Risoterapia [II]

Empecemos por reírnos de nosotros mismos y dejemos de esperar que otros lo hagan por nosotros, que sean ellos los que nos suban la moral o que sean los demás los que nos hagan reír. 

La risa, aun creada artificialmente, es capaz de generar estados de ánimo que influyen no solo, en como afrontamos la vida, sino en nuestro estado de salud y en la capacidad de recuperación de cualquier enfermedad.

La risa nos ayuda a desinhibirnos a vencer los miedos y las ataduras a los convencionalismos sociales de nuestro tiempo.
Muchas veces recurrimos a sustancias como el alcohol o los fármacos, para poder mostrarnos tal como somos, ya que el cliché de persona que nos han inculcado que “debemos ser” nos va invadiendo poco a poco y nos impide ser quien somos de verdad, perdiendo nuestra verdadera identidad y la capacidad de expresar con libertad nuestros deseos y nuestro sentido de humor.
Al desinhibirnos somos capaces de mostrarnos tal cual somos, con nuestras virtudes y defectos, de aceptarnos, de querernos, de enamorarnos de nosotros mismos, mimarnos y cuidarnos con cariño y con amor.
La risa hace que rompamos esas limitaciones artificiales y que nos conozcamos en lo más profundo de nuestro “SER”.
Nos da la perspectiva adecuada para vernos tal como somos y a la vez la valentía y la energía necesaria para desarrollar nuestra personalidad y establecer los cambios que  más nos convenga.

Al ser la risa una actividad de grupo, actúa como una especie de «señal social«.
Algunos estudios han demostrado que es treinta veces más probable reír dentro de un entorno social que cuando se está solo, como demuestra el dicho “si ríes , el mundo se reirá contigo, si lloras, llorarás solo” La risa es contagiosa, como los son los bostezos; a menudo la risa en sí misma provoca que otros se rían.
Cuando alguien empieza a reír a carcajada limpia, a los pocos segundos hay siempre alguien que empieza a reír,  los que están cerca comienzan a relajar los músculos de la cara y es casi seguro que acaben riendo todos, con la característica de que cuanto menos apropiada sea la carcajada, más difícil será controlarla.
Pero lo más importante es que para poder reír con los demás, primero debemos saber reírnos de nosotros mismos.

En ocasiones se ha tratado de hacer diferencias entre reír y sonreír, pero en realidad no existe ninguna diferencia básica entre ellas, solo son niveles distintos de una misma cosa; la risa es solo una sonrisa a todo volumen. 

Risoterapia [I]

Desde la Antigüedad, son conocidos los beneficios que la risa y el sentido del humor tienen para la pronta mejoría de las enfermedades, el aumento del potencial creativo y los desbloqueos emocionales que produce.

La sonrisa no solo cambia la expresión de la cara, sino que por el simple hecho de producirse, hace que el cerebro reciba una señal indicadora que pondrá en marcha mecanismos para que produzca endorfinas (hormonas que son segregadas por diferentes partes del organismo y que tienen una función de reducir el dolor físico y emocional y  de darnos una sensación de bienestar)

La sonrisa, se ha dicho que es la luz de nuestro corazón, la que genera actitudes positivas, la que abre muchas puertas y  nos facilita el camino para llegar a los demás. Incluso, reduce el enfado entre las personas, distiende las discusiones y reduce el efecto de algún error o equivocación que hayamos cometido.

La risa es una manifestación de alegría y bienestar, también hay quien dice que es una sonrisa de mayor intensidad.  

Es una de las conductas que nos diferencia del resto de los animales, de hecho suele ser uno de los rasgos que identifica a las personas con un alto nivel de inteligencia emocional.

La risa se encuentra en conexión directa con nuestra experiencia vital, así es como los niños y niñas desde su llegada al mundo se dedican a disfrutar de todo lo que les rodea sin preocuparse más allá de sus propias necesidades, están en conexión directa con su el presente “el aquí y el ahora”. Es por ello que son capaces de reír más de 300 veces al día.

A medida que nos vamos haciendo adultos, las normas, las creencias, las obligaciones y las preocupaciones, van haciendo de nosotros personas serias y maduras pero que dejan de reír, poniendo en su lugar una “cara de palo” que hace que perdamos la frescura y la espontaneidad y vivamos permanentemente presionados por todo y por nada.

Cuando estamos alegres, sonreímos y practicamos la vida con risas y una actitud positiva, nuestro mundo parece otro, somos mucho más tolerantes, cariñosos, amables y… el mundo nos devuelve lo mismo y al mismo tiempo los miedos y las preocupaciones se desvanecen.