Pirámide de necesidades del cerebro

El mes pasado realicé un curso de de extensión universitaria de la UNED, «Cómo hacer neuroanimación»

Me interesa el tema desde que leí hace años el libro de Víctor VentosaNeuroanimación: cómo dinamizar el cerebro a través de la actividad lúdica. También quiero profundizar en él porque lo lúdico, a través de las dinámicas forma parte de mis principales herramientas de intervención, sobre todo en el ámbito de la formación.

Del material que nos facilitaron, hay un punto que habla sobre las necesidades del cerebro, que me ha hecho pensar. Os comparto el apartado, y luego va mi reflexión.

Pirámide de necesidades del cerebro

Richard Gregory, uno de los grandes especialistas en neuropsicología afirma que el cerebro no está programado para buscar la verdad, sino para sobrevivir (Punset, 2011).

Vamos a subrayar los propósitos fundamentales que mueven al cerebro a actuar, con vistas a tenerlos en cuenta y llevarlos al terreno socioeducativo.

Según algunos autores los propósitos son:

  1. La supervivencia
  2. La resolución de necesidades afectivas
  3. El aprendizaje cognitivo

 

 

Por tanto cualquier persona que dinamice ha de evitar o minimizar las situaciones amenazantes que puedan generar miedo o angustia a la hora de implementar procesos didácticos.

Por otro lado, se ha demostrado que ciertos niveles de estrés son beneficiosos para el aprendizaje, al mantener la atención y la motivación, pero siempre que esta sea controlable por el sujeto y no le desborde en cuyo caso pasaríamos a cuadros de ansiedad patológicos que pueden llegar a bloquear el aprendizaje.

Se sabe de la importancia de la creación de contextos emocionalmente positivos e intensos para alcanzar la meta de enseñar a participar, implicando al grupo en el desarrollo de un determinado proyecto de su interés. Cobra especial relevancia la dimensión socio afectiva y el enfoque cultural por encima de otros enfoques más centrados en la dimensión racional o tecnológica. Por tanto, entre las habilidades propias del animador/a ha de destacarse la inteligencia emocional y la inteligencia social. Y es que el cerebro en realidad busca la supervivencia más que servir a principios racionales.

La morfología del cerebro humano en realidad está compuesta por tres cerebros superpuestos, que han venido desarrollándose de manera sucesiva a lo largo de millones de años de evolución en su lucha por sobrevivir.

1º. Es el más primitivo y el que controla nuestros instintos y funciones vitales. Está en torno al bulbo raquídeo. Su objetivo es la supervivencia, es el cerebro instintivo.

2º. Lo forma fundamentalmente el sistema límbico y la amígdala, es el cerebro emocional. Tiene un papel fundamental en la gestión de las emociones, concretamente en las respuestas emocionales automáticas ante situaciones ambientales determinadas. Esta área cerebral se encarga también del almacenamiento de la información asociada a experiencias pasadas. Esta conexión entre memoria y emoción ilustra el papel decisivo que tiene la emoción en el aprendizaje.

3º. La estructura cerebral más reciente en formarse es el neocórtex o corteza cerebral, hace unos 55 millones de años con los primates y que tiene su culminación en los homínidos hasta llegar al homo sapiens. Se trata del cerebro racional, y su papel es fundamental en la gestión y control de las funciones cognitivas superiores asociadas al pensamiento y a la consciencia.

 

Fuente: Material didáctico del curso de EXTENSIÓN UNIVERSITARIA UNED MÉRIDA – Cómo hacer neuroanimación  – María I. Gómez

La reflexión que me nace es: Si el cerebro lo primero que se asegura es de «sobrevivir» y luego de «cubrir las necesidades afectivas» antes de llegar al «aprendizaje» ¿por qué muchas actividades o intervenciones centradas e el aprendizaje lo obvian?

Entiendo que el epígrafe que os comparto lo aborda desde una visión más genérica o global, pero ese sencillo esquema creo que se puede aplicar a nuestro día a día. He trabajado y visto muchos proyectos en dónde el aprendizaje «que se espera» del colectivo con el que se interviene tarda o no llega por lastrar esas dos necesidades previas sin cubrir.

Cómo vamos a mejorar la empleabilidad si no tienes lo básico cubierto como techo y comida (título por cierto de una buena película sobre este tema), tratar de formarte si no puedes pagar los servicios mínimos, o cambiar «x» situación, si tu cerebro y tú estáis tratando de sobrevivir.

