Objetivos de la Animación Sociocultural

Los objetivos de la animación sociocultural tienen impacto a tres niveles:

tres-circulos-01

Personal, es decir que afecta a cada una de las personas involucradas en el proceso

  • Revalora el potencial y las competencias de cada persona
  • Favorece que las personas profundicen en el conocimiento y valoración de sí mismas.
  • Facilita la toma de conciencia de su situación en el mundo y la responsabilidad consigo mismo, con los demás y con el planeta.
  • Facilita la comunicación y fomenta la transformación de conflictos
  • Da la oportunidad de intercambiar ideas y expresarse libremente

 

Social, en la medida que se van transformando las familias, los barrios, las comunidades, hasta alcanzar a la sociedad civil

  • Anima a la participación en la vida del grupo y de la sociedad
  • Fomenta la mejora de la calidad de vida.
  • Favorece la convivencia en relación con los otros y otras, impulsando la aceptación, el respeto y el gozo a cada uno y una diferente
  • Propicia relaciones equitativas al favorecer la igualdad de oportunidades para todos y todas.
  • Profundiza sobre las asimetrías socioculturales , intentando suprimir las diferencias que favorecen la discriminación y la exclusión.
  • El grupo toma un papel determinante en su propia transformación.

 

Cultural, ya que se reconstruyen las identidades culturales.

  • Promueve la consolidación de la identidad cultural de las personas
  • Plantea la recuperación de la historia, los valores, prácticas y los elementos culturales que dan sentido y significado a los grupos sociales
  • Genera nuevos productos culturales

La Animación Sociocultural en el marco de la Educación No Formal

En la Animación Sociocultural (en adelante ASC) se remarca la función educativa y el carácter pedagógico de la práctica.

Sólo cuando la educación ha dejado de ser entendida a partir de los parámetros estrictamente escolares o formales, la ASC ha incorporado planteamientos de un carácter marcadamente educativos.

Puesto que la ASC se ha originado y desarrollado a partir de procesos, conceptos y contextos educativos, mencionaremos aquellos que merecen una atención especial.

18881785_1354261277954683_599355310229996692_n

Formas educativas de la ASC

Educación para la liberación

Esta educación es entendida como un proceso de comunicación y emancipación orientado a la participación democrática. Se destaca el diálogo, la desmitificación de la realidad, el estímulo de la reflexión, el fomento de la transformación social…

Educación para la participación y la democracia cultural.

La participación individual y social es considerada un valor importante dentro de la democracia cultural, representado en las iniciativas, responsabilidades y compromisos adquiridos y ejercidos por todos y cada uno de los individuos en el marco de su entorno socio-cultural.

Educación para la innovación y la transformación social.

Se pretende el cambio social entendido como un conjunto de acciones temporales que repercuten sobre la estructura y funcionamiento de la colectividad.

Educación para la identidad cultural.

Se respeta y potencia un concepto de cultura que se amplía a través de la re-creación de sus aspectos singulares y se afirma en la recuperación crítica de sus experiencias colectivas.

Educación para la creatividad colectiva.

Se trata de lograr el incremento de las relaciones humanas entre colectivos y grupos a través de procesos participativos que permitan conciliar el valor de la libertad con la satisfacción de sus necesidades socio-culturales.

Educación para el desarrollo autónomo e integrado.

En el desarrollo adquiere importancia el protagonismo de los individuos y comunidades en la definición de objetivos y estrategias, tareas y evaluación de los resultados.

La ASC y la educación permanente.

La educación permanente es el aprendizaje a lo largo de toda la vida.

De las características de una sociedad del aprendizaje se desprende un concepto de aprendizaje y, por tanto, de la función educativa, que coincide con los planteamientos de la ASC. Estas características son:

  • Los educandos son responsables de su propio progreso.
  • La evaluación confirma los progresos en lugar de los fracasos.
  • El conocimiento abarca aptitudes, valores personales y compartidos y el trabajo en equipo.
  • El trabajo conjunto se realiza para mejorar las acciones.

