The Promise: The Darkness on the Edge of Town Story by Bruce Springsteen

Bruce Springsteen publica The Promise: The Darkness on the Edge of Town Story, sin duda la gran reedición del año 2010 por la altura, la amplitud y la categoría del proyecto, que ha merecido cinco estrellas (la máxima puntuación) en la revista Rolling Stone.
«Más que famoso, más que rico y más que feliz, quería ser grande”. Esta frase de Bruce Springsteen en el documental que incluye la versión de lujo (y cara) además de otros extras (un libro, fotos, etc.)
Cabe decir que este disco ya está en coche, para alegrarme la conducción. Muy recomendable, para muestra…

Nuestro patrimonio de la humanidad

Todas las candidaturas españolas (el flamenco, los Castells, el canto de la Sibil.la, la dieta mediterránea y la cetrería)han conseguido ser incluidas en la Lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, en el transcurso de la Quinta reunión del Comité Intergubernamental de la UNESCO para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial, que se celebra en Nairobi, Kenya  hasta el 19 de noviembre.
Ya he visto algunas quejas por ahí, diciendo que ensalzamos lo que nos hace más «cañí», como el flamenzo. Creo que las personas tienen deamasiada manía a empañar los buenos momentos. El flamenco es parte de la cultura española, y mira que a mí me toca de lejos, muy lejos. Pero estoy contento por estos reconocimientos, todo lo que se considere cultura, debe ser potenciado y reconocido, por lo que esta mención de la UNESCO nos hace seguir dándole visibilidad a nuestro patrimonio cultural… sumar y seguir, así debe ser.
Por otro lado, creía que conocía todas las presentadas, pero me he quedado en blanco leer el canto de la Sibil.la, nunca lo había escuchado. Por curiosidad, he investigado, y resulta que es:
El Cant de la Sibil•la se escenifica en todas las iglesias de Mallorca la noche del 24 de diciembre. Este canto se introdujo en toda Europa en la Edad Media y llegó a Mallorca con la conquista cristiana de 1229. Lo que da valor a esta tradición milenaria es la conservación de sus valores originales. Si bien la escenificación y la música han sufrido ligeras evoluciones a lo largo del tiempo, mantiene en su esencia sus características originales de la época medieval.
Otro hecho destacable es su arraigo entre la población, a pesar de las invasiones culturales y de tratarse de una isla que tiene un porcentaje de turismo muy alto.

Los gitanos

Este artículo fué publicado en el diaro «El Comercio» el 10 de Noviembre del presente año, por  José Marcelino García.
En el habla sobre los gitanos que comercian todos los domingos en «El rastro», mercado de Gijón que se celebra todos los domingos (desde primeras horas de la mañana hastas las 15 h) en los amplios estacionamientos y alrededores de el campo de fútbol de El Molinón, en el que prácticamente puedes encontrar de todo.

Con el pelo echado hacia atrás lleno de fijativos, piel renegra por los colores de la vida libre, alegre y peligrosa, voz bronca y a la vez templada por una fe de cristianos rumberos, filadélfícos y aleluyadores, ahí están, domingo tras domingo, los gitanos del Rastro cargados de gitanismo. Tienen todo su mundo en torno así: periódicos, botellas, libros, faroles, medallas, mapas, collares, relojes, fornituras, santos viejos., todo eso, picado, envilecido, incorrupto y renaciente, en venta.
Viejo pueblo zorro (más antiguo que España), enemigo de los alcabaleros, andariego y puro que enreda el trato con malicia hablando al revés, echando un montón de flores a lo que te quiere colocar mientras pasas despacio bajo este cielo del Rastro que desciende su borra en el invierno y se levanta alto de azulidad y aviones en el verano. «¿Y ese radio funciona?», pregunta uno al calé. Y él, usando un plural ládino y mayestático (un Nos papal), responde con estudiada inocencia: «No lo sabemos».
Gitanos carromateros de viento y pandereta, ahora en furgonetas llenas de abuelas jóvenes, de niños comiendo fruta, de mujeres con lencería de farala (vestidas siempre de julio y agosto). Gitanillas de un moreno antiguo con el cabello rubio alemán, de frasco, peinado por las ráfagas del viento. Todos trashumantes, a cuestas con sus quintales de trapo y hierro, que son su trigo y su pan.
Romántico escenario este del Rastro, donde todo aquí está al raso y al descampado: espejos que refractan retales de cielo y lo ponen al alcance de la mano, como a la venta; muebles antiguos de dormitorio (aquellos de muñeca y cuadro del Purgatorio), que parecen oler todavía a orinal de tísico; cosas y utensilios vagamente de plata gitana, desenterrados, dicen, de debajo de las ruinas de una iglesia abandonada en un camino viejo. ¡Ah los gitanos!, desenterradores de gallinas y tesoros, al rebusco siempre de la chatarra que cargan ahora en furgonetas de faros tuertos. Gitanos con su idioma y su vida como fuera del tiempo, y que uno recuerda junto sus verdes hogueras al borde de los caminos.