Participación Ciudadana

La Participación Ciudadana es el acto de, siendo un ciudadano, intervenir en la vida pública y privada del país en el ámbito público deriva de una contradicción entre poderes. Se plantea en la medida en que existe un Poder (Estado, Administración Pública) y un no poder (ciudadanos) que quiere participar, es decir “tomar parte” o ejercer algún aspecto de ese poder y, en definitiva, tener más poder (ya sea mediante la información, el control, la participación en la gestión, etc.). Participar es eso: tomar parte en algo en que hay diferentes partes, “ser partícipe de Si (administración/administrados,…) la relación dependerá del poder que tenga cada parte. Si el poder de unos es total y el de los otros casi nulo, la participación será muy difícil. En definitiva, un sistema es más democrático en la medida en que los ciudadanos tienen, individual y colectivamente, verdadero poder como tales, no son meros súbditos y son, por lo tanto, más sujetos.
El objetivo que persigue la participación de los ciudadanos en los asuntos públicos no es otro, por tanto, que darle contenido y ampliar la democracia (recordemos que democracia significa «gobierno del pueblo»), avanzando en lo que se conoce como «democracia participativa». En contraposición, cuando en un país sólo se practican algunas de las libertades básicas (voto cada cuatro años, libertad de expresión,…) podemos hablar de «democracia formal». En las sociedades complejas la participación persigue que los habitantes de un lugar sean más sujetos sociales, con más capacidad para transformar el medio en que viven y de control sobre sus órganos políticos, económicos y administrativos. Requisitos para poner en marcha un proceso de participación
Desde un órgano de gobierno, a cualquier nivel (ya sea una Comunidad Autónoma, un Ayuntamiento, o, incluso, la Junta Directiva de una Asociación) tenemos que tener en cuenta que, si queremos poner en marcha un proceso participativo, para que la participación sea sostenible, se dé a lo largo del tiempo, se deben de cumplir tres requisitos: poder, saber y querer (Equipo Claves, 1994). Condiciones para la participación:
  • Poder. Crear cauces que la permitan, normas, mecanismos, estructuras, organización. Es el primer paso imprescindible para poner en marcha cualquier proceso de fomento de la participación.
  • Saber. Capacidad, conocer cómo, habilidades, destrezas,… lo cual exige aprendizaje, saber unas técnicas.
  • Querer. Incentivar la participación, mostrar que participar es algo satisfactorio, creativo. Explicar las razones, los motivos para participar, qué es algo útil para la sociedad y para nosotros mismos. Crear motivación, interés, deseo… es tal vez lo más difícil o lo que más fácil se nos olvida de explicar a los que estamos acostumbrados a participar en los asuntos públicos.

