Cualquier profesional que trabaje con grupos de personas, e incluso, cualquier persona tiene que estar preparada (educada) en y para los inevitables “conflictos”. Porque si, existen, y son inherentes a nuestra naturaleza.

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Para educarnos “en” y “para” el conflicto, debemos tener claras estas 3 premisas:

1) Descubrir la perspectiva positiva del conflicto.

Verlo como una forma de transformar la sociedad y las relaciones humanas hacia mayores cotas de justicia. Descubrir que los conflictos son una oportunidad educativa, una oportunidad para aprender a construir otro tipo de relaciones, así como para prepararnos para la vida, aprendiendo a hacer valer y respetar nuestros derechos de una manera no violenta.

2) Aprender a analizar los conflictos y a descubrir su complejidad. 

Tanto como profesionales,como participantes debemos proveernos de herramientas que nos ayuden a enfrentar y resolver los conflictos en los que nos vemos inmersos cotidianamente. Acostumbrarnos a analizar el conflicto en profundidad, no quedarnos solo con la primera impresión (tener todos los sentidos orientado al espíritu crítico)

3) Encontrar soluciones que nos permitan enfrentar los conflictos sin violencia, sin destruir a una de las partes y con la fuerza necesaria para llegar a soluciones en las que todos y todas ganemos, y podamos satisfacer nuestras necesidades. Desarrollar la agresividad no violenta, la asertividad, etc.

Educar para el conflicto supone aprender a analizarlos y resolverlos, tanto a nivel micro (los conflictos interpersonales en nuestros ámbitos más cercanos: clase, casa, barrio,…), como a nivel macro (conflictos sociales, internacionales,…).

Pero…. ¿qué entendemos por conflicto?


Definición de conflicto

  1. Oposición o desacuerdo entre personas o cosas.

Los conflictos son inevitables y necesarios. El objetivo no debe ser eliminarlos o evitarlos, sino saber encauzarlos. Tampoco hay que buscarlos, ni crear ocasiones de que se den.

Hay que entender que para que haya crecimiento y maduración de las personas y grupos son necesarios los conflictos. Por ello hay que verlos de forma positiva, como ocasión de toma de conciencia y cambio a mejor.

El fin es resolver los conflictos obteniendo mejoras para cada una de las partes. Pero esto no siempre es posible, ya que hay conflictos que no tienen solución inmediata. En este caso el objetivo no es la resolución, sino la regulación, que permite vivirlos de forma lo más constructiva posible.

 

Perspectiva positiva del conflicto

Hay una idea muy extendida que es la de ver el conflicto como algo negativo y, por tanto, algo a eludir. Esta idea probablemente esté basada en diversos motivos:

  • Lo relacionamos con la forma en la que habitualmente hemos visto que se suelen enfrentar o “resolver”:  la violencia, la anulación o destrucción de una de las partes y no, una solución justa y mutuamente satisfactoria. Desde las primeras edades los modelos que hemos visto apuntan en esta dirección: series infantiles de televisión, juegos, películas, cuentos…
  • Las personas sabemos que enfrentar un conflicto significa “quemar” muchas energías y tiempo, así como pasar un rato no excesivamente agradable.
  • La mayoría sentimos (incluidos los y las profesionales) que no hemos sido educadxs para enfrentar los conflictos de una manera positiva y que, por tanto, nos faltan herramientas y recursos.
  • Tenemos una gran resistencia al cambio. Aunque las cosas no estén bien y lo veamos claro, muchas veces preferimos mantenerlas así antes que asumir los riesgos que significa meternos en un proceso de transformación.

 

Pero vamos incluso más allá, debemos considerar que el conflicto es positivo, ya que:

La diversidad y la diferencia como un valor. Vivimos en un solo mundo, plural y en el que la diversidad desde la cooperación y la solidaridad, es una fuente de crecimiento y enriquecimiento mutuo. Convivir en esa diferencia conlleva el contraste y por tanto las divergencias, disputas y conflictos.

Sólo a través de entrar en conflicto con las estructuras injustas y/o aquellas personas que las mantienen, la sociedad puede avanzar hacia modelos mejores. Es decir, consideramos el conflicto como la principal palanca de transformación social, algo que como educadores y educadoras por la paz debe ser, precisamente, uno de nuestros objetivos básicos.

Consideremos el conflicto como una oportunidad para aprender. Si el conflicto es algo connatural a las relaciones humanas aprender a intervenir en ellos será algo fundamental. Si en lugar de evitar o luchar con los conflictos, los abordamos con los chicos/as podemos convertirlos en una oportunidad para que aprendan a analizarlos y enfrentarlos. Resolver un conflicto por si mismos, además de hacerles sentir más a gusto con el acuerdo, les dará más capacidades para resolver otros en el futuro.

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