Nuevo curso de Dirección y Coordinación de actividades de tiempo libre

Bueno pues ya llevo más de una semana con el nuevo curso que estoy impartiendo. Se trata del Certificado de Profesionalidad de Dirección y Coordinación de actividades de tiempo libre infantil y juvenil, y lo estoy realizando en y para Dicampus.

Currantes ya desde el principio del curso.

Llevo poco tiempo con ellos y en esta ocasión, he tardado dos días en conocerles desde el comienzo del curso, por temas organizativos (el módulo transversal se ha realizado al comienzo), y al conocerlos en mi primer (su tercer) día, cual es mi sorpresa, cuando como ejemplo del trabajo que están desarrollando, para darlo a conocer… ¡¡Han abierto un blog!!

En el, van contando un poco de nuestro día a día, de los juegos, dinámicas y recursos que utilizamos en aula, además de un pequeño perfil de cada un@ (aunque algunas personillas no lo han hecho todavía jaja) pero estoy encantado con su implicación

Si queréis verlo, escribirles, o consultarlo, simplemente id a Dicampus Tiempo Libre

Quedan muchas semanas por delante, y mucho por trabajar con este grupo, además de compatibilizarlo con mi otro trabajo en Cruz Roja Juventud (ya os contaré otro día), pero estoy seguro que va a ser genial.


Yo ya tengo organizado mi invierno, hablando, formando, escuchando, aprendiendo con y de  ell@s. Ahh y ¡Feliz viernes! ;O)

Participación con "P" mayúscula

Debido a mi trabajo actual, estoy releyendo libros, manuales y cosas escritas por mi de hace años en cuanto a Participación juvenil,  ciudadana, voluntariado…. Así que os rescato una fundamentación sobre qué es la Participación…

La Participación no es un concepto único, estable y referido sólo a lo político, es un proceso, implica tomar parte en las decisiones y siempre con un propósito claramente definido y deseado por los sujetos que están implicados.
Esto no debería ser un hecho excepcional, sino un ejercicio cotidiano en la convivencia ciudadana pero para lograrlo se debe proporcionar los instrumentos necesarios para la participación, a fin de que la gente sepa cómo participar y realizar las actividades que supone esa participación.
Se habla de participación cuando la gente asiste a reuniones, cuando sale a la calle a manifestarse a favor o en contra de algo, cuando de manera pacífica se niega pública y notoriamente a comprar, hacer o decir algo que la mayoría considera correcto, cuando vota en los procesos electorales, cuando ejecuta determinadas tareas: campañas de alfabetización, de vacunación, etcétera, cuando hace sentir su voz en una reunión. Todas estas son, sin duda, formas de Participación, pero, a mi entender, la principal forma es la participación en la toma de decisiones. 
En ese sentido, la Participación es una herramienta de transformación social.
Querer, poder, saber. Son tres palabras claves que conforman las condiciones necesarias para la Participación.
El querer. 
Para que se produzca la primera premisa de la Participación es indispensable que se esté motivado para implicarse en una tarea en común. La motivación puede venir por distintos caminos pero el hecho es que tiene que partir de la propia persona el deseo de intervenir en un proceso determinado (constituir una asociación, pertenecer a un grupo, acudir a una manifestación, estar motivado para ir a depositar tu voto, implicarte con unos amigos en arreglar tu barrio, reunirte para sacar un proyecto adelante….)
El saber. 
Participar no va introducido en nuestro código genético, ni el sistema educativo ha sido propicio para que nuestra educación sea participativa. Es necesario aprender y para ello es importante que estemos acostumbrados a trabajar en equipo, a negociar, a llegar a acuerdos…en definitiva a conocer y practicar un conjunto de habilidades para poder expresar, en las mejores condiciones posibles, lo que pensamos ante un grupo. Nuestra falta de experiencia o formación en este sentido hace que nuestra participación no sea todo lo efectiva que podría ya que o somos anulados por alguien con más experiencia o nos anulamos nosotros mismos.
El poder. 
Una vez que se quiere, debemos poder implicarnos en un grupo o estructura. Ese grupo o estructura te debe permitir que formes parte del proceso de toma de decisiones, bien porque orgánicamente así está estipulado bien porque el grupo permite esta práctica democrática. 
Estos tres procesos básicos son elementales para que podamos hablar de Participación.
¿Qué Participación queremos conseguir? 
Cuando “obligamos” a los y las jóvenes a que estén en una charla, a que se vayan de acampada, a que estén en una actividad por que hay que conseguir un número determinado de “participantes”, etc. Podemos llamarlo como queramos pero en ningún caso que ese grupo de jóvenes está ahí por libre iniciativa, por lo que estaríamos hablando de participación manipulada. 
Escalera de la Participación de Roger Hart
La sociedad actual no ofrece a los y las jóvenes unas herramientas claras de Participación. La potencia del consumismo hace que nuestras armas para facilitar la participación se queden como una gota en un océano en comparación con todas las ofertas que reciben los jóvenes a través de la publicidad y los medios de comunicación. 
¿Por qué debemos de esforzarnos en fomentar que los y las jóvenes participen? Una sociedad sin participación, no vertebrada, sin que la ciudadanía pueda organizarse según sus intereses y dejando que la participación se remita a depositar un voto cada cuatro años, corre muchos peligros y puede que lleguemos a dejar nuestro sistema democrático sin legitimidad. ¿Imagináis unas elecciones donde sólo vote el 30 % de la población?
Como todo, la participación se trabaja, se entrena, se práctica y es necesario que se remuevan todos los obstáculos para que quien quiera hacerlo, pueda y sepa. Lo demás, como decía, puede estar bien, pero, por favor, no le llamemos participación.
Y ahora que os he comentado un poco del tema… ¿participas o Participas? ¿Solo eres participacipante, o también eres Partícipe? ;O)

Por qué creo que yo que debe trabajarse con los y las jóvenes

Hace unos días el compañero del blog «Trabajar con jóvenes», publicaba un artículo, sobre el por qué de trabajar con los y las jóvenes.

