Contrato temporal vs contrato indefinido

He leído en la prensa, que el  segundo Consejo de Ministros extraordinario del mes de agosto se ha centrado en la aprobación de medidas relacionadas con el empleo y cambios en las políticas de contratación. Las dos medidas que dan un giro a la que hasta ahora era la línea de políticas laborales del Gobierno son la eliminación del límite de dos años para encadenar contratos temporales (que el Ejecutivo había aprobado en 2006) y el nuevo contrato de Formación que será aplicable de forma transitoria hasta los 30 años.
Voy a hablar sobre la primera medida: la eliminación del límite de dos años para encadenar contratos temporales. Hablando en plata: que después de dos años trabajados en una misma empresa, según la ley, debían hacerte trabajador/a indefinido/a.

Puede que en una empresa en la que los ingresos sean estables, se pueda permitir ese tipo de contrato. Pero…. ¿y en el tercer sector? ¿Qué pasa con los que trabajamos en proyectos financiados gracias a subvenciones? Puede que tengan una gran relevancia, y un valor social incalculable, pero en la mayoría de los casos (por eso de que siempre hay excepciones) carecen de beneficio económico.
A mí como profesional que trabaja desde hace 4 años en una entidad sin ánimo de lucro, que me ofrecieran un indefinido daría la misma seguridad laboral que nada. ¿Si el proyecto no sigue adelante? ¿Si dejar de recibir financiación? Pues indefinido o no, si no puedo encajar en otro proyecto o programa, tendría que irme a la calle, y dejando a la entidad en una situación complicada si tuvieran que pagarme la antigüedad.
Así que esta reforma de la ley no sé en qué puede beneficiar o no a la gente que trabajamos en este sector, puede que en otros ayude
Ver,veremos…

Educación no formal

La educación no formal refiere a todas aquellas instituciones, ámbitos y actividades de educación que, no siendo escolares, han sido creados expresamente para satisfacer determinados objetivos. 
Este tipo de educación esta inserta en la tripartición del universo educativo dividido en educación formal, informal y no formal. 
Conviene hacer una clasificación de este universo para precisar con mayor exactitud el concepto de educación no formal. 
Retomando la clasificación y definición que trabaja Coombs y Ahmed la educación formal comprendería el sistema educativo altamente institucionalizado, cronológicamente graduado y jerárquicamente estructurado que se extiende desde los primeros años de la escuela primaria hasta los últimos años de la universidad. 

La educación informal permite adquirir y acumular conocimientos y habilidades mediante las experiencias diarias y la relación con el medio ambiente. Es un proceso continuo y espontáneo que no se da de manera intencional. 
De esta forma, la educación no formal nos queda definida como toda actividad educativa, organizada y sistemática realizada fuera del marco del ámbito oficial, para facilitar determinadas clases de aprendizaje a subgrupos particulares de la población. Correspondiente a la gran diversidad de experiencias no formales las características de sus modalidades, agentes, organización, etc. son muy diversas aunque es posible identificar algunos puntos en común. Su organización está basada en unidades independientes. La acreditación es específica de logros especiales, no correspondientes a niveles, modalidades, carreras ni grados académicos. En este ámbito quienes imparten la educación muchas veces no son ni académicos, ni profesionales. 
En sus orígenes estuvo muy ligada a la educación de adultos, pero hoy adquirió una heterogeneidad de poblaciones. Maria Teresa Sirvent marca el ámbito de la educación no formal como un espacio de lucha entre tendencias contrarias y a veces antagónicas ya que muchas veces se la considera sinónimo de la educación contestaría pero los estudios demostraron que la demanda y la oferta de la educación no formal agudizan las diferencias sociales y consolidan el déficit del sistema formal. La educación no formal responde, entonces, al conjunto de procesos, medios e instituciones específicas, y diseñadas en función de objetivos de formación e instrucción que no tienen directa vinculación a sistema educativo reglado y oficial.

La Fundació Arrels organiza actividades y excursiones para las personas sin techo y en riesgo de exclusión social

Tener vacaciones por un día y disfrutar, en cierta medida, del verano. Esto es lo que propone, a través de sus educadores y voluntarios, la Fundació Arrels, entidad que se dedica a la atención de personas sin hogar y en riesgo de exclusión social en Barcelona y que estos meses estivales ofrece a todos ellos una larga lista de actividades y excursiones. El pasado miércoles, el parque de atracciones del Tibidabo fue su destino.


Estas actividades, que se llevan a cabo desde hace dos años, surgieron como elemento sustitutivo de las costosas colonias que organizaba la fundación, debido la crisis económica actual. De 13.000 euros de los que disponían en el 2009, el presupuesto se ha visto reducido a 5.000. «No han bajado el número de donantes, pero sí las cantidades», apunta Joana Otero, educadora de Arrels. El cambio, sin embargo, no ha parecido molestar a los usuarios. «Para los que tenemos problemas estas actividades nos sientan estupendamente, es como si fueran una terapia», explica Manuel Garcés, de 53 años.
Tipos de usuarios
El perfil de usuarios es diverso, aunque la media de edad suele ser de 50 años. Muchos de ellos duermen en la calle, como Garcés. «Perdí la pareja, la casa, el trabajo y todo ello se mezcló con problemas con el alcohol, y ahora vivo en la calle hace más de dos años», explica. Otros, como Ángel Herreros, tienen alquilada una pequeña habitación o duermen en la Llar Pere Barnés, residencia de la fundación.
El pasado miércoles, después de reunirse el grupo en la avenida del Paral·lel, y ya en el recorrido de Catalunya a la avenida del Tibidabo con los ferrocarriles, la emoción era patente. «Por lo menos hace 17 años que no voy a este parque de atracciones», comentaba a sus compañeros Francisca Sáez (Marisol para los amigos), a la que la asociación, según ella, «la ha tratado mejor que ciertas personas cercanas».
Además, el viaje en sí hasta el destino, ese trayecto que habitualmente se intenta hacer pasar lo más rápido posible, para ellos es toda una experiencia. «Por eso, en vez de ir en autobús directo, hemos decidido ir en ferrocarril, en el Tramvia Blau y luego el funicular», aclaraba Otero. Cuando llegaban a este último, algunos se sorprendieron. «Yo pensaba que iba con un cable por el aire», comentaba uno, a caballo entre la decepción y el asombro. Y es que algunos lo habían confundido con un teleférico.
Al entrar en el parque, muchos de sus recuerdos de la infancia regresaron a su mente. «Me hace mucha ilusión, parece que vuelva al pasado», comentaba Garcés con cierta nostalgia. Esto les recordaba que no siempre se han encontrado en la situación actual. La sala de los espejos y el mítico avión rojo fueron sus primeras atracciones, de las que disfrutaron como niños.