Los roles en el grupo

¿Qué es el rol?

El “papel” que, como miembro de un equipo , desempeña cada uno de sus integrantes en relación con los demás integrantes y con la tarea.

Algunas premisas

  • Muy raras veces las personas lo hacen todo bien.
  • Con frecuencia, la eficacia de las personas depende de las otras personas con las que están trabajando. 
  • El aporte que cada una de ellas puede hacer no está limitado por el título de su posición o puesto de trabajo.

Nuestro rol en los grupos

La persona dinamizadora, coordinadora o líder del grupo debe considerar como una de sus tareas más importantes la de desarrollar en las otras participantes del grupo la capacidad necesaria para que lleguen a identificar, analizar y practicar el rol que mejor le valla a ella y al grupo; así como, concentrar sus esfuerzos en torno a la vida del grupo y la consecución de los objetivos de éste.

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Clasificación de roles

Podemos hacer tantas clasificaciones de roles como grupos existen, una podría ser la de Roles de equipo de Belbin (que nos sirven para identificar las fortalezas y debilidades del comportamiento de las personas en el entorno laboral), pero yo os dejo una clasificación en cuanto a 3 actitudes de las personas:

 

Roles favorecedores de la integración y mantenimiento del grupo. Estos contribuyen a crear un clima favorable para que el grupo se cohesione, funcione y sobreviva:

  • Estimuladora: elogia, muestra compresión, está de acuerdo…
  • Conciliadora: concilia desacuerdos, mitiga tensiones…
  • Transigente: ofrece arreglos cediendo en parte para avanzar en conjunto.
  • Facilita la comunicación: estimula la participación de todas.
  • Legisla e innova: propone pautas o normas para el buen funcionamiento del grupo.
  • Observa-comenta: anota el proceso del grupo y ofrece datos e interpretaciones.
  • El o la seguidora: sigue al grupo más o menos pasivamente, acepta las ideas del resto y sirve de auditorio en las discusiones.

 

Roles que favorecen la tarea y proyectos del grupo. Contribuyen a que el grupo programe y realice mejor sus objetivos:

  • Quien inicia-impulsa: sugiere o propone nuevas ideas, nuevos objetivos y también
    soluciones en las dificultades y obstáculos.
  • Quien busca informaciones: pide aclaraciones sobre los hechos.
  • Quien busca opiniones: pregunta por los valores que están en juego.
  • Quien opina: expresa su opinión frente a sugerencias.
  • Quien informa: aporta hechos digna de crédito o describe su propia experiencia.
  • Quien elabora: explica las sugerencias en forma de ejemplos ya desarrollados.
  • Quien coordina: muestra la relación entre las diferentes sugerencias y busca la
    coordinación entre las distintas actividades.
  • Quien orienta: define la posición del grupo frente a sus objetivos.
  • Quien evalúa-critica: mide las realizaciones del grupo, valora o pregunta.
  • Quien dinamiza: impulsa al grupo a la acción o a la decisión.
  • El o la técnica de procedimientos: acelera el movimiento del grupo realizando tareas de rutina (aparatos, sillas…)
  • Quien registra: anota las sugerencias, lleva registro de las discusiones y decisiones. Es la “memoria” del grupo.

 

Roles que obstaculizan el mantenimiento y la tarea del grupo. Actúan para satisfacer las propias necesidades (¡Peligro!):

  • Quien agrede: rebajando al resto, atacando al grupo con bromas ofensivas…
  • Quien bloquea: negativa y reacia, se opone sin razón.
  • El o la confesante: utiliza al grupo para expresar sus sentimientos o ideas personales.
  • El o la interesante: busca llamar la atención con posturas excéntricas.
  • El o la descomprometida: hace alarde de su falta de integración con cinismo o indiferencia.
  • El o la dominadora: intenta manipular al grupo.
  • Quien busca ayuda: intenta atraerla “comprensión” expresando inseguridad o desacreditándose a sí misma.