La ASC y la educación de adultos.

La ASC se ha interpretado también como una forma de hacer Educación de Adultos, de forma que las relaciones entre ambas se pueden estudiar desde dos enfoques:

  1. Finalista: La ASC toma forma de programas específicos, convirtiéndose, por tanto, en una modalidad de educación de adultos.
  2. Instrumental: Se considera la ASC como una estrategia a utilizar en los programas de educación de adultos, siendo posible llevarla a la práctica desde dos modelos distintos:

Vertical: La ASC aparece como un área más junto a la formación básica.

Horizontal: se considera la ASC no como un área sino como una estrategia presente en todo el proceso formativo.

La ASC y la Educación Popular.

El concepto de educación popular nace en el siglo XIX teniendo como metas:

  1. Compensar las carencias de la época (falta de escuelas)
  2. Confirmar la acción escolar
  3. Superar la formación intelectualista@ de la escuela.

En la actualidad esas metas han cambiado hacia:

  1. Estimular un proceso de auto-organización
  2. Revalorizar (de forma crítica) la historia y tradiciones culturales locales propias.
  3. Registrar el conocimiento autóctono y desarrollar otros nuevos en combinación con el institucional/global.

En el proceso de desarrollo que ha tenido lugar de los primeros planteamientos a los actuales:

  • En el marco europeo de generó la ASC
  • En el marco de Amárica latina existen muchos puntos en común entre la educación popular y la ASC.

LA ASC y la educación en el tiempo libre.

Puesto que existe un módulo dedicado exclusivamente a este tema, sólo daremos de él una breve pincelada.

La educación en el tiempo libre se trata de una práctica educativa no reglada cuyas formas coinciden con los planteamientos metodológicos de la educación no formal y cuyos espacios de acción suelen estar fuera del entorno formal. Podríamos decir que mientras la ASC forma parte de la educación no formal, la educación en el tiempo libre forma parte de la ASC.

Diferentes concepciones de la cultura

Ezequiel Ander-Egg, en Cuadernos de Animación, Nº 6, dice lo siguiente:

Sólo por abstracción hablamos de “cultura” como un concepto general. Pero si queremos introducir mayor rigor y precisión en el uso del término, tenemos que hacer una serie de diferenciaciones y clasificaciones, cada una de las cuales se deriva, en buena medida, del enfoque ideológico/científico que la inspira. Nos parece oportuno ofrecer, como se verá a lo largo de este capítulo, las clasificaciones más importantes que se suelen utilizar… Comenzamos por presentar tres concepciones más globales y totalizantes…

20171206_141709

 

La cultura como adquisición de un conjunto de saberes, como resultado de dicha adquisición y como producción de “cosas superiores”

Esta ha sido la forma habitual de utilizar el término. La palabra “cultura” se identifica –según esta concepción- como el refinamiento intelectual o artístico, entendido éste como conjunto de saberes y conocimientos eruditos acerca de ciertas “cosas superiores”, concibiéndose como tal la filosofía, la literatura, la música clásica, el arte, la pintura, el teatro, la historia, la geografía, la mitología o el dominio particular de una ciencia o un arte. Derivada de esta concepción, se utilizan expresiones como las de “el mundo de la cultura”, para designar la literatura, música, teatro, plástica, etc. O bien aquellas que expresan una cuantificación en la posesión de esos saberes, y así se habla de “más o menos cultura”, “es muy culto” o “no tiene cultura”. Y si pasamos del sustantivo al verbo y su participio, se habla de la persona “cultivada” o “culta”.

Dentro de esta concepción, la palabra cultura sirve también para designar cualidades subjetivas de la persona “cultivada”: el culto es aquél que por medio del estudio ha desarrollado sus capacidades intelectuales, ha adquirido una serie de conocimientos. Es este caso, “tener cultura”, “ser culto” es equivalente a disponer de muchos datos y conocimientos sobre saberes librescos; consecuentemente, a mayor grado de instrucción, mayor cultura. Culto es, también, el que produce obras culturales, entendidas con el alcance antes indicado.