Además, aderézalo con cómo de cubiertas están esas necesidades afectivas, cómo has aprendido a gestionarlas, cómo las expresas o que patrones has desarrollado… complicado.

Sé que no estoy descubriendo la pólvora, y que esta reflexión la tenemos muchas personas en cuanto hemos algo de intervención directa, pero ahora que «comienza el año» y todo el mundo habla de propósitos y objetivos, no está de más que demos y nos demos un «repaso» entendiendo que si no empezamos por los cimientos de la pirámide, difícilmente llegaremos a ese aprendizaje pretendido.

“Hoja de ruta” Acompañamiento a grupos

El pasado junio presenté y defendí mi TFG “Recursos para la intervención socioeducativa: participación, metodologías y desarrollo comunitario”.

El mismo consistía en el análisis de 10 recursos que mejoran las praxis en la educación social. Para ello revisé guías, artículos y manuales variados. Además comentándolo con mi tutora, me permitió diseñar uno que incluir en el trabajo. Y esto es lo que es quiero compartir aquí.

No creo que sea el descubrimiento de la pólvora, pero esta idea de acompañar a los grupos teniendo en cuenta la fase en la que se encuentran nace de los años que llevo trabajando con un sinfín de personas, en las que da igual la naturaleza u objetivo del proyecto, lo que si importa es «trabajarse al grupo»

Así que aquí os lo comparto ;O)

ELABORACIÓN DE UN RECURSO PROPIO

El trabajo con grupos es una de las áreas fundamentales de la intervención en Educación Social.

Los grupos no son entidades estáticas, sino que atraviesan un ciclo vital, pasando por distintas fases de desarrollo grupal que afectan a su cohesión, motivación y capacidad para alcanzar los objetivos de estos. Entender esas fases nos permitirá acompañar mejor, adaptándonos a las necesidades específicas de cada etapa.

Este recurso surge de la idea inicial que tenía al solicitar esta Línea y sublínea de TFG, proponer una propuesta que mejore la praxis de la educación social. Para ello quiero ofrecer una herramienta teórico-práctica para educadores sociales y cualquier otro profesional educativo que trabaje con grupos, combinando una base teórica, una metodología participativa basada en la animación sociocultural y un pequeño repertorio de técnicas de dinámica de grupos aplicables en cada una de las fases que se dan en la vida de un grupo, todo ello basado en mi experiencia con grupos como animador sociocultural.

“Hoja de ruta” Acompañamiento a grupos

He denominado así al recurso porque este término evoca una guía progresiva que marca el camino a seguir. Tal como una hoja de ruta señala etapas, caminos y destinos en un trayecto. Y al final nuestra labor de acompañar a grupos, dando protagonismo a sus integrantes, no deja de ser un trayecto más en su desarrollo.

El recurso se articula a partir de tres ejes clave: la teoría de las fases del desarrollo grupal (Tuckman, 1965), los principios de la animación sociocultural (Martínez Rodríguez, 2003) y la aplicación de técnicas de dinámica de grupos (Pastor, 2016).

El porqué de este recurso

Trabajar con grupos con una perspectiva educativa y un objetivo de transformación social creo que constituye una de las estrategias más potentes para fomentar los procesos de participación y desarrollo comunitario. Por ello creo que esta “Hoja de ruta” ofrece una propuesta proactiva sobre el acompañamiento de procesos grupales contando con una base teórica y una práctica creativa y participativa basada en la propia experiencia profesional.

La importancia de los grupos como motores de cambio

Según Martín-Baró (1990), los procesos de concienciación y empoderamiento no se dan de manera individual, sino a través de relaciones significativas, en las que las personas se reconocen como parte de una colectividad con capacidad de acción transformadora.

Acompañar grupos no es simplemente dinamizar actividades o dar formación. Implica leer el momento en el que se encuentra el grupo, conocer sus necesidades y demandas, gestionar los conflictos y proponer dinámicas que los permitan crecer y consolidarse.

La animación sociocultural como metodología

La metodología que ofrece la animación sociocultural nos aporta coherencia en el acompañamiento a grupos y el trabajo que supone, ya que promueve la participación, y el protagonismo de las personas. Considera a los grupos como actores de su propio desarrollo, no como receptores de servicios, lo que permite una intervención más horizontal, inclusiva y sostenida en el tiempo (Pichardo, 2001).

