5 años de El Taller ASC

5 años echándole narices, o 5 narices para echarles a estos años… 5º aniversario de El Taller Animación Sociocultural.
 

Y es que en tantos años, hay muchos días... Algunos montando saraos, otros preparando e impartiendo formación, los de escribir propuestas / proyectos, esos de reclamar facturas, también los de cargar y descargar la furgo, comprar materiales y también hay días de «hoy no se hace nada». Pueden ser lectivos o no, tampoco coinciden en horario ni en número de horas por jornada. Esto puede parecer caótico o inestable, pero a este animador le va la marcha y me gusta que ningún día se parezca a otro.

Me sigue sorprendiendo que mi experiencia profesional más larga sea esta, la de haber «montado algo» y que desde hace tiempo mi hoja de vida laboral solo aumente en días y no en renglones como antes, sumando 8 o 9 contratos por año.

Agosto siempre promete, quizás porque arranqué esta historia este mes del surrealista año 2020, quizá porque siempre ha sido un mes relevante en otros aspectos de mi vida. El de este año promete descanso, currar lo justo o menos, un premio al final, leer por placer, películas hasta las tantas, «tomar un algo» (bueno, muchos), coger fuerza para lo que venga y como siempre (que se pueda) disfrute.

Como siempre me deseo… Más años de «El Taller» (ya que hay que currar…) ¡Salud y risas! ;O)

 

La Torre de Fröbel 

En un mundo donde lo individual tiene un protagonismo excesivo, esta herramienta es buenísima para trabajar de manera grupal. La Torre de Fröbel es un juego cooperativo que pone a prueba la comunicación, la coordinación y la paciencia de un grupo que tiene un objetivo común: construir una torre… 

Tengo que decir que antes de hacerme con ella, hacía la versión «casera» con vasos de plástico, gomas de caucho y lana. Aunque con esta, mola más trabajar

¿Qué es la Torre de Fröbel?

Es un juego de construcción cooperativa compuesto por una serie de bloques de madera y una plataforma con cuerdas unidas a una estructura central. Cada participante controla una cuerda, y solo a través de la coordinación de todo el equipo pueden levantar y apilar las piezas para construir la torre.

Ninguna persona puede mover los bloques directamente; todo debe hacerse con las cuerdas. Eso convierte lo que podría parecer un juego sencillo en un verdadero ejercicio de concentración, comunicación y cooperación.

¿Cómo funciona?

  1. Se forma un círculo alrededor de la estructura (de 2 a 16 jugadores, aunque se puede adaptar).
  2. Cada persona sostiene una cuerda, conectada al sistema de grúa que sujeta el bloque a levantar.
  3. El grupo debe levantar el bloque, trasladarlo cuidadosamente y colocarlo sobre la base o encima de otros bloques.
  4. El reto crece con cada nivel: a mayor altura, mayor dificultad.

Existen variantes del juego que añaden obstáculos, límites de tiempo, piezas con formas irregulares o restricciones como no hablar o usar una sola mano.

¿Para qué sirve?

Este juego no es solo una actividad lúdica: es una herramienta de aprendizaje y desarrollo personal y grupal. Entre los usos más destacados se encuentran:

  • Fomenta el trabajo en equipo
  • Desarrolla la comunicación no verbal y la escucha activa
  • Fortalece la concentración y la paciencia
  • Promueve la toma de decisiones conjuntas
  • Entrena la regulación emocional en situaciones de tensión
  • Trabaja tolerancia a la frustración

Ideas para usar la Torre de Fröbel en otras dinámicas

Además del clásico juego de apilar bloques, la Torre puede incorporarse a múltiples contextos y actividades.

Algunas propuestas:

Formación en liderazgo y gestión de equipos

La Torre Fröbel es una herramienta potente para explorar dinámicas de liderazgo real dentro de un grupo. Puedes plantear la actividad con roles diferenciados:

  • Líderes: encargados de tomar decisiones o guiar la estrategia sin tocar cuerdas.
  • Ejecutores: los que manipulan las cuerdas directamente.
  • Observadores: toman nota del comportamiento grupal, los bloqueos y las soluciones.

Tras la actividad, se realiza una reflexión grupal:

  • ¿Qué tipo de liderazgo emergió? (autoritarismo, liderazgo distribuido, falta de liderazgo…)
  • ¿Cómo se tomó la decisión de qué hacer?
  • ¿Alguien se sintió excluido o ignorado?

