Rompemitos sobre la inmigración para ignorantes

Ya que me ha tocado vivir en una época en la que es fácil comunicar y que tus palabras y opiniones lleguen fácilmente a cualquier lugar, voy a aprovecharme de ello y dejar la mía por aquí sobre los mitos, leyendas cuentos e invenciones sobre las personas inmigrantes.

Antes que nada, quiero aclarar el título de la entrada, que para nada pretende ser ofensivo con la gente que vomita comentarios xenófobos a la menor oportunidad. Tampoco se lo he dirigido a personas ignorantes por creerme con superioridad intelectual, solo tengo algunos conocimientos, y ciñéndome a la acepción 1 de de la RAE sobre la palabra «ignorante»

Ignorante

1. adj. Que ignora o desconoce algo.

Pues he querido compartir algunos estos conocimientos, que además, he tratado de documentar lo mejor posible, por eso de aportar datos y no inventar.

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Ahí vamos…

A ti ignorante que dices…

 

… «Los inmigrantes tienen trato de favor en los Servicios Sociales” «Le dieron una pagar por ser inmigrante» «Si no eres negro, machupichu o gitano no te dan nada» «Vienen solo por las ayudas»

  • No hay una ley o criterio de selección para acceder a las ayudas sociales que priorice ser extranjero para obtener una ayuda.
  • No hay ayudas públicas especiales para inmigrantes según su nacionalidad.
  • En el artículo 41, la Constitución española defiende la igualdad ante las leyes y la existencia de una seguridad social para todos los ciudadanos.
  • Todas las Comunidades Autónomas disponen de áreas de Servicios Sociales y cada uno tiene su propio sistema de ayudas, con distintos nombres (salario social, renta social, renta mínima, renta garantizada de ciudadanía, ayudas para la integración en situaciones de emergencia social, etc.) y se pide estar empadronado con cierta antiguedad en un municipio de la Comunidad Autónoma
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Captura de pantalla de Stop Rumores

 

…»Suponen un riesgo» «suben la criminalidad» “La violencia de género ha aumentado por culpa de los inmigrantes”

  • “La criminalidad en España es baja en comparación con el resto de Europa. En los últimos años los índices de delincuencia han aumentado ligeramente, mientras que la población inmigrante ha crecido a un ritmo mucho mayor. Ello apunta una correlación positiva, pero baja, entre inmigración y delincuencia”, explicó César Alonso-Borrego, profesor de economía en la Universidad Carlos III de Madrid, coautor de un estudio que no hay correlación entre correlación  entre inmigración y delincuencia
  • Cuando se habla de criminalidad se mezclan delitos con simples faltas administrativas como carecer de documentación o entrada al país de manera irregular.
  • La desigualdad entre hombres y mujeres es una realidad mundial que afecta a todas las sociedades sin distinción de grupos sociales, edades y contextos y tiene múltiples dimensiones: del social al económico, religioso o político. Sin embargo, no se puede dejar de lado que el proceso migratorio hace que las mujeres inmigrantes se encuentren en muchas ocasiones con más dificultades que las mujeres autóctonas para poder salir de la situación de violencia, así como acceder a los recursos legales y psicosociales de los cuales de dispone para este tipo de circunstancias. La amplia diversidad del hecho migratorio hace que sea imposible medir la violencia machista de forma exclusivamente cuantitativa. Además, se trata de un problema global

 

…»Saturan la Sanidad» «Vienen aquí a operarse» «No cotizan y van al médico»

  • Hay estudios de  Amnistía Internacional  y de  La Caixa, revelan que la población migrante consulta un 7 % menos al médico de cabecera que la los españoles. Mientras el 57,7 % de los españoles han acudido al menos una vez en el último año, sólo el 12,7 % de la población inmigrante lo hizo. Lo que demuestra que los extranjeros hacen menor uso del sistema público de salud que los autóctonos.
  • Desde 1999 la Sanidad se paga a través de impuestos indirectos, como el IVA, y no mediante las cotizaciones a la Seguridad Social.
  • No olvidemos que desde abril de 2012  personas en situación irregular en España, sólo reciben asistencia sanitaria de urgencia, en casos de asistencia al embarazo, parto y postparto, y asistencia general a los menores. Así lo establece el Real Decreto Ley de 20 de abril, sobre medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones. Una medida que, por cierto, ha sido considerada contraria a normas internacionales según numerosos organismos internacionales de Derechos Humanos.