Utilizar la animación sociocultural como pilar metodológico en el acompañamiento de grupos permite:

  • Favorecer la expresión libre y el desarrollo de la identidad individual y colectiva.
  • Estimular la participación en procesos comunitarios.
  • Fortalecer vínculos y generar sentimiento de pertenencia.
  • Desarrollar habilidades sociales.

La dinámica de grupos como herramienta

Las técnicas de dinámica de grupos, casi siempre llamadas simplemente “dinámicas”, permiten actuar de forma directa sobre las diferentes fases de la vida del grupo. A través de dinámicas específicas, es posible trabajar la cohesión grupal, el liderazgo, la toma de decisiones, la comunicación o el cierre de procesos, de una forma estructurada.

Estas técnicas, no son simples juegos, aunque tengan un componente lúdico, son herramientas que facilitan nuestra labor de acompañamiento, transformando a los grupos, haciendo que pasen de ser un conjunto de personas individuales a un ente colectivo con identidad.

Impacto en lo comunitario

El acompañamiento a grupos no solo beneficia a las personas participantes, también tiene un impacto directo en las comunidades. Cuando se trabaja adecuadamente con los grupos, estos se convierten en núcleos de acción social que:

  • Detectan y formulan necesidades.
  • Impulsan iniciativas de mejora.
  • Inciden en políticas locales desde la base.
  • Crean redes de solidaridad y apoyo mutuo.

En palabras de Paulo Freire (1970), se trata de «devolver la palabra a los grupos», para que sean ellos quienes construyan su historia desde el diálogo, la participación y la acción colectiva.

En definitiva, el recurso que propongo da respuesta a la necesidad de contar con una práctica para educadores sociales que trabajan con grupos, que se alinea con la visión transformadora del desarrollo comunitario, con el área seleccionada y los recursos analizados.

Fundamentos teóricos

Las fases del desarrollo grupal

La teoría sobre las fases de desarrollo grupal de Bruce Tuckman (1965), indica que, en la vida de un grupo, contamos con cinco etapas: formación (forming), tormenta (storming), normalización (norming), desempeño (performing) y disolución (adjourning).

Cada etapa ofrece retos y oportunidades tanto para el grupo como para los profesionales que lo acompañan:

Fase

Descripción breve

Formación

El grupo comienza a conocerse. Hay incertidumbre y dependencia del liderazgo.

Tormenta

Surgen conflictos, luchas de poder y tensiones por la distribución de roles.

Normalización

Se establecen normas, valores compartidos y estructuras de funcionamiento.

Desempeño

El grupo alcanza un alto nivel de autonomía, cooperación y eficacia.

Disolución

Cierre del grupo o finalización del proceso. Aparecen emociones de despedida.

Metodología de la Animación Sociocultural

La Animación Sociocultural como metodología, favorece el protagonismo de las personas en la transformación de su entorno. Se basa en principios como la participación, la horizontalidad, la expresión libre, el trabajo en grupo y la acción transformadora (Martínez Rodríguez, 2003).

Técnicas de dinámica de grupos

Las dinámicas de grupo son herramientas fundamentales para facilitar procesos de cohesión, comunicación y toma de decisiones colectivas. Su aplicación debe adaptarse a las características del grupo y a la fase en la que se encuentra (Pastor, 2016).

Acompañamiento según las fases del desarrollo grupal

El recurso está organizado por las fases del desarrollo grupal. Para cada una de ellas propongo objetivos del acompañamiento, actitudes del educador/a y cito algunas técnicas que se podrían realizar.

Fase 1: Formación

Objetivos:

  • Facilitar el conocimiento mutuo entre las personas que integran el grupo.
  • Crear un clima de confianza y respeto.
  • Establecer un marco de convivencia básico.

Rol del educador/a:

  • Liderazgo claro y empático.
  • Modelar el comportamiento participativo.
  • Observar e identificar roles.

Técnicas y actividades:

  • Dinámica «Presentaciones por parejas»: cada participante entrevista a otro y luego lo presenta al grupo.
  • Juego «Cadena de nombres y virtudes»: cada participante dice su nombre y una virtud que posea que empiece con la misma letra.
  • Actividad «Mapa emocional»: se entrega un papel con una silueta humana donde cada joven representa cómo se siente con colores y palabras.
  • Actividad «El Rosal (Contrato grupal)»: redacción colectiva de un acuerdo de convivencia con firma simbólica.

