a las ideas propuestas con anterioridad. En este punto sale de todo: la misma definición para ambos, diferencian por el nivel de intensidad de la actividad, que todo es ocio, etc.

Una vez escuchadas sus definiciones, rescato los puntos correctos y ya paso a explicar el contenido, o sea, doy la teoría.

Y eso es precisamente lo que aquí os traigo, la teoría para poder diferencias entre «Tiempo libre» y «Ocio» recogida de apuntes, charlas, formaciones que he recibido y también que he impartido.

Las diferencias entre «Tiempo Libre» y «Ocio»

El tiempo libre se va a definir en relación con otros tiempos que regulan y condicionan la vida humana: el tiempo de trabajo, el tiempo de descanso, el tiempo para otras obligaciones…

Una distinción clásica recoge por un lado el tiempo de trabajo (que será un tiempo obligatorio, que incluye tanto el horario laboral como otras tareas derivadas del propio trabajo – estudio, cursos, segunda ocupación… -) y por otro lado el tiempo de no trabajo. Pero ese tiempo de no trabajo no se puede considerar tiempo libre, porque en él se satisfacen necesidades humanas primarias (higiene, alimentación, sueño…) y se atienden diversos compromisos sociales (familia, amigos, compromiso en organizaciones…). Así pues, el tiempo libre sería el que nos quedara después de restar todo lo anterior, y ese tiempo libre incluiría tanto el tiempo sin obligaciones (dedicado al descanso, el relax) como el tiempo de ocio (más caracterizado por la actividad, normalmente buscada por la persona con un sentido de autorrealización o disfrute).

Este esquema lo podríamos resumir en el siguiente cuadro (Llull Peñalba, 1999):

Según esta concepción, el tiempo libre quedaría definido en este enunciado de Weber (1969): “el conjunto de períodos de tiempo e la vida de un individuo en los que la persona se siente libre de determinaciones extrínsecas, quedando con ello libre para emplear con un sentido de realización personal tales momentos, de forma que le resulte posible llevar una vida verdaderamente humana”.

Pero este concepto de tiempo libre empieza a hacer aguas cuando aparece en escena un fenómeno que se hace más angustioso en nuestro tiempo que en ningún otro: el desempleo. La persona que no tiene trabajo, ¿no tiene tiempo libre? Y del mismo modo, un anciano, o un enfermo, o un ama de casa. En teoría, al no tener un tiempo ocupado por el trabajo no tendría sentido la distinción de un tiempo liberado: realmente todo su tiempo sería tiempo liberado. Se hace preciso entonces delimitar el tiempo libre de un modo más preciso, no ligando su diferenciación de otros tiempos al trabajo.

Por otro lado, tiempo libre y ocio no son sinónimos, de modo que convendría establecer más claramente la diferencia entre ambos términos.     

La idea de ocio se suele asociar, tanto desde el saber popular como del especializado, al concepto de tiempo libre. Sin embargo, dicha asociación no significa lo mismo en uno y otro tipo de conocimiento. Mientras que popularmente ambos conceptos se suelen identificar, llegándose a usar indistintamente, desde la pedagogía del ocio se tiende a matizarlos, diferenciándolos uno del otro aun manteniendo su estrecha relación.

Esta diferenciación, sin embargo, no es del todo unívoca entre los teóricos y los educadores del tiempo libre. Por ello, la primera constatación que hemos de hacer al referirnos a estos dos conceptos se ha de centrar en su ambigüedad y, consiguientemente, en su uso impreciso y has contradictorio en ocasiones. En base a esta indeterminación conceptual que se refleja tanto en la reflexión sobre el ocio como en su vivencia cotidiana, podemos constatar diferentes usos de los términos ocio y tiempo libre:

