Este es un artículo publicado en El Comercio, un periódico local de Gijón, sobre el trabajo que estamos realizando en la asociación a la que pertenezo y en la que trabajo.

Representan una tabla de salvación para las personas excluidas gracias a su labor de mediación y ayuda en la calle bajo un único principio: «Siempre se respeta, nunca se juzga». Desde hace cinco años, la Asociación Cultural Mar de Niebla gestiona el proyecto de calle Eslabón con el que trabajan con personas en riesgo de exclusión. El funcionamiento es muy sencillo: dos parejas recorren las zonas donde se concentran los vagabundos -plaza de Europa, El Humedal, El Coto y Fátima- para ayudarlos en temas de higiene y sanidad, en la búsqueda de empleo y vivienda o en el envío de instancias y solicitudes para percibir el salario social. Todo ello con un único objetivo: mejorar la calidad de vida de estas personas.




Como sucede en todo tipo de proyectos, los comienzos de Eslabón no fueron fáciles, y más aún cuando se trata de una iniciativa en la que es imprescindible acercarse a los ‘sin techo’ y ganar su confianza. ¿Cómo hacerlo, entonces? «Decidimos que las mediadoras iban a estar sentadas en un banco junto a ellos y llevarían tabaco para ofrecerles, lo que serviría como método de entrada. Porque si ofreces un cigarrillo a estas personas, eres amigo suyo para toda la vida», explica la coordinadora del proyecto, Cristina Cabal, quien reconoce que «fue el trabajo más duro, pues la gente que está en la calle es muy desconfiada y hasta que los conoces de verdad mienten mucho».

De hecho, en el primer año del proyecto, allá por 2005, muy pocas personas se abrían a las mediadoras de Mar de Niebla y les contaban su situación personal, hasta que se dieron cuenta de que las responsables de Eslabón podrían servir de gran ayuda en muchos aspectos que los vagabundos no podían hacer por ellos mismos. Incluso ahora son los propios ‘sin techo’ los que hablan de esta iniciativa social a las nuevas personas excluidas. «Ya no tenemos que hacer esa labor de entrada porque somos conocidas en la calle. Ahora ya estamos rodados, tenemos un peso en la calle y son ellos los que nos venden», comenta Cristina Cabal.

La importancia de la labor de Mar de Niebla con las personas en riesgo de exclusión se observa en los cerca de 300 usuarios que atienden en toda la ciudad, principalmente en la plaza de Europa y El Humedal, donde trabajan dos días a la semana, y en El Coto y Fátima, lugares a los que acuden una vez por semana. Además, las cuatro mediadoras de Eslabón -animadora sociocultural, integradora social, trabajadora social y psicóloga- recorren quincenalmente otras zonas de la ciudad, como Tremañes, Roces y Pescadores, para reconocer otros lugares de concentración de vagabundos. En cuanto al perfil de los usuarios del proyecto, el mayor porcentaje corresponde a hombres de entre 30 y 45 años con problemas graves de drogas. También trabajan con inmigrantes, familias empobrecidas y jóvenes en riesgo.

Sobre el trabajo en sí, tanto Cristina Cabal como Pablo García, responsable de proyectos de juventud de Mar de Niebla, subrayan que «se respetan las decisiones personales, ya que la mayoría de la gente no quiere cambiar su realidad». En este sentido, desvelan que «tenemos por norma no trabajar en la calle el día que cobran la paga, porque es cuando más se ‘colocan’».

Taller en Villabona: Aparte de Eslabón, la asociación cultural ha puesto en marcha un taller semanal de empleo y vivienda en la cárcel de Villabona. Los reclusos que tienen próxima su salida cuentan así con un contacto durante los primeros meses en la calle.


Mar de Niebla también se centra en el trabajo con los jóvenes en dos líneas: asesoramiento laboral y espacio para dinamizar las asociaciones y grupos juveniles. Para la primera función, puso en marcha una oficina de asesoramiento a jóvenes -conocida como ‘La Ofi’- para temas laborales, preparación de currículos y ayuda para cubrir diferentes instancias y escritos. Incluso los miembros de la asociación cultural acompañan a los jóvenes a algunas entrevistas de trabajo «para que se sientan más seguros». El CIJ sirve además de espacio de encuentro para los adolescentes, y dispone de un aula para encuentros de grupos. Por este sitio pasaron el último año más de 200 personas y quince grupos juveniles, la mayoría hombres de entre 16 y 25 años.
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