Hace ya varios días, que un montón de mis contactos en facebook, están publicando una foto de un hombre es aspecto deteriorado, de estas que te hacen parar a observar con atención, con una historia adjunta que se llama “El Café pendiente”, que habla de una forma de colaborar con la gente sin techo.
La historia es la siguiente
“El café pendiente”
“Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas.:

– Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres “pendientes”.

Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:

– ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?

Me dicen:

– Espera y verás.

Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés – pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:

– Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.

Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:

– ¿Tienen algún “café pendiente”?

Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.

Fuente: Facebook


¿Será verdad? La verdad que me gustaría que fuera así, y no me importaría, pagar algunas rondas “pendientes” de vez en cuando, para que la gente que anda de la calle pudiera tener la opción de tomarse un café como todo hijo de vecino. 
He rebuscado por la red y no encuentro manera de verificar esta historia, pero haciendo memoria, he conocido una experiencia similar, y comprobada que si existe.
En 2008 me fui de intercambio con el Programa Juventud en Acción (Youth in Action) a Nuremberg, Alemania, dónde conocíamos diferentes proyectos sociales, entre ellos una cooperativa de Comercio Justo, que junto a su tienda tenían una Cafetería llamada “Fenster zur Welt” (la traducción es “Ventana al mundo”) 


En esta cafetería, cualquier persona podía entrar, pedir un café, chocolate, zumos, y podía pagar lo que tuviese (vamos la voluntad) de tal manera que si alguien no pagaba, no pasaba nada, porque según nos contaba la gente de allí, las personas que pagaban, dejaban de más para compensar a aquellas que no podían pagar.

Estaría bien que proliferaran este tipo de proyectos, ya que con un gesto bien sencillo, podría facilitarse la vida de la gente que lo tiene más difícil. 


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