Por lo tanto y para que los ciudadanos quieran la participación, debe de ser eficaz, que la ciudadanía la vea como algo que les es útil, que sirve en lo concreto y que se tienen en cuenta sus opiniones y los compromisos acordados, que hay resultados públicos verificables y evaluables.
Democracia y participación
El principio de una “persona igual a un voto” es básico para todo sistema que quiera ser democrático, para cualquier sociedad y, en la actualidad, para cualquier lógica. Eso no quita que dicho principio haya sido utilizado para eliminar la acción colectiva o, incluso, para evitar la discusión: si ante un problema colectivo lo que se hace desde el ámbito del Poder (institución pública o estructura administrativa) es forzar la votación, sin un debate previo. Siempre que se vota se está eligiendo entre varias posibilidades, siempre reducidas, escasas y excluyentes.
Eso no evita que, ante un problema existente en la sociedad, que se puede solucionar mediante una acción o una actividad, después del debate habrá que optar y elegir cual es la actividad a realizar más adecuada, y para ello el sistema más democrático es, en última instancia, votar. Por lo que no existiría otra lógica más democrática diferente a ésta, a menos que se obligue al voto sin más. Si se «obliga» ya deja de ser democrática, si se impide el debate y la acción colectiva, no existe posibilidad de voto democrático.
Democracia implica considerar a cada persona como un universo distinto y, a la vez, con los mismos derechos y obligaciones que los demás (supone también, una persona = un voto).
Históricamente podemos decir que las sociedades tienen su origen en una organización local simple, con existencia sólo de sistemas autoritarios y/o de democracia comunal, directa y participativa, sin necesidad de la democracia representativa (que aparece con posterioridad). Pero esto ya es historia.
También hoy en día puede existir la democracia «sin representantes» en el interior de grupos y colectivos e, incluso, en núcleos de población (comunidades y municipios pequeños) que se rigen por el sistema del Concejo Abierto, reconocido por nuestra legislación, pero no son un universo aislado del resto de la sociedad. Las sociedades complejas necesitan mecanismos de representación para funcionar democráticamente, más allá de la democracia directa que se puede dar para determinados ámbitos y procesos concretos.
Los tres niveles básicos de la participación
Es habitual, desde los ámbitos del poder institucional, confundir participación con información. Sin embargo, la información es sólo el primer nivel, o requisito previo, por el que se abren vías para la participación. Así podemos distinguir los siguientes niveles:
  • Información/Formación. Tener información suficiente sobre cualquier actuación pública es imprescindible para que pueda existir la participación de los afectados por dichas actuaciones. Información implica también Formación: la información que no es entendida no sirve, por lo tanto a veces es necesaria una labor previa de formación. Por ejemplo, para iniciar un proceso de participación ciudadana en urbanismo es necesario informar no sólo de lo que el ayuntamiento quiere realizar sino, previamente, de las diferentes posibilidades existentes con arreglo a las normativas legales, las repercusiones económicas y sociales de los procesos urbanísticos, etc. Siguiendo con el ejemplo, para redactar un Plan General de Ordenación Urbana deberemos iniciar el proceso de participación con una campaña informativa sobre qué es un Plan General, sus fases,… antes de iniciar el proceso oficial de participación (legal y obligado) de recogida de sugerencias y, posteriormente, de informar sobre las alegaciones que los vecinos y las asociaciones pueden realizar. … Así habrá que responder a preguntas del tipo de: qué tipo de ciudad queremos, qué desarrollo, en los espacios libres qué tipo de equipamientos queremos: culturales, sociales, integrados, … ¿centros cívicos integrales en cada barrio o centros sectoriales especializados? ¿qué es lo más necesario. un nuevo hospital para la ciudad o centros de salud con especialidades en cada distrito?… En definitiva mediante estos procesos de información/formación la ciudadanía aprende que participar también implica tener que optar entre diferentes alternativas y que los recursos públicos, tanto el presupuesto, como el suelo o el patrimonio disponible, siempre son escasos y limitados (en el cap. 4.2. veremos algunas propuestas sobre información, entre otras la necesidad, la obligación hoy, de utilizar las nuevas tecnologías desde las administraciones públicas).
  • Consulta y Debate. Significa que los afectados den su opinión, realicen sugerencias y alternativas, y se abra una fase de diálogo entre administración y ciudadanos. Esta segunda fase es la continuidad natural de la anterior. Después de la información entendida l@s ciudadan@s darán su opinión de una forma madura. Desde el principio la ciudadanía opina. No debemos ver estos niveles de la participación como estancos, cerrados, los tres son fases que se pueden ir superponiendo, lo cual es positivo si se sabe ordenar y se tienen claros los procesos y los objetivos. Mediante la Información y la Consulta podremos posibilitar llegar a propuestas de consenso que, a la larga, serán más eficaces y útiles que las realizadas sin participación.
  • Participar en la gestión: la gestión compartida o trabajo en común (Cogestión). Toma de decisiones conjunta y ejecución compartida por los miembros de una colectividad. Es el nivel de la participación que tiende hacia formas de cogestión y autogestión ciudadanas» (Alberich,T. 2002, 2004). Ya S. R.Arnstein en 1969 («A Ladder of Citizen Participation» JAIP, vol. 35) hablaba de ocho niveles de participacion , incluyendo los tres citados. La participación ciudadana son mecanismos que pretenden impulsar el desarrollo local y la democracia participativa a través de la integración de la comunidad al quehacer político. Está basada en varios mecanismos para que la población tenga acceso a las decisiones del gobierno de manera independiente sin necesidad de formar parte de la administración pública o de un partido político.

