Pues hoy me ha dado por ahí, explicar cómo realizo mi trabajo cómo formador. Bendito tiempo libre que tengo para desvariar, investigar y escribir…

Desde mi primera sesión de formación (allá por 2007) siempre he seguido el mismo rumbo a la hora de plantearme cómo impartir las sesiones: Como me gustaría que me las dieran a mi. Y basándome en eso comencé emulando a los formadores y formadores que más me habían gustado, mezclado con mi propia experiencia en animación sociocultural.

Así que si tuviera que resumir mi metodología como formador, lo haría en dos palabras: activa y participativa.

Este enfoque de trabajar es una forma de concebir y abordar el aprendizaje y la construcción del conocimiento. Esta forma de trabajo concibe a los y las participantes de las formaciones como protagonistas activos en la construcción y reconstrucción del conocimiento y no como simples observadores.

Vamos, que no soy un profesor que da una clase magistral mientras la gente sobrevive por escuchar. No me considero experto ni sabio como para hacer eso, simplemente les facilito el aprendizaje.

¿Y cómo hago eso?, pues las principales características para desarrollar esta metodología activa y participativa son: 

Lúdica: a través del juego se impulsa el aprendizaje y se posibilitan un espacio para que los y las participantes exterioricen situaciones no elaboradas o problemáticas. 

Interactiva: se promueve el diálogo y la discusión de los y las participantes con el objetivo de que se confronten ideas, creencias, mitos y estereotipos en un ambiente de respeto y tolerancia. 

Creativa y flexible: no responde a modelos rígidos, estáticos y autoritarios. Aunque nunca pierdo de vista los objetivos propuestos, abandonamos la idea que las cosas solo pueden hacerse de una forma. 

Grupal: fortalece la cohesión grupal fomentando la solidaridad y los vínculos fraternales así como desarrollando en los miembros del grupo un fuerte sentimiento de pertenencia. 

Teórico-práctica: Establece el flujo práctica-teoría-práctica: posibilita la reflexión individual y colectiva de la realidad cotidiana para volver a ella con una práctica enriquecida por La Teoría y la reflexión. 

Formativa: posibilita la transmisión de información pero prioriza en la formación de los sujetos, promoviendo el pensamiento crítico, la escucha tolerante y respetuosa, la consciencia de sí mismo y de su entorno, el razonamiento y el diálogo, la discusión y el debate respetuoso. 

Procesal: se brindan contenidos pero se prioriza el proceso a través del cual los sujetos desarrollan todas sus potencialidades posibilitando la transformación de su conducta. 

Comprometida y comprometedora: se fundamenta en el compromiso de la transformación cultural lo que promueve el compromiso de los participantes con el proceso y lo que se derive de él.

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