Disposición del espacio para formación

Ya había hablado en otras entradas sobre aspectos a la hora de realizar formación. Incluso compartí mi receta para mi sesión ideal (sin pontificar, solo cuento cómo yo me organizo), y por supuesto mi fijación por trabajar en círculo (y porque le doy tanta importancia).

 

Cuando voy a dar formación de lo primero que voy a preguntar es cómo es el espacio. Casi me interesa más esto que los materiales que voy a tener (gasto poco, bueno post it muchos) o cómo va a ser el grupo (mejor no ir con ideas preconcebidas). Pero saber que vamos a poder estar a gusto en el espacio es muy importante, y parte de poder trabajar cómodamente es tener la posibilidad de «mover» el grupo.

Como anécdota, contaré que para realizar una vez un certificado de profesionalidad pregunté a quien me contrataba si podrían desatornillarse unas mesas fijas para dejar un hueco diáfano al final del aula que me asignaban. Por suerte, mi colega Cris, impartía otro certificado en la misma aula de tarde y preguntó lo mismoY tras la cara de sorpresa inicial nos las quitaron (gracias David)

 

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Aquí la susodicha aula en el espacio que dejaron las mesas quitadas, y antes de llenar las paredes de murales y color.

 

Tampoco es mucho lo que creo que debe ser la disposición del espacio para formación, de hecho lo resumo en cuatro puntos:

 

  • Las personas en un grupo de formación deben sentarse juntas y de forma tal que puedan mirarse a la cara (círculo de nuevo…)

 

  • Todas deben estar en condiciones de ver al formador/a sin tener que adoptar una posición incómoda.

 

  • La disposición del espacio debe permitir cambiar la composición de los grupos, de tres o cuatro a pares, etc. y poder situarse en diferentes puntos del mismo.

 

  • Cuando hagamos subgrupos, deben estar lo bastante separados como para que no interfieran unos con otros.

 

Y al resto, ¿cómo os gusta el espacio para dar formación? ;O

Libro: ¿Negreros o docentes? La rebelión del 10

Aunque me había comprado este libro hace un par de meses hasta hoy no me puse a leerlo. Se lee y se disfruta rápido. En un par de horas lo tendréis liquidado.

 

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Aquí puedes comprarlo

 

Está escrito por Yván Pozuelo Andrés, profesor en un instituto de secundaria de Gijón, Doctor en Historia, especializado en masonería… al que tuve la suerte de tener como profesor de francés durante un curso hace muuuchos años (de sus primeras experiencias como profe, imagino por la edad , para él.)

El libro en clave de ensayo, crítico y con humor (algo que me parece básico) reflexiona sobre el papel de la persona docente, la evaluación (exterminio) como eje vertebrador de la educación y propone «la teoría del 10» como una nueva práctica docente (probada por el mismo)

No voy a destriparos el libro, que creo se merece muchas lecturas, pero si que quiero hacer un pequeño resumen – reseña – valoración.

 

¿De qué habla?

Se divide en tres partes:

La primera habla de la evaluación igual a exterminio, y cómo esta presupone una manera de clasificar, cosificar y filtrar con poco efecto docente.

En la segunda parte, habla de aspectos del proceso de enseñanza – aprendizaje que deberían eliminarse, así como de nuevas ideas que podrían ponerse en práctica.

Ya en la última habla sobre su «teoría del 10» de cómo ha llegado a ella, cómo la aplica y porque la pone en práctica, para enseñar y educar con el aprendizaje como objetivo y no con la nota como meta.

 

¿Cómo lo cuenta?

Con pasión, se lo cree. Ha reflexionado sobre ello, aporta experiencias y es coherente con ellas. Además, habla sobre la educación en clave comunitaria, no como una mera adquisición de conocimientos a vomitar en un examen. Además no pontifica ni exige, invita a reflexionar.

 

Una frase que creo que resume la intención de reflexionar del libro, sería la siguiente: «En efecto en toda su vida profesional una persona que se dedica a pilotar aviones puede estrellar como mucho a 500 pasajeros, nosotros [el profesorado] lo podemos hacer cada año durante decenas de años»

Da que pensar ¿no?

