Vale, que hay que ser felices aunque sea por j*d*r, que debemos quejarnos donde se pueda, que debemos hacer red y pero… ¿Debemos contarlo todo?

Antes de explicar el por qué de esta entrada, dos premisas:

  • Segunda. Quizás a la gente de mi edad (29 que tengo a día de hoy) y de aquí para arriba, la era de las redes sociales nos pilló de imprevisto, vamos que “antes, no existían”; mis sobrinas (3 y 9 años) por ejemplo, lo tienen y tendrán asumido que es algo con lo que conviven (aunque no sean las mismas redes cuando ellas crezcan)

Estas dos ideas se entremezclan en mi cabeza, y sacudidas por el café, me hace rearfimarme en educar a las personas para comprender sus emociones (en pos de una vida feliz), y también me hace pensar en que debemos educar para gestionar esas emociones en la red.

Ante todo, libertad de expresión, que parece que por la red, todavía la hay. Y es verdad que cada personas debe poder decir lo que le de la gana, y que para eso es su perfil, “si no te gusta, no mires..“, etc.

Volviendo a la segunda premisa, en la que digo que esto de las redes sociales nos ha pillado de imprevisto. Creo que nos falta educación. Pensar que podemos “relacionarnos en las redes” igual que en la calle y viceversa, es un error.

Para ilustrarlo (a modo de coña) os deje este chiste

las redes sociales en la vida real

¿A qué no funcionaria? Alguien así daría bastante miedo… ¿no?

Pues pensadlo al contrario, las conversaciones que tienes con tu familia o amigos (los de verdad, de confianza) de una forma íntima y con total sinceridad, creéis que es positivo ventilarla en un red social donde tienes a tus 793 “amigos”.

Podemos aplicar lo mismo al hecho de compartir fotos, ¿Cuántas veces, has bajado de tu casa al parque y le dejas ver a todo el mundo tu álbum o álbumes de fotos?

O contarías tus intimidades a tus compañer@s de trabajo…

Y que todo el mundo sepas dónde andas en cada momento…

Con esto no quiero demonizar las redes sociales, las cuales uso bastante además, si no reflexionar sobre el hecho de que los que hemos crecido sin ellas, hemos ido apendiendo “a salto de mata” pero a las generaciones que vienen, ¿deberemos educarlas no?

A día de hoy, yo tengo claro cómo y para qué utilizo las redes sociales. Y ha sido por el camino del ensayo – error. Para mi son una herramienta de comunicación (en 99 %de manera profesional), donde no hay cabida a las fotos de mis fiestas o de momentos personales. Por eso acepto a casi cualquier solicitud, y creo que cuento lo que debo / quiero contar.

Como cada uno habla de lo que entiende, y yo tengo algo de idea hacer proyectos, creo que las 9 preguntas que deben responderse en uno, bien valdrían como filtro de comunicación emocional en las redes sociales:

Una vez dicho todo esto, ¿qué creeis?… Educación para las emociones 2.0 ¿Si o no?

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