  • Como «sinónimos» (que no lo son): identificando o unificando la idea del ocio a la del tiempo libre y usándolos, por tanto, indistinta o conjuntamente. Este tratamiento viene a ser el que se le da al tema desde el saber y uso cotidiano.
  • Como antónimos: cuando el concepto de ocio se opone al de tiempo libre, o viceversa, en función de la valoración positiva o negativa que se haga a cada uno de los términos. Encontramos esta segunda aceptación entre los diferentes autores y las diversas sentencias que se han venido reflejando sobre el sentido del ocio y del tiempo libre a lo largo de la historia.
  • Como significados diferentes: en este caso, al ocio y el tiempo libre no se les atribuye significados ni idénticos ni contrarios, sino diferentes. Esta postura es la que más se acerca a la mantenida dentro de la cultura del ocio. Por ello, la definición que adoptaremos nosotros al respecto, hemos de ubicarla dentro de esta tercera perspectiva. Según ésta, proponemos diferenciar el tiempo libre del ocio, manteniendo, sin embargo, entre ambos una relación similar a la que mantiene el continente respecto a su contenido. De este modo, entendemos por tiempo libre el marco formal en el que se puede desarrollar el ocio, materia o contenido con el que, a su vez, se ocupa y da sentido al tiempo libre.

En este sentido, podemos afirmar que el ocio es un tiempo libre aprovechado u ocupado. Ahora bien, aprovechado ¿para qué? El ocio desde una perspectiva educativa no admite cualquier clase de ocupación, ni cualquier clase de finalidad.

Dumazedier, en 1971, daba la siguiente definición de ocio: “El ocio es un conjunto de ocupaciones a las que el individuo puede entregarse de manera completamente voluntaria tras haberse liberado de sus obligaciones profesionales, familiares y sociales, para descansar, para divertirse, para desarrollar su información o su formación desinteresada, o para participar voluntariamente en la vida social de su comunidad”.

El ocio va a estar caracterizado por diferentes notas (Cuenca Cabeza, 1995; Llull  Peñalba, 1999):

  • Disponibilidad de tiempo libre
  • Actitud personal
  • Conjunto de ocupaciones condensadas en las tres “D”: descanso, diversión y desarrollo
  • Componente lúdico
  • Dimensión medioambiental, dentro del contexto territorial y ecológico
  • Desarrollo creativo, que posibilita la autoformación y el entrenamiento de destrezas y habilidades
  • Dimensión festiva o vivencia del ocio junto a la comunidad
  • Carácter solidario del ocio, que promueve la necesidad humana de abrirse, comunicarse y entregarse a los demás

Pero claro, dichas notas son las que se dan en los ocios activos, creativos, que exigen una implicación de la persona, una actitud particular; los ocios pasivos, consumistas… no van a cubrir alguna o ninguna de esas notas. Así se puede establecer también una clasificación de niveles de aprovechamiento del ocio para la persona (López Andrada y otros, 1982):

En la medida en que las actividades que se desarrollan vayan caracterizándose por ser más enriquecedoras para la persona se irá subiendo en ese esquema. El descanso, calma, contemplación… (Que no tienen nada que ver con el ocio estéril de “pasar el rato”) marcará el punto medio de ese aprovechamiento. Por encima tendremos ocios enriquecedores, y por debajo niveles inferiores del ocio que se pueden definir como ociosidad, caracterizados por la apatía, la inactividad, la frustración y el mero consumo de productos y servicios de ocio.

Ese mayor o menor aprovechamiento del ocio va a pasar por la actitud del individuo al enfrentarse a su tiempo libre. Según Trilla (1993) esta actitud se desarrolla en torno a tres ejes principales:

  • Autonomía: Libertad de elección (o su percepción, al menos) sobre lo que se va a hacer en el tiempo libre.
  • Autotelismo: La actividad de ocio tiene un fin en sí misma, y no busca obtener más que el simple deleite de realizarla.
  • Vivencia placentera: El ocio debe ser satisfactorio y gratificante.

En función de esos ejes, el mismo Trilla define el ocio como: “una forma de utilizar el tiempo libre mediante una ocupación autotélica y autónomamente elegida y realizada, cuyo desarrollo resulta placentero al individuo”.

