Animando voy, animando vengo… vaya 2016

Último artículo del año. Toca hacer balance profesional de 2016.

A comienzos de  año escribía el siguiente artículo: «Yo para reyes quiero… Estabilidad laboral»  Y aunque sea por un tiempo limitado, creo que la he conseguido, más adelante os cuento.

Como os relataba en esa entrada finalicé 2015 y arranque 2016, con dos trabajos estupendos:

Impartiendo un Certificado de Profesionalidad de Dirección y Coordinación de actividades de tiempo libre educativo infantil y juvenil para Dicampus Formación por las mañanas… 

…Y un par de tardes y sábados trabajaba para Cruz Roja Juventud en Llanes con un proyecto de Participación Juvenil.

 

Eran trabajos con fecha fin, pero de uno de ellos, Cruz Roja en Llanes, surgió la oportunidad de quedarme un año más, obviamente acepté. Esto conllevó una alegría enorme y esa «estabilidad laboral» (al menos de momento) que pedía a principios de año.

 

Así que desde mayo de este año ejerzo de técnico de voluntariado en la Asamblea Local de Cruz Roja Española en Llanes. Un concejo precioso del oriente asturiano en el que resido actualmente.

Pero ya sabéis que soy «culo inquieto» y me apasiona mi trabajo, por lo que he colaborado como de forma puntual en otros proyectos, que ahora os cuento:

 

También me ha quedado tiempo para colaboraciones de forma voluntaria:

 

Y por supuesto que le he dedicado tiempo para lo más importante: VIVIR (viajar, reír, cenar, ir al cine, leer, escuchar, conocer, ir de playas, hablar…), pero eso forma parte de mi vida personal, y esa, en profundidad, solo la comparto con un selecto grupo de personas ;O)

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Así que el resultado del balance profesional del año: Muy positivo. Vamos a por el próximo…

¡Feliz 2017!

Metodología Participativa

Me ha pasado que leyendo proyectos de participantes de mis formaciones, o con gente que he tenido en mis equipos de trabajo, o curioseando por la red  veo en el apartado que «su metodología será participativa», pero luego veo la ejecución y para mi no lo es…

Así que yo me imagino así a esas personas pensando así:


«Ohhh Zeus, tengo que redactar la metodología para una actividad / proyecto / programación / loquesea; voy a poner que la metodología sea integradora, activa y participativa. Porque «pega», queda bien.»

Muchas personas, muchas veces


Y yo me pregunto si saben lo que realmente quiere decir que la metodología sea participativa.

La metodología participativa es un proceso de trabajo que concibe a los participantes de los procesos como agentes activos (PROTAGONISTAS) en la construcción del conocimiento y no como agentes pasivos, simplemente receptores; de esta forma promueve y procura que todos los y las integrantes del grupo participen .

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Cuando se utiliza esta, la percepción, análisis y solución de los problemas no depende ya solo de las personas que llevan el proyecto sino que se tiene en cuenta de manera primordial a las personas beneficiarias y sus expectativas, sus percepciones y necesidades.

La metodología participativa busca fomentar el aprendizaje de una manera global y que de esta manera las personas puedan tener una visión amplia de la realidad.

Este tipo de metodología se fundamenta en tres principios:

Primero, no es producto de una moda ni de la época moderna, pues presentan un largo trayecto histórico.

Segundo, no están diseñadas con el único fin de ser lúdicas, sino que existe un fundamento neurofisiológico que recomienda el uso de las mismas aplicando una serie de técnicas y materiales didácticos para apoyar el aprendizaje.

Tercero, sus fundamentos pedagógicos han sido probados por diferentes corrientes de la enseñanza y del estudio de la conducta.

Se considera que la metodología participativa da mejores resultados cuando los grupos interesados tienen una conducción sólida y un liderazgo innovador. Asimismo, la mejor metodología para planear o administrar un proyecto específico es la que responde a los objetivos, valores y capacidades personales de los participantes que forman parte de un proceso.

Para mi una metodología participativa es aquella que trabaja lo siguiente:

  • Saber (conocimiento)
  • Saber ser (autoconocimento / crecimiento personal)
  • Saber hacer (poner en práctica lo aprendido)
  • Sabor (pasión)

 

Las técnicas en la metodología participativa 

Las técnicas participativas son consideradas como un componente de la metodología, como el medio o procedimiento que se usa para realizar la metodología misma. En otras palabras, las técnicas son sólo una de las muchas herramientas interactivas de cualquier metodología participativa.

Las técnicas participativas están compuestas por diferentes actividades como ser dinámicas de grupo, sociodramas, adecuación de juegos populares con fines de capacitación, títeres, vídeos, dibujos y cualquier otro medio que tenga como objetivo generar la participación, el análisis, la reflexión y un cambio de actitud conciente y duradero en los y las participantes, que conduzca a una planificación de acciones para la solución de problemas.