Quienes comparten esta concepción de la cultura, de ordinario, consideran que la creación artístico/ cultural se autogenera y se autodesarrolla, esto es, que no tiene relación con la vida social. “El material virgen del germen artístico –diría André Malraux expresando esta postura- no es la vida, sino el arte anterior”.

Aquí, la palabra cultura denomina determinadas manifestaciones particulares del espíritu humano en cuanto designa una serie de saberes reducidos fundamentalmente a lo que se ha denominado “cultura artística o literaria”.

Así pues, según esta concepción, la cultura se entiende como:

  • conocimientos que se pueden adquirir,
  • resultados de la adquisición,
  • producción de “cosas superiores”.

De algún modo se la considera como si fuera un objeto de posesión/adquisición personal. Desde esta perspectiva, el concepto de cultura resulta restringido, puesto que se identifica el nivel cultural con el nivel de instrucción o de educación institucional y el nivel de producción artística, en determinados casos. Es también un concepto selectivo, ya que excluye a grandes sectores de la población a los que considera incultos, puesto que no tienen acceso a esos productos y no han acumulado un stock significativo de conocimientos. Resulta evidente que con este alcance el término cultura expresa una concepción elitista. Y, en la medida que esta concepción es aceptada, es también un instrumento de dominación (“cultura elitista” no es equivalente a “cultura dominante”, pero puede ser una forma de dominación).

Demasiado a menudo sirve, además, para ocultar la inferioridad de aquellos que, aunque repitan como papagayos los nombres de todos los dioses de la mitología, las diferentes corrientes en el arte o los clásicos de la música, la literatura y la filosofía, nada saben “hacer”, nada “producen”, y nada “transforman”. Estos “ilustrados” confunden la acumulación de conocimientos con la cultura; así la entienden, por otra parte. Y esto es funcional y necesario para mantener los privilegios.

 

La cultura como forma de ser, de hacer y de pensar, y como conjunto de obras e instituciones

Otra concepción de cultura es la que se desarrolla a partir de la antropología que surge especialmente en el mundo anglosajón. La cultura comprende aquí el conjunto de rasgos que caracteriza las distintas formas y modos de vida, a través de una serie de objetos y modos de actuar y de pensar que son creados y transmitidos por los hombres como resultado de sus interrelaciones recíprocas y de sus relaciones con la naturaleza por medio del trabajo. Esto se revela tanto en manifestaciones que se dan en el plano intelectual (saberes, creencias y valores), como en el material (las cosas que los hombres crean y utilizan). Así, se considera cultura una reja de arado, un automóvil, el modo de usar el pañuelo, las reglas de fútbol, el sistema electoral, el modo de vestirse y de peinarse, la forma de criar a los niños, los ritos funerarios, la utilización del sistema decimal, la ópera Carmen o una nave espacial.

En la concepción antropológica son cultura tanto las herramientas y maquinarias, y los sistemas filosóficos y científicos, como las reglas de conducta, modos, usos, hábitos e instituciones. Este último aspecto es la dimensión o aspecto normativo de la cultura, al expresar pautas de vida “históricamente creadas, explícitas o implicitas, racionales o irracionales y no-racionales, que existen en un tiempo dado como guías potenciales de la conducta humana”.

Para decirlo en breve, desde el punto de vista antropológico, el término engloba la totalidad del entorno creado por el hombre para adaptarse y modificar la naturaleza, transformándose –a su vez- a sí mismo. Y en la medida en que cada hombre pertenece a una cultura y cada sociedad tiene sus peculiaridades culturales, la cultura es, como la definen los antropólogos, la “herencia social” o el “modo de vida de un pueblo”, expresada en pautas compartidas o comunes (manera de comportarse), cuyo incumplimiento supone algún tipo de sanción social.