Otra forma en que se manifiesta la participación ciudadana es a través de las ONGs las cuales pugnan por ciertos temas sociales sin sustituir en las funciones del gobierno sino evaluándolas, cuestionándolas o apoyándolas. También puede proponerse a través de la discusión de temas de importancia de los ciudadanos en foros organizados o por otras vías para llegar a un consenso.
Últimamente, organismos estatales forman consejos ciudadanos para la administración o evaluación de las políticas públicas, formados de ciudadanos interesados y expertos independientes.
Durante los últimos años se viene potenciando la necesidad de un proceso de participación pública, de un proceso de identificación e incorporación de las preocupaciones, necesidades y valores de los distintos agentes en la toma de decisiones. Una correcta participación pública consiste en un proceso de comunicación bidireccional que proporciona un mecanismo para intercambiar información y fomentar la interacción de los agentes con el equipo gestor del proyecto.
Algunas Administraciones prestan muy poca atención a la participación de los agentes, bien considerando que los profesionales son los más adecuados para tomar las decisiones de transporte con una orientación técnica, bien porque los políticos locales piensen que ellos representan mejor los intereses de los distintos agentes. Los beneficios de la participaciónson diversos:
  • Aporta el punto de vista de los usuarios/clientes que puede mejorar los proyectos y planes.
  • Demuestra un compromiso con una gestión eficaz y transparente.
  • Potencia el papel de los agentes aumentando la aceptación general del proyecto.
  • Ayuda y mejora la toma de decisiones en todas sus fases.
  • Puede evitar serios problemas de contestación que demoren o invaliden el proyecto.
  • Facilita el desarrollo de los proyectos en fase de construcción.

En marzo de 2006, se celebraron las I Jornadas de Participación Ciudadana en la Planificación de las Infraestructuras organizadas por el Gobierno Navarro y la Asociación Española de la Carretera. Se presentaron numerosos casos y experiencias de nuestro país y las principales lecciones aprendidas se resumen en:
  • La participación en los aspectos ambientales está arraigada y puede ser una referencia sobre lo que hay que hacer en una participación social en sentido más amplio.
  • El proceso de información pública contemplado en el sistema legal actualmente vigente en España está lejos de su potencial. Requiere una mejora en cuanto a su alcance y forma para lo que podría ser necesario ampliar el plazo. Quizá también habría que valorar la posibilidad de potenciar su carácter vinculante.
  • La creación de un grupo de participación estable como pactos o foros de movilidad facilitan la participación ciudadana y consolidan una cultura en la relación Administración-organizaciones sociales que facilita la compresión mutua y permite ir madurando proyectos. – La Administración más cercana al ciudadano, la local, es la que mejor puede valorar la representatividad de las asociaciones y de los grupos de presión y, por tanto, debe tener un papel relevante. Los mensajes a los ciudadanos, sin embargo, deben ser coordinados desde las distintas Administraciones en un proceso de participación bien planificado.
  • No es sencillo apostar por una participación ciudadana amplia, pero las experiencias en España han resultado muy satisfactorias, sirviendo para mejorar los proyectos y facilitar su puesta en marcha.
  • Al igual que ocurre con un buen proyecto de construcción, los costes de participación son muy reducidos en relación con las inversiones de los planes y proyectos, pero deben estar claramente identificados y tener partidas específicas que aseguren su viabilidad.

Fuente: Wikipedia

"Tengo 22 años y llevo tres meses en la calle"

JAVIER RAMOS – 27-04-2011

Alberto tiene 22 años y lleva algo más de tres meses en la calle. «Antes vivía con mi madre en Plaza de España, en un piso alquilado, pero cuando ella murió tuve que dejarlo». Ahora pasa los días en la Gran Vía madrileña, entre la dureza de la acera y la sordidez del cajero en el que duerme. Este joven madrileño que estudió carpinteríaafirma no tener más familia que un hermano “que ha caído en la droga” y unos tíos que no quieren saber nada de él. Aprovecha las estaciones de Metro para cargar el móvil y así poder recibir las llamadas de su ex novia, quien de vez en cuando le proporciona ropa. “Pero no me puedo quedar en su casa, claro, tengo que estar en la calle, además sus padres no quieren que vaya allí”, admite.

