Educar en y para el conflicto

Cualquier profesional que trabaje con grupos de personas, e incluso, cualquier persona tiene que estar preparada (educada) en y para los inevitables «conflictos». Porque si, existen, y son inherentes a nuestra naturaleza.

20140129_163438

Para educarnos «en» y «para» el conflicto, debemos tener claras estas 3 premisas:

1) Descubrir la perspectiva positiva del conflicto.

Verlo como una forma de transformar la sociedad y las relaciones humanas hacia mayores cotas de justicia. Descubrir que los conflictos son una oportunidad educativa, una oportunidad para aprender a construir otro tipo de relaciones, así como para prepararnos para la vida, aprendiendo a hacer valer y respetar nuestros derechos de una manera no violenta.

2) Aprender a analizar los conflictos y a descubrir su complejidad. 

Tanto como profesionales,como participantes debemos proveernos de herramientas que nos ayuden a enfrentar y resolver los conflictos en los que nos vemos inmersos cotidianamente. Acostumbrarnos a analizar el conflicto en profundidad, no quedarnos solo con la primera impresión (tener todos los sentidos orientado al espíritu crítico)

3) Encontrar soluciones que nos permitan enfrentar los conflictos sin violencia, sin destruir a una de las partes y con la fuerza necesaria para llegar a soluciones en las que todos y todas ganemos, y podamos satisfacer nuestras necesidades. Desarrollar la agresividad no violenta, la asertividad, etc.

Educar para el conflicto supone aprender a analizarlos y resolverlos, tanto a nivel micro (los conflictos interpersonales en nuestros ámbitos más cercanos: clase, casa, barrio,…), como a nivel macro (conflictos sociales, internacionales,…).

Pero…. ¿qué entendemos por conflicto?


Definición de conflicto

  1. Oposición o desacuerdo entre personas o cosas.

Los conflictos son inevitables y necesarios. El objetivo no debe ser eliminarlos o evitarlos, sino saber encauzarlos. Tampoco hay que buscarlos, ni crear ocasiones de que se den.

Hay que entender que para que haya crecimiento y maduración de las personas y grupos son necesarios los conflictos. Por ello hay que verlos de forma positiva, como ocasión de toma de conciencia y cambio a mejor.

El fin es resolver los conflictos obteniendo mejoras para cada una de las partes. Pero esto no siempre es posible, ya que hay conflictos que no tienen solución inmediata. En este caso el objetivo no es la resolución, sino la regulación, que permite vivirlos de forma lo más constructiva posible.

 

Perspectiva positiva del conflicto

Hay una idea muy extendida que es la de ver el conflicto como algo negativo y, por tanto, algo a eludir. Esta idea probablemente esté basada en diversos motivos:

  • Lo relacionamos con la forma en la que habitualmente hemos visto que se suelen enfrentar o «resolver»:  la violencia, la anulación o destrucción de una de las partes y no, una solución justa y mutuamente satisfactoria. Desde las primeras edades los modelos que hemos visto apuntan en esta dirección: series infantiles de televisión, juegos, películas, cuentos…
  • Las personas sabemos que enfrentar un conflicto significa “quemar” muchas energías y tiempo, así como pasar un rato no excesivamente agradable.
  • La mayoría sentimos (incluidos los y las profesionales) que no hemos sido educadxs para enfrentar los conflictos de una manera positiva y que, por tanto, nos faltan herramientas y recursos.
  • Tenemos una gran resistencia al cambio. Aunque las cosas no estén bien y lo veamos claro, muchas veces preferimos mantenerlas así antes que asumir los riesgos que significa meternos en un proceso de transformación.

 

Pero vamos incluso más allá, debemos considerar que el conflicto es positivo, ya que:

La diversidad y la diferencia como un valor. Vivimos en un solo mundo, plural y en el que la diversidad desde la cooperación y la solidaridad, es una fuente de crecimiento y enriquecimiento mutuo. Convivir en esa diferencia conlleva el contraste y por tanto las divergencias, disputas y conflictos.

Sólo a través de entrar en conflicto con las estructuras injustas y/o aquellas personas que las mantienen, la sociedad puede avanzar hacia modelos mejores. Es decir, consideramos el conflicto como la principal palanca de transformación social, algo que como educadores y educadoras por la paz debe ser, precisamente, uno de nuestros objetivos básicos.

Consideremos el conflicto como una oportunidad para aprender. Si el conflicto es algo connatural a las relaciones humanas aprender a intervenir en ellos será algo fundamental. Si en lugar de evitar o luchar con los conflictos, los abordamos con los chicos/as podemos convertirlos en una oportunidad para que aprendan a analizarlos y enfrentarlos. Resolver un conflicto por si mismos, además de hacerles sentir más a gusto con el acuerdo, les dará más capacidades para resolver otros en el futuro.

