Ya que en prensa, nuestro Concejal de Cultura, Juventud y Festejos dice que “Abrir polideportivos hasta las 4 de la mañana incita a hábitos poco saludables”, en relación al programa de ocio alternativo que realiza Abierto Hasta el Amanecer, y como sigo sin tener palabras tras leer esas declaraciones, pues simplemente os dejo el siguiente artículo…
LOS PROGRAMAS DE OCIO ALTERNATIVO COMO ESTRATEGIA DE PREVENCIÓN DEL USO DE DROGAS

Roberto Secades Villa
Grupo de Conductas Adictivas. Departamento de Psicología. Universidad de Oviedo
1. Concepto y desarrollo de los programas de Ocio Alternativo
En la actualidad, el punto de partida en que se fundamenta el diseño y la implantación de los programas de prevención es el estudio de los factores de riesgo y de protección del consumo de drogas. La investigación en este campo resulta de especial interés de cara a planificar y desarrollar programas de prevención eficaces basados en la modificación o potenciación respectivamente de tales factores. Sus conclusiones nos orientan hacia el establecimiento de los objetivos de las intervenciones preventivas y hacia la identificación de los grupos o individuos que se encuentran en situaciones de alto riesgo y que precisan intervenciones específicas. De hecho, uno de los principios básicos de la prevención es que este tipo de programas han de ser diseñados para incrementar los factores protectores y reducir o controlar los factores de riesgo.

Uno de los factores que tienen una especial importancia es el uso del tiempo de ocio o tiempo libre. Se sabe que determinados hábitos de uso del tiempo libre que están muy relacionados con el empleo de drogas, pueden constituir un factor de riesgo que explique una parte de la varianza implicada en el comienzo del consumo. Por otra parte, se supone que el desarrollo de actividades de ocio alternativas a esos hábitos de riesgo, que fomenten comportamientos saludables alejados del consumo de drogas, puede suponer un factor de protección importante.
La implantación de programas que llevan a cabo esas actividades de ocio alternativas es un hecho cada vez más frecuente en nuestro país. Dichos programas se caracterizan por desarrollar un gran número de actividades deportivas, culturales y recreativas que capten la atención de los potenciales sujetos de riesgo, mediante una oferta que sea de fácil acceso, altamente diversificada para encajar casi con cualquier posible afición o inclinación y adecuada a los momentos de máxima demanda (tardes y noches de los fines de semana).
Los programas de alternativas de ocio saludable se suelen incluir dentro del marco de la prevención comunitaria. En concreto, estas estrategias junto con los programas de reducción de riesgos, conformarían las intervenciones preventivas realizadas en los espacios de ocio.
En los últimos años (desde la aparición de Abierto Hasta el Amanecer, en 1997) hemos asistido a una gran difusión de programas de ocio alternativo en toda España. Cada vez en mayor medida existe un importante número de instituciones (ayuntamientos, planes regionales y Plan Nacional sobre Drogas) y organizaciones dispuestas a financiar o involucradas directamente en el desarrollo de este tipo este tipo de actividades.
Los motivos de esta expansión son varios. Resaltaremos cuatro de ellos:
(1) El reconocimiento de que los programas preventivos tradicionales (fundamentalmente los desarrollados en el marco escolar) no abarcaban la totalidad del problema.
(2) La evidencia de que el empleo del ocio puede ser un factor de riesgo/protección para el consumo de drogas.
(3) El reconocimiento de que, debido a cambios en las tendencias sociales, el uso de alcohol y drogas ya no esta limitado a un pequeño segmento de la población fácilmente calificable como marginal o “socialmente desviado”.
(4) Los cambios en los patrones de ocio juvenil, en los que la asociación entre drogas y diversión ha ido calando en amplios sectores juveniles, de tal manera que el uso de sustancias psicoactivas (sobre todo, el alcohol) ha acabado por convertirse en un referente obligado de la cultura juvenil, en un componente esencial de su ocio.