Alberto es una de entre las 550 y 700 personas ‘sin hogar’ de Madrid, según las últimas estimaciones del Ayuntamiento y varias entidades sociales. Cuando se quedó sin el piso donde vívía, su primera opción fue buscar un albergue donde pasar las noches. “Fui a ‘La Cristalera’, en el Paseo del Rey. Tenía 40 plazas, así que tuve que hacer cola, entramos 40 y el resto se quedó fuera”, comenta este joven. “No había camas, dormí en un sillón muy incómodo y a las siete de la mañana tuve que salir de allí”.

En el albergue donde durmió Alberto no había plazas para todos. Hecho que coincide con la opinión de dos personas que mantienen un contacto estrecho con este colectivo y que contrasta con el parecer del alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, quien propuso la creación de una ley estatal que permita a los ayuntamientos retirar de las calles a los indigentes.

LISTAS DE ESPERA

El regidor afirmó que “todo aquel sin techo que duerme en la calle lo hace por voluntad, no por necesidad”. No es la opinión de Enrique Cuesta, coordinador del proyecto contra la exclusión de Acción en Red, quien lleva 14 años asistiendo de forma voluntaria a personas ‘sin hogar’. “No hay recursos para todos, Gallardón miente de forma consciente. Hay 1345 plazas y en los albergues hay listas de espera”. El Alcalde sostiene que Madrid cuenta con 1.800 plazas para este colectivo. La diferencia entre ambas cifras tiene su origen en la ‘Campaña del Frío’ que pone en marcha el Consistorio hasta el 31 de marzo. Aunque, según comenta Alberto, éste acudió al albergue de ‘La Cristalera’ en plena operación contra las bajas temperaturas, y aún así hubo gente que se quedó fuera.

Andrés Gabaldón es psicólogo y director técnico del albergue madrileño San Juan de Dios, quien abunda en la tesis de Enrique sobre la escasez de plazas, situación que se recrudece “una vez terminada la ‘Campaña del Frío”. Enrique, quien desarrolla su labor voluntaria los fines de semana con los ‘sin techo’ del centro de Madrid, habla de la forma de proceder del Ayuntamiento una vez que ha terminado esta operación que coincide con las bajas temperaturas. “Solo trasladan a la persona a un recurso si se trata de una ‘situación de emergencia’, por ejemplo si acaba de salir de hospital”. Según explica, si no se trata de casos de esta índole el solicitante tiene que “buscarse la vida”; además, este voluntario afirma que los indigentes trasladados a estos recursos ‘de emergencia’ están condenados a abandonarlos a los pocos días. A pesar de ello, Enrique reconoce que en los servicios del Ayuntamiento de atención a este colectivo hay “profesionales muy vocacionales” pero “con pocos medios”.

Alberto no quiere frecuentar más los albergues, a pesar de que fueron su primera opción cuando se quedó en la calle. “Un día, al salir de ‘La Cristalera’, cuando me había alejado un poco, un grupo de personas se me acercó, me pegó y me quitó una maleta con toda la ropa que tenía”, desarrolla preocupado. “Desde entonces prefiero dormir en un cajero a que me vuelvan a robar lo poco que tengo”. En esa maleta, Alberto tenía todas las pertenencias que pudo coger de su casa de alquiler cuando se vio obligado a abandonarla. Ahora cuenta con una mochila discretamente abultada, mientras va vestido con un raído pantalón de chándal y una camiseta. A pesar de estar en pleno mes de abril y lucir una tarde soleada, Alberto no deja de tiritar hasta que una señora se acerca a él y le regala un abrigo rojo que el madrileño se enfunda en un santiamén.

