Este tipo de técnicas, responden -en el Trabajo Comunitario- a la necesidad de cualquier grupo de reflexionar sobre la realidad en la que vive, conociéndola y analizándola, identificando el lugar que -personalmente y como grupo- ocupan en esa realidad.
Son técnicas particularmente apropiadas para un grupo que se está empezando a formar como grupo y que se pregunta por su realidad (si no lo hace de propio intento, el trabajador comunitario deberá impulsarlo -sutilmente, sin forzar los “intereses temáticos” expresados por el grupo, tomándolos como “punto de entrada” para, desde ahí, ir introduciendo y profundizando en el conocimiento de nuevos aspectos de la realidad relacionados con los intereses iniciales).
También son técnicas adecuadas para un grupo cuya cohesión relacional es fuerte, pero que carece de objetivos claros para su acción común. O para viejos grupos cuyos objetivos iniciales no fueron revisados nunca o casi nunca y ya no sirven para actuar de “motor” de su acción.
Y nos servirán para otras muchas situaciones grupales, a poco que los trabajadores comunitarios analicemos bien el “momento” de cada grupo con el que desarrollamos nuestra intervención.
En todos los casos, son tres los aspectos de la realidad cuyo reconocimiento y análisis más nos interesa:
 
  •  Los “datos objetivos” de la realidad, aquellos que describen y caracterizan el contexto “físico” y social en el que vive el grupo.
  • Los valores “subjetivos”, las motivaciones, deseos, intereses, demandas, las formas particulares en las que el grupo percibe e interpreta esa realidad.
  •  Las prácticas concretas que el grupo -sus miembros y el conjunto de ellos- desarrolla en esa realidad: qué hace, cómo reacciona, cómo se desenvuelve, cómo actua, cómo responde a sus necesidades e intereses.

 

Este enfoque múltiple (que coincide básicamente con el “triple autodiagnóstico” que propone Carlos Nuñez), permite obtener una “imagen” más completa, compleja y dinámica, dialéctica, de la realidad.
El objetivo de estas técnicas, no obstante, no se reduce a “describir” la realidad, sino a analizarla “críticamente”. Pretendemos que el grupo contraste los datos de la realidad, se pregunte por las relaciones existentes entre ellos, por las causas y los efectos de los problemas descubiertos, que compare “lo que piensa de la realidad” con “lo que dice de ella” y con “lo que hace”.
Por eso es imprescindible que cada técnica prevea un tiempo suficiente para el diálogo, para el coloquio, para el debate, para la reflexión colectiva, para decir en voz alta lo que vamos descubriendo colectivamente.
Estas técnicas han de permitir a los grupos identificar sus problemas, necesidades e intereses comunes. Como puede apreciarse, son técnicas que vienen a reforzar, de forma determinante, la construcción de la “identidad” grupal. Reconocer y reconocerse en la realidad concreta es condición de la identidad colectiva y, por tanto, de la capacidad de definir objetivos comunes y actuar conjuntamente para alcanzarlos.
Presentamos algunos ejemplos de estas técnicas…
UN COLLAGE
El objetivo de la técnica es profundizar en el conocimiento de la realidad, discriminando y analizando los distintos rasgos, empezando a diferenciar su significación -favorable o desfavorable- para el desarrollo grupal. Tiene el interés adicional de que emplearemos un lenguaje gráfico, de imágenes, que permitirá una interpretación más abierta y creativa de los resultados.
Emplearemos cerca de dos horas en el desarrollo completo de la técnica y necesitaremos cartulinas, tijeras escolares, barras de pegamento sólido, revistas viejas, papel y lapiz.
Les pediremos a los participantes que se dividan en dos o cuatro subgrupos. A uno, o a dos, de ellos le pediremos que haga una lista de todos los RASGOS, CARACTERISTICAS, CUALIDADES, NECESIDADES SATISFECHAS, POTENCIALIDADES, VALORES, ENTIDADES O GRUPOS… concretos, existentes en  nuestra comunidad, en nuestro entorno social, que sean, en su opinión POSITIVOS, CONTRIBUYAN AL BIENESTAR, A LA FELICIDAD COLECTIVA.
Al otro, o a los otros dos subgrupos, le pediremos que hagan también una lista de rasgos, caracteristicas, cualidades, potencialidades, valores, entidades o grupos… concretos, que existan la comunidad en la que vivimos, en nuestro entorno social próximo, pero en este caso serán NEGATIVOS, LOS QUE NO CONTRIBUYEN AL BIENESTAR, A LA FELICIDAD COLECTIVA.
El “reparto de papeles”, positivo o negativo, se realizará sin que los demas grupos se enteren de la misión encomendada a cada uno, que debe quedar “secreta” hasta el final del ejercicio.
Esas listas deberán formarse con cuestiones precisas, concretando, buscando ejemplos reales que sean claros. Cuanto menos abstractos y genéricos seamos, mejores serán los resultados.