 

A mi, como profesional de «lo social» que siempre he trabajado en la educación no formal, que se centra más en el proceso educativo que en el resultado, leer a un profesor (funcionario) de un centro educativo, plantearse estas cosas me hace feliz, por ver que se pueden ir cambiando las cosas hacia una educación mejor, más inclusiva (de verdad).

Os dejo un extracto de uno de los primeros proyectos en los que trabajé y coordiné, donde atendíamos a quienes el sistema educativo no había podido atender:

Si nos fijamos en el sistema actual, podemos apreciar una realidad más o menos compleja en la que los y las jóvenes adquieren unos conocimientos básicos por los que deberían convertirse en ciudadanos adultos y responsables, y posteriormente aprenden un oficio o los fundamentos teóricos y técnicos para el desempeño de una determinada profesión (universidad) con el objetivo último de facilitar su integración en el mercado laboral y, parejo a esto, en la sociedad. Lo que nos resulta evidente es que junto a esta realidad coexiste otra en la que los y las jóvenes se salen de esa línea general que tiene a la formación reglada y la consecución de empleo como vía principal. Creemos que es fundamental para comprender a estos jóvenes partir de la siguiente premisa: el fracaso escolar no ha de ser necesariamente un fracaso vital.

Que bien les hubiera venido un sistema diferente. Por esto (y más) me alegra que hay docentes que busquen cambios.

 

Así que os invito a leer el libro ;O)

 

Exalumno del autor, que aprobó francés, no recuerda nada (ni lo escribe, ni lo habla), no le importa, pero sigue aprendiendo de un profesor más de 15 años después.

Son jóvenes, no imbéciles

Algo que me reventaba cuando era adolescente o joven, era ver a personas adultas opinar sobre «lo que debíamos hacer», «cómo nos debíamos comportar», «qué era mejor» o «qué era lo normal» (esta última ya me encendía de más)

 

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«La juventud es el presente pero también cambiará el futuro»

 

Profesionalmente muchas veces he estado (y sigo) en contacto con personas jóvenes. He ido creciendo, ya no entro dentro del colectivo de juventud y siempre he procurado no volverme una de esas personas que pontifica a quienes vienen por detrás sobre cómo han de hacer.

Por supuesto que hay opiniones que no comparto o aspectos que no entiendo de la juventud actual, normal, no soy joven. Es más, no soy joven en esta época. La manera de expresarse, los espacios de relación, los derechos, el modelo de ocio y un sin fin de cosas más han cambiado de cuando podía hacerme el carné joven.

Y aunque no comparta o entienda, si respeto. 

La juventud es una época de búsqueda de identidad, de experimentar, de equivocarse, de tener emociones exaltadas, de dejar de conocer solo lo que te muestra tú familia y comenzar a conocer por tu cuenta. Es la época de los «tú qué sabrás», «solo me entienden mis colegas» y las cosas son «la puta hostia» o «una puta mierda». Y si vemos cosas absurdas o incomprensibles, es que ya nos pilla de lejos. Pero no hay que dramatizar, es su momento vital para ser joven, no el tuyo (nuestro).

Me ha apetecido escribir esta entrada ya que en esta época donde escuchamos tanto discurso de odio (ya hablé de ello), donde se debate la propiedad de las personas y la posibilidad de que las familias ejerzan un veto educativo; es importante que escuchemos a la juventud. 

Estos días ando impartiendo formación con un par de proyectos por diferentes centros educativos de mi ciudad.

En las sesiones que imparto en 1º de bachiller, en algunos ejercicios les pido temas para debatir y trabajar comunicación… ¿Sabéis de qué quieren hablar?

Cito textualmente las propuestas de la última semana: del «pin parental», feminismo, tauromaquia, inmigración, legalización de la marihuana, aborto, prostitución, «los deberes», dieta vegetariana, independencia de Cataluña y violencia de género.

Tienen sus opiniones (más o menos documentadas), tienen influencias (en positivo y en negativo), pero lo que tengo muy claro, y es el resumen de esta entrada es:

Tiene voz, son jóvenes, no imbéciles.

 

¿Y si escuchamos lo que tienen que decir?