Criterios de selección de una técnica/dinámica de grupo

Antes de dejaros el criterio a seguir que os menciono en el título, os dejo con 5 aspectos a tener en cuenta sobre las técnicas o dinámicas de grupo, que he sacado de un libro de Javier Mata :

  1. Son medios útiles en el proceso de comunicación, crecimiento y maduración de los integrantes de un grupo. Nunca son un fin en sí mismas.
  2. No todas las técnicas sirven para todos los objetivos.
  3. Presuponen el conocer y dominar la teoría de la dinámica de grupos.
  4. Son instrumentos, algo que hay que saber utilizar, y como tales no son ni buenos ni malos en sí mismos, sino que su eficacia y valor vendrá dado por el espíritu creador del animador que las utiliza.
  5. No son un juego, aunque tengan mucho de lúdico.

20140620_131551

Teniendo en cuenta esto, sobre todo el punto número 2 (no todas sirven para todo), como personas que utilizamos estos instrumentos para trabajar, debemos seguir un criterio a la hora de seleccionar una u otra técnica.

Aquí os lo dejo:

  • Objetivo a alcanzar

Qué quiero conseguir… Qué necesito que viva el grupo…

  • Características del grupo

¿El grupo de voluntario o forzoso?, ¿Tienen experiencia haciendo dinámicas?, ¿Llevan poco o mucho tiempo juntos?, ¿Cuántas personas lo componen?, ¿Edades?, etc.

  • Tiempo

Obvio ¿no? Si tengo 4 horas puedo planterme dinámicas más extensas y elaboradas, si lo tengo 2 h, quizás debiera escoger una más rápida.

  • Materiales

¿Tengo todo lo que necesito para realizar la dinámica?

  • Características del espacio

¿Es un aula con mesas atornilladas al suelo o es diáfana?, ¿Es una pista polideportiva?, ¿Tenemos donde sentarnos?, En el aula de al lado hay un grupo dando yoga… no podemos dar voces, Es un parque… ¿y si llueve?

  • Capacidad de la persona que desarrolla la dinámica

No debemos pedir al grupo algo que nosotros no fuéramos capaces de hacer, si les pedimos que no tengan vergüenza, la nuestra queda en casa. 

¿Soy capaz de manejar al grupo si durante la dinámica entran en conflicto? ¿Entiendo la dinámica como para explicar por qué se hace así?, Si me fallan personas con las que contaba, materiales, espacio… ¿soy capaz de reajustarla?

 

 

Si contestando mentalmente a esos puntos (y ejemplos de preguntas a un@ mism@), tenéis respuesta afirmativa para todos, ¡enhorabuena! has encontrado la dinámica idónea para desarrollar ;O)

Posibles «baches» cuando hacemos dinámicas


bache

  1. Disminución o interrupción pasajera en el progreso o desarrollo de algo, especialmente de una actividad.

Suelo hablar de las bondades y ventajas de utilizar técnicas grupales o «dinámicas» en mi trabajo (gestión de equipos, formaciones…) y de verdad creo que son herramientas muy útiles para el trabajo con grupos.

Pero en ocasiones podemos encontrarnos con algunos inconvenientes o «baches». Estas dificultades que pueden surgir son algo natural a la hora de trabajar con grupos, y son también un aprendizaje para quienes dinamizamos (de todo se aprende)

20131112_133725

A continuación os enumero algunas de ellas, y qué se me ocurre hacer (o he hecho cuando me ha ocurrido) para salir del bache.

  • Negación a participar

En ocasiones alguna persona no quiere «entrar» en la dinámica. Por miedo al ridículo, a hablar en público, falta de confianza con el grupo… Yo siempre invito a participar hasta 3 veces, a que traten de vencer el miedo que tengan, pero si vemos que le está suponiendo un poco de ansiedad, mejor dejarlo estar.

Cuando esas personas ven como se desarrolla la dinámica y que «no pasa nada» puede hacer que participen en la siguiente. Si la negativa a participar persiste, quizás debamos reenfocar nuestra manera de trabajar, realizar dinámicas en las que todo el mundo participe para que nadie se sienta fuera de lugar.

  • Se inicia una pelea durante la dinámica

Hay técnicas como los debates o algunos role playings, donde la participacióny una alta motivación puede llegar a generar una pelea (verbal, obviamente) Para prevenir esto, yo siempre aclaro que las dinámicas son técnicas, que generan una situación y como en las Las Vegas, lo que pasa en la dinámica se que debe quedar en ella.