El concepto de recreación en el ámbito educativo

Aquí, rescatando unos apuntes sobre ocio, tiempo libre y recreación… que de eso os dejo hoy la entrada ;O)

La recreación es el desenvolvimiento placentero y espontáneo de la persona en el tiempo libre con tendencia a satisfacer motivaciones psicosociales de descanso, entretenimiento, expresión, aventura y socialización. La persona que busca una estabilidad psíquica y emocional intenta unir a las satisfacciones diarias de su jornada laboral, las desarolladas durante sus momento de ocio y tiempo libre tanto a nivel individual como colectivo.

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La sociedad actual se caracteriza por la búsqueda permanente de tiempo libre a través de la disminución de la jornada laboral, la jornada única educativa o la llegada de la jubilación. La cuestión fundamental que gira en torno a estos planteamientos es la de buscar un aprovechamiento óptimo del tiempo libre que permita al individuo seguir formándose como persona. Ahora bien, la carencia de vivencias recreacionales anteriores impiden a priori ocupar el tiempo libre de una forma adecuada; transformando las tendencias naturales del hombre de juego, exploración, movimiento y dinámica en hábitos sedentarios que si bien no ayudan a la persona a desarrollarse como tal, sí lo convierten en un cúmulo de enfermedades crónicas y degenerativas a través de la asunción de hábitos poco saludables y en la mayoría de los casos dañinos.

De aquí podemos deducir una serie de principios importantes en la recreación que, aunque de forma muy somera, pueden servir de arranque a la hora de formular programaciones de ocio y tiempo libre con grupo:

  1. La persona necesita tomar parte en el juego y en todas aquellas actividades que favorezcan su desarrollo
  2. La persona necesita descubrir que actividades le brindan satisfacción personal
  3. Todas las personas necesitan poseer y disfrutar ciertas formas de recreo
  4. Todas las personas necesitan conocer juegos de interior y de aire libre
  5. Todas las personas necesitan disfrutar con la adquisición de ciertos hábitos culturales
  6. Toda persona necesita conocer canciones
  7. Toda persona necesita aprender a hacer algo bien con materiales o con su propio cuerpo a fin de mantener en un punto elevado y estable su autoestima
  8. Toda persona debería aprender a tener costumbres activas
  9. Hay que educar a las personas para que adquieran aficiones a través de la cuales se sientan realizados
  10. Es importante educar a las personas en patrones de ritmo y coordinación
  11. Educar para que comer se convierta en un acontecimiento social
  12. El descanso, el reposo, la reflexión y la contemplación son por sí mismos formas de recreación
  13. Las actividades de recreación más importantes son aquellas que el individuo domina de una forma más completa
  14. La satisfacción en el ocio se obtiene a través de la autorrealización
  15. Las formas de recreación del adulto deben de permitir el empleo de capacidades que no son usadas de forma cotidiana
  16. El éxito de la recreación vendrá determinado en la medida que se produzca una generalización de las actitudes lúdicas y de recreación al plano laboral
  17. El aspecto lúdico y festivo del juego en el niño es de suma importancia para un desarrollo global armónico
  18. El ocio es un derecho fundamental del que la ciudadanía deben disfrutar

 

La puesta en marcha de un programa de ocio y tiempo libre requiere la concomitancia de unos recursos humanos que asuman tanto las responsabilidades propias de la actividad que se va a realizar como el desarrollo e implicaciones de las funciones que conlleva.

Falta de Inteligencia Emocional en el ámbito laboral

Aunque por suerte no es lo que me pasa en mis actuales trabajos (y pasados, ya desde hace tiempo) Me parece importante seguir compartiendo este tipo de artículos, sobre todo con carácter preventivo, no solo debemos (pre)ocuparnos de ello cuando ya lo padecemos.

 

La idea de que la falta de Inteligencia Emocional en una empresa, tiene un coste y que incluso con el tiempo puede llevar a la quiebra, es una idea que todavía muchas personas en el ámbito laboral son reticentes a aceptar.

Daniel Goleman nos habla en su libro “La práctica de la Inteligencia Emocional” de los errores más comunes que suelen cometer en el ámbito laboral.

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Exceso de Trabajo. Mucho trabajo que hacer en muy poco tiempo.