Al cabo de una media hora, entregaremos a cada subgrupo una cartulina, una tijera escolar, una barra de pegamento y unas cuantas revistas gráficas (revistas dominicales de periódicos diarios, revistas del corazon y de actualidad, revistas políticas, etc).  Les pediremos entonces que, durante treinta minutos más, “traduzcan” su lista a imágenes, que elaboren un collage -identificando, recortando, combinando y pegando imágenes en la cartulina- en el que se represente su visión, positiva o negativa, de nuestra realidad.
Finalizado el tiempo, los trabajos se fijarán a la pared, sin indicar su caracter positivo o negativo, y, por turno, los grupos irán “interpretando” los collages de los otros subgrupos. Cuando le corresponda al collage de un grupo, este callará y escuchará a los demás, añadiendo sus aclaraciones SOLO al final de las opiniones ajenas.
¿Qué piensan los demás grupos que quiere decir ese collage? ¿Su sentido es “positivo” o “negativo”? ¿Qué rasgos de nuestra comunidad, de nuestro entorno social, aparecen reflejados?
Así, iremos descodificando uno por uno los collages. Al final, pondremos en común nuestras listas, haciendo una síntesis de los rasgos positivos y negativos, completando o ampliando la lista con ideas que hayan surgido en los pasos anteriores.
El resultado de este ejercicio nos puede “dar mucho trabajo”. A partir de las primeras conclusiones obtenidas podemos: concretar los rasgos con ejemplos aún más concretos, relacionar unos y otros rasgos, priorizar aquellos que consideramos más significativos o más mayoritarios, señalar cuales de esos rasgos son también los nuestros como personas o como grupo, etc. Todo dependerá de lo que queramos y/o necesitemos profundizar en el análisis y el conocimiento de nuestra realidad.
PICTOGRAMAS O MURALES
El objetivo, una vez más, es facilitar una observación y reflexión colectiva de la propia realidad, que permita profundizar en su conocimiento de la realidad concreta.
Esta técnica también utiliza un “lenguaje” gráfico o plástico, enormemente creativo y que facilita la participación de un grupo numeroso de personas.
Necesitaremos bastante tiempo (un mínimo de dos horas) y distintos materiales de pintura.
Buscaremos una pared, un muro blanco o, mejor aún (aunque menos espectacular), desplegaremos y pegaremos o fijaremos con chinchetas, en una pared lisa, un largo trozo (10-12 metros) de papel blanco de rollo ancho (+ de 1 metro). Nos haremos con pinturas: rotuladores y/o ceras de colores, tempera escolar y pinceles, sprays, etc. En cantidad suficiente para el número de personas que formemos el grupo.
Les recordaremos a los participantes que, desde el principio de los tiempos, en todas las culturas, y en algunas en especial,  (la cultura rupestre, los egipcios, los indios américanos, etc.) se han utilizado los pictogramas, las imágenes pintadas o esculpidas, para representar la realidad.
Les pediremos que se dividan en tres subgrupos. A cada uno le pediremos que prepare y realice un “pictograma”. El primero deberá representar a nuestra comunidad, nuestro pueblo, nuestro barrio, tal y como era hace veinte años. El segundo representará a nuestra comunidad, barrio o pueblo, tal y como és hoy. El tercero representará a nuestra comunidad tal y como cree que será dentro de veinte años (de acuerdo con el desarrollo previsible de sus defectos y virtudes, de sus problemas y soluciones, etc.).
Primero se reunirán durante más de media hora a preparar el “pictograma”, a seleccionar sus contenidos y pensar como lo representarán.
Luego, durante más de media hora también, volcarán al papel (o a la pared, o al muro), sus ideas. No importa que no sean “artistas”, aunque convendrá que repartamos a los miembros del grupo que tengan mayores habilidades pictóricas entre los tres subgrupos.
No buscamos la calidad artística sino la calidad representativa: que los pictogramas representen lo más fiel y completamente la realidad.
Al concluir los trabajos, los “interpretaremos”. Los grupos iran pasando por los otros dos pictogramas, intentando descubrir lo que quieren decir y tomando nota de nuevas ideas que se les ocurran a la vista de cada uno.
Luego haremos una puesta en común, comentando uno por uno los pictogramas. Opinarán primero los otros dos subgrupos que no trabajaron en él. Después opinarán los “autores”. Así iremos completando y añadiendo rasgos (reflejándolos, a ser posible, de forma gráfica en los propios pictogramas).
Este ejercicio también nos puede “dar mucho trabajo”. Podemos profundizar el trabajo comparando de dos en dos los pictogramas, viendo lo que ha cambiado del pasado al presente, qué ha desaparecido, qué ha aparecido de nuevo. Podemos comparar igualmente el presente con el futuro, haciendonos las mismas preguntas. Podemos, a la vista de todo, señalar qué problemas y necesidades no están resueltas y como pensamos que se van, o no, a arreglar en el futuro.
En fin, podemos llegar hasta donde nos lleve nuestro interés y/o nuestra necesidad de conocer mejor nuestra realidad concreta.