Fase 2: Tormenta

Objetivos:

  • Abordar los conflictos grupales que pueden surgir.
  • Aclarar funciones, normas y expectativas.
  • Fortalecer la comunicación grupal.

Rol del educador/a:

  • Mediador de conflictos.
  • Fomentar la escucha y el respeto a la diversidad.

Técnicas y actividades:

  • Técnica «Semáforo emocional»: se utilizan colores para expresar el grado de acuerdo o malestar ante una situación planteada.
  • Dinámica «El muro de los prejuicios»: El grupo escribe en papeles anónimos frases que han oído o pensado sobre los demás y luego se trabaja su deconstrucción.
  • Juego «La patata caliente»: se lanza un globo y quien lo atrapa debe expresar cómo se ha sentido en el grupo.

Fase 3: Normalización

Objetivos:

  • Fortalecer la identidad colectiva.
  • Consolidar la participación grupal.

Rol del educador/a:

  • Acompañar desde un segundo plano.
  • Favorecer la toma de decisiones compartida.
  • Promover la reflexión y la evaluación.

Técnicas y actividades:

  • Dinámica «La rueda de la confianza»: los miembros expresan lo que valoran de sus compañeros y del grupo.
  • Juego «Construyendo el escudo del grupo»: se diseña un escudo con elementos que representen los valores comunes.

Fase 4: Desempeño

Objetivos:

  • Potenciar la autonomía del grupo.
  • Favorecer la cooperación y la corresponsabilidad.
  • Desarrollar iniciativas con proyección comunitaria.

Rol del educador/a:

  • Facilitador estratégico.
  • Mentor desde la distancia.
  • Evaluador del impacto.

Técnicas y actividades:

  • Proyecto «Mi barrio cambia»: El grupo detecta una necesidad en su comunidad y elaboran un proyecto de intervención.
  • Técnica «Fotovoz»: Los y las participantes capturan imágenes que reflejen sus logros y las presentan al grupo.

Fase 5: Disolución

Objetivos:

  • Realizar un cierre emocionalmente significativo.
  • Reconocer los aprendizajes individuales y colectivos.
  • Generar memoria del proceso.

Rol del educador/a:

  • Facilitador del duelo y del reconocimiento.
  • Promotor de la reflexión.
  • Gestor del traspaso simbólico.

Técnicas y actividades:

  • Actividad «Carta a mí mismo»: Cada persona se escribe una carta que leerán en el futuro.
  • Dinámica «La línea del tiempo»: se dibuja una línea en el suelo y se colocan objetos que representen hitos del proceso.
  • Ritual de «El árbol del grupo»: se cuelgan hojas con frases, aprendizajes y emociones que cada participante deja al grupo.

La experiencia universitaria…

Me encanta cerrar ciclos, y este en concreto, ya tocaba. Tras 17 años desde que comencé, 9 de ellos matriculado; por fin he acabado la carrera.

Así que quiero contar por aquí mi «experiencia universitaria» para poner el broche de cierre. Aunque para ello, habrá que empezar por el principio:

Año 2007. Después mi terminar mis prácticas y titular como TASOC, y tras mi aventura catalana como currante de Port Aventura unos meses, decido volver a Asturias. 

Consigo un par de trabajos para el verano, y obtengo una plaza para un curso de formación en Letonia (del Programa Juventud en Acción, hoy sería Erasmus+). Pensando que no tendría mucho trabajo o de continuo como animador y por la inercia de la vida de estudiante, decido que quiero ir a la universidad y contando con obtener beca (sin ella creo que estaría jodida la cosa)

Primera vuelta. Quiero estudiar Educación Social (por aquel entonces, Diplomatura de tres cursos) ya que parecía lo natural después de hacer el TASOC. En Asturias las opciones eran y son hacerlas en un centro concertado adscrito a la Universidad de Oviedo o hacerlo a distancia en la UNED. Con poca pasta y miedo a pasar de todo «porque me conozco» (o creía conocerme), opto por buscar otra carrera que sea presencial. Así entro (con beca) a en septiembre de 2007 a cursar Trabajo Social.

Para mi sorpresa me sale más trabajo del que pensaba, y viniendo de la familia que vengo, siempre he priorizado tener un sueldo. Si a eso lo añades que 2008 arrancó con mucho tiempo en hospitales al enfermar mi madre, estupidez juvenil (mecha corta) y que realmente no quería estudiar esa carrera… dejo los estudios justo en los exámenes del primer cuatrimestre (llegué a hacer un parcial solo…) Poco duré… bueno en septiembre volví a presentarme a los exámenes que al ser becado tenía la obligación de hacerlo (aunque eso es otra historia) Me encantaría decir que con esfuerzo y pasión saqué alguna asignatura, pero no, todo suspenso.