Así, el patrón dominante de uso de drogas entre los jóvenes (y en particular de los jóvenes españoles) se correspondería con consumos centrados en el fin de semana, asociados a contextos lúdicos y realizados en grupo y en espacios públicos. De este modo, el consumo de drogas “recreativas” ha pasado a convertirse en un elemento clave de la diversión, junto con la música, el baile y la compañía de otros jóvenes. (Sánchez Pardo, 2002). Además, los expertos señalan que los cambios en los modos de ocupación del ocio de los jóvenes no afectan solo al tipo de actividades que realizan, sino también a la cantidad y frecuencia de éstas, destacando el incremento del tiempo que se dedica a salir de fiesta y a la diversión nocturna de fin de semana. Dichos cambios han sido tan intensos que las generaciones actuales de adolescentes y jóvenes han establecido la diversión y el disfrute de la vida como uno de los valores sociales de referencia más importantes (Sánchez Pardo, 2002).
2. Investigación sobre programas de ocio alternativo
Los especialistas en prevención han mantenido durante mucho tiempo que durante la adolescencia, los jóvenes que participan en actividades alternativas son menos proclives a involucrarse en el abuso de sustancias, y, así, actividades tan variadas como los deportes, las actividades culturales o los servicios a la comunidad se han convertido en un componente estándar de muchos programas de prevención. ¿Pero qué evidencia existe que apoye la promoción de alternativas como una estrategia eficaz de prevención del consumo de alcohol y drogas?
La primera revisión de una variedad de programas de prevención examinó datos sobre los resultados de 127 estudios, y fue realizada por Schaps en 1981. Los estudios fueron clasificados de acuerdo a 10 tipos de estrategias de prevención, incluyendo las de ocio alternativo. Los programas de ocio alternativo fueron definidos como “de actividades recreativas” o “de actividades misceláneas experienciales”. Sólo 12 de los 127 programas incluidos en el meta-análisis fueron considerados como “programas de ocio alternativo”. Dado que los programas combinan frecuentemente un número variado de estrategias, los investigadores redujeron más aun los 10 tipos de estrategias en 5 categorías: informativos (educación tradicional y estrategias orientadas a la persuasión), afectivos), afectivos (estrategias de experiencias de crecimiento afectivo y construcción de habilidades), informativos y afectivos, aconsejadores (como única estrategia o empleados en combinación con cualquier otra estrategia), y otras combinaciones (todas las estrategias aisladas o cualquier otra combinación con excepción de las ya señaladas). Los programas de ocio alternativo se relacionan con todas las categorías, con excepción de la categoría informativa.
Los investigadores midieron la efectividad del programa en cinco categorías de resultados: conocimiento acerca del alcohol y las drogas, cambios afectivos, actitudes hacia el uso, intenciones hacia el uso, y uso actual. Entre los 10 tipos de estrategias pensados en un primer momento, los programas de ocio alternativo quedaron en segundo lugar con relación a su efectividad en las cuatro categorías de resultados relacionados con las drogas, es decir, todas las categorías de resultados excepto los cambios afectivos. Las estrategias más efectivas eran las que buscaban mejorar las relaciones familiares. Entre los 5 tipos de estrategias combinadas, el tipo “informativo y afectivo” demostró ser el más efectivo. Éstos incluían programas de ocio alternativo que buscaban proporcionar a los jóvenes actividades “experienciales”.
Centrándose únicamente en los 12 programas de ocio alternativo incluidos en este meta-análisis, ha de señalarse que 7 de estos estudios informaron de poco o ningún impacto sobre los participantes en el programa. Tres de los restantes programas tenían impactos modestos, y 2 programas estaban incluidos entre los 10 programas más efectivos. Estos programas también empleaban al menos una de otras estrategias de prevención y fueron descritos como bastante intensivos en términos de la oferta de servicios. Así, este meta-análisis sugiere que las estrategias de ocio alternativo, cuando se combinan con otras estrategias y se ofrecen de forma intensiva pueden producir resultados deseables.
En 1986, Tobler publicó un meta-análisis, ampliamente citado, de 143 programas de prevención de drogas entre adolescentes. Cada programa era codificado por sus elementos, y después categorizado en 5 modalidades: solamente de conocimientos (programas meramente informativos), solamente afectivos (centrados en la construcción de habilidades), de conocimiento y afectivos, programas de compañeros (en donde los compañeros sirven como fuentes de información o modelos de conducta) y alternativos (actividades no basadas en la escuela, muchas de las cuales incluyen actividades
afectivas). Tobler categorizó los efectos de los programas en términos del conocimiento sobre las drogas, las actitudes y valores hacia las drogas, el desarrollo de habilidades de carácter, y el uso auto-informado de drogas. Ha de señalarse que, de los 143 programas incluidos en este meta-análisis, sólo 11 fueron definidos como “de ocio alternativo”, y muchos de estos estudios no comprobaron directamente el uso auto-informado de drogas.
