Este libro llegó a mi familia como una lectura que le recomendaron las monjas del colegio al que acudía mi hermana mayor (y al que yo acudí también, pero eso es otra historia…), como ejemplo de LO QUE NO HAY QUE HACER (lo pongo en rojo y negrita porque me imagino que esa era la llamada de atención y de peligro que querían causar las buenas mujeres), ya sabéis que la educación a través del miedo siempre ha estado ahí.


Pregúntale a Alicia (en algunas ediciones con la coletilla “Diario de una joven drogadicta”) es un libro anónimo, publicado por primera vez en 1971. Es presentado como un diario personal auténtico, que narra las vivencias de una adolescente que se se vuelve adicta a las drogas, se intenta desenganchar, vuelve a caer, escapa de su casa…

Aunque la primera vez que lo leí de adolescente me gustó, con el paso de los años y del trabajo, y con un ojo algo más experimentado y más conocedor del mundo, he de decir que me encanta.
El libro no trata solo de las drogas, si no de una adolescente, con todo lo que puede entrañar esa palabra (época de búsqueda y construcción de la entidad, deseos, inseguridades, años de probar cosas…), y puedes ver como una persona pasa de un consumo a un abuso de las drogas, debido a múltiples factores, no solo por haberlas probado.
Para mi, el libro habla de la educación de una persona, o de como afecta la falta de ella (baja autoestima, imagen personal distorsionada, falta de resiliciencia…)
Parece que, según encontré por la red, el libro obtuvo mucha atención mediática después de ser publicado, y a día de hoy continúa en imprenta y disponible para comprar (amazon mismamente..)
Para abriros boca, os dejo algunos fragmentos que he econtrado, a ver si os “enganchan” 😉


“Tengo la impresión de estar perdiendo interés por todo. Tal vez se deba a que estoy creciendo, o que la vida se está volviendo más asquerosa”


“Los mayores tratan a los adolescentes como niños, pero quieren que se comporten como adultos. Les dan órdenes como se dan a los animales y luego esperan una reacción madura, siempre racional”


“No quiero envejecer. Tengo este necio temor, querido amigo: el temor de ser vieja sin haber sido nunca joven de verdad. ¿Podría ocurrir tan de prisa o es que he malgastado mi vida? ¿Crees que la vida puede pasar de largo sin que la vea una? Sólo de pensarlo se me pone la piel de gallina: siento escalofríos”

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