Por suerte, nunca me ha faltado trabajo, ya he comentado en más de una ocasión que desde que empecé a trabajar de animador nunca he sellado la cartilla del paro. Así que compenso abandonar la carrera, con mucho y muchos trabajos. Por ahí me automaldije con el pluriempleo… quería coger experiencia y decía que sí a todo. Ay la juventud (cuanta morralla aguanté, pero que de experiencia obtuve jajajaja)

Segunda vuelta. Viendo que tenía trabajo y que volver a las aulas lo veía poco apetecible, decido al curso siguiente, 2008, matricularme en la UNED, y ya en la carrera quería: Educación Social. Ese primer año además junto a mi hermano. Que pareja tan perfecta para pasarlo bien y charrar, pero no aumentamos nuestro amor filial a base de sesiones de estudio. Creo que los más estudiantil que hicimos fue ir juntos a algún examen. Con 3 de 5 asignaturas aprobadas pienso que voy echarle tiempo a esto y empiezo a bromear con la idea «yo la carrera, la acabo antes de los 40» (39 años cumplidos en marzo de 2025, al palo...)

Tercera vuelta. 2009 / 2010. Bolonia… Con la llegada del Espacio Europeo de Educación Superior y la conversión de la Diplomatura de 3 cursos en un Grado de 4, me reafirmo en «antes de los 40» y aunque me dan opción de «acabar» la Diplomatura, opto por pasarme al Grado y ahí empezó un laaaargo camino que dio forma a esta experiencia universitaria.

Se que soy algo chapas, tranquilidad, no os voy a relatar estos 17 años. Pero creo que para entender las cosas siempre hay que tener algo de contexto.


Paralelo a esas «tres vueltas» seguía trabajando y cogiendo experiencia, descubrí que me flipaba impartir formación y también se me daba bien trabajar comunicación positiva y habilidades sociales con humor (risoterapia), así que la carrera se volvió algo secundario, quizá demasiado.

En todos estos años que han pasado he pasado por todas las fases respecto al Grado:

«Paso, no me vuelvo a matricular más»

«Venga si este año pillo 2 asignaturas más, a este ritmo la acabo…. uff no, mejor cojo solo 2 asignaturas»

«Para que hostias me matriculo, yo ya escogí la alternativa a la universidad, FP Superior, ya me jode pasar por el aro»

«Que oferta más guay… vaya piden la carrera. A ver si la acabo ya»

«Venga en 3 años acabo»

«Tenía que haberla acabado cuando eran tres cursos»

«Aquí el eterno estudiante de educación social» (varias veces me he presentado así jajaja)

También he de decir, que esas «fases» eran arrebatos / reacciones a momentos o situaciones concretas. Siempre he procurado acabar lo que he comenzado, y esto no iba a ser la excepción, aunque cero prioridad.

Durante mucho tiempo, sobre todo los primeros años cuando me preguntaban cuánto me quedaba para acabar, decía que iba por la mitad, por no decir que no tenía ni idea de las asignaturas que me quedaban (y me daba bastante igual) así que estandaricé esa respuesta.

Ese pasotismo también quedó patente en otros momentos, como ir a sacarme el carnet de estudiante 20 minutos antes de un examen, o un año que suspendí una asignatura por no saber que tenía un trabajo, Prueba de Evaluación Continua (PEC) obligatoria, y por más que me me mandaban correos a mi correo electrónico de la universidad, el cual descubrí ese año que tenía. Yo quería acabarla, pero la verdad… poca gana le ponía

Cuando cumplí los 30, tuve un nuevo impulso de «me pongo a ello» influenciado por un trabajo más o menos estable que me daba tiempo para decir que estudiaba, aunque luego hacía lo justito. El impulso me duró unos tres cursos…

El momento en el que me decidí por completo a acabarla fue 2021. Con la empresa con poco más de una año de vida, me parecía interesante tener un plan B al que recurrir si me iba mal. En ese momento si que planifiqué, medí y calculé para acabarla en tres años. Finalmente fueron cuatro, ya que en uno de ellos tuve la brillante idea de coger un curso completo (10 asignaturas) y aunque las saqué (entre febrero, junio y septiembre) no vi la necesidad de agobiarme tanto. Currar de autónomo y estudiar, es una combinación jodida. Así que al tercer año que «me quedaba» le sume uno más, este 2025, y por fin, acabé.


