Hoy os comparto este fragmento de un libro sobre la figura del animador/a en temas de voluntariado. Aunque para mí ese “acompañamiento” podemos aplicarlo a cualquier persona que la que trabajemos.

Y es que si trabajamos con / para personas, ¿habría otra manera de acompañar?

 

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ANIMAR al voluntariado tiene mucho de nosotros mismos, animar no es sólo “hacer” (llevar a cabo las acciones) y “saber hacer” (emplear nuestras capacidades y conocimientos), es también y fundamentalmente “ser”, poner a disposición nuestras dimensiones física, intelectual, emocional, trascendental.

Como personas somos un “todo”, lo que sentimos tiene que ver con lo que pensamos y en cómo actuamos, y eso nos hace sentir de una determinada manera; nuestra dimensión más profunda nos lleva a buscar sin saber qué, y un día sabemos que lo hemos encontrado. El ser humano es así de maravillosamente complejo, por eso cuando trabajamos con personas, hemos de ser conscientes que trabajamos con ese complejo “todo”, muchas veces desintegrado y desencajado, como podemos estarlo nosotros y nosotras mismas.

Animar acompañando, tiene que ver fundamentalmente con poner de nosotros y de nosotras mismas, estando abiertos al crecimiento en la relación con la persona voluntaria. Animar acompañando requiere comprometernos en esa relación, con nuestro tiempo, asumiendo responsabilidades, pero lo más importante, poniéndole corazón, poniéndole Amor (Para situarnos en este tema: Erich Fromm: El arte de amar. Paidos, Barcelona, 2000)

 


NO HAY nada más auténtico, y revolucionario que lo que nace del Amor. Estar en disposición de amar implica reconocernos y aceptarnos frágiles, sólo así podremos colocarnos a la altura del otro y acompañarle en el camino de la acción voluntaria.


 

Un camino en el que la propia persona también está en juego; no sólo son importantes los objetivos del proyecto o de la organización, sino que las propias metas personales, la apuesta por creer cada día que el mundo puede ser mejor y más justo son asuntos fundamentales. Creer esto, en la sociedad en que vivimos, implica mucho valor y merece mucho respeto porque no es nada fácil.

Así pues, nuestro papel como animadores y animadoras, nos lleva a plantearnos que la persona voluntaria forma parte de este proyecto de metas comunes, con sus debilidades y sus fortalezas, y que yo animador o animadora me hago acompañante, si soy capaz de asumir mi propia realidad igualmente de luces y sombras; sólo así podemos entre todos construir un proyecto juntos. Esto es un reto para toda nuestra vida.

 

FuenteEl acompañamiento en la acción. Figura del animador. Jully Rodríguez. Colección a Fuego lento. Plataforma para la promoción del voluntariado de España.

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