Se trata de un concepto sintético muy abarcador; la gran amplitud que comprende este modo de entender la cultura, lo transforma, en alguna medida, en un concepto ilimitado y de difícil aprehensión, ya que todo lo que no es naturaleza, es cultura. Su aspecto positivo radica en que tiende a integrar todos los tipos de actividades humanas, los modelos de comportamiento, los signos sociales para la acción, los valores, los conocimientos y habilidades, en un sistema histórico concreto en desarrollo.

Así entendida la cultura, toda persona es más o menos culta y toda persona es productora de cultura, aunque lo sea de manera muy dispar y diversa. Según esta concepción –que se desarrolla a partir de la noción antropológica-, cultura es lo que el pueblo cultiva, es decir, lo que realiza en su vida cotidiana, real y concreta. La cultura expresa una forma de ser, de hacer y de pensar que se ha adquirido a través de la historia, como producto del quehacer y vicisitudes de un pueblo concreto, y en cada persona particular, a través de un proceso de socialización y endoculturación. Todo esto lleva a que los miembros de una sociedad tengan un estilo de vida determinado, un modo de ser y de actuar que se va transmitiendo de una generación a otra, como una forma adecuada de lograr el funcionamiento de la sociedad en que se vive. En este aspecto, todas las culturas están coherentemente estructuradas y tienen un sentido dentro de sí.

 

La cultura como creación de un destino personal y colectivo

En la concepción precedente, denominada comúnmente como concepción antropológica de la cultura, ésta expresa el estilo o modo de vida en el que se han ido configurando los individuos y los grupos dentro de una sociedad determinada. Se trata de un estilo o modo de vida adquirido, conservado y transmitido.

Nada objetamos a esto, pero si nos quedáramos en ello, el concepto resultaría insuficiente por dos razones principales: sería una visión de la cultura como la de ese pájaro descrito por Borges en su Manual de zoología fantástica, que vuela con la cabeza mirando hacia atrás porque no le importa saber hacia donde va, sino de donde viene. Por otra parte, aun admitiendo el dinamismo existente en toda cultura, ésta expresaría una tendencia a la adaptación y al equilibrio estático del acervo cultural heredado.

En el fondo, esta noción puede encubrirnos el carácter de proceso histórico cambiante y conflictivo que tiene la realidad sociocultural, ya que nos hace pensar en la cultura como algo ya dado, integrado y armonioso y –de algún modo- instalado en lo ya logrado, con el riesgo de legitimar el statu quo.

Sería poco serio considerar la concepción antropológica de la cultura como una concepción que no tiene en cuenta la dinámica del cambio cultural y redujese lo cultural sólo al pasado. Es cierto que se reconoce que el hombre no sólo es configurado por la cultura, sino que él también (como parte de un colectivo) hace la cultura y la va configurando a medida que incorpora nuevos elementos. Sin embargo, el énfasis está puesto en la idea de “herencia social”, según la conocida expresión de Linton y no hay ningún cuestionamiento de las circunstancias históricas particulares que dieron lugar a la configuración de esa cultura, ni a los modos de producción que le marcan su sello.

Desde nuestra perspectiva (y es la noción o concepción que proponemos), ponemos el énfasis en lo que la cultura tiene como proyecto que hay que construir, como futuro por inventar. Hay que apoyarse en el pasado, nuestra herencia cultural expresa la forma en que hemos sido configurados, y en ese sentido constituye la materia prima desde la cual hemos de construir el futuro. Pero si aceptamos que el elemento esencial de la cultura es la actividad humana, ésta ha de concebirse fundamentalmente como creación de un destino personal y colectivo, y no tanto como un conjunto de valores asumidos y asimilados. De este modo entendida, la cultura es un sistema de valores materiales y espirituales históricamente producidos, y que expresa las vicisitudes de los hombres y de los pueblos. Éstos, como sujetos creadores, construyen el futuro, asimilando y transformando el mundo a partir de ciertas condiciones de existencia que se configuran en el pasado, en lo ya acontecido. El futuro no existe, hay varios futuros posibles. El que se va haciendo depende de lo que hagamos en el presente y de la forma que queremos “hacer el futuro”.