De las asignaturas… La temática es maravillosa y he disfrutado leyendo sobre todos los contenidos que me han propuesto. Sobre estudiarlas, su utilidad para el trabajo real o los trabajos relacionados, ahí, pues hay de todo «como en botica»

Entiendo que debemos tener una base teórica y que contextualizar en el ámbito de la Educación en general y luego acercarnos a la Educación Social, también creo que al estudiarla en modalidad a distancia hace más complicada la puesta en práctica. Me hubiera gustado probar a hacerla en presencial (puede que en otra vida, no en la que escogí) pero para mi es lo que más he echado en falta, la aplicabilidad directa.

Por supuesto, he tenido asignaturas que he disfrutado y creo que les he sacado esa utilidad que quería: Orientación y mediación familiar, Diagnóstico, Diseño de proyectos, Sistematización de Prácticas, Psicología e incluso estadística, entre otras.


Respecto a estudiar a distancia en la UNED. He escuchado a personas amantes y detractoras de la misma. Como todo en la vida… contexto. Para mi, ha sido la mejor opción que he podido tener para estudiar (sin la obligación de asistir a clase) Creo que si eres una persona autónoma (no de régimen de cotización, si no de carácter…) estudiar así te lo amplifica. 

Imprescindible autogestionarse, entender el lenguaje propio de la universidad (Profesor/a y Profesor/a-Tutor/a, PEC, Alf, Ágora, foro…) y buscarse buenos apuntes (mención especial y AGRADECIMIENTO a la cantidad de compañeros y compañeras que los comparten) sobre el material bibliográfico (libros completos he leído 6 o 7 en toda la carrera)

Veo necesario además dominar algo la ofimática y trabajarse mucho la lectura comprensiva (no sé cuantas veces he leído en grupos o foros a gente preguntar por fechas o aspectos que están en las guías de la s asignaturas…)

Y algo que me parece deseable y espero que todo el mundo tenga la opción… CONTACTO CON LA REALIDAD. Yo he tenido la suerte de «sacarme» una carrera paralela trabajando con múltiples sectores y rodeado de muchas personas profesionales, además de participar del movimiento asociativo y hacer voluntariado. Salir de esta carrera, solo con el contacto teórico-práctico de la universidad me parece insuficiente y sesgado.


Por ir terminando… Con esta entrada no pretendo recomendar, cuestionar o sentar catedra de nada, simplemente dejar testimonio de la que ha sido mi experiencia. No pretendo hacer un alegato al esfuerzo (cada quien hace lo que puede) ni ofrecer falsas esperanzas (si quieres, puedes….¡Ja! cuanta gente quiere y no podrá…) o vender la Universidad (lo que soy, de lo que vivo y cobro todavía sigue siendo te la FP) no todo el mundo tiene que pasar por ella (ahora lo digo con conocimiento de causa)

PD:

No es una carta y tampoco es que haya firma, pero después de la parrafada, para acabar bien la «experiencia universitaria» y por mi contexto, tengo que reconocer que un puntazo de orgullo si que tengo por haberla terminado.

Cuando se implementó la matricula universitaria gratuita en Argentina [Una medida que democratizó el acceso a la educación superior, permitiendo que estudiantes de familias obreras, que antes no podían pagar sus estudios, pudieran acceder a la universidad] bajo el gobierno de Perón se hizo famosa la frase  «La conquista más grande fue que la universidad se llenó de hijos de obreros». 

No es que mis padres tuvieran ni en mente ni en meta que fuera a la universidad. Mi madre me quería feliz (¡ay! el hedonista que crio) y mi padre con que tuviera trabajo le valía (aunque no lo entendiera… ¿Animaqué?) Ya se fueron hace tiempo, y aunque el título, el tiempo y la pasta la he puesto yo, me apetece dedicárselo. Después de todo si aquel verano de hace unos cuantos años no hubieran bailado en la verbena de Begoña, yo no estaría hoy escribiendo esto.

Ahora si que si, para acabar... A mi gratis no me ha salido, pero este hijo obrero, de Maricarmen y El Chato, obrera y obrero; si que ha conquistado la universidad.

Y ahora, a seguir currando ;O)