La importancia de un programa de voluntariado

Un programa de voluntariado es herramienta por la que se canaliza la acción desde una entidad.

Y subrayo canalizar, ya que debemos darle forma a la manera en que las personas participan en nuestras entidades, definiendo sus competencias, espacios, responsabilidades. No todo vale.

 

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Yo defiendo el voluntariado como espacio de participación, y creo que hay que cuidarlo. Por eso veo tan importante, además de necesario por ley, tener un plan de voluntariado que recoja lo necesario para el desarrollo de su acción.

Aunque hay buena intención a la hora de colaborar, no podemos dejar que «el buenismo» sea la hoja de ruta del voluntariado. Tienen que saber a qué deben atenerse, qué derechos tienen, qué obligaciones… por ello, mejor dejarlo todo por escrito.

 

Características de un programa de voluntariado:

Social. Debe ir encaminado a mejorar la sociedad.

Transformador: Pretende transformar la realidad de manera activa

Organizado. Se estructura mediante una serie actividades y procesos con una asignación planificada de recursos materiales y humanos.

Voluntario. Se desarrolla por personas físicas (bajo entidades de voluntariado), sin ánimo de lucro y sin que tengan su causa en una obligación personal o deber jurídico y sea asumida voluntariamente.

 

Los programas de voluntariado se elaboran desde las entidades de voluntariado. Estas tienen obligación de elaborarlos con el siguiente contenido mínimo (Art. 7 Ley del voluntariado)

Los puntos mínimos que debe recoger son los siguientes:

  1. Denominación.
  2. Identificación del responsable del programa.
  3. Fines y objetivos que se proponga.
  4. Descripción de las actividades que comprenda.
  5. Ámbito territorial que abarque.
  6. Duración prevista para su ejecución.
  7. Número de voluntarios necesarios, el perfil adecuado para los cometidos que vayan a desarrollar y la cualificación o formación exigible.
  8. Criterios para determinar el perfil de las personas destinatarias del programa.
  9. Medios y recursos precisos para llevarlo a cabo.
  10. Mecanismos de control, seguimiento y evaluación.

 

 

 

Sobre salvajes

Os dejo un poema que leí y guardé hace tiempo.

 

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Sobre salvajes.

Los pemones de la Gran Sabana llaman al rocío Chirïké-yeetakuú, que significa Saliva de las Estrellas; a las lágrimas Enú-parupué, que quiere decir Guarapo de los Ojos, y al corazón Yewán-enapué: Semilla del Vientre. Los waraos del delta del Orinoco dicen Mejokoki (El Sol del Pecho) para nombrar al alma. Para decir amigo dicen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón. Y para decir olvidar dicen Emonikitane, que quiere decir Perdonar.

Los muy tontos no saben lo que dicen

Para decir tierra dicen madre

Para decir madre dicen ternura

Para decir ternura dicen entrega

Tienen tal confusión de sentimientos

que con toda razón

las buenas gentes que somos

les llamamos salvajes.

Gustavo Pereira.

 

Si no juzgáramos a otras personas como “salvajes” por no compartir nuestros puntos de vista o maneras…

La vara de medir

No es el nombre de una técnica para trabajar con grupos, ni nada de lo que suelo compartir de manera habitual. Es una reflexión sobre lo que leo, escucho o veo por ahí.

Y la idea de esta entrada me llevaba rondando por la cabeza ya unos meses, pero o encontré cosas más interesantes que contar, o no tenía tiempo para pensar y escribir. Ahora después de una merecida quincena de descanso, parece que me he animado a ello.

Todo el mundo tiene su opinión y debería poder expresarla (¡Viva!), yo lo hago con frecuencia, y me parece sano. Pero hay algunas que me chirrían. Y es porque no entiendo cuál es la medida o «vara de medir»

 

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Vara de medir hecha por abuelo «Tinín, el carpintero»

 

Os pongo unos ejemplos:

Un montón de audiencia del programa los «Gipsy Kings», pero una xenofobia más que palpable sobre el pueblo gitano. Para leer más sobre ello os recomiendo leer a @femitana (mujer, feminista y gitana) y su brutal hilo respecto a este tema y que comparto del todo.

Que malos han sido los dictadores, mira Hitler lo que hizo al pueblo Judío, pero no me toquéis a Franco del Valle de los Caídos (fue un cabrón pero… ¿nuestro cabrón no se toca?)

Hay que defender derechos y libertades, pero cuestionamos lo que «no nos toca de cerca» (entrecomillo, ya que creo que la sociedad es la misma para todas las personas y todo nos pilla «al lado») como temas LGTB, feminismo, discapacidad, religión.

No dejemos morir a esas personas en el mediterráneo, pero que no vengan a quitarnos el trabajo y a vivir de ayudas. Aquí tenemos varios discursos: «Nosotros fuimos antes inmigrante» «Peros es que antes para los de aquí». Son personas y huyen de morir, punto.

Situación política. Todos roban, todo es lo mismo, no sirve de nada. Parece que la única ideología política es quejarse por defecto. Es verdad que yo no me identifico con ningún partido político al 100 %, y creo que el fallo es seguirlos ciegamente (ME DA IGUAL EL COLOR, lleven gaviota, rosa, coleta, naranja azulado, rayas verdes o lo que sea). Pero aplaudo y condeno acciones, no un sistema entero. Además a quienes ponemos ahí son reflejo de la comunidad que construimos entre todas las personas. Y lo dicho vivimos en «y tú más» .

 

Cómo veis según quien lea estos ejemplos, pensará una cosa u otra (respetable) pero medirá sus opiniones con una «vara de medir» totalmente personalizada, con la que unas verán 10 cm y otras 8,3 m.

Sobre esto, os comparto un extracto de un artículo de  Marcello Truzzi, profesor de sociología en la Eastern Michigan University y ex-miembro del Comité para la Investigación Escéptica, en un artículo en la revista Zetetic Scholar:

Truzzi afirmó acerca de los llamados «pseudoescépticos» que tienen más tendencia a negar que a dudar, a desprestigiar más que a investigar; usan una doble vara de medir en sus análisis críticos; emiten juicios sin una completa investigación; usan ataques ad hominem al referirse peyorativamente a los que proponen determinadas disciplinas; no presentan suficientes pruebas en sus refutaciones y, al censurar, asumen que en ningún caso les corresponde el peso de la prueba; contra-argumentan basándose en lo que parece más razonable o plausible en vez de en la evidencia empírica; e insinúan que el que una evidencia sea poco convincente es suficiente para descartarla por completo.

 

Por ello debemos fomentar la actitud y el pensamiento crítico y ajustar las «varas de medir» en términos objetivos.