Los recortes exigen que las personas responsables tengan que hacerse cargo de más personas a su cargo, el personal sanitario de más pacientes, en la ensañanza de más estudiantes, etc. Y en la medida en que aumenta el ritmo, la exigencia y la complejidad del trabajo, las personas se sienten más abrumadas, iniciando una escala que acorta también el tiempo que la gente dispone para recuperarse. En estas condiciones, a la corta o a la larga, el agotamiento va acumulándose y el trabajo acaba resintiéndose.

Falta de autonomía. Ser responsable del trabajo y, sin embargo, disponer de muy poco margen de maniobra acerca del modo de llevarlo a cabo.

La dirección excesivamente escrupulosa termina generando frustración porque las personas trabajadoras, que pueden descubrir formas más sencillas de realizar su trabajo, se hallan sometidos a reglas demasiado estrictas, algo que termina disminuyendo su sensación de responsabilidad, flexibilidad e innovación. En tal caso, el mensaje implícito que reciben las personas es que la empresa no tiene en cuenta sus opiniones ni respeta sus habilidades.

Remuneración insuficiente. Pagar poco por el exceso de trabajo.

Con los reajustes de plantilla, las congelaciones salariales, la actual tendencia a los contratos temporales y los recortes en algunos de los derechos de los trabajadores, éstos empiezan a perder la esperanza de que su salario aumente en la medida en que progrese su carrera profesional. En este sentido, también cabe hablar de una pérdida en la recompensa emocional del trabajo, ya que la sobrecarga de trabajo combinada con su escasa autonomía y la inseguridad laboral termina despojando al trabajo de toda satisfacción.

Pérdida de conexión. Aumento de la sensación de aislamiento en el entorno laboral.

Las relaciones personales constituyen el aglutinante humano que hace posible el éxito de los equipos de trabajo. En este sentido, la asignación indiscriminada de cometidos disminuye el grado de compromiso con el trabajo en equipo. Y, en la medida en que las relaciones van desintegrándose, se pierde también el placer que se deriva de la colaboración con nuestros compañeros de trabajo. Y esta sensación creciente de alienación alienta el conflicto y acaba erosionando los objetivos comunes y las relaciones emocionales que podrían ayudarnos a salvar tales escollos.

Injusticia.

Las desigualdades manifiestas – ya se deban a una percepción injusta del reparto de honorarios y obligaciones, al poco caso que se hace de las reclamaciones o a una política empresarial arbitraria- no hacen más que alentar el resentimiento. En este sentido, el aumento salarial de altos mandos y la congelación de los sueldos de las personas de trabajos de niveles inferiores termina socavando la confianza de éstos en la dirección de la empresa. Y, en ausencia de una comunicación abierta y sincera, el resentimiento campa por sus fueros y termina abocando a la a desconfianza, la alienación y la falta de identificación con los objetivos de la empresa.

Valoración inadecuada de los conflictos.

Discrepancia entre los valores personales y las exigencias laborales. Porque el coste que deberá pagar la persona por mentir para hacer una venta, saltarse un control para concluir un trabajo a tiempo o recurrir a técnicas maquiavélicas para sobrevivir en un entorno laboral excesivamente competitivo, le pondrá en contradicción con su propia ética. Los trabajos que se hallan reñidos con los valores personales desalientan al empleado y le llevan a poner en cuestión el sentido de lo que hace. Eso es precisamente lo que ocurre cuando la realidad cotidiana desmiente las declaraciones grandilocuentes sobre los supuestos objetivos.

 

Cooper Procter, uno de los dos fundadores de Procter and Gamble, declaraba en 1887:

“El principal problema de las grandes empresas de hoy en día reside en elaborar políticas que hagan sentir a cada empleado que él es un elemento esencial de la empresa. Es necesario que cada empleado se sienta personalmente responsable del éxito de la empresa y que se le ofrezca la posibilidad de recibir una parte del resultado de ese éxito”.

Es triste comprobar que hoy en día, más de 100 años después de esta reflexión, muchos empresas y entidades que siguen sin darse cuenta de lo necesario que es hacer partícipe a las personas del éxito de la empresa.