 

…“Nos quitan el trabajo” «Solo contratan a inmigrantes»

  • Según el IV Estudio Inmigración y Mercado de Trabajo, los españoles no han ocupado los puestos de trabajo que perdían los inmigrantes.
  • Casi todas las ocupaciones en las que los españoles pierden ocupados, también los pierden los extranjeros.
  • De los más de 17 millones de personas que trabajan en España, sólo 1 de cada 10 es extranjera.
  • Los beneficiarios de las prestaciones por desempleo en noviembre de 2016 eran un 90,1% de españoles frente al 9,9 de extranjeros.
  • La falta de una red de apoyo familiar, sí ha hecho que la crisis afecte a las personas inmigrantes de forma más grave.

 

…»Son terroristas» «Los refugiados y los migrantes traen el terrorismo» «Con los refugiados se cuelan yihadistas»

  • Las personas musulmanas son las principales víctimas de los atentados terroristas del extremismo islámico en Oriente Medio y por esta razón también comparten este sentimiento de rechazo hacia ellos y lo condenan, si es posible, con más intensidad que la población nacional.
  • El Islam es sólo una religión y lo que se haga con ella dependerá de cada uno. Es decir, las religiones en sí no son violentas, lo son algunas personas. De esta manera, no se puede generalizar ni entender que por la existencia de unos extremistas, todos los practicantes de una religión piensen igual.
  • De los principales ataques terroristas en todo el mundo en los últimos años, la gran mayoría han sido perpetrados por ciudadanos nacidos en los países involucrados. En palabras del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Antonio Guterres, “no son las corrientes de refugiados las que causan el terrorismo. Son la tiranía y la guerra los que crean a los refugiados.
  • La probabilidad de una infiltración es muy remota y que las personas refugiadas pasan por controles exhaustivos, a través del Sistema Europeo Común de Asilo (SECA) y las bases de datos creadas por el Reglamento Eurodac, que permiten que las fuerzas de policía nacionales y la Europol comparen las huellas dactilares con fines de prevención, detección e investigación de delitos graves y terrorismo.

 

Podría seguir buscando datos sobre mitos respecto a la inmigración, pero hay tantos como personas. Solo espero que esto sirva para evitar que se criminalice a un colectivo por ignorancia.

 

«Nuestra verdadera nacionalidad es la humanidad»

H.G. Wells

 

Fuentes:

La Isla de las dos caras (cuento)

Estos días, en los ratos libres que me deja el trabajo. estoy preparando una propuesta para un tema de motivación que me han pedido. Y estoy repasando dinámicas y textos que tengo por ahí guardados para inspirarme y a ver qué invento…

Y me he reencontrado con este, «La isla de las dos caras» de Pedro Pablo Sacristán, del que he descubierto (mientras buscaba al autor de la que escribía la entrada, osea hace 5 minutos)  que tiene una web llamada Cuentos para dormir. En ella podéis encontraros varios cuentos, ordenados por los valores que queramos trabajar.

No sé si el texto me ha inspirado para lo que tengo entre manos, pero me ha gustado mucho como la primera vez que lo leí (hace unos meses en un curso). «Como yo soy  de jugármela», y siempre escogería «la caja antes que el apartamiento en Torrevieja» (ya lo entenderéis) os dejo el cuento.

Un cuento que pretende estimular la iniciativa, perder miedos, motivarnos…

La Isla de las dos caras

(Pedro Pablo Sacristán)

La isla de las 2 caras

La tribu de los mokokos vivía en el lado malo de la isla de las dos caras. Los dos lados, separados por un gran acantilado, eran como la noche y el día. El lado bueno estaba regado por ríos y lleno de árboles, flores, pájaros y comida fácil y abundante, mientras que en el lado malo, sin apenas agua ni plantas, se agolpaban las bestias feroces. Los mokokos tenían la desgracia de vivir allí desde siempre, sin que hubiera forma de cruzar. Su vida era dura y difícil: apenas tenían comida y bebida para todos y vivían siempre aterrorizados por las fieras, que periódicamente devoraban a alguno de los miembros de la tribu.

