Rap contra el racismo

La campaña «Rap contra el Racismo” es una campaña de sensibilización escolar y juvenil  para combatir este peligroso problema.

Su eje es una canción y un videoclip que cuenta  con la colaboración desinteresada de varios de los artistas más granados de la escena del rap en nuestro país, Un himno necesario que ha conseguido unir por primera vez a las espadas más importantes del rap español (El Chojin, Locus y Nerviozzo de Dúo Kie, Gitano Antón y El Langui de Excepción,  Nach, Lírico, Kase O y Sho-Hai de Violadores del Verso,  Xhelazz,  Titó y El Santo de Falsalarma, Zatu de SFDK y Ose). 


Esta campaña promovida desde la ONG Movimiento contra la Intolerancia busca un gran impacto en un público estudiantil y está convencida del  bien social cívico que va a suponer frente a lacra del racismo y xenofobia que tanto daño genera,  con el movimiento Hip Hop en general, y con el Rap en concreto, como vehículos principales de expresión y lucha. Se realiza con el lenguaje de los jóvenes para llegar a los jóvenes.

Su propuesta es el compromiso contra el racismo, a quienes dice: Haz algo y si rapeas contra el racismo, ¡mejor!

Fuente y más información: Movimiento contra la Intolerancia

La praxis de la animación sociocultural

La praxis de la animación sociocultural ha sido en los últimos años, en nuestro país, un instrumento eficaz para afianzar los valores y actitudes del sistema democrático. La puesta en marcha de programas y servicios socioculturales ha servido para crear conciencia colectiva, facilitar el encuentro de los vecinos y la vivencia festiva de la naciente democracia. Está todavía por reconocer el valor que las prácticas socioculturales han tenido en cuanto a acompañar las medidas sociopolíticas que pusieron en marcha la democracia en nuestro país, promoviendo un espíritu de optimismo y generalizando la toma colectiva de la calle y los equipamientos, y manteniendo viva la ilusión utópica por una sociedad más justa y solidaria.
No obstante estas prácticas han ido esclerotizándose con el paso del tiempo, institucionalizándose y «funcionarializándose». De este devenir histórico podemos afirmar que, se han generado los siguientes aspectos negativos:

  • La crisis de un discurso, demasiado institucionalizado, anclado en un pasado ya un poco lejano, vacío d contenidos y en muchas ocasiones distantes de una práctica volcada en la prestación de servicios y organización de saraos diversos. A esta crisis ha contribuido  el confusionismo creado por el vacío discurso de la gestión cultural como contrapuesto al discurso de la animación.
  • Una crisis de credibilidad, provocada fundamentalmente por discursos pragmáticos, el espíritu del máster, que han mercantilizado la vida social y administrativa, desposeyéndola de un discurso humanista.

Pero ante todo ello la animación se presenta, cada vez más, con un brillante futuro, que nos permite afirmar que seguiremos añadiendo cifras a esta breve historia de la animación.

Por varios motivos podemos ser optimistas:
  • Porqué la crisis de la sociedad del liberalismo y el pragmatismo, que estamos comenzando a vivir, traerá consigo la revitalización de la animación en tanto práctica del cambio y de la organización social, cambio social basado en valores de solidaridad y cohesión social, profundo humanismo y en consecuencia de una democracia real de participación.
  • Porqué la desideologización de las estructuras sociales va a traer consigo nuevos procesos de búsqueda de valores compartidos, motivaciones, y fórmulas de interpretación de la realidad social, en resumen de nuevas ideologías humanistas.
  • Porqué la atomización e incomunicación social a las que nos lleva la sociedad de la comunicación de masas, hacen necesario la búsqueda de fórmulas y estructuras para la comunicación interpersonal, grupal y local.
En este sentido la animación sociocultural sigue teniendo su vigencia:
  • Identidad cultural y colectiva.
  • Participación social.
  • Comunicación individual y colectiva.
Una práctica de la animación que sigue teniendo como valores:
  • el desarrollo personal y colectivo.
  • la participación y las fórmulas de autoorganización.
  • la solidaridad como fórmula de organización colectiva.
  • la concientización como forma de autodesarrollo.
  • la superación de las contradicciones sociales, el cambio social.
Finalmente añadir que la teoría y la práctica de la animación sociocultural se concretiza en la práctica de unas actitudes que, en definitiva son las que autentifican las ideologías y los valores sociales. estas actitudes como hace más de 100 años se concretan en actitudes de:
  • solidaridad, en la organización y gestión de la colectividad.
  • tolerancia y respeto hacía el otro.
  • diálogo y escucha empática.
  • autenticidad y coherencia individual y colectiva.
  • sensibilidad y respeto ante el hecho cultural como dinamizador del desarrollo.