Esta dinámica favorece el autoconocimiento, el desarrollo de habilidades como la delegación, la comunicación clara y la gestión de conflictos.

Actividades al aire libre

Puedes integrarla en un circuito de retos cooperativos, tipo “Gymkana”, en el que cada prueba desbloquea la siguiente.

Ideas:

  • Colocar obstáculos físicos (ramas, piedras, terreno irregular) alrededor de la zona de juego para aumentar el nivel de dificultad.
  • Combinar la construcción de la torre con otras pruebas (orientación, acertijos, trabajo corporal).
  • Establecer un tiempo límite simbólico, como si estuvieran en una misión.

Esto favorece el movimiento físico, el juego al aire libre y refuerza el aprendizaje a través de la experiencia.

Dinámicas de resolución de conflictos

Podemos utilizarla para entrenar la toma de decisiones compartida en entornos donde hay diferencias de opinión o tensión.

Propuesta:

  1. Dividir al grupo en subgrupos que deben llegar a acuerdos para avanzar.
  2. Introducir “situaciones inesperadas” durante la dinámica (ej. una pieza se cae, alguien no puede usar su mano dominante) para observar cómo se reacciona.
  3. Facilitar después un espacio de reflexión para identificar qué elementos favorecieron o entorpecieron el diálogo y la resolución.
  4. Esto permite observar patrones de comunicación, roles asumidos en el conflicto y maneras de encontrar consenso.

Educación emocional

Después de una sesión donde se trabajen conceptos como la frustración, la empatía o la escucha activa, podemos utilizar la Torre.

Durante la dinámica:

  • Limita el habla o incorpora momentos de silencio, para fomentar la comunicación no verbal.
  • Introduce roles como “facilitador emocional”, que puede detener el juego para compartir lo que percibe en el grupo.
  • Observa y registra momentos clave de tensión, éxito, apoyo o incomprensión.

Después, guiamos una reflexión con el grupo:

  • ¿Qué emociones surgieron y cómo se gestionaron?
  • ¿Cómo influyó el estado emocional de una persona en el grupo?
  • ¿Qué necesitaron emocionalmente para lograr el objetivo?

Inclusión y diversidad

Ideal para trabajar con grupos heterogéneos en capacidades físicas, cognitivas o culturales. Algunas adaptaciones:

  • Usar cuerdas más largas o con agarres ergonómicos para personas con movilidad reducida.
  • Incluir intérpretes de lengua de signos en dinámicas con restricciones de habla.
  • Utilizar la torre como una actividad que no depende de habilidades lingüísticas o académicas, promoviendo la inteligencia colectiva y la equidad.

El foco se traslada al rol de cada persona en el conjunto, permitiendo valorar diferentes formas de participar.

Un buen recurso para quienes buscan educar en valores, desarrollar habilidades sociales o simplemente emplear un recursos diferente.

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La experiencia universitaria…

Me encanta cerrar ciclos, y este en concreto, ya tocaba. Tras 17 años desde que comencé, 9 de ellos matriculado; por fin he acabado la carrera.

Así que quiero contar por aquí mi «experiencia universitaria» para poner el broche de cierre. Aunque para ello, habrá que empezar por el principio:

Año 2007. Después mi terminar mis prácticas y titular como TASOC, y tras mi aventura catalana como currante de Port Aventura unos meses, decido volver a Asturias. 

Consigo un par de trabajos para el verano, y obtengo una plaza para un curso de formación en Letonia (del Programa Juventud en Acción, hoy sería Erasmus+). Pensando que no tendría mucho trabajo o de continuo como animador y por la inercia de la vida de estudiante, decido que quiero ir a la universidad y contando con obtener beca (sin ella creo que estaría jodida la cosa)

Primera vuelta. Quiero estudiar Educación Social (por aquel entonces, Diplomatura de tres cursos) ya que parecía lo natural después de hacer el TASOC. En Asturias las opciones eran y son hacerlas en un centro concertado adscrito a la Universidad de Oviedo o hacerlo a distancia en la UNED. Con poca pasta y miedo a pasar de todo «porque me conozco» (o creía conocerme), opto por buscar otra carrera que sea presencial. Así entro (con beca) a en septiembre de 2007 a cursar Trabajo Social.