Esta concepción del ocio, sin embargo, no ha sido constante a lo largo de la historia (Llull Peñalba, 1999). Es más, podemos considerar que es uno de los avances de nuestra civilización, pues durante siglos el ocio estaba reservado a las élites (así era en Grecia, donde el ideal de ocio de los ciudadanos se mantenía a costa de una sociedad estratificada y esclavista; o en Roma, fiestas y lujos y un ocio público de carácter consumista y “amortiguador” de conflictos – el famoso panem et circenses -; durante el Renacimiento revive el arte, la sensibilidad y el gusto por el ocio – pero para los poderosos -; en el Barroco se vive una doble moral – con un ocio libertino caracterizado en Sade, Casanova o Chordelos Laclos) o estaba ligado a lo religioso y lo folclórico (Edad Media – fiestas religiosas, Carnavales, teatro en las calles como continuación del teatro sacro -).

Serán las conquistas obreras las que consigan continuas mejoras en el tiempo libre para los ciudadanos: menos horas de trabajo, aumento de salarios, vacaciones pagadas… Pero hasta 1948, con la Declaración Universal de los Derechos del Hombre no se consagra el derecho al tiempo libre y al ocio: “Toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas (art. 24)”.

Así, en nuestra sociedad actual, vamos a distinguir tres concepciones del ocio (Cuenca Cabeza, 1998):

  • El ocio como autorrealización: Se entiende el ocio como un ejercicio de libertad y autodesarrollo personal y comunitario, un proceso dinámico de perfeccionamiento, de mejora, de adquisición de habilidades…
  • El ocio como derecho: Se entiende el ocio como un derecho inalienable, y que se explicita reconociendo el derecho de los ciudadanos a la cultura, al deporte, al turismo… Derecho que ni siquiera en nuestra sociedad es efectivo: véase por ejemplo las personas discapacitadas.
  • El ocio como calidad de vida: Se entiende el ocio como un requisito indispensable para garantizar la calidad de vida de las personas, que reporta indudables beneficios directos (satisfacción de la necesidad de ocio, prevención de enfermedades, mantenimiento de la forma física y mental…) e indirectos (corrige y equilibra otros desajustes y carencias personales y sociales).

Las tres son acertadas; es más, como realmente puede definirse el ocio y adquirir todo su sentido positivo y enriquecedor es teniendo en cuenta esas tres corrientes o concepciones. Una perspectiva integradora del ocio lo podría entender del siguiente modo:el ocio es un derecho que deben disfrutar todos los seres humanos, independientemente de su  raza, color, creencias o condición social, porque tiene indudables consecuencias sobre el ejercicio de la propia libertad y la capacidad de autorrealización de las personas, grupos y comunidades, siendo un elemento a la vez garante e indicador de la calidad de vida”.

Colección «Cuadernos de Animación» (Asociación Cultural Asturactiva)

«Cuadernos de Animación» fue una publicación especializada en animación sociocultural creada por la Asociación Cultural Asturactiva (Animadores/as Socioculturales del Principado de Asturias), entidad nacida en 1999 en Gijón (Asturias) mantuvo su actividad hasta 2007.

El proyecto de «Cuadernos de animación» nació en el año 2000 y se mantuvo hasta el cierre de la entidad en 2007. Entre sus objetivos, tenía:

  • Recoger las reflexiones y materiales de las Escuelas de Animación Sociocultural de Gijón organizadas por la propia entidad.
  • Aumentar la bibliografía disponible sobre Animación Sociocultural, dando más posibilidades de formación a estudiantes y profesionales.
  • Fomentar el debate e intercambio de ideas en torno a la animación sociocultural y otras cuestiones sociales.
Colección «Cuadernos de Animación» Asociación Cultural Asturactiva

Breve historia del proyecto

En el año 2000, Asturactiva con la colaboración de la Fundación Municipal de Cultura, Educación y Universidad Popular del Ayuntamiento de Gijón, veía la luz el cuaderno 1, que reunía artículos de profesionales de la Animación en nuestro país.

Al año siguiente se editó el número 2, recopilación de las ponencias y debates que tuvieron lugar en la I Escuela Formativa de Animación Sociocultural de Gijón, también organizada por Asturactiva.

