A toro pasado: Curso de #Risoterapia con Educadores y Educadoras Sociales

Hace ya una semana que hemos terminado el curso de Risoterapia que a través de iLabora, hemos organizado para la Asociación Asturiana de Educadores/as Sociales del Principado de Asturias (APESPA).

Era la primera vez que me tocaba dar un grupo de personas «dedicadas a lo social», y la verdad es que ha sido todo un éxito. Es lo bueno de tener a un grupo acostumbrados a estar con otras personas, y que aunque no las conozcan, se prestan a hacer las diferentes actividades y locuras que me puedan salir de la cabeza.
Ha sido una muy buena experiencia, que esperemos que se repita, porque además de aprender, desestresar y compartir….. ¡vaya risas que nos echamos! 😉

El café pendiente

Hace ya varios días, que un montón de mis contactos en facebook, están publicando una foto de un hombre es aspecto deteriorado, de estas que te hacen parar a observar con atención, con una historia adjunta que se llama «El Café pendiente», que habla de una forma de colaborar con la gente sin techo.
La historia es la siguiente
«El café pendiente»
«Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas.:

– Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres «pendientes».

Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:

– ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?

Me dicen:

– Espera y verás.

Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés – pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:

– Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.

Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:

– ¿Tienen algún «café pendiente»?

Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.

Fuente: Facebook


¿Será verdad? La verdad que me gustaría que fuera así, y no me importaría, pagar algunas rondas «pendientes» de vez en cuando, para que la gente que anda de la calle pudiera tener la opción de tomarse un café como todo hijo de vecino. 
He rebuscado por la red y no encuentro manera de verificar esta historia, pero haciendo memoria, he conocido una experiencia similar, y comprobada que si existe.
En 2008 me fui de intercambio con el Programa Juventud en Acción (Youth in Action) a Nuremberg, Alemania, dónde conocíamos diferentes proyectos sociales, entre ellos una cooperativa de Comercio Justo, que junto a su tienda tenían una Cafetería llamada «Fenster zur Welt» (la traducción es «Ventana al mundo») 


En esta cafetería, cualquier persona podía entrar, pedir un café, chocolate, zumos, y podía pagar lo que tuviese (vamos la voluntad) de tal manera que si alguien no pagaba, no pasaba nada, porque según nos contaba la gente de allí, las personas que pagaban, dejaban de más para compensar a aquellas que no podían pagar.

Estaría bien que proliferaran este tipo de proyectos, ya que con un gesto bien sencillo, podría facilitarse la vida de la gente que lo tiene más difícil. 


Cómo funciono como formador

Pues hoy me ha dado por ahí, explicar cómo realizo mi trabajo cómo formador. Bendito tiempo libre que tengo para desvariar, investigar y escribir…

Desde mi primera sesión de formación (allá por 2007) siempre he seguido el mismo rumbo a la hora de plantearme cómo impartir las sesiones: Como me gustaría que me las dieran a mi. Y basándome en eso comencé emulando a los formadores y formadores que más me habían gustado, mezclado con mi propia experiencia en animación sociocultural.

Así que si tuviera que resumir mi metodología como formador, lo haría en dos palabras: activa y participativa.

Este enfoque de trabajar es una forma de concebir y abordar el aprendizaje y la construcción del conocimiento. Esta forma de trabajo concibe a los y las participantes de las formaciones como protagonistas activos en la construcción y reconstrucción del conocimiento y no como simples observadores.

Vamos, que no soy un profesor que da una clase magistral mientras la gente sobrevive por escuchar. No me considero experto ni sabio como para hacer eso, simplemente les facilito el aprendizaje.

¿Y cómo hago eso?, pues las principales características para desarrollar esta metodología activa y participativa son: 

Lúdica: a través del juego se impulsa el aprendizaje y se posibilitan un espacio para que los y las participantes exterioricen situaciones no elaboradas o problemáticas. 

Interactiva: se promueve el diálogo y la discusión de los y las participantes con el objetivo de que se confronten ideas, creencias, mitos y estereotipos en un ambiente de respeto y tolerancia. 

Creativa y flexible: no responde a modelos rígidos, estáticos y autoritarios. Aunque nunca pierdo de vista los objetivos propuestos, abandonamos la idea que las cosas solo pueden hacerse de una forma. 

Grupal: fortalece la cohesión grupal fomentando la solidaridad y los vínculos fraternales así como desarrollando en los miembros del grupo un fuerte sentimiento de pertenencia. 

Teórico-práctica: Establece el flujo práctica-teoría-práctica: posibilita la reflexión individual y colectiva de la realidad cotidiana para volver a ella con una práctica enriquecida por La Teoría y la reflexión. 

Formativa: posibilita la transmisión de información pero prioriza en la formación de los sujetos, promoviendo el pensamiento crítico, la escucha tolerante y respetuosa, la consciencia de sí mismo y de su entorno, el razonamiento y el diálogo, la discusión y el debate respetuoso. 

Procesal: se brindan contenidos pero se prioriza el proceso a través del cual los sujetos desarrollan todas sus potencialidades posibilitando la transformación de su conducta. 

Comprometida y comprometedora: se fundamenta en el compromiso de la transformación cultural lo que promueve el compromiso de los participantes con el proceso y lo que se derive de él.