Las técnicas participativas no son un pasatiempo ni una mera distracción, sino una poderosa fuerza impulsiva que facilita el aprendizaje, profundiza los temas expuestos y propenden además a una educación liberadora, eminentemente participativa.

Educar en y para el conflicto

Cualquier profesional que trabaje con grupos de personas, e incluso, cualquier persona tiene que estar preparada (educada) en y para los inevitables «conflictos». Porque si, existen, y son inherentes a nuestra naturaleza.

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Para educarnos «en» y «para» el conflicto, debemos tener claras estas 3 premisas:

1) Descubrir la perspectiva positiva del conflicto.

Verlo como una forma de transformar la sociedad y las relaciones humanas hacia mayores cotas de justicia. Descubrir que los conflictos son una oportunidad educativa, una oportunidad para aprender a construir otro tipo de relaciones, así como para prepararnos para la vida, aprendiendo a hacer valer y respetar nuestros derechos de una manera no violenta.

2) Aprender a analizar los conflictos y a descubrir su complejidad. 

Tanto como profesionales,como participantes debemos proveernos de herramientas que nos ayuden a enfrentar y resolver los conflictos en los que nos vemos inmersos cotidianamente. Acostumbrarnos a analizar el conflicto en profundidad, no quedarnos solo con la primera impresión (tener todos los sentidos orientado al espíritu crítico)

3) Encontrar soluciones que nos permitan enfrentar los conflictos sin violencia, sin destruir a una de las partes y con la fuerza necesaria para llegar a soluciones en las que todos y todas ganemos, y podamos satisfacer nuestras necesidades. Desarrollar la agresividad no violenta, la asertividad, etc.

Educar para el conflicto supone aprender a analizarlos y resolverlos, tanto a nivel micro (los conflictos interpersonales en nuestros ámbitos más cercanos: clase, casa, barrio,…), como a nivel macro (conflictos sociales, internacionales,…).

Pero…. ¿qué entendemos por conflicto?


Definición de conflicto

  1. Oposición o desacuerdo entre personas o cosas.

Los conflictos son inevitables y necesarios. El objetivo no debe ser eliminarlos o evitarlos, sino saber encauzarlos. Tampoco hay que buscarlos, ni crear ocasiones de que se den.

Hay que entender que para que haya crecimiento y maduración de las personas y grupos son necesarios los conflictos. Por ello hay que verlos de forma positiva, como ocasión de toma de conciencia y cambio a mejor.

El fin es resolver los conflictos obteniendo mejoras para cada una de las partes. Pero esto no siempre es posible, ya que hay conflictos que no tienen solución inmediata. En este caso el objetivo no es la resolución, sino la regulación, que permite vivirlos de forma lo más constructiva posible.

 

Perspectiva positiva del conflicto

Hay una idea muy extendida que es la de ver el conflicto como algo negativo y, por tanto, algo a eludir. Esta idea probablemente esté basada en diversos motivos:

  • Lo relacionamos con la forma en la que habitualmente hemos visto que se suelen enfrentar o «resolver»:  la violencia, la anulación o destrucción de una de las partes y no, una solución justa y mutuamente satisfactoria. Desde las primeras edades los modelos que hemos visto apuntan en esta dirección: series infantiles de televisión, juegos, películas, cuentos…
  • Las personas sabemos que enfrentar un conflicto significa “quemar” muchas energías y tiempo, así como pasar un rato no excesivamente agradable.
  • La mayoría sentimos (incluidos los y las profesionales) que no hemos sido educadxs para enfrentar los conflictos de una manera positiva y que, por tanto, nos faltan herramientas y recursos.
  • Tenemos una gran resistencia al cambio. Aunque las cosas no estén bien y lo veamos claro, muchas veces preferimos mantenerlas así antes que asumir los riesgos que significa meternos en un proceso de transformación.

 

Pero vamos incluso más allá, debemos considerar que el conflicto es positivo, ya que:

La diversidad y la diferencia como un valor. Vivimos en un solo mundo, plural y en el que la diversidad desde la cooperación y la solidaridad, es una fuente de crecimiento y enriquecimiento mutuo. Convivir en esa diferencia conlleva el contraste y por tanto las divergencias, disputas y conflictos.

Sólo a través de entrar en conflicto con las estructuras injustas y/o aquellas personas que las mantienen, la sociedad puede avanzar hacia modelos mejores. Es decir, consideramos el conflicto como la principal palanca de transformación social, algo que como educadores y educadoras por la paz debe ser, precisamente, uno de nuestros objetivos básicos.

Consideremos el conflicto como una oportunidad para aprender. Si el conflicto es algo connatural a las relaciones humanas aprender a intervenir en ellos será algo fundamental. Si en lugar de evitar o luchar con los conflictos, los abordamos con los chicos/as podemos convertirlos en una oportunidad para que aprendan a analizarlos y enfrentarlos. Resolver un conflicto por si mismos, además de hacerles sentir más a gusto con el acuerdo, les dará más capacidades para resolver otros en el futuro.