Arranco el año nuevo del blog con una dinámica. Algo que trabajaré mucho este año con un proyecto que tenemos entre mano La Lonja Estudio y un servidor… 

Pero hasta que “eso” tome forma y os contemos de qué se trata, os dejo con esta técnica :O)

 

Leer la mente es una forma inadecuada de manejar la información que consiste en creer firmemente que la intención o el pensamiento de otra persona está relacionado con nosotros cuando puede que no lo esté o, en caso de estarlo, no tenga el matiz negativo que nosotros creemos.

Cerebro5
Si, soy fan de los X – Men

Objetivos

  • Desarrollar el manejo de sentimientos y pensamientos.
  • Trabajar la empatía.

 

Desarrollo

En esta dinámica se siguen los siguientes puntos:

  • Explicación del supuesto: “Historia del hombre que buscaba un martillo”
  • Consejos para leer la mente.
  • Distribución de los y las participantes en pequeños grupos y trabajo de suposiciones (leer la mente):
    • ¿Qué conclusión sacas de la historia?
    • ¿Por qué el hombre actúa de forma agresiva con su vecino?
    • Buscar ejemplos cotidianos.
  • Puesta en común.

 ¿Cómo manejar la lectura de mentes?

  • Calmándose un poco, respirando despacio.
  • Encontrando otras alternativas a ese pensamiento, preguntando incluso a la otra persona para aclarar qué piensa o cuáles son sus intenciones.
  • Planteando interrogantes: ¿hasta qué punto “tengo que saber” o “necesito saber” lo que el otro piensa de mí?

 

Anexo

“La historia del hombre que buscaba un martillo”

Un hombre quería colgar un cuadro de la pared de su casa, pero se dio cuenta de que le hacía falta un martillo y él no tenía ninguno. Entonces decidió pedírselo prestado a su vecino, cuya casa estaba a medio kilómetro de la suya.

Mientras iba de camino a casa del vecino, nuestro hombre comenzó a darle vueltas a la cabeza, preguntándose si su vecino le prestaría la herramienta. “¿Será tan amable de dejarme un martillo? ¿Me hará el favor?”… Pero empezó también a creer que, al ir a su casa, podía molestar a su vecino: “Seguro que mi vecino está durmiendo la siesta y le despierto al llamar”-se iba diciendo- “eso le molestará probablemente”... “así que saldrá de mala gana a abrirme la puerta”... “me gritará: ¡qué diablos quieres a estas horas!, “ bueno -se dijo el hombre- entonces yo le diré: ¿puedes prestarme tu martillo para colgar un cuadro?”... “y mi vecino –continuaba pensando el hombre- me responderá con un ¡no! Rotundo, como venganza por haberlo despertado de la siesta”“me gritará: ¿para esa tontería vienes a molestarme?”.

Entre tanto pensamiento, nuestro hombre había llegado ya caminando hasta la puerta de su vecino. Llamó al timbre. Su vecino le abre y nuestro hombre, sin dejarle mediar palabra, le grita: “¿Sabes que te digo?, ¡que os vayáis al infierno tú y tu maldito martillo!.

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