Con relación a la obtención de resultados deseados, los programas de compañeros demostraron poseer la estrategia de prevención más efectiva. Los programas de ocio alternativo fueron la segunda estrategia más efectiva, seguida por los programas de conocimiento y afectivos. Tobler categoriza los programa de ocio alternativo en dos grupos: (1) aquellos diseñados para el joven medio, y que tienen que ver con servicios a la comunidad y actividades de ocio, y (2) aquellos diseñados para atender déficit individuales en habilidades básicas de la vida, baja autoestima y experiencias limitadas que colocan a los jóvenes en riesgo de consumo de drogas. Este tipo de programas de ocio alternativo dirigido a jóvenes en riesgo suele incluir acciones tutoriales, entrenamientos laborales, y aventuras físicas.
Nueve de los programas de ocio alternativo estudiados se dirigían a jóvenes en riesgo y se ofrecían con una temporización bastante intensiva (más de 21 horas por semana). Tobler señala que si este tipo de programa de ocio alternativo se evalúa por su efectividad en la reducción del uso de drogas, estos programas muestran un tamaño del efecto para estas poblaciones especiales equivalente al obtenido por programas de compañeros no selectivos ni indicados. Para explicar estos resultados se ha especulado que estos tipos de programas de ocio alternativo ofrecen a los jóvenes la rara oportunidad de poder ejercer un control considerable sobre algunos aspectos de sus vidas. Finalmente, los análisis de Tobler apoyan la idea de que los programas de ocio alternativo son efectivos cuando se dirigen a poblaciones especiales y de llevan a cabo de forma intensiva. También sugieren que cuando están diseñados para mejorar habilidades, los programas de ocio alternativo tienen un potencial mayor para obtener resultados positivos que aquellos programas de ocio alternativo puramente recreativos.
Por su parte, El Center for the Substance Abuse Prevention (CSAP) de Estados Unidos destaca cuatro programas en donde la realización de actividades alternativas se incorpora como un elemento significativo (pero no el único) y que han superado de forma satisfactoria controles de calidad estrictos en cuanto a su puesta en marcha y sus resultados. Estos “programas modelo” son: el Across Ages, el CASASTART, el Leadership and Resiliency Program y el Project Northland.
Si analizamos la situación de la evaluación realizada sobre los programas de ocio alternativo en España podemos llegar a la conclusión de que dicha evaluación se está realizando de forma insuficiente, notándose la necesidad de un protocolo estandarizado para la realización de tales evaluaciones, o, cuando menos, de un mayor énfasis en el rigor, la minuciosidad y la extensión de los procedimientos que juzguen el grado de consecución de los objetivos marcados por el programa.
El retrato robot de los procedimientos de evaluación de programas de prevención de ocio alternativo de consumo de drogas es el siguiente: se trataría de una evaluación centrada de forma casi exclusiva en la valoración del proceso de implementación del programa, en donde no existen, o son muy escasos, los intentos encaminados a valorar los resultados finales del programa en consonancia con los objetivos propuestos; en esta misma línea, la distinción entre “evaluación de proceso” y “evaluación de resultado” parece estar siendo permanentemente ignorada, en tanto con frecuencia se confunde una con otra o se consideran evaluaciones de resultados ciertos procesos valorativos que atienden exclusivamente a la adecuación de la implementación del programa. Por su parte, la propia evaluación del proceso aparece descrita en la mayoría de las ocasiones de formas excesivamente vagas e imprecisas, sin que haya garantías de que han sido llevadas a cabo con el debido respeto a la objetividad y el rigor en las medidas (Fernández Hermida y Secades, 2003) .
3. Conclusiones
Los programas de ocio y tiempo libre se declaran, entre otras cosas, como una experiencia con una clara intención de ser un programa de promoción de hábitos de vida saludables y, en particular un programa de prevención del consumo de drogas.
