Haces ya unos meses compartía en RRSS  la foto del sello de mis bisabuelo, con motivo del día de la Justicia social, ya que él nunca tuvo la oportunidad de aprender a leer y escribir, y lo utilizaba para firmar. Una injusticia, como otras tantas que existen. Quizá por haber sabido de ellos desde mi tierna infancia, siempre me ha movido luchar contra ellas.

Con esa idea de cómo había aprendido sobre las injusticias, me llevaba rondando la idea por la cabeza escribir sobre el aprendizaje informal que he recibido. Aunque la idea la tenía, y había cuatro ideas para empezar, esta llevaba meses en borradores.

Las ganas volvieron con varios comentarios que recibí en la entrada Nada bueno viene después del “pero”, y no porque crea que deba justificarme de las opiniones que emito, pero si que me apetecía hablar de que conocimiento adquirido de manera formal marca mi manera de entender el mundo, igual que en otras ocasiones he hablado de mi educación formal o no formal. Luego decidí escribir de otras cosas, que en ese momento me llamaron más la atención, y volví a dejar esta entrada en “el tintero”.

Lo que me ha decidido a escribirla de una vez, es ver las divertidas discusiones que mi hermano mantiene por RRSS. Él, al igual yo, es bastante activo (y activista) en la red. En su caso además, lo utiliza como herramienta de comunicación para su trabajo como concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Gijón. Claro, las críticas llueven por todas partes. Que está genial debatir, pero hablar sin saber…. es tan absurdo. El otro día hasta cuestionaban lo que había trabajado o no… pero bueno, no es mi idea hablaros de la vida y obra de mi hermano (aunque podéis leer aquí una entrevista que le hice)

 

 

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Observando y aprendiendo por el mundo. Estocolmo (2016)

 

La idea de esta entrada es contar, parte del aprendizaje informal que he adquirido en los 32 inviernos que llevo en este mundo, y que me han influido en mi manera de entenderlo.

Basta de parrafada introductoria, y al lío:

 

Obrero

Soy obrero, y con trayectoria (tataranieto, bisnieto, nieto, primo, hermano e hijo de obreros y obreras). He crecido en una familia que ha pasado por la mina, las carpinterías, los astilleros, el comercio o la hostelería. He visto las largas huelgas y las agitadas manifestaciones en las que participaba mi padre en Naval Gijón, la inestabilidad laboral, las cábalas de llegar a final de mes, cómo a mi madre su negocio se le iba a pique… Puede que yo no vaya a una fábrica ni use funda para trabajar, pero…

 

Libertad

Mi tío abuelo fue un niño refugiado de la guerra civil española, y mi bisabuelo paterno vivió 7 años en una cueva ya que era perseguido por su vinculación sindical. Nunca he entendido, ni entenderé que la libertad de nadie quede a expensas de los intereses de otra persona, sean de mi familia o no. Quizá por eso la libertad (o la falta de ella) me preocupa.

 

Educación y Salud Pública 

He asistido durante 13 años a un colegio concertado y luego tuve la posibilidad de formarme en la enseñanza pública. No hay color. Empezando por el hecho de que de cómo se accede a las plazas, hasta el puñetero “carácter propio”. Puede que mi experiencia personal no fuera muy positiva en la concertada y por eso ensalzo la pública, además de salir ateo convencido.

Hasta mis 13 años tuve una salud de mierda. Sinusitis, neumonía, rotura de huesos, parálisis facial, una infección que casi la palmo… y estoy vivo siempre estando atendido por la sanidad pública.

Pero si hay “cosas buenas” en los centros privados o concertados (sean de enseñanza o de salud), ¿no deberíamos querer que eso estuviera en lo público? Lo público es para toda la ciudadanía.

 

Aceptar la diversidad

No sé si vivir en un barrio como La Calzada, o simplemente vivir atento a mi alrededor me ha hecho acostumbrarme y respetar la pluralidad que existe en el mundo. He visto gente adicta, extranjera, con más dinero, con menos, gente desahuciada antes de que fuera el pan de cada día, he sabido de robos, palizas y jaleos desde bien pequeño. Y no es que viva en el Bronx (aunque me cuenta de que antes de que yo naciera el barrio bien merecía ese mote) ni normalice esas situaciones, es algo tan sencillo como que “en todas las casas cuecen habas…” Así que pocas cosas veo “raras” porque entiendo que la normalidad es bastante relativa

 

Disfrutar del trabajo

Mi abuelo era carpintero, y mi padre trabajaba en un astillero. Dos empleos bastante duros y en ocasiones, no muy bien pagados. Pero los dos siempre fueron felices a ellos y los disfrutaban. Hacer, construir, crear. Yo estoy en un sector muy distinto, y en ocasiones tengo quejas de mi empleos, pero cuando estoy currando, disfruto.

 

Pasar rato en la calle

Aunque iba a un colegio concertado y en el centro, siempre volvía a mi barrio y desde siempre había un rato de “parque” de pequeño o ya “calle” de más mayor. Y empiezas a relacionarte con la gente que quieres porque te apetece, y te vas creando tu grupo, o grupos (echando la vista atrás, he bailado por varios) Y de ahí he sacado el darle un valor increíble a la amistad. A esa gente que “fuera de casa” lo es todo.

 

El gusto por aprender

Puede ser porque mi abuelo era muy didáctico (recuerdo que me explicó el movimiento de traslación con un vaso de leche, un verano en León), o que por mi trabajo me he relacionado con muchas personas; que unido a mi gran curiosidad, siempre me hace preguntar, porque quiero saber y entender las cosas. Pero disfruto de aprender. Siempre digo que quiero ser una mancha negra (que es la mezcla de todos los colores) porque quiero llenarme de un montón de conocimiento.

 

Y podría seguir contándoos más, que 32 años dan para mucho, pero creo que estos 6 aprendizajes llegan para ilustrar que me he llevado de esa educación no planificada y fortuita que es la informal.

Lo que viene siendo “escuela de la vida” ;O)

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