Hª de las drogas en España: Época de libertad farmacológica (hasta 1918)

Prácticamente todas las sustancias conceptuadas en la actualidad como drogas ilegales, hasta 1918, fueron consideradas como cualquier otro fármaco. Eran de productos de venta libre, y su empleo estaba generalizado en todos los estratos sociales con fines terapéuticos convencionales. De hecho, se vendían no sólo en boticas, droguerías y herboristerías, sino también en comercios de especias, abacerías, coloniales y ultramarinos.
La legislación en materia de salud pública no se planteaba, ni de lejos, restringir su consumo, sino únicamente perseguir los posibles fraudes y negligencias en su comercialización, así como delimitar las competencias entre los distintos colectivos de profesionales autorizados para su importación, producción, elaboración y venta, a saber: farmacéuticos, drogueros (dos gremios que, compartiendo intereses, coexistieron enfrentados en dura pugna hasta la II República) y, en menor medida, herbolarios.
Existía, no obstante, una prohibición que afectaba no sólo a las sustancias consideradas hoy drogas ilegales, sino a todos los fármacos sin excepción: el veto de ser objetos de publicidad en medios profanos, es decir, no especializados. Sin embargo, casi toda la prensa de la época incumplía sistemáticamente este precepto, convirtiéndose en su principal soporte publicitario (hasta la Gaceta de Madrid —predecesora del Boletín Oficial del Estado— llegó a hacer propaganda, entre otras especialidades farmacéuticas, de las afamadas Pastillas Bonald: con cocaína, heroína, codeína).
Por lo demás, la información farmacológica sobre el empleo terapéutico de drogas en periódicos y revistas de medicina, farmacia y veterinaria era muy completa y exhaustiva.
Se daban casos puntuales de abuso (como por ejemplo, el del pintor y escritor catalán Santiago Rusiñol, quien en 1899 ya tuvo que someterse a un tratamiento de desmorfinización), especialmente en ambientes decadentes y bohemios, pero no comportaban ningún tipo de problemática social.
El empleo de drogas apenas despertaba la atención de los medios de comunicación de la época. Excepcionalmente, la prensa española se refería al problema que representaba el opio en países como Francia e Inglaterra, como algo exótico, importado de sus colonias de ultramar; pero la mayoría de las veces, las drogas tan sólo constituían un pretexto o motivo para la publicación de chistes, chanzas y demás comentarios satírico-burlescos. En consecuencia, no se detectaba ningún signo de alarma relacionado con el uso de drogas en el seno de la sociedad española del momento.
En cambio, sí se registró una intensa cruzada antialcohólica, promovida por la Liga Antialcohólica Española (fundada en 1911) y su principal órgano de difusión, el periódico El Abstemio (con una tirada de 10.000 ejemplares). Cabe decir, no obstante que, a diferencia de lo ocurrido en EE.UU. y otros países, los temperantes españoles no consiguieron elevar sus pretensiones de abstinencia total a rango de ley.
Aparte del alcoholismo, otras dos «lacras sociales» preocupaban y excitaban los ánimos de los sectores católicos más intransigentes: la difusión de publicaciones e imágenes consideradas «obscenas» y la blasfemia. Tras activas campañas en contra, las autoridades gubernativas decretaron su prohibición, si bien no consiguieron su erradicación.
La neutralidad observada por el Gobierno español ante la I Guerra Mundial determinó que muchas personas buscaran refugio en España, principalmente en Barcelona, y vinculado a este aluvión demográfico comenzó a extenderse el consumo de drogas al margen de usos terapéuticos convencionales. Tanto es así que, a finales de 1917, el diario republicano El Diluvio desató una activa campaña de prensa contra «los envenenadores públicos», denunciando «la impunidad» con que en la Ciudad Condal se vendía opio, morfina, cocaína y otras drogas, «hasta a los niños». Se decía que sólo en Barcelona había alrededor de seis mil quinientos cocainómanos (entre los que se contaban banqueros, militares, periodistas, funcionarios, socios del Liceo, capitanes de barco, señoritas de la aristocracia, clérigos, dos concejales y algún diputado provincial). Se pudo comprobar, en este sentido, que la fuente de abastecimiento eran «siete u ocho farmacias», dándose la circunstancia de que más de un farmacéutico «vivía sólo de la venta de venenos». El escándalo, difícilmente contenido, determinó que las autoridades gubernativas se plantearan por primera vez controlar y restringir el uso de drogas en España.