Incluso en ausencia de investigaciones rigurosas, la mayor parte de la gente estaría probablemente de acuerdo en que es probable que los jóvenes tengan menos problemas de abuso de sustancias (y menos problemas de muchos otros tipos) cuando se les ofrecen retos, actividades y oportunidades de ocio saludable apropiadas para su edad. De igual modo, niños y jóvenes cuyas vidas están enriquecidas con una variedad de oportunidades interesantes para aprender y desarrollar habilidades es probable que se vean beneficiados respecto de otros que tienen pocas oportunidades.
Desafortunadamente, en el desarrollo de programas de ocio alternativo no tenemos mucha mejor guía que estas nociones de sentido común. Muchos programas de ocio alternativo se desarrollan y se llevan a cabo debido a que parecen ser buenas ideas, y no debido a que haya un apoyo de investigaciones sólidas hacia ese tipo particular de programa o incluso hacia los programas de ocio alternativo en general. Hay poca evidencia en investigaciones rigurosas que nos indiquen exactamente qué tipo de programas de ocio alternativo es probable que sean efectivos con qué tipo de niños y jóvenes. No sabemos cuáles son los elementos esenciales de las actividades alternativas. De hecho, incluso en algunos casos se ha encontrado que algunas actividades extra-escolares y programas de ocio alternativo parecen aumentar el uso de alcohol y algunas drogas en algunos de sus participantes. Por ejemplo, no es una idea absurda pensar que la oferta de este tipo de programas tengan el efecto de sacar de casa por las noches a adolescentes que hasta entonces no acostumbraban a salir o, como ya esta ocurriendo, que en determinados municipios solo se puedan desarrollar actividades recreativas las noches de los fines de semana.
Son necesarias más investigaciones sistemáticas y evaluaciones rigurosas de programas de ocio alternativo, pero también es importante recordar que, en muchos casos, es improbable que un programa de ocio alternativo, por sí mismo, sea capaz de dar lugar a un cambio destacado en los resultados. Los evaluadores y planificadores de programas deben ser realistas acerca de los posibles resultados de un programa particular. Para la mayoría de los participantes de casi todos los programas de ocio alternativo, las actividades en las que participan son sólo una pequeña parte de la variedad completa de sucesos y actividades, buenas y malas, de sus vidas. Un programa puede marcar una diferencia positiva para los chicos que participan en él y para las comunidades que los proporcionan, en cualquier caso, esa diferencia puede ser difícil de medir. Las cuestiones acerca de la eficacia real pueden ser difíciles de contestar en el caso de los programas de ocio alternativo, e igualmente pueden serlo las cuestiones relativas a la prioridad de su financiación.
De todos modos, aunque sólo haya evidencias limitadas que apoyen la financiación de los programas de ocio alternativo como una estrategia de prevención del consumo de alcohol y drogas, el interés de este enfoque no debe ser infravalorado. En algunos casos quizá las actividades alternativas deben ser vistas como parte de una red de recursos que proporcione cualquier comunidad preocupada por los jóvenes, independientemente de la posibilidad de documentar reducciones en el uso de alcohol y drogas entre los participantes.
Uno de los principios básicos que parece más evidente es que la prevención basada en la generación de alternativas, como cualquier otra intervención preventiva, sólo tendrá éxito si se ubica en el seno de un programa de salud más extenso en el ámbito escolar, familiar y comunitario, que administre intervenciones preventivas continuadas y consistentes, que tengan como objetivo múltiples determinantes o factores de riesgo y protección. Es decir, sus componentes han de estar coordinados con el resto de los esfuerzos preventivos que se realicen en la comunidad. Su utilidad adquirirá sentido en el contexto de un programa más amplio.
No obstante, y a pesar de las incompletas e inciertas pautas proporcionadas por la investigación, existen ciertas evidencias que permiten hacer ciertas recomendaciones:
La adecuación y efectividad de los programas de ocio alternativo depende en parte del grupo al que van dirigidos. La investigación de Tobler indica que las actividades alternativas tienen mayor probabilidad de ser efectivas con jóvenes de alto riesgo que pueden no tener supervisión adulta adecuada y una variedad de actividades disponible como parte de su vida normal y con aquellos que tienen pocas oportunidades para 4
desarrollar el tipo de habilidades personales necesitadas para evitar los problemas conductuales. Hace falta mayor investigación que nos proporcione análisis más sofisticados acerca de los tipos de grupos que puedan responder más positivamente a los diferentes tipos de actividades alternativas.