UN 50,8% HA SIDO VÍCTIMA DE ALGÚN DELITO

“Una de las ideas que se tienen de las personas ‘sin hogar’ es que son criminales, vagos y maleantes, cuando justamente es al contrario, son ellos los que son víctimas de delitos”, sostiene el director del albergue San Juan de Dios, que aloja entre sus muros a 140 hombres. Uno de los últimos estudios publicados sobre las personas ‘sin techo’ que viven la capital madrileña, realizado en abril de 2008 y coordinado por tres profesores universitarios, apunta que el 50,8 % de los indigentes ha sido víctima de algún tipo de delito. Este trabajo también pone de relieve la juventud de una buena parte de este colectivo. Un 20,7 % tenía menos de 31 años, y el 47% del total era de nacionalidad española; como Alberto.

La propuesta de Ruiz Gallardón llegó también a oídos de Alberto, quien invita al alcalde a que conozca “de verdad la realidad” y a quien le parece “una barbaridad” el deseo del regidor madrileño. Las polémicas declaraciones de Gallardón fueron realizadas en presencia del presidente de la Asociación de Comerciantes de la Gran Vía, Florencio Delgado, que calificó a los personas que duermen en la calle de “pedigüeños que campan a sus anchas”.

Sebastián Sánchez Lorente es abogado especializado en extranjería, asilo y refugio. Este letrado sostiene que “no se puede encerrar a nadie en contra de su voluntad”, pues supondría una “privación de su libertad”, además atentaría “contra la libertad ambulatoria”. Solo “la comisión de un delito o motivos psiquiátricos podrían contradecir esto”, prosigue. “Una cosa es pedir a 80 personas que están acampando en Plaza de España que se vayan por motivos de orden público, pero eso no se puede hacer ni con una persona ni mucho menos obligar a nadie a estar en un determinado lugar”. Contra la idea del alcalde de Madrid también alzó la voz el colectivo que agrupa a distintas organizaciones que trabajan con personas ‘sin hogar’ (FACIAM). Un comunicado de este ente recalca que las palabras del gobernante vinculan a los ‘sin techo’ con conceptos como”delincuencia y violencia”.

¿POR QUÉ SE TERMINA EN LA CALLE?

La familia y el trabajo fueron los principales factores que causaron que Alberto terminara en la calle. Ello encaja con la explicación que el psicólogo y director del Albergue San Juan de Dios ofrece en relación a este problema. “Pueden fallar aspectos personales, como por ejemplo que se tenga una enfermedad o una psicopatología, o que falle la red familiar; también pueden ser problemas estructurales como la falta de empleoy problemas de relación, como la ausencia de habilidades sociales”.

Según el estudio realizado en 2008 antes citado, el 22,6% afirmaba que el desempleo fue el principal agente que influyó en su situación, mientras que un 21,1% sostuvo que el gran escollo fueron los problemas familiares.

En este sentido, el 51,9% no tenía contacto con su familia o carecía de ella, aunque por otro lado, un 24,7% del total declaró que estaba casado o formaba parte de unapareja de hecho.

VOLUNTARIADO

A pesar de todo, salir de la calle es posible, tal y como espera Alberto, quien confía en“recibir una pensión, poder alquilar una habitación, asearme y salir a buscar trabajo”. Este es el objetivo de los colectivos y recursos que trabajan con las personas ‘sin hogar’. Enrique Cuesta, miembro de Acción en Red, explica que cada fin de semana miembros de esta organización salen a la calle “para hacer algo tan simple pero tan necesario como charlar con estas personas”, además de preguntarles si necesitan algo y proporcionárselo, informarles sobre recursos y trámites administrativos y darles alimento. Alberto muentra ufano la libreta que un grupo de voluntarios nocturnos le proporcionó, con información sobre albergues, comedores o distintos servicios como aseoría jurídica, mientras afirma convencido: “Esas personas son las que más me ayudan, me dan de comer, me hacen compañía y me informan de cosas útiles.”