¿El motivo? como nos cuenta en el artículo, LAssociació Catalana de Professionals de les Polítiques de Joventut (@AcPpj) ha puesto en marcha el proyecto “Be Youth Worker Today” (@beyouthworkera nivel internacional, en el que participan profesionales y entidades que trabajan con jóvenes en el ámbito europeo.

Como él, que escribió el artículo para dar respuesta a una de las preguntas que se hacían desde la organización, yo también me sumo, y ofrezco mi opinión ;O)

Porque creo que yo que debe trabajarse con los y las jóvenes

Los y las jóvenes viven condicionados e influidos por el entorno social, el entorno urbanístico, los recursos económicos, las programaciones de los medios de comunicación (de forma especial la televisión), las industrias del ocio, las culturas y subculturas del ocio (videos, música, videojuegos…), las modas en cada momento (especialmente el vestir) y las expectativas familiares.

La distribución de su tiempo gira en torno a aquellos contextos definidos. El tiempo escolar se desarrolla básicamente en un marco físico e institucional concreto, la escuela, y en un marco organizativo y legislativo de carácter obligatorio, gratuito y público. El tiempo de ocio se organiza en torno a la familia y al tiempo libre.

Las familias viven en marcos físicos diversos. La diversidad y la pluralidad de la estructura familiar es latente en los últimos años: familias monoparentales, monomarentales, menos niños en los hogares familiares, incorporación de la mujer al mercado laboral, diversos hogares familiares… En cualquier caso, el tiempo de los y las jóvenes está muy sometido al ritmo y a los tiempos de los adultos.

En el tiempo libre actúan muchos referentes educativos, intencionales o no, coordinados o no con la escuela y la familia, con desigual conciencia por parte del niño o joven. Por ejemplo, los vecinos de la calle, la televisión, otros chicos y chicas del barrio, los libros y cuentos que leen, la televisión, la publicidad, la organización de los espacios de la propia ciudad, etc.

Por todo esto, se debe trabajar con jóvenes. Desarrollando acciones preventivas que eviten situaciones de riesgo en el futuro. En resumen, por EDUCAR, y en concretos en estos 3 aspectos:

  • Transmitir conocimientos básicos y habilidades indispensables para la comunicación y la integración en la comunidad.
  • Capacitar y formar a la ciudadanía joven para ampliar las oportunidades de empleo y modificar las condiciones de vida.
  • Generar una actitud crítica, creando procesos educativos que propicien actitudes, valores y formas de organización social capaces de provocar el cambio social.

Todo proceso de intervención con jóvenes  debe tener en su fundamentación unos principios que sirven de soporte para establecer el modelo de acción educativa:

  •         El tratamiento de la diversidad.
  •         El aprendizaje participativo.
  •         Aprendizaje globalizador e interdisciplinar.
  •         El clima educativo
  •         El desarrollo de la autoestima.

 

El tratamiento de la diversidad.

Debe tratar de responder a una diversidad de de los colectivos y entender que las  diferencias en cuanto a su origen social, cultural, económico, étnico, lingüístico, de sexo, de religión… y en cuanto a condicionantes físicos, psicológicos, etc.,  se traducen en una diversidad de ritmos de aprendizaje, capacidades, formas de relación, intereses, expectativas, escalas de valores, etc.

El aprendizaje participativo.

Dar posibilidad de participación abre un camino para desarrollar la implicación de los jóvenes y las jóvenes en su propio proceso de crecimiento personal, formativo y de desarrollo de las habilidades para su inserción en la vida activa e, incluso, en su reinserción en el sistema educativo.

Aprendizaje globalizador e interdisciplinar.

La intervención de los animadores y animadoras debe facilitar que el aprendizaje de los y las jóvenes se lleve a cabo de una forma global, integrando todo los conceptos tal y como en la vida diaria se encuentra toda interrelacionado. Por lo tanto será preciso que las propuestas educativas presenten de una forma clara tanto la relación entre los aprendizajes que a ellos les interesa y todos los demás, como la relación entre unos y otros para llegar a conseguir los objetivos que se pretenden.

El clima educativo. 

El clima de la intervención socioeducativa supone el conjunto de características psicosociales, determinadas por todos aquellos factores o elementos estructurales, personales y funcionales de la institución que confieren un peculiar estilo al espacio de la acción educativa. Entre los diferentes aspectos que posibilitan un buen clima educativo se podrían destacar los siguientes:

  • Estructuración de las situaciones educativas para facilitar a los y las animadores los objetivos y de los procedimientos e instrumentos a utilizar.
  • Participación conjunta de los animadores y animadoras y los/as jóvenes en la toma de decisiones.
  • Apertura de expectativas positivas de los animadores y animadoras respecto a los logros de los y las jóvenes remarcándoles los progresos que experimentan.
  • Potenciación del mayor tiempo posible del o la joven en la actividad de aprendizaje.
  • Garantía de acompañamiento socioeducativo por parte de los animadores.

El desarrollo de la autoestima.El desarrollo de la autoestima positiva es una estrategia educativa, que abre expectativas para el proceso de desarrollo personal, social y encamina la toma de decisiones con relación a su incorporación a la vida activa en sentido positivo y estimulante.