Si aún así se da una pelea que vemos que puede boicotear el ambiente grupal, o las formas son excesivas, mejor frenarlo todo, y resolver el conflicto.

  • Alguien llora

Algunas momentos en los que desarrollas una dinámica, puede romovernos por dentro sentiemientos y provoar el llanto. Si vemos que la personas lo está pasando mal, se la invita  parar, descansar, relajarse… lo que sea para que se sienta cómoda. Si aun con el llanto esa persona quiere intervenir verbalmente, yo se lo permitiría. Como animadorxs debemos prestar atención a las personas.

También una vez acabada la dinámica que pudo provocar esas lagrimas, realizaría una motivadora, rompiendo la inercia que se haya podido generar.

  • Grupo apático o poco motivado

Sabemos que la motivación de un grupo tiene picos altos y bajos, y esto es inevitable. Por ello debemos tener un amplio repertorio de dinámicas para realizar en según qué momento. Si hemos tenido una jornada agotadora mental o físicamente, no debemos realizar una técnica que les haga esforzarse más.

Si nos encontramos al grupo así, sin ningún motivo aparente, también tenemos que tener previsto realizar algo que los reactive, o tratar de abordar directamente el motivo de la apatía. Un «¿qué os ocurre?» a tiempo, hace maravillas.

  • Cuestionan la dinámica

«No sé para que hacemos esto» «No le veo sentido» «Esto para qué sirve» son algunas de las expresiones que pueden salir. Yo ante esto soy tajante. Si no quiere participar (y no afecta a la dinámica) que se salga. Si es necesario que siga en el desarrollo de la técnica, le motivo para que siga, y que después le doy las explicaciones que quiera.

Después cuando se evalúe, podremos exponer qué hemos hecho y por qué.

También debemos estar abiertos a pensar que realmente esa dinámica no era la adecuada y nos hemos equivocado al escogerla. Podemos equivocarnos.

  • Posturas enfrentadas en la valoración

Esto solo es una «bache» si el enfrentamiento se enroca y no nos permite avanzar. Por ejemplo si nos perdemos en valorar solo un detalle de lo que se ha dado en la dinámica, y no el conjunto de la misma.

Si por el contrario, se evalúa todo, con respeto y educación; que haya posturas enfrentadas es enriquecedor y para nada un inconveniente.

  • Falta gente con la que contábamos para el desarrollo de la dinámica

Ay la puntualidad, esa amiga esquiva. Siempre que empiezo a trabajar con un grupo les insisito mucho en que avisen de sus ausencias, ya que pueden dificultar el desarrollo de las sesiones, porque tu te planteas trabajar con 22 personas, y te llegan 13 y la dinámica puede durar menos, o ni siquiera llegar a hacerse.

Pese a ello si no aparecen esas personas, trato de reformularla o de tener un «plan b», como otra técnica con la que trabajar ese objetivo con menos personas.

  • No se comprende la dinámica

Pues tratemos de evitar esto, explicándolo 1, 2 o 27 veces y de todas las maneras posibles antes de arrancar. También preguntar si hay dudas o si nos hemos explicado bien.

También tenemos que conocer a nuestro grupo y sus integrantes y pensar si a alguno/a puede serle difícil algo y tratar de hacérselo comprensible.

  • Un conflicto entre dos o más personas, que ha surgido fuera del grupo

Si es durante el desarrollo de una dinámica, tratar de cortarlo de raíz y luego en la evaluación valorarlo junto con el grupo. Siempre apelando al buen desarrollo del grupo.

Al igual que arriba dije que los conflictos que se den en la dinámica, deben quedarse en ella; en este caso tenemos que asegurarnos que ese conflicto externo no traspase al grupo, pero sin tampoco inmiscuirse en la vida personal de la gente.

  • Nos falta material para desarrollar la dinámica

«Yo lo compro todo» «El día que vengas lo tienes aquí» «Si si lo que necesites» Luego llegamos y nos falta justo lo que necesitamos para el correcto desarrollo de la técnica. Si se nos va a nosotros llevarlo, pues bueno… bronca a uno mismo

Yo en este punto, además de ser fan de usar cuanto menos material posible, acostumbro a que las piezas claves de las dinámicas, me las llevo yo de casa; o ya llevo previsto otra forma de hacerlo por si me falta.

 

Espero que os haya gustado esta entrada, y que si os da una de estas situaciones las superéis de la mejor manera posible. Os invito a que si queréis compartir algún otro «bache» lo pongáis en los comentarios.

Y recordad que las dinámicas son una herramienta, no un fin si mismas. A diferentes situaciones (o baches), diferentes herramientas ;O)