Por su parte, el trabajo de Andrés Gabaldón consiste en proporcionar cobijjo y las herramientas necesarias a las personas que duermen en el Albergue San Juan de Dios para “encontrar una alternativa”. Según apunta, “puede ser un pequeño trabajo o una pensión con la que pagarse una habitación”, pero no niega que la situación de algunos de los hombres a los que asiste es difícil, ya que como resultado de vivir durante largo tiempo en la calle “pueden tener un gran deterorio psicosocial”.

En este centro también hay voluntarios que colaboran. “Vienen dos horas semanales y realizan labores de acogida, acompañamiento, les atienden con la cena, están en el ropero,” explica Ándres, quien también incide en la importancia de desarrollar talleres para la adquisición de habilidades sociales, autoestima o asertividad para lograr el progreso de estas personas..

SOLUCIONES

Tanto él como Enrique apuntan que se debe cambiar la manera de afrontar este problema. Por una lado, “ofreciendo más recursos y mejores”, sostiene Andrés, mientras que por otro, “es muy importante la prevención, evitar que se llegue a estar en la calle”, explica Enrique. “En otros países se está atento a si una familia encadena impagos, para que el estado pueda reestructurar su deuda, cualquier cosa menos que termine en calle”.

De igual manera, terminar en la calle era lo último que quería Alberto, pero no vio “otra salida” Confía en salir pronto, y, según comenta, está pendiente de una pensión para personas en su situación, “aunque tarda tres o cuatro meses en tramitarse”. En un momento dado, la señora que furtivamente se acercó a él y le brindó su chaqueta, le comenta: “Creo que han aumentado la edad para cobrar una pensión de orfandad hasta las 25 años, tienes que mirarlo”. A Alberto parecen iluminársele los ojos, quizá con la esperanza de que sus tres meses en calle se alejen cada vez más de convertirse en una estancia indefinida.

javier.ramos@elreferente.es

Este reportaje participa en los Premios de Periodismo Solidario de Canal Solidario, si quieres ayudar a que gane, pincha en este enlace y pulsa ‘me gusta’ o haz retweet en la página que se abre. 

Visto en: El Referente.

El escritor

El escritor (The Ghost Writer) es una película franco-germana-británica estrenada en 2010, basada en la novela de Robert Harris, del mismo nombre. Está dirigida por Roman Polanski y protagonizada por Ewan McGregor Pierce Brosnan.

ArgumentoTras la muerte en extrañas circunstancias del escritor fantasma del ex Primer Ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan), se contrata a un remplazo (Ewan McGregor) para ordenar y completar el manuscrito de las memorias en curso. La compensación y la relativa facilidad del trabajo ayudan a convencerlo de obviar la sospechosa muerte de su predecesor. Se dirige entonces a la residencia de Lang en la isla de Martha’s Vineyard, frente a la costa de Massachusetts. El día de la partida, sin embargo, un ministro acusa públicamente a Lang de haber autorizado el secuestro de sospechosos de terrorismo, así como de someterlos a las torturas de la CIA. Como se trata de un crimen de guerra, Lang es acusado formalmente por la Corte Penal Internacional de La Haya. Temiendo ser detenido, decide permanecer en Estados Unidos, un país que no reconoce la autoridad del tribunal.


Analogías: La BBC señala que el personaje «estuvo inspirado en Tony Blair […] Además, el fantasma de Blair persigue al ficticio Lang, tanto en las referencias a la guerra de Irak, la guerra contra el terrorismo y la estrecha relación con Estados Unidos».

En el film se acusa a Lang de crímenes contra la humanidad por entregar a ciudadanos británicos a la CIA y ser luego torturados. Sobre este tema, la BBC cree que es poco probable que fuera considerado como tal por la Corte Penal Internacional Tribunal de Justicia, ya que los actos no fueron «cometidos como parte de una política de gran escala».
Por otro lado, resulta curioso que los actores que interpretan a Richard Rycart -secretario de Relaciones Exteriores- y a la secretaria de Estado de EE. UU. se parecen físicamente a sus homólogos en la vida real: Robin Cook y Condoleezza Rice, respectivamente. Al igual que en la película, Cook tenía fuertes diferencias con la gestión de Blair en materia de política exterior.