El 2002 supuso un salto cuantitativo: los número 3 y número 4 recogerían, respectivamente, experiencias y reflexiones en el ámbito social, y las ponencias de la II Escuela Formativa de ASC.  La evolución experimentada queda patente a la vista de los resultados, tanto ateniéndose a criterios de número como de calidad.

Durante el 2003 continuaron con esa tarea y publicaron dos libros más.  El número 5 recogía la conferencia inaugural de la II Escuela Formativa (2002), a cargo de Marco Marchioni y el acta de la ponencia de Ezequiel Ander-Egg en el mismo marco, no incluidas en el número precedente por problemas de espacio.

El número 6, dedicado a reunir nuevas aportaciones de profesionales e instituciones. Pep Bruno y Raúl Luis (miembro de Asturactiva)  les acercaron al mundo de los cuentos, uno como profesional de la narración y el otro, como asistente al maratón de cuentos de Guadalajara. El colectivo para la promoción social “El Candil” contó su historia y sus planes de futuro, y Sheila González nos hablo de la participación infantil. Este número lo cerraba Ezequiel Ander-Egg, con un interesante texto sobre la cultura.

El número 7 incluía 8 artículos. En dos se recogían actas de la IV Escuela Formativa, otros dos nos narraban la experiencia con el Servicio de Voluntariado Europeo en Latinoamérica, dos artículos más recogían diferentes reflexiones de la situación del movimiento asociativo y la participación, y los dos últimos estaban dedicados uno a los títeres y otro a presentarnos “Les otres cares del planeta”.

El número 8, en el año 2005, recogió la ponencia inaugural de la V Escuela y artículos de los docentes de los cursos.

Durante el año 2006, aunque estaba previsto editar el número 9, no fue posible por falta de presupuesto. Eso se postergó a 2007, último año y último cuaderno, que de nuevo recogía diferentes experiencias de animación patrias en materia de salud y una experiencia extranjera como el proyecto «The Brewery» desarrollado en Malmö (Suecia)

Un servidor tuvo la suerte de participar de varias actividades de la entidad, de poder leer y contar con todos los cuadernos y además de que esta entidad fuera mi primera experiencia laboral como animador sociocultural.

Ya que desde hace años celebro el día de la Animación Sociocultural (#DíaASC) el 24 de enero*, me parece bonito recordar esta iniciativa y recogiendo el espíritu de Asturactiva quienes difundían los cuadernos y por ende la ASC (cito textualmente del proyecto de la asociación: «Que los cuadernos sea gratuitos para que pueda estar al alcance de todos, profesionales, estudiantes y público en general, sin que el precio pueda ser un obstáculo, facilitando así un acceso más democrático a la información y la cultura») pretendo recuperarlos.

Hablé con Cristina y Marcos, fundadores de la entidad (y mis primeros jefes) a ver si había la opción de recuperar los archivos pdf para compartirlos, pero no se han localizado. Yo tengo en mi poder algunos, pero los originales en físico los tengo todos, así que iremos poco a poco.

En los próximos meses, escanearé y publicaré aquí cada mes uno de los cuadernos, para que no se pierdan en el olvido y sigan siendo una bonita recopilación de experiencias de animación sociocultural.

¡Feliz día de la Animación Sociocultural! ;O)

*¿Por qué el 24 de enero es el día de la ASC? Buena pregunta. Jota, a quien entrevisté en el 12 meses, 12 Animador@s, lo celebraba, le pregunté y me dijo ¿y por qué no? habría que tener un día y este era bueno. Así que desde entonces lo celebro jajaja

¿Por qué usar técnicas de animación en la formación?

Soy un apasionado de la formación, me encanta, y tengo la suerte de trabajar mucho como formador. Aunque en la presentación del blog explico mi metodología de trabajo, algo que creo que hace que me sigan llamando para impartir sesiones y cursos, tengo claro que las herramientas que utilizo para aplicar esa metodología, son clave para el buen desarrollo y resultado de mi trabajo.

