Después de poner en ejecución una actividad, proyecto o programa debemos saber si hemos conseguido lo que pretendíamos. Es un elemento que nos permite el análisis entre los previsto y lo realizado.

Para Ander Egg la evaluación consiste en “una serie de procedimientos destinados a comprobar si se han obtenido los objetivos propuestos”.

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Reconocer y analizar lo que ha sucedido en un período de tiempo determinado, comparando lo que se pretendía conseguir con lo que se ha obtenido realmente, de tal forma que se puede rectificar, si procede, sobre la marcha la programación. Por tanto la evaluación no es algo diferente o diferenciado de la intervención, sino que es una parte esencial de la acción, ya que permite dar continuidad y sentido al proceso práctico.

La evaluación es un proceso dinámico y continuo y forma parte de un proceso de planificación, comparando los datos obtenidos con los resultados previstos.

Por e para ello, existen varios tipos de evaluación:

  • Formativa: hace un seguimiento constante de la actividad, es la llamada evaluación continua.
  • Sumativa: pretende valorar el trabajo ya finalizado para así controlar responsabilidades.
  • Global: abarca todos los elementos de la acción animadora de forma integral, logrando un mayor conocimiento de la realidad y una mejor orientación de la tarea educativa en general.
  • Parcial: se centra en el estudio y valoración de determinados aspectos del proceso (la organización, los recursos humanos, las actividades…)
  • Interna: es la evaluación realizada por los integrantes de la institución o los participantes en la actividad.
  • Externa: es la evaluación realizada por agentes no pertenecientes al colectivo participante en la actividad; entre sus ventajas más importantes está la objetividad dado el distanciamiento.
  • Inicial: coincide prácticamente con la etapa de diagnóstico, consiste en la recogida de datos sobre la situación de partida (población, territorio, conflictos, animadores, recursos), con el objeto de valorar si podremos conseguir las metas propuestas.
  • Procesal: consiste en la evaluación del funcionamiento de la actividad, y se hace en el transcurso de la misma durante un período de tiempo determinado.
  • Final: no es necesariamente sumativa, aunque se hace al final del proceso de intervención, a partir de un balance general del total de participantes, el grado de satisfacción personal y la impresión que han causado las actividades.
  • De impacto:  permite medir los efectos que un programa puede tener sobre su población beneficiaria y conocer si dichos efectos son en realidad atribuibles a su intervención. El principal reto de una evaluación de impacto es determinar qué habría pasado con los beneficiarios si el programa no hubiera existido.
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