Para mi sorpresa me sale más trabajo del que pensaba, y viniendo de la familia que vengo, siempre he priorizado tener un sueldo. Si a eso lo añades que 2008 arrancó con mucho tiempo en hospitales al enfermar mi madre, estupidez juvenil (mecha corta) y que realmente no quería estudiar esa carrera… dejo los estudios justo en los exámenes del primer cuatrimestre (llegué a hacer un parcial solo…) Poco duré… bueno en septiembre volví a presentarme a los exámenes que al ser becado tenía la obligación de hacerlo (aunque eso es otra historia) Me encantaría decir que con esfuerzo y pasión saqué alguna asignatura, pero no, todo suspenso.

Por suerte, nunca me ha faltado trabajo, ya he comentado en más de una ocasión que desde que empecé a trabajar de animador nunca he sellado la cartilla del paro. Así que compenso abandonar la carrera, con mucho y muchos trabajos. Por ahí me automaldije con el pluriempleo… quería coger experiencia y decía que sí a todo. Ay la juventud (cuanta morralla aguanté, pero que de experiencia obtuve jajajaja)

Segunda vuelta. Viendo que tenía trabajo y que volver a las aulas lo veía poco apetecible, decido al curso siguiente, 2008, matricularme en la UNED, y ya en la carrera quería: Educación Social. Ese primer año además junto a mi hermano. Que pareja tan perfecta para pasarlo bien y charrar, pero no aumentamos nuestro amor filial a base de sesiones de estudio. Creo que los más estudiantil que hicimos fue ir juntos a algún examen. Con 3 de 5 asignaturas aprobadas pienso que voy echarle tiempo a esto y empiezo a bromear con la idea «yo la carrera, la acabo antes de los 40» (39 años cumplidos en marzo de 2025, al palo...)

Tercera vuelta. 2009 / 2010. Bolonia… Con la llegada del Espacio Europeo de Educación Superior y la conversión de la Diplomatura de 3 cursos en un Grado de 4, me reafirmo en «antes de los 40» y aunque me dan opción de «acabar» la Diplomatura, opto por pasarme al Grado y ahí empezó un laaaargo camino que dio forma a esta experiencia universitaria.

Se que soy algo chapas, tranquilidad, no os voy a relatar estos 17 años. Pero creo que para entender las cosas siempre hay que tener algo de contexto.


Paralelo a esas «tres vueltas» seguía trabajando y cogiendo experiencia, descubrí que me flipaba impartir formación y también se me daba bien trabajar comunicación positiva y habilidades sociales con humor (risoterapia), así que la carrera se volvió algo secundario, quizá demasiado.

En todos estos años que han pasado he pasado por todas las fases respecto al Grado:

«Paso, no me vuelvo a matricular más»

«Venga si este año pillo 2 asignaturas más, a este ritmo la acabo…. uff no, mejor cojo solo 2 asignaturas»

«Para que hostias me matriculo, yo ya escogí la alternativa a la universidad, FP Superior, ya me jode pasar por el aro»

«Que oferta más guay… vaya piden la carrera. A ver si la acabo ya»

«Venga en 3 años acabo»

«Tenía que haberla acabado cuando eran tres cursos»

«Aquí el eterno estudiante de educación social» (varias veces me he presentado así jajaja)

También he de decir, que esas «fases» eran arrebatos / reacciones a momentos o situaciones concretas. Siempre he procurado acabar lo que he comenzado, y esto no iba a ser la excepción, aunque cero prioridad.

Durante mucho tiempo, sobre todo los primeros años cuando me preguntaban cuánto me quedaba para acabar, decía que iba por la mitad, por no decir que no tenía ni idea de las asignaturas que me quedaban (y me daba bastante igual) así que estandaricé esa respuesta.

Ese pasotismo también quedó patente en otros momentos, como ir a sacarme el carnet de estudiante 20 minutos antes de un examen, o un año que suspendí una asignatura por no saber que tenía un trabajo, Prueba de Evaluación Continua (PEC) obligatoria, y por más que me me mandaban correos a mi correo electrónico de la universidad, el cual descubrí ese año que tenía. Yo quería acabarla, pero la verdad… poca gana le ponía

Cuando cumplí los 30, tuve un nuevo impulso de «me pongo a ello» influenciado por un trabajo más o menos estable que me daba tiempo para decir que estudiaba, aunque luego hacía lo justito. El impulso me duró unos tres cursos…

El momento en el que me decidí por completo a acabarla fue 2021. Con la empresa con poco más de una año de vida, me parecía interesante tener un plan B al que recurrir si me iba mal. En ese momento si que planifiqué, medí y calculé para acabarla en tres años. Finalmente fueron cuatro, ya que en uno de ellos tuve la brillante idea de coger un curso completo (10 asignaturas) y aunque las saqué (entre febrero, junio y septiembre) no vi la necesidad de agobiarme tanto. Currar de autónomo y estudiar, es una combinación jodida. Así que al tercer año que «me quedaba» le sume uno más, este 2025, y por fin, acabé.


