La frase que da titulo al post, se la dije a mi grupo de colegas hace ya unos años, estando todavía en el instituto (ya llovió…)
Como siempre quedábamos al comienzo de la tarde, en un bar del barrio que tenía billar y precios asequibles a  nuestra economía de estudiantes. La mayoría ya estaban allí, y yo llegué el último, siendo esa frase la primera que les dije al aparecer por la puerta.
Artista callejero en la Plaza Mayor de Madrid, 2010.
Ellos y ellas se quedaron mirándome, algunos con cara desconcierto, y otras con una sonrisa. Pero todo el grupo quería saber porque había dicho aquello. Pues, aquel día, debía estar muy agobiado y cabreado por lo que supongo que en aquel momento me parecía el fin del mundo (dulce adolescencia…), ni siquiera recuerdo ahora que era lo que me disgustaba, pero si recuerdo porque les dije esa frase.
De camino de mi casa al bar para verme con mis colegas, iba enfurruñándome con aquello que me cabreaba, hasta que vi a un crío pequeño, de unos 3 años, riéndose a carcajadas por las pompas de jabón que iba haciendo con su pompero (si, ese que casi todo el mundo tuvo de pequeño). Ver al pequeñajo reírse, hizo que me riera yo, y que me surgiera la idea de que si todo el mundo disfrutaba y se divertía tanto por una simple pompa de jabón, la solución a los problemas estaba clara. ¡Más pompas de jabón!
Desde entonces cada vez que veo cosas que se tuercen, me gusta recordar lo que me reí con el niño aquel que hacía pompas de jabón. Y ahora que yo sigo con mi depresión periodística, ya que cada vez que leo la prensa veo suicidios, recortes, secuestros y gente muy jodida, más pienso en lo importante de disfrutar y pasarlo bien.
Ni me lo creía cuando dije la frase, y ni ahora, que las pompas de jabón fuesen a arreglarlo todo, pero al menos si que nos pueden servir aliviarnos.
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