"Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa"

Con esta frase de Winston Churchill, quiero empezar este pequeño artículo que busca la promoción del optimismo y daros un pequeño truco para trabajarlo día a día.
 
Cuando realizo formaciones o sesiones puntuales de Risoterapia, me defino como un optimista empedernido, pero no estúpido. Y es que ser optimista no quiere decir que no se tengan problemas, malos días, una tristeza enorme, «desazón vital» (como dice un buen amigo) o «ganas de nada«; ser optimista es que aunque tengas o padezcas todo eso, DECIDES tomarlo con otra actitud. 
 
Simple y complicado a la vez ¿no? 
 
Lo primero, es crear el hábito de «pensar en positivo«, algo básico para una persona optimista. Y eso hay que hacerlo a diario. Es como rezar, pero en vez de hacerlo al hombre del espacio (mis perdones a los creyentes), «rezas» a alguien más cercano, tú mism@.
 
Como persona con «mal despertar«, me gusta estar en silencio y como un autómata, hasta después del café, puedo entender que penséis que es una memez «levantarte y pensar algo positivo« (podéis poner voz de «tonto» imitándome, no pasa nada); puede que cueste, pero no es una memez. 
 
Dentro del lento proceso que me lleva a ser persona otra vez cada mañana, prefiero pensar en algo que me haga gracia, que me recuerde algo feliz, que me saque una sonrisa, antes que pensar «que mal está todo«, «no se puede hacer nada…» 
 
Para un servidor, lo único que no tiene arreglo es la muerte, todo lo demás se puede arreglar, y si no sabemos cómo, es que no lo averiguamos todavía, no que no se pueda.
 
Y ahora va el pequeño truco, para ayudaros a hacer eso de «pensar en positivo»
 
El pasado enero, dentro del grupo de amigos, decidimos hacer el amigo invisible, y una de las cosas que se me ocurrió, además de un regalo guapo comprado, fue hacer «Risoterapia embotellada».
 
¿Y eso que es? Pues nada tan sencillo, como 365 frases (una para cada día del año), cada una escrita en un papel de colores alegres, y guardas en un tarro, y entregadas a la persona, con una premisa sencilla, coger una cada día 
 
Aquí algunas fotos, cedidas por la dueña del tarro ;O)
 

 

Algo para alegraros, o alegrar a otra persona cada mañana, no tienen que ser frases, pueden ser fotos, canciones, mensajes, vídeos… lo que os haga sonreír a cada un@.
 
Así que a ser optimistas, no parece muy útil ser otra cosa.

Educación para las emociones 2.0 ¿Si o no?

Vale, que hay que ser felices aunque sea por j*d*r, que debemos quejarnos donde se pueda, que debemos hacer red y pero… ¿Debemos contarlo todo?

Antes de explicar el por qué de esta entrada, dos premisas:

  • Segunda. Quizás a la gente de mi edad (29 que tengo a día de hoy) y de aquí para arriba, la era de las redes sociales nos pilló de imprevisto, vamos que «antes, no existían»; mis sobrinas (3 y 9 años) por ejemplo, lo tienen y tendrán asumido que es algo con lo que conviven (aunque no sean las mismas redes cuando ellas crezcan)

Estas dos ideas se entremezclan en mi cabeza, y sacudidas por el café, me hace rearfimarme en educar a las personas para comprender sus emociones (en pos de una vida feliz), y también me hace pensar en que debemos educar para gestionar esas emociones en la red.

Ante todo, libertad de expresión, que parece que por la red, todavía la hay. Y es verdad que cada personas debe poder decir lo que le de la gana, y que para eso es su perfil, «si no te gusta, no mires..«, etc.

Volviendo a la segunda premisa, en la que digo que esto de las redes sociales nos ha pillado de imprevisto. Creo que nos falta educación. Pensar que podemos «relacionarnos en las redes» igual que en la calle y viceversa, es un error.

Para ilustrarlo (a modo de coña) os deje este chiste

las redes sociales en la vida real

¿A qué no funcionaria? Alguien así daría bastante miedo… ¿no?

Pues pensadlo al contrario, las conversaciones que tienes con tu familia o amigos (los de verdad, de confianza) de una forma íntima y con total sinceridad, creéis que es positivo ventilarla en un red social donde tienes a tus 793 «amigos».

Podemos aplicar lo mismo al hecho de compartir fotos, ¿Cuántas veces, has bajado de tu casa al parque y le dejas ver a todo el mundo tu álbum o álbumes de fotos?

O contarías tus intimidades a tus compañer@s de trabajo…

Y que todo el mundo sepas dónde andas en cada momento…

Con esto no quiero demonizar las redes sociales, las cuales uso bastante además, si no reflexionar sobre el hecho de que los que hemos crecido sin ellas, hemos ido apendiendo «a salto de mata» pero a las generaciones que vienen, ¿deberemos educarlas no?

A día de hoy, yo tengo claro cómo y para qué utilizo las redes sociales. Y ha sido por el camino del ensayo – error. Para mi son una herramienta de comunicación (en 99 %de manera profesional), donde no hay cabida a las fotos de mis fiestas o de momentos personales. Por eso acepto a casi cualquier solicitud, y creo que cuento lo que debo / quiero contar.

Como cada uno habla de lo que entiende, y yo tengo algo de idea hacer proyectos, creo que las 9 preguntas que deben responderse en uno, bien valdrían como filtro de comunicación emocional en las redes sociales:

Una vez dicho todo esto, ¿qué creeis?… Educación para las emociones 2.0 ¿Si o no?

Sin padres no hay escuela

Hoy os dejo un poema del libro «El amor en tiempos del despido libre» de Antonio Orihuela, un poeta, ensayista y articulista. Su obra literaria es de marcado carácter libertario, participa del movimiento colectivo de la poesía de la conciencia desde su emergencia al principio de la década de los noventa.



No habrá niños lectores si los padres no leen.
No habrá niños sociables si los padres nunca están disponibles.
No habrá niños amorosos si sus padres no los tratan con amor.
No habrá niños generosos si sus padres no les dedican tiempo.
No habrá niños que disientan si en sus casas solo han visto sometimiento.
No habrá niños profundos si en sus casas solo ven banalidades.
No habrá niños respetuosos si en sus casas no saben lo que es el respeto.
No habrá niños dignos si en sus casas solo han conocido humillaciones.
No habrá niños alegres de padres tristes.
No habrá niños críticos de padres sumisos.
No habrá niños activos de padres pasivos.
No habrá niños motivados de padres desmotivados.
No habrá niños exigentes de padres mezquinos.
No habrá niños apasionados de padres reprimidos.
No habrá niños libres de padres esclavos.
No habrá humanidad en los niños si en sus casas no los tratan como seres humanos.
No habrá escuelas pero sí aparcamientos de niños,
almacenes para adolescentes,
cárceles para jóvenes.
No habrá escuela
porque tampoco habrá habido padres.



Antonio Orihuela. El amor en los tiempos del despido libre. Ed. Amargord, 2014