Por lo tanto –y esto es admitido por diferentes corrientes de pensamiento-, el universo cultural no está configurado y definido de una vez para siempre; lo cultural no es una entidad metafísica que se despliega en la historia independientemente del sujeto colectivo; es un proceso de evolución y transformación constante. Sin embargo, en la sociedad actual, los medios tecnológicos –controlados por los grupos dominantes- dificultan que seamos protagonistas de esos cambios y de la dirección de las transformaciones socioculturales. Frecuentemente estamos determinados desde afuera y cada uno de nosotros puede quedar reducido a receptor/portador/consumidor de cultura, y no como productor/creador/ transformador.

Una cultura subsiste cuando, sin perder el sentido del pasado, actualizada en tradiciones vivas y en pleno desarrollo, es capaz de cambiar y de mantenerse en movimiento hacia delante, de estar ligada al futuro. La vitalidad de una cultura viene expresada en esa capacidad para incorporar nuevas perspectivas y nuevas exigencias, a partir de las tradiciones nacionales colectivas que configuran la cultura nacional y la cultura popular. Como persona o como pueblo, uno sólo se liga al futuro cuando tiene esperanza e ilusiones y se tiene el propósito de influir en lo por-venir mediante creaciones nuevas, enraizadas en lo que ha sido y lo que se está haciendo y siendo.

Dicho todo esto, hemos de advertir, para que no se caiga en una unidimensionalización de nuestra afirmación, que la cultura no funciona como un sistema autónomo, sino que está ligada y relacionada en permanente interacción con el sistema económico, social y político.

Ahora bien, el futuro se hace marchando hacia él y abarcando en la tarea de su construcción la totalidad de las actividades humanas. Varsavsky lo denominó el “estilo creativo”. Garaudy lo llama un “humanismo abierto”. Esto significa “elaborar una cultura que ya no está hecha sólo de respuestas provenientes del pasado, sino de interrogantes que plantea la invención del futuro, una cultura que ya no es un ornato de unos pocos, sino la posibilidad del desarrollo humano de todos; una cultura que no encierra al hombre en sí mismo, sino que lo abre a una creación sin fin del futuro por la emergencia poética y profética de lo que hay de divino en el hombre”…, esto significa “crear, a partir de las iniciativas de la base y a todos los niveles de la economía, de la política, de la cultura, comunidades responsables que tomen a su cargo su propia vida para redefinir los fines humanos de cada actividad social y sus métodos de organización y gestión”.

A partir de esta concepción, el “ser culto” se ha de expresar en la capacidad para vivir creativamente la propia existencia y para inventar el futuro. El baremo de “lo culto” no debe medirse, desde esta concepción, por la cantidad de saberes acumulados o por las formas de vida asumidas, sino por el modo en que se utiliza y proyecta todo ello –saberes y modo de vida- en la construcción del futuro.

Si tuviéramos que distinguir en pocas palabras las tres concepciones, podríamos denominar a la primera “cultura cultivada”, a la segunda “cultura cultural” y a la última “cultura constructiva”. En el esquema siguiente resumimos sus principales características.

Respecto a la llamada concepción antropológica de cultura quisiera destacar un hecho que, de algún modo, puede parecer contradictorio. El término “cultura”, con este alcance, comenzó a utilizarse inicialmente en la antropología social y cultural anglosajona, pasó luego a la sociología dentro de ese mismo ámbito geográfico, aunque a los pocos años tuvo una aceptación mucho más universal Ya sea una u otra disciplina (antropología o sociología), el concepto se utilizó, casi sin excepción, dentro de un marco teórico referencial funcionalista. Ahora bien, esta concepción científica es modernizante, pero conservadora: cuando plantea los cambios, éstos siempre son concebidos como intrasistémicos.  Esta visión estática y conservadora de los presupuestos en que se apoya, no la despoja de su operatividad conceptual, como lo revela el mismo hecho de que, desprovista de esas connotaciones y asociada a una perspectiva distinta, puede enriquecerse vinculado con el concepto de cultura popular.

 

A modo de resumen:

Diferentes visiones de la cultura