Ayer me tocó dar un taller de risoterapia en en el IES Valle de Aller, dentro sus IX Jornadas Culturales, centradas este año en “Cultura y comunicación: los mil y un lenguajes”

El motivos de dedicar las jornadas a los mil y un lenguajes, se puede encontrar al comienzo del programa de las mismas:

“Desde los tiempos más primitivos, el hombre ha ideado formas de intercambiar mensajes (señales de humo, sonido de tambores, mímica, lenguaje oral). Si uno mira a su alrededor o escucha los sonidos del entorno, descubrimos que el mundo en que vivimos está lleno de mensajes que permanentemente entregan información: símbolos universales, como la calavera en productos venenosos, las llamas en sustancias inflamables, la imagen de una mujer a la entrada del aseo, los semáforos, la prensa, Internet, mensajes gestuales o mímicos, manifestaciones artísticas…

La comunicación es más que sólo emitir, es más que sólo exponer o registrar (sonido, imagen, ideas). Comunicación y cultura permiten al ser humano construir una sociedad, es decir, definir las condiciones para convivir, definir los códigos para reconocerse y distinguirse de los demás, así como la manera de organizar sus relaciones con las demás personas. La comunicación se inicia con el surgimiento de la vida en nuestro planeta y su desarrollo ha sido simultáneo al progreso de la humanidad. Se manifestó primero a través de un lenguaje no verbal, evolucionando y complicándose conforme el hombre mismo evolucionaba.”

Durante dos días, los chavales y las chavalas tienen un completo programa , donde a través de talleres prácticos disfrutaran del lenguaje del cine, la radio, la magia, los signos, la cocina, el cómic, el juego… y el que me tocó a mi, el lenguaje de la risa.
Así que ayer bien temprano me puse rumbo al valle de Aller, y al llegar al instituto, me asombró lo bien organizado que estaban las jornadas. Carteles indicando que actividad se desarrollaría en cada aula, todo el personal del centro con un programa, indicando que profesor/a de referencia tenía cada monitor/a, en que turno iban a ir rotando los chavales, etc. Todos los detalles cuidados. Un lujo la verdad.
A mi me tocó dar el taller a una clase de 1º de ESO, creo que nunca había dado risoterapia a chavales tan pequeños, y no sabía como iba a ir, pero el resultado fue genial. Durante dos horas, 22 alumnos, alumnas y profesora de referencia, jugaron experimentaron y RIERON, que eso es lo importante.




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