De las asignaturas… La temática es maravillosa y he disfrutado leyendo sobre todos los contenidos que me han propuesto. Sobre estudiarlas, su utilidad para el trabajo real o los trabajos relacionados, ahí, pues hay de todo «como en botica»

Entiendo que debemos tener una base teórica y que contextualizar en el ámbito de la Educación en general y luego acercarnos a la Educación Social, también creo que al estudiarla en modalidad a distancia hace más complicada la puesta en práctica. Me hubiera gustado probar a hacerla en presencial (puede que en otra vida, no en la que escogí) pero para mi es lo que más he echado en falta, la aplicabilidad directa.

Por supuesto, he tenido asignaturas que he disfrutado y creo que les he sacado esa utilidad que quería: Orientación y mediación familiar, Diagnóstico, Diseño de proyectos, Sistematización de Prácticas, Psicología e incluso estadística, entre otras.


Respecto a estudiar a distancia en la UNED. He escuchado a personas amantes y detractoras de la misma. Como todo en la vida… contexto. Para mi, ha sido la mejor opción que he podido tener para estudiar (sin la obligación de asistir a clase) Creo que si eres una persona autónoma (no de régimen de cotización, si no de carácter…) estudiar así te lo amplifica. 

Imprescindible autogestionarse, entender el lenguaje propio de la universidad (Profesor/a y Profesor/a-Tutor/a, PEC, Alf, Ágora, foro…) y buscarse buenos apuntes (mención especial y AGRADECIMIENTO a la cantidad de compañeros y compañeras que los comparten) sobre el material bibliográfico (libros completos he leído 6 o 7 en toda la carrera)

Veo necesario además dominar algo la ofimática y trabajarse mucho la lectura comprensiva (no sé cuantas veces he leído en grupos o foros a gente preguntar por fechas o aspectos que están en las guías de la s asignaturas…)

Y algo que me parece deseable y espero que todo el mundo tenga la opción… CONTACTO CON LA REALIDAD. Yo he tenido la suerte de «sacarme» una carrera paralela trabajando con múltiples sectores y rodeado de muchas personas profesionales, además de participar del movimiento asociativo y hacer voluntariado. Salir de esta carrera, solo con el contacto teórico-práctico de la universidad me parece insuficiente y sesgado.


Por ir terminando… Con esta entrada no pretendo recomendar, cuestionar o sentar catedra de nada, simplemente dejar testimonio de la que ha sido mi experiencia. No pretendo hacer un alegato al esfuerzo (cada quien hace lo que puede) ni ofrecer falsas esperanzas (si quieres, puedes….¡Ja! cuanta gente quiere y no podrá…) o vender la Universidad (lo que soy, de lo que vivo y cobro todavía sigue siendo te la FP) no todo el mundo tiene que pasar por ella (ahora lo digo con conocimiento de causa)

PD:

No es una carta y tampoco es que haya firma, pero después de la parrafada, para acabar bien la «experiencia universitaria» y por mi contexto, tengo que reconocer que un puntazo de orgullo si que tengo por haberla terminado.

Cuando se implementó la matricula universitaria gratuita en Argentina [Una medida que democratizó el acceso a la educación superior, permitiendo que estudiantes de familias obreras, que antes no podían pagar sus estudios, pudieran acceder a la universidad] bajo el gobierno de Perón se hizo famosa la frase  «La conquista más grande fue que la universidad se llenó de hijos de obreros». 

No es que mis padres tuvieran ni en mente ni en meta que fuera a la universidad. Mi madre me quería feliz (¡ay! el hedonista que crio) y mi padre con que tuviera trabajo le valía (aunque no lo entendiera… ¿Animaqué?) Ya se fueron hace tiempo, y aunque el título, el tiempo y la pasta la he puesto yo, me apetece dedicárselo. Después de todo si aquel verano de hace unos cuantos años no hubieran bailado en la verbena de Begoña, yo no estaría hoy escribiendo esto.

Ahora si que si, para acabar... A mi gratis no me ha salido, pero este hijo obrero, de Maricarmen y El Chato, obrera y obrero; si que ha conquistado la universidad.

Y ahora, a seguir currando ;O)