EL MAPA DE LA COMUNIDAD
El objetivo de la técnica es facilitar la reflexión sobre nuestra percepción del entorno y, en consecuencia, favorecer un conocimiento más completo y profundo de la realidad concreta en la que vive el grupo.
Necesitaremos cartulinas y rotuladores. El tiempo que requeriremos será aproximadamente de 1 hora y media.
En primer lugar, pediremos a los participantes que, durante 10 minutos, dibujen en un papel un mapa del entorno inmediato, del barrio, del pueblo, de la ciudad en que vivimos. Ese mapa -que no es necesario tenga calidad “cartográfica”- deberá representar todos aquellos lugares que tengan una significación, que representen algo importante para el participante y para el grupo en general.
Luego, durante treinta minutos, nos reuniremos en subgrupos y compararemos nuestros mapas, confeccionando entre todos uno sólo y reflejándolo en una cartulina. Los diferentes mapas se pegarán a la pared y cada subgrupo, durante 15 minutos, observará el mapa de otro, tomando nota de todas aquellas cosas que eche de menos y que no fueron reflejadas.
Por último, haremos una puesta en común en la que los portavoces de los subgrupos irán presentando sus conclusiones y, con todas ellas, iremos confeccionando un sólo mapa común.
Luego entraremos a comentar y debatir el mapa: los lugares que aparecen; aquellos que no han sido reflejados; las diferencias entre los mapas de un subgrupo y otro; etc.
MI GRUPO, MI ASOCIACION: UN VEHICULO
Le técnica tiene por objetivo facilitar un mejor conocimiento de nuestro propio grupo, muy particularmente si todos sus miembros formamos parte de una misma organización o asociación.
Para su desarrollo necesitaremos papel y lápices. El tiempo que precisa puede ser de una hora aproximadamente.
Pediremos a los participantes que, en un folio de papel, realicen un dibujo representando a nuestra asociación y organización como si fuera un vehículo determinado. Para ello dispondrán de 10 minutos.
Podremos dibujar aquél vehiculo que, en nuestra opinión, se corresponda mejor con nuestra asociación: una bicicleta, una barca de remos, un globoaerostático, un tren, un coche deportivo, un yate, un turboreactor, un cohete espacial, etc., o inventar nuestro propio vehículo combinando elementos de varios.
Trataremos de representar, así mismo, todo tipo de detalles del vehiculo, por ejemplo: quién lo conduce; qué tipo de combustible utiliza; hacia dónde se dirige, etc. Los miembros de nuestra asociación podrán representarse como partes del vehiculo, según la función que cumplan, o como pasajeros en una determinada actitud.
Luego, haremos una ronda y cada participante mostrará y explicará su dibujo. Al término de la ronda abriremos un coloquio, comentando los diferentes dibujos, las coincidencias -ya sean estas representadas de una forma u otra- y las discrepancias que reflejan percepciones distintas de cómo es nuestra asociación u organización.
Podemos concluir realizando un solo dibujo común que refleje las características que hemos consensuado.
LOS TRES DESEOS DEL GENIO
Esta técnica es muy útil para que el grupo formule y analice objetivos para su acción.
Necesitaremos papel y lápices y algo más de una hora de tiempo.
Recordaremos a los participantes los múltiples cuentos en los que aparece un genio -del interior de una botella, una lampara, etc- y concede tres deseos al protagonista.
Este es nuestro caso, tenemos un genio dispuesto a concedernos tres deseos en relación a alguna situación o problema determinado (por ejemplo, en relación al desarrollo del propio grupo,  a la solución de algún problema que le afecte, etc). Solo pide que esos deseos sean posibles y realistas, o sea, que se puedan conseguir sin recurrir a fuerzas extraordinarias o sobrenaturales, que dependan de la acción humana y sean coherentes con las condiciones concretas y reales existentes. Pide también que esos tres deseos sean los más importantes porque respondan a las principales necesidades relacionadas con el tema o cuestión que hayamos seleccionado.
Cada participante deberá pensar y escribir sus tres deseos. Luego nos repartiremos en subgrupos y compararemos, durante media hora, nuestros deseos, intentando seleccionar, de entre todos, los tres más importantes en opinión de todo el subgrupo.
A continuación realizaremos una puesta en comun, en la que el portavoz de cada subgrupo irá exponiendo sus deseos, mientras vamos tomando nota de todos ellos en la pizarra o rotafolio.
Cuando estén todos reflejados, eliminaremos aquellos que sean más “mágicos”, que dependan de la voluntad o la acción de otras personas ajenas al grupo, que no sean realistas, que no sean fundamentales. Luego, agruparemos colectivamente los que queden por su afinidad o similitud. Por último, seleccionaremos los tres deseos comunes que vamos a pedirle al genio.
Los genios, como todo el mundo sabe, solo existen en los cuentos. El único “genio” que conocemos es el propio grupo, capaz con su esfuerzo de lograr lo que se proponga y esté a su alcance. En consecuencia, tomaremos uno por uno los deseos y debatiremos entre todos la forma de alcanzarlos, identificando los pasos necesarios que debemos dar para que se lleven a cabo.
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