La leyenda contaba que algunos de sus antepasados habían podido cruzar con la única ayuda de una pequeña pértiga, pero hacía tantos años que no crecía un árbol lo suficientemente resistente como para fabricar una pértiga, que pocos mokokos creían que aquello fuera posible, y se habían acostumbrado a su difícil y resignada vida, pasando hambre y soñando con no acabar como cena de alguna bestia hambrienta.

Pero quiso la naturaleza que precisamente junto al borde del acantilado que separaba las dos caras de la isla, creciera un árbol delgaducho pero fuerte con el que pudieron construir dos pértigas. La expectación fue enorme y no hubo dudas al elegir a los afortunados que podrían utilizarlas: el gran jefe y el hechicero.

Pero cuando estos tuvieron la oportunidad de dar el salto, sintieron tanto miedo que no se atrevieron a hacerlo: pensaron que la pértiga podría quebrarse, o que no sería suficientemente larga, o que algo saldría mal durante el salto… y dieron tanta vida a aquellos pensamientos que su miedo les llevó a rendirse. Y cuando se vieron así, pensando que podrían ser objeto de burlas y comentarios, decidieron inventar viejas historias y leyendas de saltos fallidos e intentos fracasados de llegar al otro lado. Y tanto las contaron y las extendieron, que no había mokoko que no supiera de la imprudencia e insensatez que supondría tan siquiera intentar el salto. Y allí se quedaron las pértigas, disponibles para quien quisiera utilizarlas, pero abandonadas por todos, pues tomar una de aquellas pértigas se había convertido, a fuerza de repetirlo, en lo más impropio de un mokoko. Era una traición a los valores de sufrimiento y resistencia que tanto les distinguían.

Pero en aquella tribu surgieron Naru y Ariki, un par de corazones jóvenes que deseaban en su interior una vida diferente y, animados por la fuerza de su amor, decidieron un día utilizar las pértigas. Nadie se lo impidió, pero todos trataron de desanimarlos, convenciéndolos con mil explicaciones de los peligros del salto.

– ¿Y si fuera cierto lo que dicen? – se preguntaba el joven Naru.

– No hagas caso ¿Por qué hablan tanto de un salto que nunca han hecho? Yo también tengo un poco de miedo, pero no parece tan difícil -respondía Ariki, siempre decidida.

– Pero, si sale mal, sería un final terrible – seguía Naru, indeciso.

– Puede que el salto nos salga mal, y puede que no. Pero quedarnos para siempre en este lado de la isla nos saldrá mal seguro ¿Conoces a alguien que no haya muerto devorado por las fieras o por el hambre? Ese también es un final terrible, aunque parezca que aún nos queda lejos.

– Tienes razón, Ariki. Y, si esperásemos mucho, igual no tendríamos las fuerzas para dar este salto… Lo haremos mañana mismo.

Y al día siguiente, Naru y Ariki saltaron a la cara buena de la isla. Mientras recogían las pértigas, mientras tomaban carrerilla, mientras sentían el impulso, el miedo apenas les dejaba respirar. Cuando volaban por los aires, indefensos y sin apoyos, sentían que algo había salido mal y les esperaba una muerte segura. Pero cuando aterrizaron en el otro lado de la isla y se abrazaron felices y alborotados, pensaron que no había sido para tanto.

Y, mientras corrían a descubrir su nueva vida, pudieron escuchar a sus espaldas, como en un coro de voces apagadas:

– Ha sido suerte.

– Yo pensaba hacerlo mañana.

– ¡Qué salto tan malo! Si no llega a ser por la pértiga…

Y comprendieron por qué tan pocos saltaban, porque en la cara mala de la isla sólo se oían las voces resignadas de aquellas personas sin sueños, llenas de miedo y desesperanza, que no saltarían nunca…

Falta de Inteligencia Emocional en el ámbito laboral

Aunque por suerte no es lo que me pasa en mis actuales trabajos (y pasados, ya desde hace tiempo) Me parece importante seguir compartiendo este tipo de artículos, sobre todo con carácter preventivo, no solo debemos (pre)ocuparnos de ello cuando ya lo padecemos.

 

La idea de que la falta de Inteligencia Emocional en una empresa, tiene un coste y que incluso con el tiempo puede llevar a la quiebra, es una idea que todavía muchas personas en el ámbito laboral son reticentes a aceptar.