De formación, soy Animador Sociocultural, por lo que mi principal herramienta (o herramientas, que tengo varias) no es otra que las técnicas de animación.

Los animadores y animadoras utilizamos la técnicas (o dinámicas)* por diferentes motivos, como por ejemplo: Que las personas se conozcan, espabilar al grupo, generar confianza, analizar un tema, evaluar…

* Si, hay un complot mundial por el que todas las personas que nos dedicamos a esto las llamamos dinámicas, aunque lo correcto sería decir técnicas, ya que las dinámicas (son las maneras o costumbres en que funcionan los grupos)

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La incorporación de técnicas de animación en la formación ofrece una serie de beneficios y contribuye significativamente al desarrollo integral de las personas. A la pregunta que da título a la entrada, aquí te doy varias razones de la utilización de las técnicas de animación en la formación:

Participación Activa y Motivación: Enfatiza la participación activa de los individuos. En un contexto de formación, esto puede traducirse en un mayor interés y motivación por parte de los estudiantes, ya que se involucran de manera más dinámica en el proceso de aprendizaje.

Desarrollo de Habilidades Sociales: Las técnicas de animación promueven el desarrollo de habilidades sociales esenciales, como la comunicación efectiva, el trabajo en equipo y la empatía. Estas habilidades son cruciales en entornos educativos y se transfieren a otros aspectos de la vida.

Aprendizaje Experiencial:  La animación sociocultural se basa en el aprendizaje experiencial, donde los participantes aprenden a través de la experiencia práctica y la reflexión. Esto facilita la comprensión profunda de los conceptos y su aplicación en situaciones de la vida real.

Promoción de la Inclusión y la Diversidad: Integrar técnicas de animación en la formación puede ayudar a crear entornos inclusivos y respetuosos con la diversidad. Esto es especialmente relevante en contextos educativos donde se busca la igualdad de oportunidades para todos los estudiantes, independientemente de sus características individuales.

Fomento del Pensamiento Crítico: La ASC a menudo implica la reflexión y el diálogo. Esto puede estimular el pensamiento crítico, ya que los y las participantes se ven desafiadas a cuestionar, analizar y discutir diversos temas relacionados con su formación.

Promoción del Trabajo Colaborativo: Las técnicas / dinámicas suelen requerir la colaboración entre las personas del grupo. Esto favorece el desarrollo de habilidades de trabajo en equipo y la comprensión de la importancia de la colaboración en entornos educativos y profesionales.

Desarrollo de la Autoestima y Confianza: La participación en ellas puede contribuir al desarrollo de la autoestima y la confianza en uno mismo. Al lograr metas y superar desafíos en un entorno seguro y de apoyo, los individuos ganan confianza en sus habilidades y capacidades.

Aplicación Práctica de Conocimientos: La animación sociocultural a menudo implica la aplicación práctica de conocimientos teóricos. Esto ayuda a los participantes a relacionar la teoría con la práctica, lo que mejora la retención y comprensión de la información.

A tener en cuenta si queremos usar técnicas de animación:

  • Lo primero, tener idea de qué hablamos y qué vamos a hacer (saber algo de dinámica de grupos…)
  • Durante un taller o una reunión, trate de usar técnicas de animación frecuentemente, cuando la gente se vea adormilada o cansada o para crear un descanso natural entre actividades.
  • Trate de escoger técnicas / dinámicas apropiadas a lo que estamos haciendo (coherencia)
  • Conocer contexto o cultura. Por ejemplo, utilizar técnicas que impliquen tocar a otras personas, puede que incomode a las personas.
  • Seleccionar técnicas en los que todas las personas puedan participar y sea adaptado a las necesidades y circunstancias del grupo (accesible y flexible)
  • Ante todo, seguridad. Que haya espacio, que el suelo esté despejado, que todas las condiciones se cumplan.
  • Recordemos que las técnicas tienen un objetivo, no es jugar por jugar.
  • Gestionar el tiempo. Evitemos prolongar más de la cuenta una técnica.