Releyendo sobre animación sociocultural, acabé en un artículo sobre la formación de los y las animador@s, así que os lo comparto.

Ya sabéis hay que ir sumando aprendizajes a nuestra “mochila”

 

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Aproximación a la formación del animador/a sociocultural

En la década de los 90 se realizó por parte de la Escuela Pública de Animación Sociocultural de Andalucía un trabajo de investigación sobre la concepción, características y rasgos que, en coherencia con el perfil, y los objetivos de la Animación, debería tener la formación en A.S.C.

Dicha investigación (José Ignacio Artillo y otros) se realizó en el marco de un programa formativo de Formación de Formadores/as, en el que participaron más de ciento cincuenta animadores/as socioculturales de la Comunidad Autónoma Andaluza.

Lo que se recoge a continuación es una síntesis de las opiniones coincidentes, de estos animadores/as, independientemente de que se expresarán de formas diferentes.

Estas opiniones reflejan, a mi entender, las características más importantes que ha tenido la Formación de Animadores Socioculturales en la inmensa mayoría de Centros y Escuelas Públicas de Animación:

 

Una formación inductiva

Que favorezca el aprendizaje por descubrimiento. Que permita aprender a buscar. Que estimule la observación y la investigación.

El proceso metodológico de la formación ha de ser, fundamentalmente, inductivo, es decir que parta de la experiencia propia y que apueste por la construcción colectiva del conocimiento.

La propia experiencia es el punto de partida, la referencia permanente, objeto de la reflexión colectiva.

Una formación participativa

Que implique la plena conciencia del grupo formativo en todas las fases del proceso de aprendizaje y su intervención progresiva, según el desarrollo de sus capacidades, en dicho proceso. Esto implica la utilización de métodos y técnicas de aprendizaje basadas en la participación activa de los sujetos, no como recursos para “animar” o hacer más divertido el aprendizaje, sino como condición necesaria para el propio proceso.

Una formación en grupo y para el grupo

Una formación que privilegie al grupo como elemento educativo. Que favorezca la construcción del mismo. Que sirva para el desarrollo de la conciencia grupal, respetando el ritmo de aprendizaje de cada grupo.

El aprendizaje grupal permite el desarrollo y la ejercitación de valores, hábitos y actitudes de comunicación, cooperación, trabajo en equipo, etc., que van a ser necesarios para la tarea del animador/a.

Además el grupo va a ser el ámbito natural de su trabajo de intervención.

Una formación procesual

De la misma manera que el animador/a se plantea su intervención como un proceso a medio y largo plazo, las acciones formativas no son momentos aislados, sino elementos de un proceso que se interrelaciona de forma coherente entre sus distintos elementos (objetivos, métodos, técnicas, etc.).

Al igual que la propia A.S.C. la formación de animadores/as es un proceso continuado en relación y alternancia permanente con la práctica de trabajo.

Una formación práctica

Siguiendo con la idea anterior, lo aprendido debe contrastarse con la realidad, debe ejercitarse en la experimentación, en la aplicación de lo aprendido y en el análisis de la experiencia práctica.

Las prácticas no son un elemento complementario del aprendizaje, sino un componente fundamental del mismo.

La formación tiene que ser útil, y por tanto, aplicable a la práctica concreta.

Una formación vinculada a la realidad

El aprendizaje debe partir del conocimiento y análisis de la propia identidad de los participantes, de la recuperación de su propia experiencia (recordemos el modelo inductivo antes referido).

La vinculación permanente del aprendizaje, con la realidad de los sujetos, con sus circunstancias, con sus necesidades e intereses reales, con su lenguaje y códigos culturales, es un poderoso elemento de motivación y una garantía de la adecuación y el éxito del aprendizaje.

Una formación basada en la comunicación

En el conocimiento mutuo, la interacción, el intercambio de experiencias entre los miembros del grupo y entre estos y el formador/a, privilegiando la expresión y la comunicación interpersonal en todas sus formas y lenguajes.

La formación de los animadores/as debe suscitar y plantear preguntas, orientando la reflexión y no aportando, a priori, las respuestas.

Una formación en equipo, para el trabajo en equipo

El trabajo de intervención en una realidad múltiple u diversa, implica una mirada también múltiple y diversa, y por lo tanto, en animador/a no debe, ni puede, trabajar en solitario. Precisa del apoyo permanente de un equipo. Esto refuerza la dimensión grupal de la formación que debe permitir aprender a trabajar en equipo.

Una formación para la negociación

El animador/a relaciona, vehiculiza demandas, media entre distintos interlocutores, y entre los distintos miembros del grupo. Es mediador/a. Por tanto debe aprender a negociar, a considerar y manejar la negociación como una herramienta para su trabajo.

Una formación motivadora

Que utilice y refuerce la motivación con dinámicas y técnicas variadas, amenas, lúdicas que sostengan el proceso formativo.

Que sea flexible para poder adecuarse a las diversas situaciones del grupo.

Una formación cercana, afectiva en el que sea posible el disfrute del aprendizaje y el clima relacional sea favorable.

Una formación reflexiva, cuestionadora

Que genere reflexión y permita aprender a pensar por uno/a mismo. Que se base en el debate, en el cuestionamiento. Que favorezca el desarrollo del pensamiento creativo.

No tiene que ser una formación “adoctrinadora”. Debe ser crítica y autocrítica. Respetar todas las opiniones, sin que ello signifique un eclecticismo aséptico o ambiguo.

Una formación evaluativa

Que facilite la conciencia y evaluación permanente del proceso formativo. Desarrollando una especie de “feed-back” continuo, con un contraste sistemático de sus efectos e impactos en el alumnado.

Una formación integral, globalizadora

Que implique una visión global de la animación como integradora de diversas disciplinas.

Que permita conocer y contrastar otras experiencias y otras realidades.

Que permita construir una visión global, integral e integradora de la realidad.

Una formación en renovación

Que se actualice y renueve. Que esté al día en sus contenidos, métodos y técnicas.

Una formación rigurosa

Con rigor en sus contenidos y planteamientos.

Y que estos sean fundamentados.

 

En definitiva una formación coherente con los principios de la Animación Sociocultural que se han reseñado y descrito a lo largo de todo este texto, de manera que el proceso formativo sea, en sí mismo, un proceso de animación sociocultural, y que la animación sociocultural sea a su vez considerada como un proceso formativo que facilite un cambio de actitudes.

 

Fuente: Manual Atalaya Apoyo a la Gestión Cultural. Capitulo 7.8 La animación sociocultural por Francisco Rafael Gómez Acosta

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