Sin embargo, se ha comprobado que los grupos de riesgo acuden con menor probabilidad a estos programas. Por tanto, sería de interés la puesta en marcha de estrategias que atraigan a los jóvenes en mayor situación de riesgo o que presentar mayor consumo. Entraría dentro de este planteamiento la oferta de actividades alternativas (en horario diurno) a jóvenes en edades más tempranas (12-14 años) edades en las que se inicia el consumo.
Los programas más intensivos parecen ser los más efectivos. De forma esperada, tanto los meta-análisis como las evaluaciones individuales han encontrado que los programas más efectivos proporcionan intervenciones intensivas que incluyen muchas horas de ocupación en el programa, así como otros servicios relacionados.
De cara a mejorar el efecto preventivo, sería conveniente incluir los ingredientes activos que se han mostrado eficaces en otro tipo de programas, como una actividad más, o de forma transversal, que abarcasen todas o casi todas las actividades.
Las actividades alternativas deben incorporar componentes de construcción de habilidades dentro del diseño del programa. La investigación indica que los jóvenes que tienen habilidades personales y sociales positivas, así como un sentido positivo de sus aptitudes académicas, tienen mayor probabilidad de evitar el abuso de sustancias. Los especialistas en prevención pueden basarse en este conocimiento para crear programas de ocio alternativo que de forma inteligente combinen actividades alternativas atractivas con componentes encaminados al desarrollo de actividades. Tales componentes pueden incluir tutorización o entrenamiento en habilidades de comunicación. De esta forma, las actividades alternativas meramente recreativas pueden ser vistas como un método para facilitar la presentación de otros elementos del programa, usando actividades alternativas populares como una forma de atraer a aquellos jóvenes que necesiten servicios de prevención.
Parece comprobado que el consumo de alcohol y otras drogas desaparece o se reduce significativamente durante el tiempo en que los jóvenes están participando en el programa. Pero los responsables de estos programas no deberían conformarse con este logro. Con el fin de potenciar el cambio de hábitos, estos programas no deberían conformarse con ofertar actividades alternativas en horario diurno o nocturno (dependiendo del programa), sino que deberían fomentar la realización de estas actividades más allá del marco temporal del programa.
Por último, las actividades alternativas pueden ser parte de un esfuerzo de prevención más amplio de la comunidad, sirviendo para establecer fuertes normas comunitarias contra el abuso de sustancias. Mientras que un único evento de tipo comunitario puede no cambiar la conducta de los participantes, estos eventos pueden servir para establecer posiciones comunitarias fuertes que apoyen y celebren una norma de no consumo. Estos eventos también consiguen atención pública y de los medios respecto de los temas del abuso de sustancias, y, por tanto, aumentan la conciencia y el apoyo para otros esfuerzos de prevención importantes. Para que estas actividades alternativas sean verdaderamente eficaces, deben, no obstante, ser vistas no como fines en sí mismas, sino como componentes de estrategias de prevención más integradas y comprehensivas. 
4. Referencias


Center for Substance Abuse Prevention (2003). CSAP Technical Report 13: Review of alternative activities. Disponible en: http://www.samhsa.gov/centers/csap/csap.html
Fernández Hermida, J.R. y Secades Villa, R (2003). Guía de referencia parta la evaluación de programas de prevención de ocio alternativo. Gijón: Colegio Oficial de Psicólogos y Plan Nacional sobre Drogas.
Sánchez Pardo, L. (2002). El ocio y el tiempo libre como espacio de riesgo y sus posibilidades de prevención. En F.J de Antonio Lobo, M.P. González San Frutos y F. Munín Inglés (Coor.), La prevención de las drogodependencias en el tiempo libre (pp. 9-23). Madrid: Asociación Deporte y Vida.
Schaps, E., DiBartolo, R., Moskowitz, J., Palley, C.S., y Churgin, S. (1981). A review of 127 drug abuse prevention evaluations. Journal of Drug Abuse, 11, 17-3.
Tobler, N.S. (1986). Meta-analysis of 143 adolescent drug prevention programs: Quantitative outcome results of program participants compared to a control or comparison group. Journal of Drug Issues, 16, 537-567. 6
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