Daniel Goleman nos habla en su libro “La práctica de la Inteligencia Emocional” de los errores más comunes que suelen cometer en el ámbito laboral.

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Exceso de Trabajo. Mucho trabajo que hacer en muy poco tiempo.

Los recortes exigen que las personas responsables tengan que hacerse cargo de más personas a su cargo, el personal sanitario de más pacientes, en la ensañanza de más estudiantes, etc. Y en la medida en que aumenta el ritmo, la exigencia y la complejidad del trabajo, las personas se sienten más abrumadas, iniciando una escala que acorta también el tiempo que la gente dispone para recuperarse. En estas condiciones, a la corta o a la larga, el agotamiento va acumulándose y el trabajo acaba resintiéndose.

Falta de autonomía. Ser responsable del trabajo y, sin embargo, disponer de muy poco margen de maniobra acerca del modo de llevarlo a cabo.

La dirección excesivamente escrupulosa termina generando frustración porque las personas trabajadoras, que pueden descubrir formas más sencillas de realizar su trabajo, se hallan sometidos a reglas demasiado estrictas, algo que termina disminuyendo su sensación de responsabilidad, flexibilidad e innovación. En tal caso, el mensaje implícito que reciben las personas es que la empresa no tiene en cuenta sus opiniones ni respeta sus habilidades.

Remuneración insuficiente. Pagar poco por el exceso de trabajo.

Con los reajustes de plantilla, las congelaciones salariales, la actual tendencia a los contratos temporales y los recortes en algunos de los derechos de los trabajadores, éstos empiezan a perder la esperanza de que su salario aumente en la medida en que progrese su carrera profesional. En este sentido, también cabe hablar de una pérdida en la recompensa emocional del trabajo, ya que la sobrecarga de trabajo combinada con su escasa autonomía y la inseguridad laboral termina despojando al trabajo de toda satisfacción.

Pérdida de conexión. Aumento de la sensación de aislamiento en el entorno laboral.

Las relaciones personales constituyen el aglutinante humano que hace posible el éxito de los equipos de trabajo. En este sentido, la asignación indiscriminada de cometidos disminuye el grado de compromiso con el trabajo en equipo. Y, en la medida en que las relaciones van desintegrándose, se pierde también el placer que se deriva de la colaboración con nuestros compañeros de trabajo. Y esta sensación creciente de alienación alienta el conflicto y acaba erosionando los objetivos comunes y las relaciones emocionales que podrían ayudarnos a salvar tales escollos.

Injusticia.

Las desigualdades manifiestas – ya se deban a una percepción injusta del reparto de honorarios y obligaciones, al poco caso que se hace de las reclamaciones o a una política empresarial arbitraria- no hacen más que alentar el resentimiento. En este sentido, el aumento salarial de altos mandos y la congelación de los sueldos de las personas de trabajos de niveles inferiores termina socavando la confianza de éstos en la dirección de la empresa. Y, en ausencia de una comunicación abierta y sincera, el resentimiento campa por sus fueros y termina abocando a la a desconfianza, la alienación y la falta de identificación con los objetivos de la empresa.

Valoración inadecuada de los conflictos.

Discrepancia entre los valores personales y las exigencias laborales. Porque el coste que deberá pagar la persona por mentir para hacer una venta, saltarse un control para concluir un trabajo a tiempo o recurrir a técnicas maquiavélicas para sobrevivir en un entorno laboral excesivamente competitivo, le pondrá en contradicción con su propia ética. Los trabajos que se hallan reñidos con los valores personales desalientan al empleado y le llevan a poner en cuestión el sentido de lo que hace. Eso es precisamente lo que ocurre cuando la realidad cotidiana desmiente las declaraciones grandilocuentes sobre los supuestos objetivos.

 

Cooper Procter, uno de los dos fundadores de Procter and Gamble, declaraba en 1887:

“El principal problema de las grandes empresas de hoy en día reside en elaborar políticas que hagan sentir a cada empleado que él es un elemento esencial de la empresa. Es necesario que cada empleado se sienta personalmente responsable del éxito de la empresa y que se le ofrezca la posibilidad de recibir una parte del resultado de ese éxito”.

Es triste comprobar que hoy en día, más de 100 años después de esta reflexión, muchos empresas y entidades que siguen sin darse cuenta de lo necesario que es hacer partícipe a las personas del éxito de la empresa.