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Desde el modelo de empoderamiento el/la profesional comunitario/a tiene como objetivo dinamizar a la comunidad para que descubra sus propios recursos y se conviertan en su propio agente de cambio.

Su labor profesional consiste en facilitar las estrategias necesarias para que los sujetos aprendan a resolver sus problemas y afrontar sus circunstancias contextuales. Lejos de una actitud paternalista centrada en un modelo de déficits desde el modelo de potenciación los individuos y grupos se consideran con suficientes recursos y habilidades como para ayudar y ser ayudados. Desde esta perspectiva el/la profesional adopta un rol de colaborador/a y se plantea como objetivo último el cambio social.

Principios que guían a la intervención comunitaria basada en los procesos de empoderamiento son:

La potenciación o empoderamiento es un constructo con diferentes niveles de análisis. Para el estudio de la interacción persona-ambiente se realiza bajo diferentes niveles de análisis: individual, grupal, organizacional y comunitario. Se asume que existe una influencia mutua entre los distintos niveles durante el proceso de intervención y que este tiene lugar de forma continuada.

El modelo de potenciación asume que la comprensión de las personas, entornos y políticas sociales requieren múltiples medidas desde diferentes puntos de vista y niveles de análisis, no puede limitarse al estudio del individuo sino que es necesario valorar todos los aspectos del contexto. En términos de intervención la acción del empoderamiento en un determinado nivel influye en el siguiente.

El contexto histórico en el que una persona, un programa o una política social tienen lugar determinan en gran parte los resultados de la intervención. Igualmente es necesario contar con el entorno cultural de los diferentes contextos de intervención. Por ejemplo, las condiciones de participación en un entorno tendrá un impacto sobre la potenciación de sus miembros: cuanto más favorables sean las condiciones del entorno, la propia historia,… mayores serán los efectos en el desarrollo del empoderamiento.

El/la trabajador/a comunitario/a tiene que ser consciente de sus propios valores, objetivos, actitudes, creencias e intenciones, ya que en este modelo el profesional actúa como participante involucrado con la comunidad. Un individuo u organización que tenga una ideología de potenciación desarrollará mejor sus recursos que otro actúe bajo una ideología de dependencia. A este respecto, la utilización de un lenguaje adecuado es muy importante para la comunicación y la metacomunicación, ya que el lenguaje contiene aspectos connotativos muy importantes. Por ejemplo, más que utilizar fórmulas de comunicación en la que los sujetos perciban que son objeto de ayuda hay que transmitir a los sujetos la oportunidad que tienen para potenciar sus propias habilidades y controlar
sus propios recursos.

Los programas de intervención han de centrarse en comunidades específicas. Las soluciones desarrolladas localmente tienden más a la potenciación que la creación de líneas generales de actuación. La práctica de la potenciación encuentra su principal vía de actuación a través de la participación ciudadana, las organizaciones voluntarias y el desarrollo comunitario. En ellas se puede intervenir tanto para desarrollar estrategias y competencias entre los individuos como para mejorar las características del contexto y facilitar el proceso de potenciación.

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